Nos sodomizan con un palo haciéndonos pagar a base de sangre, sudor y lágrimas todos los desperfectos causados por ellos mismos o por sus amigotes del mundo financiero (cada vez más ricos, cada vez más inmorales, cada vez más amparados por sus propias triquiñuelas legalistas); pretenden que comulguemos con piedras de molino cuando la cosa se pone chunga (como si nadie se hubiera dado cuenta desde hace tiempo que todo el tinglado de los recortes por lo de la crisis no es más que un gigantesco pitorreo que da la vuelta al planeta para demostrar que lo de la globalización iba en serio, la globalización de la desfachatez de los señores de la banca and company); nos hacen la peineta un día sí y otro también (con una impunidad que obliga a considerar que realmente estamos perdidos si no nos revolvemos como jabatos contra cualquier forma de abuso, nos concierna o no de forma directa); nos venden humo hablando despacito y encongiéndose de hombros, con caras de santurrones, ante las cámaras de televisión (como si fuésemos bebés, o sordos, o coñobobos); nos repiten mil veces las mismas mentiras (dando por sentado que vamos a creerlos a pies juntillas) y se reafirman en lo dicho poniendo primero la mano en el fuego y luego el grito en el cielo por sus contadísimos badoglios (y esperan que asintamos bajando la cabeza, con el peso inconsciente del arrepentimiento por alguna fechoría que no hemos cometido).
Así se escribe la historia de este arranque de siglo marcado por los adelantos de la tecnología electrónica y la consiguiente eclosión de la realidad virtual, esa en la que se apoyan quienes juegan al monopoly bursátil escarranchándose sobre nuestras espaldas de galeotes.
Y ahora, por si fuera poco, se sacan de la manga un corronchoso anteproyecto de Ley de Seguridad Ciudadana que eleva al infinito sus deseos de abusar más y más y más de todos nosotros: quieren robarnos también el derecho al pataleo neutralizando los mínimos mecanismos de denuncia espontánea. Por ejemplo, los servicios secretos de las grandes potencias pueden espiar a gran escala sin que pase nada, pero las grabaciones de imágenes y sonidos desde el teléfono móvil de cualquier manifestante durante un acto de protesta en la calle pasa a ser delito gravísimo, sancionable al instante con multas de disparatada dureza.
Son los mismos de siempre, los que desde el comienzo de los tiempos imponen sus ambiciones espúreas sobre el bien común.
Bamballos abusadores.
Quieren sodomizarnos con un palo, sí, y quieren que mientras tanto les pidamos perdón por ser tan llorones y tan pretenciosos, y encima quieren que les demos las gracias por los servicios prestados, y lo peor es que todavía quieren más cosas horribles a costa de nuestra capacidad de resistencia de esclavos con mordaza y a cuatro patas.


Quizás porque soy de pueblo, nunca me terminó de convencer la globalización (Ad initio: mundialización).
Primero aprendí a desconfiar de los matones de barrio; luego de los caciques del pueblo; más tarde descubrí que el generalísimo por la gracia de Dios, no tenía tanta gracia como, con ingenuidad infantil, aprendí en la escuela; para, al fin, descubrir que tampoco los mandamases del mundo nos resuelven los problemas. Que decepción.
No debe extrañarnos, pues, terminar a cuatro patas, levantando una para mear y de nuevo volver a empezar a marcar el territorio. Como al principio, válgame Dios la vida.
Pensábamos que lo habíamos visto todo con el gobierno anterior pero la desfachatez del actual no conoce límites.
¡Qué horror!
Estupenda reflexión, D. Anelio, en su línea.
Creo que con nosotros juegan desde hace bastante tiempo, antes y despues del caudillo y ahora también.
Dura y certera crítica. Ahora mandan los que mandan. Capital aparte, incluso en Europa. Y es que cuando tratan de matar al mensajero, como decían en la "quinta columna": "a las trincheras". Esperemos que no sea más allá de una soflama, una más, por cierto.
Buenas noches. Saludos cordiales.
Amigo Anelio, que podemos comentar ante tremendas razones para nuestra desgracia, ¿por donde comenzar?
Algún buen día de no sé qué año amigo Anelio, nos despertaremos ( eso espero) y podremos escuchar como los medios de comunicación nos anunciaran que, esta autentica “estafa” que han llamado crisis, si, esta que se han inventado los mismos de siempre, ha llegado a su fin. A algunas personas no nos resultara nada extraño, como llegado el momento podremos observar a estos entorchados del abuso humano, como nos querrán dar a entender su inmensa alegría, sacando a las calles las bandas de tambores y cornetas de La Cruz Roja o al grupo de “SIETE MACHOS” que teníamos para carnavales. Probablemente correrán ríos de tinta con escritos contándonos sus tremendos sacrificios, celebrarán el fin de nuestra pesadilla, nos harán creer que ha pasado el peligro aunque por si las moscas, encontraran el modo para advertirnos que todavía hay algunos síntomas de infección y que hay que ser muy precavidos para evitar una recaida de estos estados gripales. Lo jodido de todo este Anelio, es que yo no dudo que estos entorchados conseguirán que algunos crédulos respiren aliviados y celebren el acontecimiento para que los demás depongamos la actitud crítica contra los poderes y nos prometerán que, poco a poco, volverá las viejas golondrinas para anidar la tranquilidad de nuestras vidas en la economía familiar.
