Ocurrió en el Cine Avenida

Fue allá por el año 1973, o quizá 1974, cuando Los Canarios, con Teddy Bautista como una especie de Robert Plant auctóctono, rebajaron su caché de nuevos mitos y aceptaron venir a La Palma para un concierto que a mí, que en esa época estaba en 3º de EGB, con don Ángel, en el Colegio Sector Sur, se me antoja ahora como sorprendente. Y eso por dos razones: una que los Canarios con Teddy hicieron lo que casi nadie en España hasta entonces, rock de cierta calidad, rock de afortunados que tenían y devoraban lo último de los Rolling y de Deep Purple y de Family y de tantas otras joyas vedadas para casi todos los que tragaban, como ahora tragamos nosotros, con bandas más o menos infames que subsistían en el medio ambiente musical de la época y otra, que La Palma no era nada, sólo una isla a la derecha y no a la izquierda del estrecho. Pero, tal y como ocurre hoy, de un lugar como este surgieron talentos importantes en todos los aspectos del arte y la cultura, y nadie sabe muy bien por qué. Pero es así. Lo cierto es que Canarios eran un referente distinto en la música rock española porque eran tremendamente anglosajones, intelectuales, progresivos y estaban casi en el nivel de calidad e inventiva, al menos, de las bandas italianas de la época. Su disco conceptual Ciclos es hoy en día un álbum de culto, un experimento a la altura de Le Orme o The Nice. Y aun así se encontraron una tarde con dos bandas de aquí para un recital en el cine Avenida de Santa Cruz de La Palma. Junto a Canarios estaban Canary Five y Nuevas Vibraciones, banda incipiente formada por Luis Morera, Miguel Contarete, Manolo Ponpón, Jaime Botones y Jorge Ascanio, los tres primeros germen y raíz de La Contra, Taburiente Folk y por fin, Taburiente. Qué maravillosa tarde tuvo que ser para algunos. Cuánto daríamos otros por poder saltar sólo unas horas en el tiempo y asistir, aunque fuera desde la puerta, al espectáculo. Cómo de enfadado tuvo que quedar Teddy cuando tras hacer su introducción en inglés, por supuesto, voces del público resistieron al grito de "!!habla en cristiano!!".  Y es que Teddy quiso ser inglés y, probablemente, negro, pero no lo fue. Y mientras músicos de su nivel en otros países estiraron la música hasta que su inspiración no dio más de sí, dando a luz discos maravillosos como Storia di un minuto o le cimetiere des arlequins, él quiso descansar. Y aun así, antes de ser lo que es, hizo que todos los palmeros soñásemos con las maravillas de Ach Guañac y su sintetizador polifónico Yamaha y su mellotrón que sonaba a tierra y a viento y que impregnaba la totalidad de esa gran canción que se llama silencio de siglos para convertirla en presagio de una especie de viaje a tierras tan cercanas que casi parecen nuestras, que casi parecen las tierras de ahora, solas y en silencio.

 

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