La punta del iceberg

Acabo de leer La punta del iceberg (AECID, Madrid, 2011), la última obra publicada del dramaturgo palmero Antonio Tabares, y sin rodeos me apresuro a hacerles partícipes de lo que considero una estupenda noticia. Bueno, antes de nada, rectifico: no debiera decir "dramaturgo palmero", sino "dramaturgo" a secas, porque, si bien su escritura no puede sustraerse de la socarronería isleña, la temática que aborda Antonio Tabares con un estilo siempre elegante y fluido no cae en el pozo sin fondo del localismo -ese desajuste de la psique que obliga a tantos y tantos escritores canarios a mirarse el ombligo con demasiada intensidad, hasta la autohipnosis y el bizqueo-. En este caso, y puesto que se trata de un magnífico texto teatral, la mirada abarca diferentes planos casi de forma simultánea, y lo hace con rigor, sin subrayar ninguna tesis, entre otras cosas para que el lector, el espectador, sea quien se tome la libertad de reflexionar a fondo sobre un tema universal y de actualidad. Esto ya de por sí da cuenta de la ambición de Antonio Tabares como creador de primer nivel.

La punta del iceberg, premio "Tirso de Molina" en su XXXVII edición, aborda el fangoso asunto de la sobreexplotación de los trabajadores (¿les suena de algo?) y al mismo tiempo, sin cargar las tintas contra los explotadores -lo que sublima sus intenciones críticas-, despliega un complejo muestrario de flaquezas humanas, desde la sensación de soledad y la tristeza provocadas por las frustraciones cotidianas hasta la incapacidad de resolver problemas afectivos que a la larga minan la confianza del individuo. Los conflictos, encajados unos dentro de otros como muñecas rusas, desencadenan una sucesión de sorpresas dramáticas, no efectistas, y desentrañan un contexto que pone los pelos de punta quizá porque no nos resulta ajeno: la tensión que se vive en un ambiente laboral marcado por la incomunicación y la dependencia enfermiza de la productividad, los resultados concretos, las cifras estadísticas y toda esa matraquilla que sirve de subterfugio para los que cortan el bacalao por las bravas y que con tanta frecuencia nos obliga a preguntarnos de dónde venimos y hacia dónde vamos, no sólo con nuestro cometido en el trabajo. Además de desgastar la personalidad del individuo, o acaso por ello, estos dilemas afectan perniciosamente a la identidad del colectivo. Podemos comprobarlo con sólo echarle un vistazo a los periódicos del día. No por casualidad la historia que tan bien maneja Tabares se inspira en un caso verídico, acaecido no hace mucho en una gran compañía francesa de telecomunicaciones: varios trabajadores, desesperados por la presión a que se veían sometidos, en un corto plazo de tiempo sucumbieron de la misma manera, nada menos que con el recurso extremo del suicidio. Recuerdo que la coincidencia llegó a remover la opinión pública como la propagación de una plaga bíblica.

No me negarán que hay algo de alegórico en La punta del iceberg. Describe la desazón de hombres y mujeres convertidos en marionetas enredadas en los hilos que las mueven, conminadas por jefes a su vez conminados por otros jefes superiores, acogotadas por la amenaza de pérdida del puesto si no cumplen con los objetivos previstos, sometidas además al plazo de la puñetera hipoteca y en suma asqueadas de que sus sueños más hermosos se desmiguen a cada paso en una trampa existencial envolvente como el abrazo de una boa constrictor. Ya se sabe, hay que producir y producir porque, si no, te vas a la puta calle, y si te vas a la puta calle no llegas nunca a nada, ni siquiera a sobrevivir dignamente. En fin, la historia de millones de "pringados" en todo el mundo, millones de "primos" de las primas de riesgo, los nuevos esclavos de un sistema de construcción de pirámides para los faraones sibilinos del siglo XXI. Así, Antonio Tabares lleva a escena con aparente sencillez algunas claves de fondo para empezar a entender el entramado de la gigantesca -infinita- estafa en que se ha convertido la versión menos halagüeña del capitalismo puro y duro.

