El `sport náutico´, la Liga Marítima Española y las primeras regatas en Canarias (I).

Intentando hacer más llevadera esta crisis, que pronto solventaremos quedándonos en casa, recupero algunos artículos que publiqué hace años, esperando les sean amenos.

 

Aunque es lógico suponer que la práctica de la vela como recreo existiera desde mucho antes, fue Holanda en el siglo XVI, el país donde se comenzó a navegar a vela de forma recreativa. Las excepcionales condiciones de este país relacionado tan intrínsecamente con el agua, donde gran parte de sus ciudadanos se transportaban a través de los canales a bordo de barcos impulsados a vela propiciaron el auge de la afición por la náutica.

La palabra inglesa que define este deporte, yatching, proviene probablemente del neerlandés jaght o jacht schip, que significa embarcación ligera y rápida[1].

Esta afición holandesa traspasó el Canal de la Mancha gracias a Carlos II, a la sazón exiliado en Breda, quien regresó a Inglaterra al ser proclamado Rey a bordo de un yate, el `Mary´, regalo del burgomaestre de Ámsterdam. El barco, cuya imagen encabeza este artículo, causó una extraordinaria sensación y dio que pensar a la burguesía inglesa de la época en la posibilidad de utilizar la navegación a vela como actividad deportiva y recreativa.

Es en Irlanda en 1720 donde aparece la primera asociación similar a los actuales clubes náuticos, el Cork Water Club, en donde se combinan las actividades náuticas y las sociales, primando estas últimas.

Un siglo más tarde las costas europeas y norteamericanas se pueblan de clubes náuticos que, si bien en un principio constituyeron un reducto de privilegiados, poco a poco, y debido a la socialización del deporte[2], fueron abriéndose a aficionados de todas las clases sociales.

En España los deportes náuticos como la vela y el remo aparecen coincidiendo con el fin de la Primera República y con la mejoría de las instalaciones portuarias del país. Así, al amparo de sus nuevos puertos surgen el Real Club Mediterráneo de Málaga (1873) o el Club Náutico de Tarragona (1878).

Según Agustín Guimerá, en el caso de Canarias, a la insuficiente infraestructura portuaria y escasez de refugios para hacer excursiones marítimas, había que unir la dureza de los vientos y las corrientes. El desarrollo de los puertos insulares a finales del siglo XIX propició la creación de los primeros clubes náuticos de las islas, el Club Tinerfeño (1902), el  Nuevo Club de Santa Cruz de La Palma (1904)[3] y posteriormente el Club Náutico de Gran Canaria y el Club Náutico de Arrecife (1908)[4], si bien este último tuvo una breve trayectoria de la cual no existía constancia alguna hasta que fruto de nuestra investigación acerca del inicio del deporte náutico en las islas nos encontramos con las evidencias que avalan su existencia que, por su relevancia en dicha investigación, detallaremos más adelante.

Además de la mejora en las infraestructuras portuarias habría que añadir como factor determinante en los orígenes de los clubes náuticos tanto en la península como en Canarias el desarrollo de un sentimiento nacional por recuperar la hegemonía marítima de la que el país hiciera gala en otros tiempos y cuya decadencia llegó a su máxima expresión en 1898 con la perdida de Cuba y el maltrato que sufrió la Marina española que, según Cervera Pery[5], fue injustamente infravalorada.

Tuñón de Lara escribe, en referencia a esa época, que cuando cronológicamente comenzó el siglo XX el país se halla en una encrucijada dramática de su destino, en una exacerbada pugna entre el pasado y el porvenir[6]. Por otro lado, Javier Tusell afirma que a comienzos de ese siglo España era una nación inequívocamente europea occidental desde el punto de vista geográfico, político y cultural, pero resultaba muy distinta de los países más desarrollados del Viejo Continente en otros aspectos[7].

Entre esos aspectos podríamos enmarcar al creciente desarrollo de la cultura del sport náutico que consiste en un acercamiento al mar por parte de la sociedad y que se refleja en varias actividades como la vela, el remo, o incluso, los baños de mar. Esta cultura, en auge en países de nuestro entorno como Francia e Inglaterra, no terminaba de cuajar en el nuestro.

