La proclamación de la Segunda República en La Palma (14 de abril de 1931)

A finales de 1930, en La Palma, coexistían tres fuerzas políticas y sociales. En primer lugar, la Conjunción Democrático, Social, Conservadora, dirigida por el gran propietario José Miguel Sotomayor. Sus seguidores procedían del Partido Conservador, hegemónico durante la Restauración (1875-1923). En segundo lugar, el consorcio formado por Liberales y Republicanos, aglutinado en torno a la figura del abogado Alonso Pérez Díaz. En tercer lugar, el movimiento obrero de tendencia marxista que acababa de fundar la Federación de Trabajadores y, más tarde, crearía la Agrupación Socialista (1931). Su líder era el maestro José Miguel Pérez.

Durante los meses siguientes, los Republicanos se convirtieron en el eje de la vida política insular. Su jefe, Alonso Pérez Díaz, intentó coaligar a las fuerzas progresistas palmeras con el propósito de abatir el prolongado dominio del Caciquismo Conservador. Las elecciones municipales anunciadas para abril de 1931 constituían la primera parada de su hoja de ruta.

En efecto, Liberales, Republicanos y Socialistas acudieron unidos a la cita electoral y vencieron en doce de los catorce municipios. El conglomerado de regidores Liberales (83), Republicanos (21) y Socialistas (1) superó en más del doble al número de ediles conseguidos por los Conservadores (44). No extraña que, al conocer los resultados, Alonso Pérez Díaz remitiera un telegrama rebosante de euforia al periódico tinerfeño El Progreso.

Elecciones verificadas anteayer. Descuajado antiguo caciquismo conservador, triunfaron izquierdas en once pueblos de trece donde celebráronse elecciones. Elegidos concejales veinticinco republicanos. Salúdale afectuosamente, Alonso Pérez Díaz.[1]

Pero la noticia de mayor calado estaba por llegar. El triunfo de la coalición de Republicanos y Socialistas en las principales ciudades de España trajo consigo la caída de la Monarquía.

La proclamación de la II República se conoció en la Isla el mismo 14 de abril. Inmediatamente, se improvisaron manifestaciones que recorrieron las calles de la Capital, festejando el acontecimiento. Florisel Mendoza Santos evocaba "la alegría inmensa de la gente" y recordaba cómo "se gritaba abajo el Borbón, Rey felón, y cosas de estas"[2]. Mientras, la nueva bandera era izada en los principales centros oficiales de la Ciudad. El director de El Tiempo describió este escenario festivo en un telegrama remitido al Gobernador Civil: "reina inmenso júbilo desde ayer mediodía. Manifestaciones recorren calles con banderas y música"[3].

Ese día se constituyó en La Palma la Junta Insular del Gobierno Provisional de la República. La encabezaba Alonso Pérez Díaz y la integraban miembros destacados de Unión Republicana y del Partido Socialista. Los Liberales tardarían tres días en incorporarse. Lo harían a través de una instancia dirigida a la presidencia de la Junta insular:

Los Concejales Liberales electos para formar parte de la Corporación municipal de esta Ciudad, tienen el honor de dirigirse a esa Junta para hacerle formal promesa de fidelidad y acatamiento al Gobierno de la República el cual defenderán y apoyarán decididamente en todo momento. El hecho de haber unido en muchas ocasiones nuestras fuerzas a las que aquí luchaban por la República para apartar y desarticular el caciquismo reaccionario que se hizo dueño de los destinos de esta isla, nos abona en la patriótica actitud que ahora decididamente tomamos, poniéndonos al servicio de la República, que consideramos ahora la salvación de la patria cuyo credo desde el plano de nuestro liberalismo hemos defendido con nuestra actuación en distintas ocasiones. Santa Cruz de La Palma, 17 abril de 1931.[4]

La primera decisión de la Junta fue nombrar una Guardia Cívica que garantizase el orden mientras se asentaba la democracia recién instaurada. Posteriormente, su presidente procuró enlazar con las nuevas autoridades provinciales y nacionales. Al Gobierno de la República le urgía encontrar apoyos en los medios locales que sirvieran para afianzar el nuevo régimen. Alonso Pérez Díaz ofreció al Ejecutivo presidido por Alcalá Zamora los grupos sociales y políticos que, desde hacía décadas, habían manifestado su descontento hacia la Monarquía: Liberales sometidos a la hegemonía de los Conservadores, Republicanos partidarios de regenerar el país y Socialistas que empezaban a organizar sindicatos obreros. Este conjunto prestó a la República una base social sólida sobre la que tomar tierra en La Palma.

