En apenas 706 Km2 de superficie, La Palma presenta una riqueza terrestre increíble, constituida por -aproximadamente- unas 5300 especies, de las cuales unas 1200 son propias de nuestra Isla. De estas, unas 850 pertenecen a la flora vascular (árboles, arbustos, herbáceas…), 320 son briofitas (musgos y hepáticas) y unas 1320 son hongos y líquenes; lo que nos deja unas 2810 variedades animales (esa es nuestra fauna silvestre), que, si les restamos los 60 vertebrados que se reproducen en nuestro territorio, nos da un valor definitivo de 2750 especies de pequeños seres. Todo ello representa casi un 52% del total de nuestro patrimonio natural, así que podemos afirmar que somos un rico país de invertebrados.
La Palma, al igual que el resto de Canarias, es un territorio fértil en especies únicas, tanto por su alta concentración en un territorio muy reducido como por su calidad. Muchos de nuestros endemismos son paleoendemismos, castas muy antiguas que guardan en su genoma información ancestral. Aun así, a pesar de la riqueza entomológica de nuestra Isla, se le presta poca atención a este mundo zoológico: generalmente pasa desapercibido para muchísimas personas que, en su desatinada animadversión, a lo más que llegan es a clasificarlos como bichos o a meterlos en el cajón de sastre de las cucarachas, mientras piensan que no hay mejor invertebrado que el que está espachurrado por asqueroso.
Pero sepan que son seres que están ligados a nuestras comunidades vegetales, algunos llevan esta relación a extremos tan específicos que sólo pueden vivir sobre una determinada planta cuyo futuro va aparejado al de su huésped. Son los mejores polinizadores de nuestras cosechas e incansables controladores biológicos de nuestras plagas. También hay que considerar que las poblaciones de algunos de ellos presentan oscilaciones considerables a lo largo de su vida, con explosiones demográficas en determinadas épocas para prácticamente desaparecer durante otras. Esto los hace muy crípticos. Igualmente, hay individuos que viven a lo largo de todo el año en nuestras casas y campos. Todo esto implica que la fauna invertebrada sea muy abundante, motivo por el cual hemos de valorar su importancia dentro del marco social, económico y ecológico, ya que conviven con el hombre, nos ayudan -son más las que nos auxilian que las que nos perjudican- y ocupan los primeros eslabones de las cadenas tróficas, lo que fomenta que otros muchos grupos faunísticos dependan de ellos, como por ejemplo los insectívoros.
No obstante, debemos dejar claro que, a pesar de la opulencia comentada, es muy probable que en futuras prospecciones y estaciones aparezcan nuevas especies, pues hemos de tener en cuenta lo relativamente poco estudiada que está desde el punto de vista entomológico la isla de La Palma (aún hay zonas "vírgenes" en este campo). No extraña, pues, que sus catálogos estén incompletos. Son numerosos los grupos invertebrados que, aunque presentes en La Palma, no se han añadido. No es posible su determinación por falta de especialistas.
Por otro lado, el conservacionismo concede un alto valor a los endemismos, sobre todo si son locales y viven en muy pocos metros cuadrados, espacios susceptibles de ser alterados y por lo tanto de extinción. La Palma destaca por esta circunstancia, cualquier perturbación en sus hábitats traerá consigo cambios que en la mayoría de los casos conlleva a una reducción de la diversidad ecológica y a un empobrecimiento de nuestro patrimonio natural. Así, existe un punto caliente en Canarias que presenta la mayor biodiversidad exclusiva de toda Europa en la menor superficie. Este mágico punto se encuentra en la Cruz del Carmen (Tenerife), tiene inventariado en solo 1 km2 un total de 468 especies endémicas, aproximadamente el 16 % de la flora y el 12 % de la fauna de Canarias, aunque es algo engañoso pues probablemente sea el área mejor estudiada del Archipiélago ya que son muchas generaciones de biólogos las que han visitado esa zona realizando sus prácticas. Pero ¿dónde está nuestro punto más caliente? ¿Nos interesa saberlo?
Todas las argumentaciones expuestas son razones más que suficientes para proteger y respetar estas especies e invertir en el estudio fenológico y corológico de nuestra entomofauna. Desde el punto de vista de nuestra biodiversidad, sin duda su conocimiento nos ayudaría a valorar mejor lo que somos y lo que tenemos. Sería lamentable que pudieran desaparecer antes de ser descubiertas. Al menos dennos la oportunidad de poner nombre a su exterminador. Algo así como Cocaeraserensis tenebrosus.

