La primera vez que fui a Marcos y Cordero tenía diecisiete años y muchísimas ganas de conocer mi Isla. Fueron varias horas de caminata desde el pago de Las Lomadas hasta La Casa del Monte. Luego siguiendo el canal comenzamos la aventura de atravesar trece túneles y verticales farallones que nos descubrían un recorrido alegre, con vistas increíbles que nos llevaron a considerar el lugar como uno de los más solitarios y bonitos de La Palma. Desde entonces he ido innumerables veces y conmigo cientos de amigos, que siempre han salido convencidos de la magia del lugar y de la importancia de defenderlo y conservarlo.
Estamos ante un entorno fantástico con innumerables joyas botánicas como el Pico de Fuego, considerado en peligro de extinción, aunque gracias al proyecto de recuperación abordado por la Consejería de Medio Ambiente del Cabildo Insular, ahora lo es menos. Igualmente tiene un alto interés geológico por sus tubos volcánicos y por ser un espacio donde se observan distintos episodios ocurridos en la construcción del escudo insular que además constituye el límite superior del complejo basal que por cierto crea uno de los acuíferos más importantes de Canarias. También su fauna merece mención especial pues son numerosas las aves que surcan sus cielos y rompen el silencio con sus cantos, a no ser que tengamos por allí algún energúmeno de esos que asaltan los espacios naturales. Asimismo, si somos buenos observadores, veremos los cientos de insectos que pululan por doquier.
Esto ha sido así desde "siempre", pero poco a poco se ha ido convirtiendo en un lugar de acción de más de 30000 personas al año, con todo lo que eso significa. Por esta razón es necesario controlar este espacio, ya que existe un peligro potencial, no el de la naturaleza agreste, sino el de los exaltados de turno (y no hablo gratuitamente, pues por dos veces han estado a punto de matarme). Por eso es inevitable la figura del guarda forestal que auxilie y controle al visitante, aparte de colaborar en el continuo acondicionamiento de las veredas. En este sentido, creo que es justo que se cobre un canon, pero no tan desorbitado (20 euros) como se pretende desde el Ayuntamiento… ¿Con qué contrapartidas?
Además, sé que hace unos años se presentó al Cabildo un proyecto original rentable que planteaba la venta en el lugar de un pack que costaba seis euros y ofrecía prestaciones para los usuarios, como una guía didáctica, un chubasquero y una linterna. Este proyecto, me consta, no fue atendido y pasó a dormir el sueño de los justos en alguna gaveta de algún despacho… ¿Quizás la propuesta era demasiado económica?
Ahora, como no ha habido acuerdo y escudándose en la seguridad de los usuarios, me salen con que habría que cerrar el paso porque incumple el decreto del Gobierno de Canarias que regula la seguridad de las personas en las obras e instalaciones hidráulicas subterráneas. Sinceramente, me suena a pataleta por no poder recaudar. Agradecería algo de cordura y de consenso, por favor.
Quieren domesticar y controlar el medio ambiente pero siguen sin entender que lo que realmente gusta es un entorno salvaje.
En definitiva, no nos protejan tanto de la naturaleza y defiéndannos más de los políticos que nos quieren salvar…

