El pasado lunes estuve con los alumnos de 2º de bachillerato de mi instituto realizando una actividad extraescolar en Fuencaliente, para estudiar "in situ" la naturaleza y el vulcanismo reciente de nuestra isla. Algunos de ellos desviaron su atención hacia el lamentable estado de muchas tuneras de la zona, preguntándome qué pasa con ellas, consulta que también me han hecho ciudadanos preocupados. Aunque este es un problema conocido desde el año 2010 y que fue denunciado en la prensa el 7 de octubre de 2010 (elapuron.com) me he decidido a retomarlo para disipar dudas y remover conciencias.
La situación es que la especie cochinilla grana –Dactilopius opuntiae (Cockerell, 1896)- utilizada en muchos lugares del planeta como agente de control biológico de las cactáceas del género Opuntia y Nopalea ha llegado también a La Palma, siendo además la primera vez que se detecta en nuestro archipiélago, acompañando así a su pariente menos agresivo y conocido desde hace tiempo la cochinilla carmín –Dactilopius coccus Costa, 1835- que ha sido y es utilizada para obtener un colorante natural que tiñe los objetos de rojo o morado e introducida en Canarias en el primer tercio del siglo XIX para salvar nuestra precaria economía. Ahora tenemos a esta otra que puede dar al traste con aquellas "buenas intenciones".
Pero ¿Cómo ha llegado? ¿Introducida por el hombre? ¿Han sido las administraciones por su negligencia y debilidad al control aduanero; la ignorancia de los ciudadanos al traer plantas infectadas o ha sido puro terrorismo ecológico? Son demasiadas preguntas que no tienen respuestas y que prácticamente ya no importan. La situación es que hemos implantado una nueva especie en nuestra tierra sin control alguno (ya son miles los casos) y que además es una plaga conocida de las cactáceas que las lleva hasta la muerte. Desde entonces de manera lenta pero inexorable ha ido dando cuenta de todas las tuneras de Fuencaliente, llegando -hoy en día por el este- hasta la zona de Puente Roto (Mazo) avanzando casi siete km en seis años. A este ritmo en poco tiempo solo quedarán tuneras en aquellas zonas rurales donde las familias mantengan el cultivo para autoconsumo o para la comercialización. Pero eso sí, encareciendo el producto por la necesidad de utilizar químicos para su control.
¿Qué hacer? El futuro lo veo negro debido a que las especies implicadas son foráneas y creo que poca simpatía despiertan entre los ecologistas, mientras que el ciudadano de a pie no se entera si no se le informa. Las instituciones públicas (Consejería de Agricultura del Cabildo de La Palma) por el momento miran para otro lado pues parece que no hay dinero para tanto dislate. En cambio los biólogos permanecemos expectantes ante el devenir de los acontecimientos, pues es y será un buen campo de observación de los procesos de evolución y sustitución del territorio.
Aunque lo mejor sería redescubrir el potencial aprovechamiento de la tunera como base de cultivo de la cochinilla carmín, comida para el ganado (vacas y cabras), factor para ahumar quesos fresco palmero, frutos comestibles (personas y animales), incluso secas y descortezadas se han utilizado para hacer obras de arte, etc.
Creo que la realidad es que no hay el más mínimo interés por parte de muchos. Es muy difícil combatir una plaga si el vecino no hace nada. Lo cierto es que será una pérdida irreparable para nuestra cultura tradicional y la expresión canaria, bueno canariona, "jíncate un tuno" quizás podría quedar para el recuerdo.


Aprecidado Felo, interesante tema, delicado como tantos otros relacionados con las especies invasoras. Gracias por documentarnos sobre el mismo.
Estimado amigo, aprovecho tu blog, en el que escribí mi primer comentario en "El Apurón", para enviar un cordial saludo al resto de compañeros y participantes, a los que debo disculpas por mi "silencio administrativo", relacionado tanto con las cuestiones del cuerpo como con las del alma.
Un afectuoso abrazo para todos.
Pues sí, interesante tema, del que reconozco no tenía conocimiento. Ahora que con la crisis económica las cuestiones medioambientales parecen haber pasado a un discreto segundo plano( lo cual no deja de resultar sospechoso), siempre es de agradecer que alguien se ocupe de “remover conciencias”. Dentro de la complejidad para abordar estos problemas, está claro que junto a una decidida actuación de las administraciones, se necesita una adecuada concienciación de todos nosotros, que como consumidores finales, también poseemos una poderosa herramienta.
