Javier Cercas, en su comprometido relato histórico novelado (si este género existe) sobre el 23-F, Anatomía de un instante, donde desmonta con valentía alguno de los mitos de esa noche trágica para la democracia y da un giro interpretativo a los sucesos y personajes que tuvieron un papel activo esa jornada poniendo en cuestión el valor que se las ha dado, habla de una encuesta publicada recientemente en Inglaterra que desvela que alrededor del 25% de la población británica piensa que Churchill no es un personaje histórico sino de ficción.
Recientemente el Partido Popular ha pedido en el Cabildo que se recuerde el cincuenta aniversario de la visita del mandatario inglés a la Isla Bonita. Todavía resuena el boato de la conmemoración del centenario de la visita de un personaje con tan pocas virtudes públicas que celebrar como Alfonso XIII a La Palma y ahora nos toca el turno de Churchill.
Bueno, en este caso hay que decir que el personaje tiene más interés que el monarca español, pero su paso por La Palma, más allá de las conocidas anécdotas, no significó nada para los palmenses, salvo una jornada festiva, digna de recordar en el imaginario popular.
El motivo que el primer ministro británico sea considerado un personaje de ficción tiene que ver, aparte de con una abultada ignorancia a la que no podemos achacarle la culpa a la LOGSE, con la capacidad de la sociedad para crear mitos que oscilan en el limbo de lo real y lo imaginario. Generamos mitos que no nos importa si son reales o no y nos aferramos a ellos porque nos dan una cierta seguridad y tranquilidad de conciencia a la hora de explicar el pasado y justificar el penoso presente.
Pocos sitios conozco que sean tan dados a parir mitos como la isla de La Palma. Ahí están para justificarlo el primer ayuntamiento democrático (¿de qué democracia estamos hablando?), el Siglo de Oro de La Palma (habría que ver cuántos se beneficiaron de él y cuántos, la inmensa mayoría, no sabían leer ni escribir); el tercer puerto del Imperio, etc. Esta carta de ajuste sirve de plato de presentación y para mirar hacia atrás, aferrarse a la nostalgia y mecerse en medio del calor de tanto mito. Y por si fuera poco, Churchill, otra ficción para nuestra colección. Ya no sé si La Palma es un mito o una realidad.

