Un trágico suceso: fuego en el pajar
En su edición de 1 de mayo de 1864, el semanario El Time relata un trágico suceso acontecido en Los Sauces el 23 de abril anterior.
«En el punto denominado Pajares1 vivía la pobre familia de Antonio José Medina, que la componían éste, su esposa Teresa Hernández y sus seis hijos, tres varones y tres hembras. En la referida noche del 23 estaba el pobre padre mas alegre que de costumbre, y después de cenar, mandó á sus hijos á que se acostasen, segun acostumbraban hecerlo, en otra cabaña poco distante de la suya; pero la mas pequeña de sus hijas, que es una niña de siete años, como si su corazón presintiera la desgracia que les amenazaba, no quiso aquella noche acompañar á sus hermanos, y se quedó con sus padres.
Salieron, pues, los demás á hora como de las 10 llevando uno de ellos un hacho encendido. La cabaña á donde se dirigian (sic) estaba techada de paja y sus paredes eran de zarzos entrelazados tambien con paja. Al llegar á ella el niño que llevaba el hacho lo tiró fuera, y entraron todos en la choza, en la que había grandes haces de paja de centeno y porcion de frejes (sic) de mimbres (pues Antonio Medina tiene el oficio de cestero). Hallábanse ya dormidos los cinco hermanos, cuando una chispa llevada del hacho por el viento á las paredes de la cabaña, prendió fuego en ella, y cuando aquellos despertaron la choza estaba ardiendo por los cuatro costados, pues el incendio apenas duró seis minutos: el más viejo, que tendrá 21 años, se lanzó fuera por entre las llamas, y corrió despavorido á casa de sus padres. Los otros hermanos pudieron tambien salir con la ropa quemada, que apagaron arrojándose entre los cercados sembrados; mas las dos hembras perecieron entre las llamas.
El pobre padre á la llegada de su hijo, salió precipitadamente, y viendo presa del fuego la cabaña en que se abrasaban sus hijas, pugnaba por lanzarse en medio del fuego para salvarlas… mas ya no existian, y los vecinos que habian corrido al sitio del incendio, detuvieron el impetuoso arrebato del desgraciado padre, cuyo amor hácia (sic) sus hijos no habria ya entonces podido hacer mas que aumentar con su cuerpo las víctimas del voraz elemento.
Las hermosas niñas que perecieron en aquella horrible hoguera tenian, la una once años, llamada Manuela, y la otra, Antonia, nueve años: sus cuerpos, horriblemente desfigurados y hechos carbon, han sido sepultados en una misma fosa.
Tal es la sucinta narración del desgraciado acontecimiento que ha llenado de consternación á estos vecinos, sumiendo en el dolor y la miseria á aquella infortunada familia».
Entre otros datos, esta lamentable crónica aporta la descripción física y los materiales vegetales de las edificaciones con cubierta de paja y paredes de zarza y paja. El padre de las desafortunadas niñas era cestero y en la cabaña almacenaba el material básico en fejes de paja y mimbre. Posiblemente, Antonio Medina trabajaba balayos de colmo ("paja de centeno") y mimbre y cestos elaborados sólo con mimbre. Conviene poner de relieve, además, que el entramado que forman las pajas y varas de las casas pajizas eran amarrados con mimbre, lo que invita a pensar que el propio Medina fuera el constructor del silo-vivienda.
Resulta interesante observar la proliferación de hornos de teja en la segunda mitad del Ochocientos. En Los Llanos de Aridane, por ejemplo, a partir de los años "60 comienzan a figurar dados de alta en la matriculación de la contribución industrial propietarios de hornos de teja (con anterioridad a estas fechas, sólo constan hornos de cal). Debieron, pues, coincidir en estas fechas las remisiones de doblones de oro que de Cuba a Canarias dirigieron los indianos acaudalados y la construcción de nuevas viviendas o la sustitución de la paja por la teja en la fábrica de las cubiertas. Mucho tuvo que ver también con este cambio el florecimiento económico de la cochinilla, especialmente entre las clases sociales menos pudientes, recolectores de este auténtico oro rojo, sin olvidar la disposición regia de 1824 que prohibía en los núcleos urbanos la existencia de casas de paja.
1 Lugar que hoy ocupa la calle Pajares, dentro del núcleo urbano saucero; en aquellos años, se hallaba retirado del casco.


Como siempre Vicky, me enseñas a la par que disfruto tus historias.
Cariños
Desgarradora historia, en la que al igual que sucede con los desastres provenientes de la Naturaleza y el mal uso que hemos hecho de nuestro Planeta Tierra, lamentablemente siempre tienen como protagonistas a las capas más humildes y empobrecidas de la sociedad.
Nuevamente, enhorabuena por su labor y agradecimientos por ilustrarnos.
Saludos cordiales…
Estimada Doña Victoria: ¡Nuestros mejores deseos para el año que acaba de comenzar!
No nos abandone, ni nos deje de la mano de Dios. Sin usted no somos nadie.
Además, por "su propio interés, no pierda de vista a estos objetos personales"… Sin proponérselo, y muy probablemente por motivos bien diferentes, va a alimentar usted la maledicencia de que "basta tener un cargo político" para "no hacer nada".
Nuestro "inútil apoyo" y ánimos, que los tiempos culturales, como los atmosféricos, están "virados"… En las épocas de las "Casas de Paja", estaban peores. Obviamente, sin que ello nos sirva de total consuelo.
Saludos cordiales.