Habrá que esperar, como bien dices, pero no hay, hoy por hoy, demasiadas razones para el optimismo.
Aprovecho también para devolver ese abrazo afectuoso al amigo Pedroluis, con el que coincidí algunos meses en otro de los blog de este digital, pocos pero suficientes para valorar su enorme humanidad y bonhomía. Se le echa de menos, pero lo primero es recuperarse de esas cuestiones del cuerpo y del alma a las que alude. Le deseo una pronta mejoría.
Un saludo.
Estimado Pedro Luis, quiero aprovechar esta tribuna para reconocer tu significativa contribución con este blog desde sus inicios. Asimismo, valoro tu cordial talante a la hora de debatir y opinar y agradezco la amistad que siempre me has brindado y por supuesto, no te preocupes, siempre estarás excusado por todos los que te apreciamos que somos muchos. Un abrazo amigo y gracias por todo.
Queridos Felo y Pedro Luis, gracias a ambos por los favores prestados, las conversaciones mantenidas y la amistad…
Coincido con los demás tertulianos, deseando a Pedro Luis lo mejor de lo mejor… Es una excelente persona y confiamos en continuar con su amistad disfrutando de su compañía…
Esperemos que, aunque la tunera sea introducida, no se pierda ya que nos hemos hecho tanto a ella…
¡¡Hasta vino de tuno estoy haciendo y si me apuran nopalitos!!
Quizás sea mejor eliminar los ejemplares afectados y luego replantar desde otras zonas de la isla, aprovechando la menor capacidad de dispersión del insecto comparado con otras, consideradas a nuestro juicio, "plagas"…
¡¡Saludos y abrazos!!
Hay muy pocos biólogos con plaza y mando (funcionarios en Medio Ambiente) para alertar a la sociedad y los políticos.
Interesante lo de esa cochinilla y las reflexiones tuyas.
Amigo Felo, me alegra volver a leer un artículo tuyo. Tus interesantes y aleccionadoras observaciones nos hacen reflexionar acerca del medio en el que nos ubicamos. Ahí es nada.
Y lo mismo cabría decir aquí del amigo Pedro Luis, siempre sabio y ameno. Cada vez que puntualiza algo, lo que sea, sobre todo aquello que se describe y analiza en este medio digital, comprendemos mejor qué somos y hacia dónde vamos.
Un abrazo para los dos.
La cochinilla grana es una plaga para echarse a temblar. Por la vertiente oeste de la isla también avanza rápidamente, con efectos devastadores. En un año tan sólo, tuneras que tenían un espléndido aspecto se ponen amarillentas y mueren. Ha llegado a Las Manchas, por encima de la zona industrial del Callejón de la Gata, está en Tacande, etc.
Como dices, Felo, esta plaga no se detiene salvo con acción coordinada de todos los afectados, e incluso así sería muy difícil. Por una parte, porque las especies invasoras son difíciles de controlar una vez están establecidas. Por otra, porque muchas de las tuneras afectadas están en malpaíses y de ellas nadie se ocupa, por lo que continuarán siendo una fuente de infección.
Yo he estado plantando y mimando tuneras en los años pasados, y ahora comienzan a tener buen porte y a dar tunos. Menudo sablazo si acabo perdiéndolas. Y a los aguacates ya les ha llegado la última plaga que los mancha de blanco, etc. etc.
Hay países del mundo "menos desarrollado", en Centroamérica por ejemplo, en los que está expresamente prohibido entrar con cualquier tipo de alimento, y si te pillan en aduanas se te cae el pelo. Si se te ha olvidado una manzana en la mochila te echan una buena bronca y te pueden poner una linda multa.
En una isla con puntos de acceso más limitados, como es La Palma, podría ser más fácil aún establecer algún control, si hubiese voluntad. bien justificaría unos puestos de trabajo. Cada plaga que nos entra tiene un coste económico enorme, tanto por las cosechas perdidas como por el coste de los plaguicidas, herbicidas, etc. que muchos compran, amén de sus efectos sobre la salud.
La cochinilla grana es para echarse a temblar. Por la vertiente oeste de la isla también avanza rápidamente de sur a norte, con efectos devastadores. En un año tan sólo, tuneras que tenían un espléndido aspecto se manchan de amarillo como en la foto y mueren. La plaga ha llegado a Las Manchas, hacia Tajuya por encima de la zona industrial del Callejón de la Gata, está en la carretera de Tacande a mitad de camino hacia El Paso, etc.
