Tiburones y ballenas en La Palma (y II)

Los cetáceos muertos y varados en las pequeñas calas de la isla llamaban el interés y la curiosidad de los palmeros. Antonio Salgado Pérez, en el Diario de Avisos del 25 de abril de 1988 dice que las gentes de la isla se trasladaron, en "los albores de 1923" a ver una ballena muerta en la zona de La Cangrejera en el municipio de Villa de Mazo y que "Llegaron desde todos los puntos. No sólo desde la Banda -denominación popular del valle de Aridane-, sino desde Tijarafe, Puntagorda, Garafía, Barloven­to, a pie, en carretas, a caballo, a pela de los mayores". La sana novelería del palmero ante lo no usual hizo que las gentes se movilizaran. De inmedia­to, y como no podía ser menos en una isla que habla y escribe la historia popular cantando romances y décimas, el hecho se convirtió en pícaros y satíricos versos populares que se fueron repitieron.

Desde la Banda han venido

señoritas de abanico

represen­tando buen tipo

con zapatillas de hebilla

y reloj atravesado

La gente muy apresura­da

bajaba la Cangreje­ra

todo el mundo acompañando

la muerte de la ballena.                     

Según Salgado un mes duró la novelería y cuando la ballena era esqueleto se hicieron del espinazo banquitos y sillitas con respaldo y que para el dentista de la ciudad fue la mandíbula superior del cetáceo. Aún hoy se guardan en La Palma vértebras de grandes cetáceos como: "sentaderas de telar, tablones, bancos y sillas", que con esta frase; y de carretilla, lo recuerda el mazuco Ramón Barreto que se lo decía su padre.

Se cuenta que una familia de Villa de Mazo tomó posesión del impresionante animal como si fuera suyo. Mientras otros no lo entendían así y se llegó al punto que les fuera reclamado judicialmente lo que se habían llevado a su casa. De nuevo el poeta ciego, en este caso Blas Cabrera, le preparó los siguientes versos a su hermano que se había llevado "una espina de pescado".

            Al pobre Pedro Cabrera

            me lo tienen condenado

            por una espina de pescado

            que se halló en La Cangrejera.

Esta no era la única ballena que había varado en las costas de Villa de Mazo en el siglo XX y el poeta volvió a recoger la historia popular en una décima, que reproduce el mismo autor en el artículo referido; y una variante, con tres décimas más, publicada por Santiago Fernández Castillo en Calidoscopio de coplas palmeras, en el que va relatando las miserias que se vivieron en la isla en ese año y el anunció de mal presagio que los palmeros vieron con este hecho.

            En 1902

            cuando encalló la ballena

            anunciándonos la pena

            de aquel año tan atroz.

            En el nos recuerda Dios

            nuestras penas cometidas

            y la penas merecidas

            el castigo nos mostró

            pero de ello nos libró

            agradezcamos la vida

De vez en cuando las costas de la isla conocen el varamiento de ballenas. En 1944 se vuelve a repetir este novedoso acontecimiento que no pasa desapercibo, por lo no usual, para los palmeros. El periódico Diario de avisos el 11 de junio de 1944 p. 2 titulaba una columna: Una ballena atracada al puerto.

Pone el diario de manifiesto: "En las últimas horas de la tarde del 9 fue remolcado hasta este puerto una enorme cetáceo, de unos 9 metros de largo, que fue encontrado muerto en la playa conocida por "la ba […]a del litoral marinero del pueblo de [Ba]rlovento, en esta isla.

Sabido es que estos animales […], el mayor de todos los conocidos alcanza hasta 30 metros, de largo, por lo que lo "reducido" de su tamaño nos hace pensar que se trata simplemente de un hijuelo de ballena, un ballenato.

En cuanto a la aparición de este monstruo en nuestras costas, que […] malmente vive en los mares polares, queremos encontrar la misma explicación que a la extraordinaria abundancia que en los últimos se viene notando en las costas del norte de España, particularmente en las gallegas. Esto es, que sus desplazamiento obedece a la actividad de de las escuadras beligerantes en los mares de su feudo".

En opinión del redactor de aquella noticia la fortísima contienda naval en los mares polares, de la II Guerra Mundial, es la causa del varamiento de la pequeña ballena en La Palma. Siguiendo con el mismo razonamiento  dice:

"El ballenato que ha llegado a La Palma presenta dos profundas heridas en la parte anterior a la cola que no se ha podido especificar si fueron producidos por artefacto de guerra o algún otro pez".

De nuevo la novelería palmera se pone en práctica y la crónica periodística concluye: "Como el monstruo se encuentra atracado al puerto está siendo muy visitado por grandes y chicos de la localidad".

En la memoria, y también novelería, del vecino de La Laguna (Los Llanos de Aridane) Juan Rodríguez  Pais recuerda cuando en los años 50 del siglo XX se corrió el rumor por toda la isla del varamiento   de un cachalote en la playa de la Zamora de Fuencaliente. Allá fueron en "romería" los vecinos, por tierra y mar, a contemplar el monstruo marino. No hemos podido documentar tal hecho y suponemos se debe corresponder a las fotos que ilustran este trabajo, cedidas gentilmente por Luis Miguel Martín Lorenzo de su interesante archivo fotográfico.

La mar tenebrosa. Misterios encerrados entre monstruos marinos que una vez son ballenas, tiburones y en otros casos es la avaricia que no respetando a la naturaleza cobra  sangre y dolor humano. Leyendas y realidad de la mar que envuelve misterios y tradiciones de La Palma.  Historias y leyendas de la mar. Relatos cantados por el poeta anónimo y por la prolífera prensa insular.

Fuente fotográfica: www.luismimarlo.com

Fuentes documentales

Las leyendas del mar palmero, María Victoria Hernández [Pérez], Diario de avisos 4 de marzo de 2001, pag. 27

Hemeroteca Digital Jable, Universidad de Las Palmas

Hemeroteca Nacional (Digital), Madrid

Hemeroteca Digital ABC

Hemeroteca Digital La Vanguardia

Hemeroteca de la Sociedad La Cosmológica, Santa Cruz de La Palma.

Hemeroteca del Museo Canario, Las Palmas de Gran Canarias

Hemeroteca particular de María Victoria Hernández Pérez, Los Llanos de Aridane

Scroll al inicio