La Junta insular tuvo especial cuidado en asegurar sus contactos con el Gobernador Civil de la Provincia, Antonio Lara, y con el Ministro de la Gobernación, Miguel Maura. Tres décadas de experiencia política sirvieron para que los Republicanos no se confiaran. La Junta insular advertía al Gobierno provisional de que no se dejase sorprender por "elementos monárquicos conservadores" que "propalan por las calles que con República o sin ella, ellos serán los que recibirán el apoyo del Gobierno". La Junta avisaba que los Conservadores intentaban maniobrar a través "de agentes monárquicos" en Madrid y de un "catedrático de Barcelona hijo de esta Isla [en referencia al abogado Blas Pérez González]"[5]. Insistían en que solo la Unión Republicana, desde 1903, y la Juventud Republicana, desde 1914, eran los genuinos valedores del republicanismo en la Isla[6]. Los mismos argumentos que empleaba el Comité ante la opinión pública palmera:

Habitantes de la Isla de La Palma, esta Junta constituida por los hombres que de antiguo venimos pugnando por el establecimientos de la República, y que en estos momentos de tránsito, somos naturalmente sus decididos defensores y diestros y vigilantes soldados para hacerla arraigar llevando su contenido ideal y las disposiciones de su provisional Gobierno, hasta los más apartados rincones, no solo por la fuerza de la Ley, sino por la convincente persuasión…

A fin de evitar equívocos, los Republicanos palmeros acabaron por recomendar al Ministro de la Gobernación que "cuando los asuntos de esta Isla…no séanle conocidos", se informara "previamente del Gobernador Civil de Tenerife" -amigo personal de Alonso Pérez Díaz- o, en su defecto, recabara datos a "esta Junta"[7].

El Gobierno provisional reforzó a sus apoderados en La Palma, otorgándoles el mando de las instituciones insulares. Las nuevas autoridades confirieron poder a sus representantes como fórmula para afianzar la República en la Isla. En pocas semanas, los tres principales organismos públicos -Delegación del Gobierno, Cabildo y Ayuntamiento capitalino- estaban en manos de dirigentes republicanos. Pronto ocurriría lo mismo con los consistorios de los restantes municipios, incluso en los dos pueblos en que habían vencido los Conservadores (Los Llanos y Breña Alta).

Mientras, la llegada de la II República provocaba una gran conmoción en el bando conservador. Pese a ello, las Derechas acataron al nuevo régimen, esperanzadas en que trajese estabilidad política y social. Lo fundamental era que la democracia instaurada garantizase principios básicos para la sociedad conservadora como la propiedad, la unidad de la patria o la religión católica. Así, el 16 de abril de 1931, el Diario de Avisos publicaba la siguiente nota:

La Conjunción [conservadora] acepta y acata sin vacilación de ningún género la nueva forma republicana y siente una viva satisfacción con que el cambio de régimen se haya operado de la forma legal y pacífica emanada del derecho, como cumple a los pueblos cultos y sensatos.

Esta aceptación fue confirmada, días más tarde, por la rúbrica de los seis concejales de Derechas al pie del escrito de lealtad a la República que el ayuntamiento de Santa Cruz de La Palma envió al Gobierno Provisional.

Así pues, la democracia iniciaba su andadura en la Isla apoyada en un consenso que iba de la adhesión del conjunto progresista (Liberales, Republicanos y Socialistas) a la avenencia del colectivo conservador.

Sin embargo, la concordia se deshizo en poco tiempo. De un lado, las Derechas se alejaron de la democracia, al valorar negativamente que las reformas impulsadas por los ministros republicanos y socialistas se hicieran a costa de sus patrimonios y en menoscabo de sus principios. De otro lado, el movimiento obrero, acuciado por la crisis económica, vio frustradas sus esperanzas de que el nuevo régimen trajese mayor bienestar y se radicalizó, derivando hacia posiciones revolucionarias.

 


[1] "Las elecciones en La Palma", El Progreso, Tenerife, 14 de abril de 1931.

[2] "Entrevista a Florisel Mendoza Santos", Diario de Avisos, Tenerife, 10 de junio de 2003.