Como dices, Felo, esta plaga no se detiene salvo con acción coordinada de todos los afectados, e incluso así sería muy difícil. Por una parte, porque las especies invasoras son difíciles de controlar una vez están bien establecidas. Por otra, porque muchas de las tuneras afectadas están en malpaíses y de ellas nadie se ocupa, por lo que continuarán siendo una fuente de infección por mucho tiempo.
Yo he estado plantando y mimando tuneras en los años pasados, y ahora comienzan a tener buen porte y a dar tunos. Menudo planchazo si acabo perdiéndolas. Y a los aguacates ya les ha llegado la última plaga que mancha la cáscara de blanco, etc. etc.
Hay países del mundo "menos desarrollado", en Centroamérica por ejemplo, en los que está expresamente prohibido entrar con cualquier tipo de alimento, y si te pillan en aduanas se te cae el pelo. Por ejemplo, si se te ha olvidado una manzana en la mochila, te echan una buena bronca y te puede caer una linda multa.
En una isla con puntos de acceso más limitados y menor número de entrada de visitantes y mercancía, como es La Palma, podría ser más fácil aún establecer algún control, si hubiese voluntad. El objetivo bien justificaría unos puestos de trabajo. Cada plaga que nos entra tiene un coste económico enorme, tanto por las cosechas perdidas como por el coste de los plaguicidas, herbicidas, etc. que muchos compran, por no hablar de sus efectos sobre la salud, y del esfuerzo al luchar contra ellas.
Efectivamente Reflexionando, la semana pasada estuve por los altos de Tamanca hasta la zona de Cerca Vieja y las tuneras de ese área estaban también todas infectadas. Lo verdaderamente lamentable de esta situación es que se siga permitiendo entrar por ese puerto y aeropuerto cualquier plaga con total impunidad.
Oí este tema hace unos dos meses y pensé que sería la cochinilla de toda la vida, que en los años más secos puede llegar a secar la penca completa.
Pero hoy mismo caminando por el sendero por el que discurre la carrera reventón trail, con mi hijo nos fijamos en una cochinilla distinta, que cogía la base de los picos de toda la penca, e inundaba todo el banco de la tunera.
Y lo que pensé es como carajo llegó esa cochinilla, diferente a las demás, a esa ladera. Miré alrededor y no había ninguna más contaminada, y el sendero estaba a unos metros…, ¿Dios habrás ido llevada adrede?, …que no sea así… porque habría mucha ignorancia, muy mala leche y deseos de hacer el mal al resto de la sociedad…
Espero que no sea terrorismo ecológico, y que haya sido un caminante o ciclista que pasó por senderos contaminados e hizo la transferencia… prque si no… estamos arregaldos.
Aquí Don Rafael nos comenta de la epidemia sobre nuestra tunera, hoy le dejo otra epidemia que afecta a los seres humanos en la Venezuela del oro.
El New York Time nos ya lo dejo escrito.
La malaria se esparce por Venezuela en medio del colapso económico
La búsqueda desesperada de oportunidades sacó la malaria de las remotas minas de la selva donde sobrevivía en silencio, y volvió a diseminar por el país a niveles que no se veían desde hacía 75 años.
MINA ALBINO, Venezuela — Cuando Reinaldo Balocha volvió a enfermarse de malaria por duodécima vez, no descansó para nada. Aún con la fiebre sacudiendo su cuerpo, se echó el pico al hombro y regresó a trabajar en la mina ilegal de oro donde pica piedras.
Balocha, un técnico en computación, no encajaba en el trabajo de las minas; sus manos suaves solían golpear el teclado, no la tierra. Sin embargo, la economía de Venezuela colapsó a tal grado que la inflación anuló su salario, y con él sus esperanzas de conservar una vida de clase media.
Es por eso que Balocha —al igual que decenas de miles de personas de todo el país— viajó hasta estas pantanosas minas a cielo abierto en busca de un futuro.
Aquí se encuentran meseros, oficinistas, taxistas, profesores universitarios y hasta funcionarios públicos que están de vacaciones y salen a cribar oro para el mercado negro, bajo la supervisión de un grupo armado que les impone tarifas y los amenaza con amarrarlos a los postes si desobedecen.