La revitalización de la vida marítima española en todos sus aspectos fue una tarea que emprendió un grupo notable de personalidades españolas en cuya vanguardia militaban Silvela, Sánchez Toca y Maura, y a los que se asocian de inmediato el Duque de Veragua, los almirantes Valcárcel y Auñón, los marinos historiadores Fernández Duro y Navarrete, y representantes de los más destacados intereses nacionales[8], con el apoyo del rey Alfonso XIII[9], al crear el 9 de enero de 1900 la Liga Marítima Española, un organismo que agrupará a todos los colectivos relacionados con la actividad náutica del país. En el artículo primero de sus estatutos define sus intenciones:

          Se constituye la Liga Marítima Española para representar ante la opinión y los Poderes públicos las aspiraciones, y promover, por todos los medios legítimos de propaganda e influencia, el fomento de la vida marítima nacional, aunando los esfuerzos y procurando concertar, según la justicia y la conveniencia general, el impulso de todos sus elementos, sin exclusión alguna.   

Este ánimo de no excluir a ninguno de los elementos relacionados con el medio marítimo incluirá tanto a los fabricantes de barcos como a los representantes de la marina de guerra, mercante, y pesquera, así como a los clubes náuticos y de regatas que comenzaban a crearse, y que desde esta institución se fueron fomentando.

La inclusión del deporte náutico en esta entidad como parte del engranaje necesario para el resurgir marítimo del país es justificada por la prensa de la época como se puede observar en el periódico Mundo Deportivo de Barcelona en cuya edición del 5 de noviembre de 1908[10], firmado por L. Cadavieco Araoz, encontramos un artículo en el que se recoge una referencia a la futura unión de los clubes náuticos del país:

          Es un dolor que en toda la península no existan más que ocho o diez Clubs náuticos: Santander Bilbao San        Sebastián, Alicante, Palma, Cartagena, Valencia y Barcelona; si otros existen tienen escasa vida e importancia.

          Es misión altamente civilizadora la que se han impuesto nuestros Clubs náuticos; si dentro de poco vamos a tener una escuadra, grandes buques de guerra, que hagan que por todas las partes del mundo se admire y respete el pabellón español, es menester que merced a la propaganda que inicie la Federación Española de Clubes Náuticos, se acreciente la  afición de nuestra juventud hacia las practicas sportivas del mar […] Una nación como la nuestra debe ser forzosamente marítima; sus hijos, los habitantes de las 21 provincias que nuestros mares bañan sus costas, entusiastas de las cosas del mar y así tendríamos plétora de marinos que tripularan nuestras naves de guerra y que recorrieran el mundo, paseando nuestra amada bandera.      

Efectivamente en 1908 se crea, auspiciada por la Liga Marítima[11], la Federación Española de Clubes Náuticos que en el futuro pasará a denominarse Real Federación Española de Vela, tal y como la conocemos en la actualidad.

 


[1] FERNÁNDEZ PALACIOS, José Antonio: Marina Deportiva. Madrid, Silex Ediciones, 2001 (Historia de las cuatro marinas españolas; 4), p.18.

[2] GUIMERÁ RAVINA, Agustín; DARIAS PRÍNCIPE, Alberto: Mar y Ocio en la España Contemporánea. El Real Club Náutico de Tenerife 1902-1994. Santa Cruz de Tenerife, Real Club Náutico de Tenerife, 1995, pp. 119-141.

[3] Aunque las denominaciones de estos dos primeros clubes no cumplen con la tónica general marcada por otras sociedades náuticas del país que utilizan las acepciones club de regatas o club náutico, entre los fines de ambas entidades se recoge el interés por el fomento, entre otros, de los deportes náuticos. El Club Tinerfeño incorporará la palabra “náutico” en 1934 y en el Nuevo Club en 1962.

[4] El rey Alfonso XIII aceptó la presidencia de honor de los dos primeros en 1906 con motivo de su visita a las islas, y de los dos últimos en 1908 nada más constituirse. A partir de ese momento comienzan a utilizar el título de “Real”.

[5] CERVERA PERY, José: “El despertar de la marina: el certamen naval de Almería” en Política española y política naval tras el Desastre (1810-1914). Madrid, Cuaderno Monográfico del Instituto de Historia y Cultura Naval, núm. 15, 1991, pp. 39-44.

[6] Ibid.

[7] Ibid.

[8] CERVERA PERY, José: “El despertar de la marina: el certamen naval de Almería” en Política española y política naval tras el Desastre (1810-1914). Madrid, Cuaderno Monográfico del Instituto de Historia y Cultura Naval, núm. 15, 1991, p. 47.

[9] El 1 de enero de 1902 el rey Alfonso XIII aceptó ser patrono de la Asociación.

[10] Mundo Deportivo, Barcelona (5 de noviembre de 1908) p. 1.

[11] GUIMERÁ RAVINA, Agustín; DARIAS PRÍNCIPE, Alberto: Mar y Ocio en la España Contemporánea. El Real Club Náutico de Tenerife (1902-1994). Santa Cruz de Tenerife, Real Club Náutico de Tenerife, 1995, p. 79.

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