Para ese día, esta tremenda estafa que han denominado con el nombre de "crisis", apoyada por la mayoría de Gobiernos habrá terminado oficialmente y, claro, seguramente se nos quedará una cara de bobancos agradecidos que, "pa que te cuento” Lo que si se, es que estos mercenarios de la estafa, son tan cínicos que, probablemente nos reprochen nuestra desconfianza. Como no podría ser de otra manera, "este bando de malandros de la especie humana" darán por buenas todas estas miseras políticas de ajuste, volverán a dar cuerda al reloj de la economía. Como podremos imaginarnos y, bien que quisiera equivocarme, la crisis del reparto desigual, la crisis de la imposibilidad de crecimiento esta si que seguramente permanecerá intacta, la cosa amigo Anelio es que, esa amenaza si que nunca la publicaran ni la difundirán como bien te podrás imaginar. Los que de verdad dominan estas parcelas en el mundo habrán puesto punto final a esta estafa llamada crisis (mitad verdad, mitad ficción), cuyo origen es difícil de descifrar pero cuyos objetivos han sido claros y contundentes: hacernos retroceder 38 años en derechos y en salarios, ya no nos llamaran "mileuristas" nos llamaran “si guana a cualquier salario “.
Cuando esta panda de cicarios por fin consigan abaratar los salarios más de lo que ya los están, cuando alcacen esos límites insospechados hasta hace muy poco, o unos salarios salarios mas bien propios del tercermundismo; cuando el trabajo sea tan precario y tan barato que deje de ser factor determinante de su producto; cuando definitivamente hayan conseguido desacreditar totalmente a las organizaciones sindicales por la ineptitud precisamente de sus torpes dirigentes, abran conseguido arrodillar a todas las profesiones y entonces todos los haberes cabrán en una nómina escuálida; no sé cómo, pero cuando definitivamente consigan asilvestrar o amaestrar a la juventud en el arte de trabajar casi gratis, como esclavos o como les de la real gana; cuando dispongan de una reserva de millones de personas paradas dispuestas a ser polivalentes, desplazables y amoldables con tal de huir del infierno de la desesperación, es entonces cuando esta panda de estafadores, sicarios, mercenarios de la economía “ manifestaran que la estafa llamada crisis ha terminado “ .
Cuando los alumnos se hacinen en las aulas y se haya conseguido expulsar del sistema educativo a un 30% o 40% de los estudiantes sin dejar rastro visible de sus hazañas; cuando la salud la tengamos que comprar y no se ofrezca; cuando nuestro estado de salud se parezca al de nuestra cuenta bancaria; cuando a partir de ahora con la nueva propuesta nos recobren nuestra seguridad ciudadana; cuando nos cobren por cada servicio, por cada derecho, por cada prestación; cuando nuestras pensiones sean tardías y lo más parecido a una autentica mierda, cuando nos convenzan de que necesitaremos sus seguros privados para garantizar nuestras vidas, es entonces cuando esta panda de estafadores, sicarios, mercenarios, “ manifestaran que la estafa ha terminado “.
Cuando estos mafiosos terminen por conseguir nivelar a la baja toda la estructura social, todos (excepto las cúpulas puestas cuidadosamente a salvo en cada sector), pisemos los charcos de la escasez o sintamos el aliento del miedo a nuestra espalda; cuando nos hayamos cansado de confrontarnos unos con otros y se hayan roto todos los puentes de la solidaridad, entonces será cuando esta panda de estafadores, sicarios, mercenarios con el dinero de los demás “ nos manifestaran que la estafa conocida como crisis ha terminado “ .
Nunca jamás en tan poco espacio de tiempo se habrá conseguido tanto, al menos yo no lo recuerdo y no tengo precisamente ahora veinte años. A esta panda de estafadores, mercenarios de la economía, tan solo les han bastado cinco o seis años para reducir a escombros todos los derechos que se tardaron siglos en conquistar y extender. Tal brutal devastación del paisaje social solo se había conseguido a través de las guerras. Aunque, bien pensado, también en este caso ha sido el enemigo quien ha dictado las normas, la duración de los combates, la estrategia a seguir e incluso el armisticio.
Por eso amigo Anelio, no solo me preocupa saber cuándo saldremos de esta estafa, sino cómo saldremos de ella. Su gran triunfo será no sólo hacernos más pobres y desiguales, sino también más cobardes domados y resignados ya que sin estos últimos ingredientes el terreno que tan fácilmente han ganado entraría nuevamente en disputa.
De momento nos han dado marcha atrás al reloj de la historia y nos han ganado al menos 38 años de la última democracia y sus intereses. Les quedan los últimos retoques con el nuevo marco social que pretenden: un poco más de privatizaciones por aquí, un poco menos de gasto público por allá y vuelta a la manecilla del reloj al que si fuera necesario darán cuerda: su obra estará concluida. Cuando el calendario marque cualquier día de no se que año, pero nuestras vidas hayan retrocedido hasta finales de los años setenta, decretarán el fin de esta estafa que han denominado “crisis “ y les escucharemos por la radio dando voz a las últimas condiciones de nuestra rendición “Amén, o que el Señor nos coja confesados".
Terribles pero certeras (y bellamente escritas) las palabras de Anelio
Agria, esta Navidad,
con ley de Seguridad.