El coleóptero Thalassophilus subterraneus Machado, 1990 habita el subsuelo de La Palma, tanto el medio cavernícola como el medio subterráneo superficial (MSS), donde está presente durante casi todo el año, distribuyéndose preferentemente en las cavidades y fisuras del subsuelo, pero siempre en zonas de dominio de la laurisilva o en áreas con una elevada humedad ambiental. A pesar de su amplia distribución insular, hasta ahora, apenas se conocen una treintena de ejemplares repartidos entre seis cavidades del centro y nor-noreste de la Isla. Queda aún pendiente la descripción del macho.
Por su caracteres morfológicos especializados, cuerpo despigmentado y estilizado, y por su reducción ocular, comportamiento y distribución podemos considerarlo un troglobio troglomorfo. Es un insecto de hábitos zoófagos, de pequeño tamaño, de 3,5 a 3,8 mm, que corretea por el suelo en busca de pequeñas presas de las que se alimenta. Poco más se sabe sobre la ecología de este críptico carábido.
Esta especie figura en el Catálogo Canario de Especies Protegidas (Ley 4/2010) en la categoría de "Especie de Interés para los Ecosistemas Canarios", y con anterioridad estaba recogida como "Sensible a la Alteración del Hábitat" (SAH) en el, ahora derogado, Catálogo Canario de Especies Amenazadas (Decreto 151/2001, de 23 de junio). A pesar de su catalogación como SAH, no ha sido objeto de estudios de seguimiento de poblaciones de especies amenazadas (SEGA) ni de conservación de su hábitat (que es lo que procede) por parte de la Consejería competente.
Creo que esta despreocupación de la Administración trae consigo que exista un vacío de información objetiva para conocer cuál es la realidad y la categoría de amenaza de nuestra especie (aplicable a muchas otras de nuestro archipiélago). Por eso, instamos desde aquí a todos aquellos responsables de Política Territorial y Medio Ambiente que se proceda a su reevaluación serena y crítica, aplicando los criterios de la nueva Ley, ya que por las prisas y los miedos de un gobierno voluble, impersonal e hipócrita han concedido -una vez más- especies que no deberían estar en este nuevo catálogo y han obviado otras que sí deberían estar. Asimismo, creo muy necesario llevar a cabo constantemente proyectos de estudio de las poblaciones de estas especies catalogadas con el fin de conseguir una gestión ecuánime y mejorar la buena salud de nuestros ecosistemas (y de nosotros mismos), pero siempre por personal altamente cualificado, cosa que a tenor de los resultados no ha sucedido.
Por otro lado, la ley dice que al que cometa infracciones en relación con las especies, subespecies y poblaciones catalogadas se le aplicará el régimen sancionador; y digo yo, la apatía y la inoperancia de nuestros dirigentes en este capítulo ¿no es una infracción sancionable?
Lo cierto, señores, es que el supuesto hábitat potencial de este escarabajo se ha reducido en estos últimos años, obviamente, con el desarrollo urbanístico, agrario y de infraestructuras en nuestra isla, pues es incuestionable la contaminación que está sufriendo nuestro subsuelo por los vertidos de aguas residuales y todos los químicos que aplicamos a nuestra agricultura, que están haciendo desaparecer muchas de las especies que viven bajo nuestros pies, no es una afirmación gratuita, lo he comprobado con mis propios ojos. Sin embargo, creo que aún queda suficiente hábitat como para albergar poblaciones estables, y la primera percepción de lo que hay que hacer, aparte de lo ya comentado, es que se controle y no se permita construir por encima de los 600 m de altitud, al menos si no existe alcantarillado para la recogida de las aguas residuales; por ello hay que intentar eliminar en lo posible los pozos negros en la busia, que tanto daño hacen. Es más que probable que nuestro futuro y el de nuestros ecosistemas estén en juego.

