Es difícil por la falta crónicas descriptivas el poder recomponer y describir con exactitud los festejos de la Navidad de La Palma entre los siglos XVI y XIX. No obstante los archivos parroquiales han dejado constancia de su celebración y pueden dar luz, sin falta de imaginación, cómo serían aquellos festejos cuando aún no se había incorporado guitarras, bandurrias, timples y otros instrumentos musicales de las hoy conocidas por rondallas de divinos.
Por fortuna aún perduran algunos de esas viejas costumbres populares a las que lamentablemente no se ha valorado suficientemente. Nos referimos a los llamados bailes de pastores con castañuelas. Ejemplos dignos de tener en cuenta de la navidad palmera actual la tienen los grupos de pastores, con repiqueteo de la castañuela palmera, de Breña Alta, las Nieves, San Andrés y Tijarafe.
Las cofradías del Buen Jesús y la de Nuestra Señora del Rosario eran las principales encargadas de la organización de la Navidad. Para ello el esfuerzo recaudatorio de limosnas por medio de aguinaldos acompañados de música y cantigas era necesario para la confesión del nacimiento y otros gastos.
El origen de ambas cofradías se remonta, en la mayoría de las parroquias, al siglo XVI. En 1577 en el libro de visitas de San Andrés (San Andrés y Sauces) consta el mandato "que el cura haga tener cuidado con la cofradía del nombre de Jesús que no diga misa con cáliz que no sea de plata". Evidencia esta fecha su pronta implantación en este lugar aunque unos años después, en 1602, figure oficialmente su fundación y se inventariaba un Niño Jesús de tercia de bulto y una caja de viñátigo para la cera. En 1654 se pagaba seis reales por las andas. Entre las obligaciones de todas las cofradía del Buen Jesús se encontraba el hacer procesión los segundos domingos de cada mes, alrededor del templo, y celebrar la fiesta del primer día del año. Hoy el único municipio dónde se celebra con misa y procesión el Dulce Nombre de Jesús (Enmanuel) es en Tijarafe. En este último municipio a mediados del siglo XIX adquirió la parroquia "una caja de guerra", expresión con la que aún hoy conoce al tambor.
La recaudación de los fondos se recogían por medios de "cantigas" y para ello era necesario instrumentos musicales: tambores, panderos y chapas, castañuelas… y el canto de romances alusivos.
En los libros de cuentas del Santuario de las Nieves consta el ingresos "por limosnas de los cantadores" por un total de 21 reales "por lo que sacaron los cantadores de limosnas la noche de año nuevo y reyes del año 1633". La cofradía de Nuestra Señora del Rosario de la parroquia de Nuestra Señora de los Remedios, Los Llanos de Aridane, adquiere en 1682 un tambor "para año nuevo y Reyes y pedir para la cofradía". En Puntallana consta la adquisición entre 1745 y 1757 de un farol y "un pandero que se compró para cantar por año nuevo y reyes". También en Puntallana la Cofradía del Rosario recaudaban fondos por "las limosnas ordinarias que se piden por las puertas y las que se piden por las eras en tiempos de la cosecha y los aguinaldos por año nuevo y reyes". En las cuentas de 1802 de San Andrés se hicieron pagos por un pandero y un tambor para las noches de Navidad y Reyes y en 1830 se adquiere un "tambor para las cantigas".
Por el archivo de la parroquia de los Remedios nos podemos imaginar la organización de esos cánticos recaudatorios. En las cuentas de la cofradía del Rosario entre el año 1695 a 1700 el asiento 35 recoge el pago por "un pandero y chapas para pedir el aguinaldo la noche de año nuevo y reyes" y en el siguiente, el 36, el gasto de cuatro reales por "una imagen de Nuestra Señora de los Remedios para llevar en la mano en los días que se pide el aguinaldo". Es decir, este grupo de tocadores y cantadores llevaban en su recorrido pidiendo aguinaldo pequeñas imágenes. De igual manera lo llevaban a modo de pequeña capilla o caja de madera, colgado sobre el pecho, los llamados Ranchos de Ánimas y Pascua de Fuerteventura. Se conserva una de ellas en el Museo de Arte Sacro de Betancuria, de 20 x 30 cm., óleo sobre lienzo con la representación del Calvario catalogado de autor anónimo canario del siglo XVIII.
En 1899 una crónica en la prensa destaca que terminada las ceremonias de Navidad, en San Pedro de Breña Alta, la plaza de la iglesia estaba ocupada por alegres guapos cantando preciosos romances con el acompañamiento musical de un tambor y el choque de los palos.
Los nacimientos era un elemento fundamental. Vemos que los gastos cada año eran diferentes y que iban completando el andamiaje y las figuritas. En las cuentas San Andrés entre 1628 y 1636 se hicieron gastos por el coste de hacer el nacimiento y en especial el año 1652 "que hizo algunas obresitas de papel que sirven para otros años". En la misma parroquia figura el gasto en 1668, "por un niño pequeño de palo para la cuna del nacimiento". En las cuentas de la cofradía del Rosario de Los Llanos de Aridane consta que en 1738 se hizo el gasto de 225 reales por el coste del nacimiento, "así por haberse hecho nuevo" cera y rama y a finales del siglo XVII el pago de treinta y nueve reales "que se han gastado en los nacimientos por clavos, alfileres, oropel y papel".