Pero, como decía, aquí se plantea mucho más. El individuo no se limita a pasarlas canutas como víctima de un cruel destino al que le cuesta enfrentarse. El individuo es, también, un pobre diablo que alimenta bajezas en contra de sí mismo y en contra de sus compañeros de batalla. Sin maniqueísmos, mostrando las dos caras -mejor las dos cruces- de la moneda con que se nos compra y se nos vende, Tabares obliga a tragar en seco antes de sopesar nuestra propia parte de responsabilidad en el desaguisado que desemboca en la madre de todas las crisis. Los manipuladores del guiñol nos toman por el pito del sereno, sí, pero a la larga nosotros formamos parte del pasteleo: elegimos a conciencia a quienes nos gobiernan (lo mismo cuando votamos que cuando confiamos nuestros ahorros a una entidad bancaria); a pesar de las raigambres de la tradición picaresca, no nos prevenimos frente a la desfachatez de los abusadores; tampoco nos rebelamos contra las injusticias en el momento oportuno, o sea antes de que exploten delante de nuestras narices; no mejoramos, en fin, lo que tenemos a mano y preferimos mirar para otro lado si caen truenos sobre la casa del vecino. Etc. Es el sino de estos tiempos de desencanto en que las vacas gordas se vuelven flacas. Tiempos en que se venden más que nunca los ferraris y los chalés de lujo y los christian dior mientras, simultáneamente, una marea humana se escurre por el desagüe al percibir cómo se desmoronan los pilares del estado del bienestar, ese derecho -que no privilegio- que costó tantos siglos de sacrificios (costó toda una Historia de la Humanidad, con haches mayúsculas).

Pueden estar seguros de que no es tarea fácil, ni mucho menos, contar esta milonga por boca de personajes dubitativos, encorajinados por el desconcierto ante las traiciones que sufren e infringen por partida doble. En este sentido, sumando al talento un oficio más que evidente, Antonio Tabares alcanza el dominio total de la técnica del diálogo, piedra de toque para cualquier dramaturgo que aspira a lo más alto. El diálogo es la guinda de un gran pastel. Si convence por su precisión y por su naturalidad, todo lo demás sale bordado. Aquí encontramos la prueba.

Más que por la obtención de un premio de campanillas, triunfo que por supuesto nos satisface como referencia objetiva, hemos de felicitar a nuestro amigo y paisano por haber demostrado con tanta eficacia que no hay mayor logro artístico que aquel que conmociona al público. Conmociona por la calidad con que transmite emociones e ideas redentoras. ¿Al cabo no consiste en esto la vieja kátharsis?

¿Qué más se puede pedir?

Por lo pronto, quitémonos el sombrero y gritemos en pie: "¡Autor!, ¡autor!, ¡autor!"

 

 

COMENTARIOS (8)

  1. anselmo pestana dice:

    Un gran artículo, estimado Anelio. Completamente de acuerdo contigo en tus ideas sobre la literatura y su ámbito. No he leído la obra, ni la he visto (esa es la finalidad del teatro: ver y presenciar, respirar esa atmósfera directamente). Mi enhorabuena al autor. Y me encanta recibir noticias sobre el buen desarrollo del arte dramático, pues enriquece el panorama en una época en que la mayor resistencia posible del artista y del escritor es crear.
    Un abrazo, Anelio.
    Antonio Arroyo

    Les dejo con este poema de Bertold Brecht, ese gran poeta y también dramaturgo, que, según parece, y por este genial artículo de Anelio parece abrazar a Antonio Tabares:
    Vosotros, que surgiréis del marasmo
    en el que nosotros nos hemos hundido,
    cuando habléis de nuestras debilidades,
    pensad también en los tiempos sombríos
    de los que os habéis escapado.
    Cambiábamos de país como de zapatos
    a través de las guerras de clases, y nos desesperábamos
    donde sólo había injusticia y nadie se alzaba contra ella.
    Y, sin embargo, sabíamos
    que también el odio contra la bajeza
    desfigura la cara.
    También la ira contra la injusticia
    pone ronca la voz. Desgraciadamente, nosotros,
    que queríamos preparar el camino para la amabilidad
    no pudimos ser amables.
    Pero vosotros, cuando lleguen los tiempos
    en que el hombre sea amigo del hombre,
    pensad en nosotros
    con indulgencia.

    BERTOLT BRECHT

  2. Queen dice:

    Disimular la ignorancia casi siempre queda peor que reconocerla. Me amparo en esa convicción para no ocultar mi sorpresa sobre la existencia de autores que escriban teatro en la actualidad. Que el autor sea palmero me llama menos la atención, pues La Palma siempre fue una isla singular, para no escribir rara. Enhorabuena.

