Empantanados como estamos entre las caudalosas riadas informativas que confluyen cada día para recordarnos puntualmente que el mundo, en toda su puñetera complejidad, no se deja aprehender así como así, hoy se cuela desde diferentes medios una noticia que, al menos en mí, provoca una sonrisa de asombro. Por increíble que parezca en la era de la comunicación digital, se acaba de descubrir la existencia de un mono de semblante apacible y ojos escrutadores, pequeños pero hondos como los de un sabio estoico que viene de vuelta de todo: el Lesula –Cercopithecus Lomamiensis-, natural de una selva tropical del Congo, encontrado casualmente por algún primatólogo con suerte en la casa de un maestro de la ciudad de Opala (por lo que cuentan, parece que desde hace años el maestro lo tenía como mascota sin saber que su rareza merecía la atención de la comunidad científica internacional). En fin, más allá del valor estimulante de cualquier hallazgo de estas características (en cierto modo remite a viejos mitos de tesoros enterrados, ¿verdad?), esta aparición nos conmueve por diversas razones, todas ellas asociadas a la necesidad de encontrar respuestas a las grandes cuestiones que nos atosigan desde la infancia. Que aún sigamos topándonos con parientes lejanos no hace más que incidir en nuestra insignificancia en medio de un universo sin fin que apenas se deja escrutar. El misterio de los orígenes, o sea el misterio mismo de la vida, se mantiene crudo y poético en el limbo a que nos reducen nuestras limitaciones, pero de vez en cuando, como ahora, nos zumba alrededor como un mosquito trompetero, siquiera para bajarnos los humos recordándonos que estamos de paso y que hemos llegado aquí de pura chiripa. Sin resolver nada de nada, el misterio se vuelve emoción y nos sacude cuando leemos un verso conmovedor, cuando sentimos la pérdida de los seres amados, cuando el viento arremete contra las ventanas… y cuando irrumpen imágenes tan elocuentes como la de ese lesula que nos mira de frente, con retranca aunque comprensivo, como quien dice: "Pero, hombre, ¿tú qué te creías?, ¿que ya estaba todo escrito?"
Miren esos ojos
COMENTARIOS (10)
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Nuestro primo hermano tiene una mirada más humana que algunos de nosotros mismos, los supuestamente humanos
Si venimos o no del mono, que para eso aún están discutiendo los evolucionistas, los creacionistas y demás teorías científicas, mi percepción de la fotografía es que el primate que se nos muestra, parece algo taciturno. ¿O no?.
Buenas noches. Saludos cordiales.
El lesula, querido Anelio, tiene carita de decir: " ¿Y qué coño hago yo con esta mierda de pensión?"
Más bien tiene cara de tristeza (ahora que está de moda). Su pequeño cerebro de homínido percibe los recortes de su hábitat, el aumento de las especies invasoras, la subida de la presión humana, la pérdida de recursos… En definitiva se acaba de dar cuenta que está jodido.
Se parece a Oblomov.
Está my triste…¿Puede que provenga Cristiano Ronaldo de este mono?
Vaya, con el perezoso teniamos un ser,de extraña fisonomía,y una mirada con una expresión dificil de describir;hasta se afirmaba la ambiguedad de "La gioconda" en su rictus…
Y ahora, esta mirada…
Que torpes somos;del Congo solo nos interesa el coltan y vender armas…
Parece decirnos:Que ciegos estais parientes…
Esa es la carita que se le debió quedar a un amigo que llamaremos Pedro L., cuando Pedro J. L. Después de asegurarle que tenia unas papas nuevas buenísimas para guisar y de anunciarle que le iba a traer unas papas de esas, para que probara papas buenas de Mazo, mucho mejores que las suyas de La Breña, lo vio un día en la calle real y le dijo: “Toma para que pruebes una papa buena” y le dio, envuelta en una bolsa del Spar, una papa.
Aunque a mi a quien se me parece realmente es a Emilito Picadura.
Compromisos profesionales por tierras continentales, me habían impedido "mirar esos ojos" antes, que veo tristones y casi derrotados… Debe ser que los viajes cansan y la morriña me puede, cada vez que abandono las islas…
Leo el texto y vuelvo a la melancólica imagen… y advierto que la alivia el conjunto fisonómico de la cara, al menos me parece a mí, especialmente "esa boquita apretada, casi risueña", como la que ponemos los palmeros cuando valoramos irónicamente una "situación jodida"… Algo así como: "La cosa va bien, pero el ojo lo pierde".
Sr./Sra.“Juanerge”… comprenda usted que llamándome “Pedro Luis”, siendo de Mazo, y teniendo la suerte de saborear de vez en cuando las buenas papas (familiares o amistosas) del municipio, me vea retratado en la escena de la Calle Real… Me descarto porque, yo por lo menos hubiera llevado en la bolsa DOS papas para la cata… Eso sí, medianitas, que tampoco está la cosa para derrochar…
Saludos.
Estimado don Pedro, gracias por mejorar la anécdota con su fina ironía. Creo que el autor de este Blog si debe saber de quienes se trata. Si no, seguro que en la Sabatina se lo averiguan.