Tiburones y ballenas en La Palma (I)

Las aguas bravías del océano Atlántico envuelven y dibuja leyendas en el contorno de La Palma y se cuentan historias que han pasado a la anónima cultura popular.

En la antigüedad clásica nacieron rela­tos, mitos y leyendas del temeroso e enigmático océano desconocido con frontera última en las Columnas de Hércules. Leyendas escritas y por nacer aguardan las abismales colinas de las profundidades marina.

La leyenda de San Borondón nos traslada sobre el lomo de la ballena Jasconius, que sirvió de confortable bajen para las misiones del fraile irlandés, por el mar desconocido del "no más allá". Miedos y mitos que el Renacimiento fue, poco a poco, borrando de la memoria colectiva que estaba cargada de temor de siglos y de diferentes culturas y tiempos.

El mar sigue arrojando a las costas de La Palma parte de los misterios que encierra que el hombre jamás podrá dominar. Historias y relatos de monstruosos y fieros seres marinos y de osadas aventuras de pesca que se van recogien­do y convirtiendo en leyendas que el pueblo repite y las acrecienta con el transcurso de los tiempos. Hay leyendas y también noticias escalofriantes de esos monstruos marinos que merodean las costas de la isla. 

En 1906, a unos 100 metros del litoral de El Puerto de Tazacorte, fueron capturados dos grandes tiburones, uno medía 17 metros de largo y el otro de 13. El periódico palmero El Insular, el 30 de junio, da cuenta de ello diciendo que uno de estos tiburones tenía en el vientre 10 cabezas de atún, una langosta, un saco, una cuerda de ocho varas, un rollo de alambre e infinidad de peces. Por el contrario el otro tenía restos humanos de una mujer que fueron entregados al alcalde de mar para que diera parte a la autoridad judicial. La razón de encontrarse tiburones en esta zona lo justifica el cronista al abuso de pescar con dinamita y el arrojar cabezas de albacora por aquellas inmedia­ciones.

La pesca con dinamita se ha tomado, hasta tiempos relativa­mente recientes, el crudo pago a la osadía humana de arrancar del mar por la fuerza sus frutos y prendas preciadas. En 1899 el periódico palmero La Justicia, el 3 de agosto, publicaba una crónica donde se dice que el pescador Manuel Triana, de Villa de Mazo, cuando se hallaba pescando "tuvo la mala ocurrencia de intentar arrojar al agua un cartucho de dinamita", perdiendo la mecha y rápidamente explotando, "ocasionado al incauto pescador la pérdida de ambos ojos y un brazo", además de lesiones en el pecho.

Volviendo a los dos tiburones capturados en 1906 la prensa madrileña, regional e insular se ocupa de ello. El periódico Las Canarias y nuestras posesiones africanas, publicado en Madrid el jueves 12 de julio de 1906, solicitaban en el artículo "pesca con dinamita" a "nuestro paisano distinguido, el Sr. Alvarado" quien había tomado posesión de la "cartera de Marina", para "que con toda atención, exigiendo la mayor vigilancia, se persiga la pesca con dinamita". Termina el artículo de opinión, insertado en la primera página, concluye la columna: "También se da el caso de que las playas tranquilas se vean hoy visitadas por amigos desagradables, y buena prueba de ello lo que en otro lugar publicamos tomado de un colega palmero".

Efectivamente en páginas siguientes titula una columna "Dos Tiburones" y aporta unos escalofriantes datos de lo encontrado en el interior del vientre de unos de los tiburones:

"Tenía una calavera con golpes en el cráneo, gran cantidad de pelos adheridos al cráneo y otros sueltos que parecían de mujer, huesos de esqueleto humano y los correspondientes a un brazo completo con dedos, ojos y dientes sueltos también de seres humanos, cuatro cabezas de albacora y varios peces de gran tamaño. Los restos humanos fueron encerrados en una caja á presencia del jefe de la Guardia Civil de esta línea D. Juan Egea y entregados al alcalde de mar de dicho puerto, los que se pusieron á disposición del Juzgado municipal de la Ciudad de Los Llanos".

La crónica continua relatando los momentos de la costosa captura: "Los dos tiburones fueron cogidos con grandes esfuerzos y el último, al ser varado en la playa trató de acometer al marino Valentín Gómez, que con un bichero se lanzó al agua ayudado de Anastasio Martínez Martín, José Ana Carmona, José Martín Acosta, Manuel Hernández, Federico Camacho y varios más, trayendo a tierra á pesar de la furia con que el animal les acometía". Apunta el mismo cronista "Estos y otros tiburones más hace dos años que se paseaban por aquellas playas", de La Palma.

El Diario de Las Palmas el 6 de julio de 1906 reproducía una crónica de Diario de avisos, del 26 de junio, en la que con semejantes datos que los anteriores afirmaba, refiriéndose a los restos humanos encontrados: "Supónese que pertenezcan á dos individuos que hallándose pescando, desapareciendo de las costas de Tijarafe y Garafía".  El periódico tinerfeño La opinión el 4 de julio reproducía el artículo del palmero El Insular. Estos hechos marcadamente trágicos ocupa un destacado espacio en la opinión pública de la España de aquellos años. Que sepamos, además de periódico Las Canarias, publicado en Madrid, otro periódico madrileño La correspondencia de España el 18 de julio de 1906 publicaba la misma noticia remitida, bajo el seudónimo de Acentejo, del corresponsal en islas. 

Por esos años era usual la reproducción de noticias de otras publicaciones y así las crónicas iban caminando por distintas y lejanas poblaciones.

 

 

 

 

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