    Mi ignorancia (si escribiese desconcierto, igual quedaba más bonito) es de tal calibre, que tengo un amigo llamado Antonio Tabares, que ha dirigido, y practicado como actor, teatro, pero no sabía que escribiese teatro. Como pertenece al grupo de los “sabios y cultos discretos”, igual se lo tenía callado. Vete tú a saber.

    Siempre he pensado que el preguntar es una magnífica oportunidad para quedar mal, pero también para mejorar la “falta de ignorancia”.

    Estimado maestro, ¿podría darnos una breve pincelada biográfica de don Antonio Tabares?

    De su reseña crítica nada le digo, y sí mucho le admiro. Es verdad que estamos algo atosigados por la “productividad”, por la “excelencia” y por el I+D+I+ i+i …, sin que, por fortuna, hayamos pensado en suicidarnos a corto plazo. Pero el “índice de riesgo” galopa, galopa… y no es improbable que termine por enterrarnos a todos en el mar… Así que “A galopar, a galopar…”

  3. Eduardo Cabrera Capote dice:

    Muy buena noticia, amigo Anelio. Y muy buen comentario.

  4. Remedios Acosta Hernandez dice:

    Es un placer leer a Anelio Rodriguez y a Toni Tabares, este es de S/c de La Palma Pedro Luis. Pero más placentero aun es charlar con cualquiera de ellos. Ambos grandes escritores, y afortunadamente ambos personas comprometidas con la reflexión crítica sobre la condición humana. Y ambos palmeros…

  5. Anelio Rodríguez Concepción dice:

    Amigo Pedro Luis, aquí tienes una sucinta pincelada biográfica de Antonio Tabares (Santa Cruz de La Palma, Canarias, 1973):
    Licenciado en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid, ha escrito, entre otras obras, Cuarteto para el fin del tiempo (Premio Caja España de Teatro Breve, 2005), Canarias (Mención Especial del Jurado del Premio Calderón de la Barca, 2005; estrenada en mayo de 2007 en el Teatro Guimerá de Santa Cruz de Tenerife), Una hora en la vida de Stefan Zweig (estrenada en Santiago de Compostela en 2011), La sombra de don Alonso (premio “Domingo Pérez Minik” de la Universidad de La Laguna en su convocatoria de 2002) y la pieza breve Control de seguridad, con la que ganó el Certamen de Teatro Breve Animasur en 2004, estrenada en noviembre de ese mismo año en el Centro Cívico Rigoberta Menchú de Leganés (Madrid).
    Más allá de la brillantez del currículum, impresionante para su edad, lo mejor que te puedo decir es que Antonio Tabares es, por encima de todo, una gran persona, muy buen amigo de sus amigos.

  6. Queen dice:

    Muchísimas gracias "Catano" y, una vez más, al maestro don "Anelio", por vuestra aclaración y enseñanzas.

    Enhorabuena a don Antonio Tabares por su brillante trayectoria profesional y por su bondad personal. Seguro que sabe disculpar mi ignorancia. Ahora no le conozco, pero sé de su existencia y ya le tengo “clasificado”.

    El Antonio Tabares que me vino a la mente, es un amigo de Mazo, ya jubilado de sus tareas docentes, pero que mantiene intacta su inquietud cultural, es un lector empedernido, y un enamorado del teatro. Siempre extremadamente discreto pensé: A ver si este también escribe “en la intimidad” y se lo tiene bien calladito…

    Cuando me lo encuentre ya tendré motivo para la “controversia”, pues como dice “Catano” es un gran conversador y agudamente crítico de la condición humana. Siempre proclive a escuchar más que hablar, ya cuento por adelantado con su cariñoso reproche, que más o menos intuyo así: “Buenavá, pues sí que estás tú bueno… de donde sacaste eso de que yo me dedicaba a escribir teatro”…

  7. Alexis Martín Hernández dice:

    La última obra de Toni Tabares es magistral. He disfrutado enormemente con su lectura y he de confesar que al leerla (de un tirón e interrumpiendo mi trabajo con no poco ejercicio del disimulo) me quede paralizada para digerirla disfrutando. Lo dicho, felicidades a Toni y a tí, Anelio, gracias por este homenaje a un dramaturgo que para mí es universal.
    Un saludo

  8. jose enrique garcia leal dice:

    Querido Anelio:

    Emociona tu comentario. Emociona
    saber que por nuestras tierras hay escritores que escriben y traspasan nuestro mar. Que escriben y bien.
    Mi abrazo apretado para Antonio y para ti.

Los comentarios están cerrados.

Scroll al inicio