A las pocas horas de fallecer el segundo misionero español que contrajo el ébola en África, el Consejero de Sanidad de la Comunidad de Madrid anunció, en los medios de comunicación, que se había aplicado el protocolo de desinfección a todo el personal sanitario en contacto con el sacerdote.
Veinticuatro horas después, uno de los enfermeros que cuidó al religioso desmentía esta declaración. El sanitario dejaba constancia, ante los micrófonos de una cadena de radio, que no había pasado por ningún procedimiento de desinfección. Ni él ni nadie de su equipo, hasta ese momento. Ni siquiera les habían notificado que estuviera previsto.
El Consejero no tuvo más remedio que recurrir al lenguaje de peso que distingue a las personas ungidas de autoridad y en posesión de masters para despejar el balón fuera. En su intervención, explicó que no se refería a eso, sino a lo otro, como, evidentemente, todo el mundo sabía.
El 5 de octubre, los medios de comunicación informaban que una auxiliar de enfermería había contraído el virus. La noticia venía acompaña de revelaciones preocupantes. En primer lugar, la formación recibida por médicos, enfermeros y auxiliares había sido muy escasa. De "cero" la llegó a calificar uno de los profesionales que, pese a todo, seguía ocupándose voluntariamente de los hospitalizados por ébola (El País, 8 de octubre de 2014). En segundo lugar, los trajes de seguridad tenían nivel 2, cuando para estos casos se recomienda el nivel 4. Por último, todo lo referente a las instalaciones donde aislar a los afectados por el virus había sido improvisado, hasta el punto de que para otro profesional se bordeó el límite de la "chapuza" (www.gurusblog.com, 7 de octubre de 2014).
Desde distintos ámbitos, se empezaron a establecer conexiones entre el fallo del sistema sanitario y la política de recortes en Sanidad. Enseguida, se escucharon las primeras voces pidiendo dimisiones.
Al poco tiempo, el Consejero de Sanidad de la Comunidad de Madrid llamaba mentirosa e irresponsable a la auxiliar de enfermería convaleciente. El político "con la vida resuelta" culpaba a la trabajadora de ser la causante de que el ébola hubiese puesto pie en Europa, demostrando, así, que la teoría del asesino solitario podía ser aplicada a casos de contagios epidémicos.
Entretanto, el médico que atendía a la auxiliar de enfermería aislada informaba que continuaba "con mayor fallo, encontrándose con abundantes diarreas, vómitos, mialgias y comienza con fiebre de hasta 38. El estado de la enferma les obliga a entrar una y otra vez en el box de aislamiento" (El País, 9 de octubre de 2014).
Acto seguido, instancias gubernamentales declaraban que nadie iba a dimitir porque no había motivo para que nadie dimitiese. La salud de cientos de personas estaba amenazada, las advertencias de los profesionales se habían desoído, pero ellos ya tenían la trinchera sobre la que replegarse: el fallo de una auxiliar de enfermería, que se debatía entre la vida y la muerte, después de haberse expuesto para ayudar a un misionero español infectado en África.
Pasan los días y ya empezamos a reconocer las voces y los rostros de quienes arriesgan sus vidas en esta crisis: religiosos, enfermeros, médicos, camilleros, conductores de ambulancias…. Personas valerosas que no solo luchan por sofocar el ébola, sino que también deben preocuparse de personajes egocéntricos dispuestos a denigrar lo mejor del ser humano con tal de salvar sus culos.


Supongo que cada vez es mayor el grupo de ciudadanos de este país que sentimos vergüenza ajena al ver comportamientos de nuestras autoridades ante hechos concretos de los que no se deriva otra cosa que improvisación y falta de nivel.
La mayoría alabó en su día que se repatriaran a los dos religiosos que habían contraído el ébola luchado contra la pandemia en las pobres condiciones de un hospital africano.
Que implicaba peligro era cierto, pero que como suele suceder por otra parte en este país, nos cogió con el paso cambiado, y como es de suceder, se improvisó tarde y a medias, tanto con unas cosas como el hospital que estaba en vías de desmantelamiento por parte de la Comunidad de Madrid, como por protocolos y todo lo demás, donde el Ministerio demostró un nivel de improvisación digno de Doña Ana Mato.
