Las artesanas de la indumentaria tradicional continúan reproduciendo los antiguos diseños en los cortes del textil, el vuelo y pliegues en faldas y enaguas, los diferentes estilos de bordados, los cuadrantes en enaguas, camisas y calzoncillos, la mismas empleitas en los sombreros de paja, con diferente anchura en el ala, y los distintos modelos en la tradicional montera, tanto de hombre como de mujer.
Tejeduría, bordados y sombrerería vegetal surgen de técnicas y gustos ancestrales guardados celosamente. Diríamos que es uno de los mayores tesoros etnográficos de La Palma y de las familias, que se pasaba en herencia de madres a hijas durante centenas de años.
Hoy la indumentaria corre un grave peligro, por la incorrección en el momento de vestirla y la ausencia de algunos de sus elementos fundamentales. La peculiar gasa palmera, con reminiscencias medievales, ya no cubre mayoritariamente la cabeza de la mujer, se ha sustituido por un clavel y el pelo en melena o cola, sujeta por un elástico. El hombre ha sustituido la montera por un ridículo sombrero de paja de "todo a cien", y por calzado unas alpargatas.
Maravillosos bordados en enaguas y camisas no valen nada ante la falta del tocado y el tradicional calzado, sustituidos por deportivos. Mientras madres, tías y abuelas se preocupan en la exquisitez del bordado en el momento de salir, a la romería o verbena, algunas prendas de la indumentaria se queda en casa. En estos días los ajetreos, de última hora, para la magnífica Romería de la Bajada de la Virgen del Pino, se buscaba desesperadamente el "pañolón", por cierto muy mal vestido y en nuestra opinión los flecos son recientes. De que vale llevarlo sin gasa, ni sombrero de colmo o montera.
Todo da calor, mejor y más fresquitos/as puede ir en vaqueros, camiseta y chanclas. Dentro de unos años las fotos y vídeos de hoy serán documento de estudio para investigadores. Se está haciendo un auténtico atentado a la indumentaria tradicional de La Palma.
El panorama descrito no está generalizado, pero, el peligro está ahí. La responsabilidad es de todos. Por suerte la labor de las agrupaciones folclóricas y su buen vestir nos queda por ejemplo a seguir.
La riqueza de la indumentaria tradicional palmera está directamente relacionada con la diversidad de la climatología y orografía insular. Un territorio de sólo 706 km2 y una altura máxima de 2426 metros, surcada por profundos barrancos, pequeños valles, caseríos diseminados, frecuentes lluvias, nieve en la cumbre y cálido sol en las costas, laberintos de senderos y caminos, sin duda, propició la diversidad de empleos en el vestuario de sus habitantes que, con el transcurso de los años, cayó en desuso y acabó por convertirse en la indumentaria que hoy se tiene por tradicional.
A grandes rasgos, la indumentaria tradicional de La Palma se agrupa en tres estilos diferentes que coinciden con los que se encuentran cotidianamente en cualquier manifestación festiva de carácter popular: traje de gala, traje de faena y traje de manto y saya.
El traje de gala, propio de domingos y fiestas, se elabora a base de ricas telas refinadas entre las que predominan la seda y los terciopelos, tanto en hombre como en mujer. Las enaguas, camisas y calzoncillos van bordados ricamente. Los complementos son esenciales para darle vistosidad al atuendo. Entre ellos, ocupan un destacado lugar las joyas familiares, muchas de ellas fruto de la emigración canaria a Cuba y Venezuela. El pañolón de seda, viejo complemento que se había perdido, se ha recuperado y es usual su utilización por la mujer en este traje de fiesta o gala.
Además de por la calidad de sus telas, los trajes de gala se diferencian fundamentalmente de los de trabajo o faena por la sustitución de la clásica montera palmera por el pequeño sombrero de paja de trigo, rematado con cintas de seda, florecitas y plumas. En el caso del varón, los pantalones, chalecos y monteras del traje de gala se confeccionan con terciopelos, damascos y finos brocados. Tanto en la indumentaria de faena como en la de gala, la mujer se reboza bellamente la cabeza con la elegante gasa de seda.
En relación al traje de faena, de diario o de trabajo, predominante entre las clases más populares o comunidades rurales, se tiene prueba documental de que se confeccionaba en los telares familiares, a diferencia del de gala, en el que esta afirmación no es válida debido a la importación de tejidos suntuosos. No obstante, una parte de ellos se realizaba con seda artesana de La Palma.
Entre 1793 y 1806, Francisco Escolar y Serrano destaca la fábrica textil como industria realizada por las mujeres. Apunta que en Garafía las mujeres hilan lino y lana y tejen lienzo y tiritaña parda muy burda de que se visten los de este pueblo, en lo cual y en la hechura de la montera se distinguen de los demás habitantes de la isla.
En el borde de la falda el traje tanto de gala como de faena se incorporaba la barredera, a modo de cinta, para proteger del deterioro por el roce continuado con el suelo. El justillo de ricas telas del traje de gala se sustituye, en este caso, por las telas más burdas de lana. Sin embargo, en la ropa interior siguen apareciendo los bordados, tanto en las vestimentas de gala como en las de faena. Se conservan antiguas camisas en las que en el puño aparecen hasta doce tipos de puntos diferentes.
Se conoce por tapada con manto y saya a un estilo de vestimenta, de mediados del siglo XVI, compuesto por tres primeras enaguas (la tercera es la blanca o interior) de igual o distinto color y similares a las que se utilizan en los trajes de gala. Una de ellas se coloca en los hombros o sobre la cabeza, configurando la clásica tapada. En algunos casos, el manto no corresponde a la tercera saya, sino que va separada.
La referencia más antigua que conocemos de la existencia de mujeres tapadas con manto y saya, en La Palma se encuentra en un inventario de la iglesia parroquial de Las Nieves de 1640, que incluye una joya de oro que la dio vna tapada a un clérigo que la diese. Esta tapada se trata de una mujer que ocultaba su rostro con el manto. Actualmente y en algunos casos, aunque originalmente no lo llevara (quedando como único ejemplo Los Llanos de Aridane), el traje se complementa con una gasa de seda cubierta con sombrero de copa troncocónico. El hombre viste calzón hasta la rodilla, medias blancas y levita o casaca baja o corta de diferentes textiles y sombrero de copa.
Valioso testimonio etnográfico del vestir que fuera cotidiano entre los palmeros, hoy lamentablemente corre un grave peligro.