[3] Recogido en ALEMÁN, Gilberto: Episodios republicanos, Ediciones Ideas, Tenerife, 1997, p. 15.

[4] Documentos de la Junta Insular y Local del Gobierno Provisional de la República en Santa Cruz de La Palma, 25 de abril de 1931, carpeta 2, leg. 1221, Archivo Municipal de Santa Cruz de La Palma (AMS/C).

[5] Telegrama remitido por la Junta Insular y Local del Gobierno Provisional de La República en Santa Cruz de La Palma, 25 de abril de 1931, carpeta 2, leg. 1221, AMS/C.

[6] "A los habitantes de la Isla de La Palma", 16 de abril de 1931. Recogido en MEDEROS, Alfredo: República y represión franquista en La Palma, Centro de la Cultura Popular Canaria, Tenerife, 2005, pp. 223-225.

[7] Telegrama remitido por la Junta Insular y Local del Gobierno Provisional de La República en Santa Cruz de La Palma, 25 de abril de 1931, carpeta 2, leg. 1221, AMS/C.

COMENTARIOS (3)

  1. Rita Martin dice:

    Muy ilustrativo el artículo de donde se pueden sacar los hilos que después dieron lugar a la hecatombe histórica que sumió a España aún más atrás en el atraso político, económico y sobre todo social.

    Cada vez que este pobre país se ha querido sacudir de encima la modorra de la historia, se ha preparado el caldo de cultivo para que nada cambie y todo siga igual, no en vano tanto los hitos de libertad que significaron La Reforma o la Revolución Francesa, en España los que tenían la sartén por el mango se las han arreglado para no perder ni una brizna de poder.

    Pena me da el ver que hoy al calor del triunfo de la derecha, se vaya generalizando una manera de leer la historia, sobre todo lo que nos ocupa, de un asunto de guerra entre hermanos donde los enemigos de la patria querían meternos a todos en una terrible dictadura comunista, y claro estas cosas no se arreglan fácilmente y para hacer tortillas hay que romper huevos pero se hizo lo que debía hacerse para restablecer el orden establecido.

    Muchas veces no es ninguna suerte el haber vivido fuera de España bastante tiempo, pues ello hace que tengas unos puntos de referencia a cerca de la historia que te obliga a callar y comulgar con piedras de molino o discutir argumentos parecidos al "diálogo de besugos" de los "comics" de nuestro tiempo.

    La cosa no es fácil y una de dos, te tomas en serio lo que en estos días escriben Eurostar o Save the Children o aún Cáritas, en tanto a que la pobreza severa ya va llegando al 30 % de los niños, o te llenas de optimismo viendo como la Ministra de Trabajo con una sonrisa de oreja a oreja nos anuncia el retorno de la sociedad del bienestar.

    O te crees que la pobreza atenaza no sólo a los parados sino a los que encuentran trabajo, pues han de sobrevivir con salarios y condiciones de miseria, o te crees al Sr. Rajoy donde nos pide que creamos en su firme pulso y clara mirada, que España está en camino de un glorioso futuro.

    Lees La Razón o el ABC y piensas que has entrado en el túnel del tiempo y estás sentado en la Biblioteca Cervantes leyendo Arriba o El Alcazar.

    Lees el Bando del Ayuntamiento y el alcalde de todos nos recomienda el debido recogimiento y nos prescribe especial estado de ánimo para el jueves y viernes.

    Una sociedad es lo que es y no dejará de serlo por arte de birle birloque, sino acaso dejando que la cultura y el tiempo hagan su trabajo.

    La esperanza no ha de perderse nunca.

  2. Queen dice:

    Gracias don Salvador, por devolvernos a una coyuntura histórica que adquiere de nuevo protagonismo, al calor de las demandas sentidas o resentidas, improvisadas o razonadas, de la III República.
    Como ya ha comentado "Pintao", su artículo resulta muy ilustrativo, para repasar la historia y aprender de la misma. Evidente, los tiempos son diferentes, pero los problemas que nos acucian (paro, corrupción, insolidaridad territorial, descrédito de la monarquía, desigualdad social, etc.) no lo son tanto.
    Intentar resolver los problemas por la vía de la "concordia" parece los civilizado y más razonable, pero para ello es preciso saber cómo cambiar la confrontación que resume en su último párrafo. Cambiarla y llevarla a la práctica, claro.

  3. Eduardo Cabrera Capote dice:

    Enhorabuena por este documentado e interesantísimo artículo

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