No hay cristiano que no reaccione negativamente ante la soberbia y actitud prepotente que los Srs. del PP metidos a administradores sanitarios demuestran cada vez que se ven obligados a comparecer ante la opinión pública.
Fue vergonzoso el episodio donde tratando de buscar culpable, el médico de cabecera se lanza a hacer unas declaraciones donde dice que "le parece entender que la enferma no tiene claro si pudo haber la posibilidad de haberse rosado la cara con el traje"
No pasaron 20 minutos cuando ya había toda una "confirmación" hecha con todo lujo de detalles de que "la enferma ha confesado a su médico haberse rosado la cara con un GUANTE", palabra nunca pronunciada por el médico y adornada por el máximo gerifalte de la Comunidad de Madrid con todo lujo de acusaciones de mentirosa a la enferma por no concretar los grados de fiebre y demás.
Actuó con tanta prepotencia el GRAN SEÑOR, metido a Consejero de Sanidad ("sin tener necesidad de ello, pues el a la política ya vino COMIDO, dando a entender que los demás fueran unos muertos de hambre.
Ya verán que el PP no hará dimitir a ninguno de ellos, pues en general no les parece que sean comportamientos prepotentes, aunque en honor a la verdad, seguro que los habrá también que no están de acuerdo con esas maneras.
Desde luego que somos un país contradictorio, pues al mismo tiempo que arropamos a los dos misioneros con todo el sentido de humanidad del mundo, creen las autoridades que ello es suficiente para quedar inmunes a toda crítica a las muchas torpezas que pretendemos soslayar con altas dosis de prepotencia.
En el fondo somos todavía un país antiguo y con escaso sentido de el respeto a la ciudadanía, a la que a menudo pretendemos tratar como obedientes súbditos.
Y para mejor adornar la marca España, vemos vergonzosas parodias de la pobre enfermera contagiada a la que se le pone a bajar de un burro por intentar mentir a la autoridad competente, por parte de la cadenas y radios del régimen, que no se dan cuenta ya les pasó el tiempo y la mayoría del país a trancas y barrancas también ha evolucionado.
Al final si algo positivo hay que sacar de esta concatenación de disparates es que el contagio de las enfermeras en España y EEUU, a puesto el foco en los países de origen, donde hay que librar la verdadera batalla, dotándoles de instalaciones y de medios para enfrentarla.
Respecto a nuestros políticos se vuelve a demostrar que avanzamos "a pesar de", y que "dimitir" les suena a nombre de astronauta ruso.
Lo del consejero de sanidad de Madrid no es para que dimita, es para que lo cesen de inmediato, no se puede ser mas soberbio ni mas prepotente; y lo de la ministra Matos, pues si no se entero de los coches en el garaje menos se va a enterar de todo esto. De hecho no la han dejado ni hacer declaraciones, y es que a lo mejor saltaba con que le mandaron un telegrama que decía: "permiso para traer cura a España" y se pensó que le ofrecían el remedio contra el virus, y claro de ahí todo el esperpento que hemos vivido y del que al menos espero además de la recuperación de las enfermeras, que la implicación de los países con recursos sea intensa y duradera, y no algo puntual mientras nos dura el pánico.
Un saludo.
Comparto sus opiniones,Salvador,Pintao y Canariof.
Me gustaría añadir que en mi opinión contamos en España con los mejores profesionales de la salud posibles,con unos conocimientos altísimos y una implicación máxima con los pacientes.
Uno de ellos Javier Atienza,que se encuentra en Sierra Leona combatiendo el brote ha dicho que o actuamos antes del repunte que tendrá en diciembre o será imparable y pandemico.
Cierto: la conjura de los miserables. También podríamos decir la conjura de los necios, y la conjura de los prepotentes, y la conjura de los tocapelotas, y la conjura de los inmovilistas, y la conjura de los corruptos, y la conjura de los cobardes.
Sí, sobran conjuras para la miseria y escasean voces para el pundonor. “Tiempos viaros”, que a veces se dice por esos campos.