En Breña Alta el nacimiento debió ocupar un gran espacio según deducimos de este cargo "seis reales corrientes pagados por traer los pinos para el nacimiento en dicho año de 1838 a 1844 y 12 reales a Francisco Conde por formar el nacimiento en 1839. En 1851 la fábrica de la parroquia de los Remedios afrontó los gastos por "armar el nacimiento" y en 1876 por traer pinos para el nacimiento.
En 1852 la fábrica de la parroquia de Puntagorda pagó al pintor Francisco Conde por la "composición y figuras del nacimiento". En 1854 se adquieren "12 pastores, una mula y un buey y la cuna para el niño del nacimiento". En 1855 se pagó al pintor Aurelio Carmona 190 reales de vellón "por el lienzo del nacimiento e incluso el trabajo de pintarlo". El nacimiento de Puntagorda cada año iba aumentando en su ornato y en 1891 el pintor palmero Virgilio Cerezo Pérez hizo "un telón de fondo para el nacimiento de 8 metros de largo y 6 de ancho, imitando un paisaje y reformó las figuras del mismo".
A finales de siglo XIX, una bella y detallada crónica aparecida en el periódico palmero La Justicia (12 de enero de 1899), titulada «La Noche Buena y el día de Reyes en San Pedro de Breña Alta», firmada por U.B. [Ubaldo Bordanova] aporta detalles de cómo se desarrollaba la representación:
todo lo que allí se hace es bonito y es histórico. La procesión por dentro de la iglesia es de lo más encantadora. Rodeado el sacerdote de lindos niños de ambos sexos, vestidos a la antigua usanza con primor y riqueza, brincando alegremente al son de instrumentos primitivos y pastoriles como son las chirimías -especie de pito de pocas notas-, tamboriles tocados por el mismo que la chirimía, algunos hierros o triángulos y multitud de castañuelas que golpean los hombres en el coro, y los niños cerca del sacerdote.
El mismo intérprete del pito tocaba el tambor, junto al triángulo y multitud de castañuelas. Además, los músicos iban vestidos con la que ya por esos años se consideraba antigua usanza de los campesinos. Continúa la crónica describiendo la formación del nacimiento, haciendo hincapié en que las sencillas figuras que componen el nacimiento no tienen mérito artístico, pero el conjunto es agradable […], la profusión de los detalles y […] el gusto que denota su colocación y lo que más atrae las miradas son dos preciosos molinitos colocados a la derecha del altar […], moviéndose graciosamente sus aspas por medio de un ingenioso mecanismo.
Estos mecanismos debían moverse por medio de pequeños artilugios hidráulicos o cadenas de poleas y ruedas dentadas, accionadas manualmente. Breña Alta en 1899 no contaba con luz eléctrica. Termina esta crónica diciendo que la plaza estaba ocupada por alegres y guapos jóvenes cantando preciosos romances con el acompañamiento musical de un tambor [también conocido por caja de guerra] y el choque de los palos.
Las misas de luz ocupaban otra parte destacada de la navidad palmera. No hemos encontrado referencias antiguas de estas nueve misas que antecedente a Nochebuena, los únicos datos documentales que conocemos son de principios del siglo XX. No obstante apunta claramente los instrumentos musicales que se debieron utilizar en siglos anteriores. En un requerimiento notarial de 1908 el Alcalde de Los Llanos de Aridane responde al párroco diciendo: "en este mismo templo se han llevado a cabo ensayos para misas de Luz, con panderetas, tambores y castañuelas y otros instrumentos por el estilo".
También las representaciones de coloquios, comedias y pasillos ocuparon la vieja navidad palmera, hoy conocidos por teatro de Navidad. Hay algunos casos célebres. Nos ocuparemos de otros de los que se tienen vagas referencias. En la parroquia de El Salvador de Santa Cruz de La Palma de entre 1619 y 1622 figura "a los que hicieron un coloquio la noche de Navidad del 21 y a los músicos que fueron Gaspar del Lugo y Hierónimo de S. Juan" y entre 1644 y 1647 por "aguinaldo las noches de Navidad por la música y coloquio".
Pudiera parecer que en las poblaciones de mayor número de habitantes y destacada actividad económica y política fueran los únicos lugares dónde tenían lugar estas representaciones. No es así, valga el ejemplo del municipio de Puntagorda. En 1778 en la visita de Domingo Alfaro se hace constar: "que estando informado de ciertos entremeses ridículos que se hacen en esta iglesia la noche de Navidad lo que desdice del templo de Dios, moviendo a rizadas a los fieles que deben estar con la mayor compostura". Reprimenda del visitador que nos muestra lo que realmente tenía lugar en San Amaro.
Así fueron aquellas antiguas Pascuas en La Palma. Cajas de guerra o tambores, panderos, chapas, castañuelas, nacimientos envueltos entre pinos, rama, oropel y papel, cantigas, limosnas y aguinaldos recorrían eras en trilla y lagares pisando uvas y en las manos llevaban amorosamente pequeñas imágenes o tablas de santos o Vírgenes, coloquios, comedias, pasillos, procesión del Buen Jesús… todo muy lejano, pero no falto de la ternura de la Navidad de siempre.