Esta es una sociedad en crisis, un lugar donde la gente educada abandona los cómodos trabajos que tienen en la ciudad por duros y peligrosos trabajos en canteras lodosas, desesperados por lograr que el dinero les alcance. El costo es elevado: la malaria, durante mucho tiempo contenida en la periferia del país, ha regresado para vengarse.
Venezuela fue el primer país del mundo en acabar con esta enfermedad en sus zonas más pobladas; lo hizo en 1961, mucho antes que Estados Unidos y otros países desarrollados, según la Organización Mundial de la Salud (OMS). Fue un gran logro para una pequeña nación, una acción que allanó el camino para el desarrollo de Venezuela como potencia petrolera y alimentó las esperanzas de que fuese un modelo que ayudaría a erradicar la malaria en todo el mundo.
Desde entonces, el mundo ha dedicado enormes cantidades de dinero y de tiempo para erradicar esta enfermedad. En los últimos años, se ha logrado reducir un 60 por ciento las muertes en los lugares donde la población sufre de malaria, según la OMS.
Pero en Venezuela, el reloj marcha hacia atrás.
El colapso económico del país ha traído de regreso esta enfermedad; la sacó de las remotas minas de la selva donde sobrevivía en silencio, y volvió a diseminarla por todo el país a niveles que no se veían desde hacía 75 años, según los expertos.
Todo comienza en las minas. Por la crisis económica, al menos 70.000 personas de todos los estratos sociales han visitado esta región minera desde el año pasado, asegura Jorge Moreno, un médico venezolano experto en mosquitos que actualmente trabaja cerca de las minas. Miles de personas se están infectando a medida que aumenta la explotación de oro en pozos llenos de agua, que son el caldo de cultivo perfecto para los mosquitos que transmiten malaria.
Luego, cuando ya tienen el parásito en la sangre, las personas regresan a sus casas en distintas ciudades de Venezuela. Por la crisis económica a menudo no hay medicinas y la fumigación es escasa, entonces la malaria enferma a decenas de miles de personas y causa la desesperación en ciudades enteras.
“El oro hizo que este lugar se volviera atractivo; provocó una gran migración y, en consecuencia, la diseminación de la malaria”, explicó Moreno. “Con la crisis llega esta enfermedad que se agudiza con las malas condiciones”.
Una vez que sale de las minas, la malaria se propaga rápidamente. A cinco horas de distancia, en Ciudad Guayana, un antiguo enclave industrial donde hay muchos desempleados que se han dedicado al trabajo en las minas, un grupo de 300 personas llenaba la sala de espera de una clínica en mayo. Todos tenían los síntomas de la malaria: fiebre, escalofríos y temblores incontrolables.
No había luz porque el gobierno había racionado la energía para ahorrar electricidad. No había medicinas porque el Ministerio de Salud no las había entregado. Los médicos hacían pruebas de sangre con las manos desprotegidas porque ya no tenían guantes.
Maribel Supero abrazaba a su hijo de 23 años que temblaba sin poder hablar. José Castro sostenía a su hija de 18 años que gritaba. La doctora Griselda Bello movía sus manos con un gesto de impotencia y le decía a otro paciente que esperara un poco más. Las pastillas se habían acabado y no había nada que pudiera hacer.
“Regrese mañana a las 10 de la mañana”, le sugirió al enfermo.
“Ay, Dios”, respondió el paciente. “Uno se podría morir de aquí para allá”.
“Sí, efectivamente”, confirmó la especialista.
En la población vecina de Pozo Verde, los habitantes dijeron que la malaria había llegado después de que los mineros comenzaran a regresar enfermos a sus casas, y los fumigadores del gobierno desaparecieron hace dos años. Hoy, el colegio secundario público se ha convertido en una incubadora: desde noviembre de 2015, la cuarta parte de sus 400 estudiantes se contagiaron de malaria.
“Se podría pensar que íbamos a hacer algo: acordonar la escuela o declarar la cuarentena”, dijo Arebalo Enríquez, el director de la escuela, quien contrajo malaria junto con su esposa, su madre y siete miembros más de su familia.
Oficialmente, la propagación de la malaria en Venezuela se ha convertido en un secreto de Estado. El gobierno no ha publicado informes epidemiológicos sobre la enfermedad durante el último año y afirma que no hay crisis.
Sin embargo, el informe más reciente que The New York Times obtuvo de médicos venezolanos confirma que se está produciendo un repunte de la enfermedad. Según ese documento, el año pasado los enfermos de malaria se incrementaron en un 56 por ciento, alcanzando una cifra de 136.000 casos.
Continue reading the main story
Photo
Centenares de personas con síntomas de malaria llenan las salas de espera de una clínica en Ciudad Guayana, en mayo. Credit Meridith Kohut para The New York Times
La enfermedad se ha expandido rápidamente por todo el país; ahora hay casos en más de la mitad de los 23 estados. Entre las cepas presentes se encuentra la Plasmodium falciparum, la forma más letal y grave de la malaria.
“Es una situación de vergüenza nacional”, dijo José Oletta, exministro de Salud de Venezuela que vive en Caracas, donde los casos de malaria también están apareciendo ahora. “Yo veía este tipo de casos cuando era un estudiante de medicina, hace medio siglo. Esto me duele. Esa enfermedad había desaparecido”.
En El Dique, una población rural donde la malaria no se conocía hasta hace dos años, Juana García, de 66 años, estaba sentada afuera de su casa. Había enviudado recientemente, porque su esposo contrajo la enfermedad y murió. Prácticamente no hablaba ni se movía de la silla.
“Ella va a seguir luchando”, aseguró Ana María Padrón, su hija.
En la casa de Padrón, sus dos hijos también combatían la malaria. La fiebre comenzó en la mañana: a las 8 en el caso de Omar, de 8 años; y a las 11 empezó con fiebre Arístides, de 7 años. La familia no había encontrado ninguna medicina. Los niños solo habían recibido analgésicos.
“Estamos rezando”, dijo la madre.
La tentación del oro
Las minas ilegales están desperdigadas a lo largo de decenas de kilómetros; van dejando un tramo marcado de viruelas en la tierra, donde la selva se abre para dar paso a innumerables cráteres y cicatrices.
Algunas operaciones mineras tienen el tamaño de pequeñas piscinas donde dos hombres tamizan el barro con cacerolas, como si fuese una escena sacada de las explotaciones de yacimientos auríferos que se realizaban en California hace más de un siglo. Otros drenan anchos pantanos con enmarañadas redes de tubos y bombas. En otro lugar, cientos de buscadores de oro hurgan la tierra roja y blanca en una excavación que tiene 15 pisos de profundidad y la longitud de un campo de fútbol americano. La llaman Cuatro Muertos.
Esto no debería suceder. En el pasado las reservas de oro fueron controladas por una empresa canadiense antes de que el presidente Hugo Chávez la expropiara y se comprometiera a utilizar sus recursos para financiar su revolución socialista.
Pero esa operación siguió el mismo patrón de mala gestión y abandono que muchas otras expropiaciones durante la era de Chávez. Eventualmente el Estado abandonó el territorio alrededor de la mina, y sus beneficios potencialmente lucrativos. Los explotadores de oro se apoderaron de la zona, y también llegaron los grupos armados que se hacen llamar la ley.
Pero al menos hay comida.
Por Nicholas Casey 16 de agosto de 2016
Comparte esta página con tus amigos del internet.
Hola Felo, soy un ex alumno tuyo.
Quería comentarte a raíz de este artículo sobre la tunera, una cosa que vi hace poco y me llamó la atención. Quizá para ti y el resto de usuarios con formación en el campo sea algo conocido, para mi, no.
El tuno se forma en la penca, que yo sepa… Lo que vi fue como de un tuno, sobre este, se formaron otros 4.
Gracias.
Estimado Orlando, las deformaciones las he visto en muchos otros frutos y tallos. Seguro que tú también los habrás visto: limones, tomates, papas, zanahorias, boniatos presentan a veces formas caprichosas y divertidas. Factores como el clima, riego, suelo variedad, fertilizantes, residuos contaminantes y seguro que alguna cosa más… pueden dar lugar durante el desarrollo del fruto a defectos morfológicos o fisiológicos llamativos, pero no lo había visto nunca en tunos. Gracias por compartir la información.
Buenos días Felo, quería hacerte una pregunta pero sobre topografía, saber si la cueva del Niquiomo está topografiada por ejemplo en la revista Vulcania o en otro medio accesible, porque en una primera revisión no la encontré, al menos por el nombre que yo sé.
Sin más, como siempre muchas gracias.
Buenos días. Sí, la Sima del Niquiomo está topografiada, pero nunca se ha publicado. Es una de las muchas cosas que se quedaron pendientes en la revista «Vulcania», un monográfico de todas las simas conocidas de La Palma.