En días tan convulsos y abocados cotidianamente a peores noticias, de nuevo el deporte nos insuflará energías con las que afrontaremos nuestros duros despertares. Se inicia una nueva Olimpiada,en esta ocasión la cita es en Londres; precisamente la de Barcelona marcó un antes y un después en este país. En el deporte, porque elevó los registros hasta unos límites que no se han vuelto a alcanzar, y en lo social y político, porque se organizaron con una enorme brillantez y se demostró que estábamos capacitados para sacar adelante grandes eventos que dejaron unas magníficas infraestructuras no solo deportivas hasta el extremo de que la Barcelona anterior a la cita olímpica no tiene nada que ver con la europea, abierta al mar y modernísima posterior. Fue a finales del siglo diecinueve, cuando el barón francés Pierre Coubertin se le ocurrió la excelente idea de restaurar los juegos olímpicos que los antiguos griegos celebraban en Olimpia, la antigua ciudad griega en cuyas explanadas, bajo un inclemente sol y el canto de las cigarras se celebraban pruebas de atletismo, lucha y boxeo básicamente.
Hoy volverán a ser una competición en la que las diferentes naciones buscarán el mayor número de medallas y los atletas unas marcas difíciles de superar. Decía que España no ha vuelto a obtener unos números como aquellos de Barcelona 92, pero ha crecido a nivel deportivo sin tener nada que ver con las representaciones de la España franquista que venían con un par de medallas y normalmente sin oro. Además de disciplinas como vela, piragüismo, donde casi siempre cae algo, incluso en las pruebas más seguidas en Olimpiadas como atletismo o natación hay algunas posibilidades, aunque se siga sin ser una gran potencia en las mismas. Incluso en deportes de equipo donde las medallas son más caras como fútbol, baloncesto, balonmano y waterpolo hay muy buenas escuadras que parten como favoritas para llegar a lo más alto. Anoche precisamente vi el España-EE.UU. de baloncesto, donde los yanquis demostraron que con sus figuras siguen siendo los reyes de este juego, aunque las distancias con Europa se hayan acortado enormemente; hay que recordar que hace treinta años los estadounidenses vencían en estas competiciones sin recurrir a sus jugadores profesionales y que entonces se contaban con los dedos de la mano los europeos que militaban en la NBA; de todas maneras tanto en basket como en los otros deportes habrá que trabajar con prudencia para evitar batacazos como el que tuvo la selección olímpica española de baloncesto en Barcelona que cayó eliminada ante Angola; hay un gran equipo con los hermanos Gasol, Ibaka y hasta un canario Sergio Rodríguez capaz de hacer magia con el balón entre las manos. Precisamente, fuera de la vela no han sido muchas las medallas obtenidas por los deportistas de nuestro archipiélago; en La Palma en la cita londinense no podremos ver a nuestra máxima figura la taekwondista Rosana Simón que no tuvo suerte en las previas clasificatorias.
En la historia moderna de los juegos atletas como Mark Spitz, Nadia Comaneci, Bob Beamon, Teófilo Stevenson, Sergei Bubka o Michael Phelps se han convertido en mitos que con sus medallas y marcas han parecido seres de otra galaxia inalcanzables para el resto de los humanos. Muchos que habitualmente no seguimos algunas disciplinas deportivas nos engancharemos estos días al televisor para disfrutar de las hazañas de estos jóvenes que durante años se han preparado para el éxito en estos juegos, privándose de muchos bienes materiales y sentimentales con tal de alcanzar su sueño olímpico. Esperemos que al final de los mismos Europa y, especialmente, España hayan alcanzado una estabilidad económica que hoy parece tan lejana como utópico este mi deseo.


En una época en donde la salud de mucha gente comienza a resentirse, Ibrahim, a través de la incertidumbre, el temor y la angustia, comparto contigo el hecho de que el deporte se convierta en un vehículo canalizador, catártico, de buena energía que ayude a compensar otros malos sentimientos, aunque sea de forma momentánea.
El resto lo has expresado estupendamente, como siempre.
Buenas tardes. Saludos cordiales.
Estimado Ibrahim, al igual que tú con este magnífico recuerdo, la TV nos ha repasado estos días los éxitos y el ambiente de euforia con los que vivimos “Barcelona-92”, evento deportivo al que se sumaron la Expo de Sevilla y la inauguración del AVE… Fue una época en la que la autoestima colectiva de España subió muchos enteros. Creo que sirvió para soltar el lastre histórico del franquismo, al que todavía algunos intentando marcar el terreno de la progresía vuelven a revivir, casi siempre demagógicamente (Para mí resulta lamentable cuando veo, como sucedió el otro día en el Claustro de la ULL, a representantes del alumnado haciendo demagogia barata con Franco, en vez de centrarse en defender con argumentos razonables la democracia bajo la cual han tenido la suerte de nacer y crecer).
También, volviendo al “noventaydos” y sus éxitos, viendo la que está cayendo en la actualidad, no tengo claro que no fuese el inicio de la “borrachera de éxito”, envuelta en corrupción (ni flik, ni floc…), proyectos megalómanos cuyos presupuestos se multiplicaban desmesuradamente (auditorios, puentes, terminales, aeropuertos, circuitos, ciudades-escultura, etc.), convirtiéndose en el agua que nos hayan traído hasta estos lodos… Penosos los sucesos de la CAM, Bankia (o CajaCanarias de Banca Civica, que nos toca más cerca), etc., y aún más penosa la Comisión que se ha creado (¡nada menos que en el Congreso! = representante del pueblo… Sí, sí, sí, … pero de otro pueblo que no es precisamente al que han engañado las entidades financieras, con el visto bueno del Banco de España y de los Gobiernos que lo controlan). ¡QUÉ PENA!, recurriendo al sonsonete con el que frecuentemente fustigaba a sus “denostados” el silenciado periodista deportivo José María García, que por cierto ¿también su estrella empezó a declinar con el 92, o fue después?
¡Dios mío, que no acabo! … Para “joder” un poquito, decirte que en tú selección te olvidaste de de Carl Lewis, el hijo del viento, que al margen de simpatías o antipatías, ha sido un atleta “incomparable” y, sin duda, un icono de ese gran reinvento del barón Coubertin. En España se le trabó el paraguas con el “Príncipe de Asturias”, y como decía mi abuela, “se atufó y se puso a reinar”. Una demostración inequívoca de que es humano… todos los atletas lo son, aunque a veces no lo parezcan.
Mis disculpas por el rollo. Una vez más, mil gracias por tú labor.
Estimado "Pevalqui" (del hilo anterior), tiene razón (cómo siempre)… La carrera de Fernando Alonso en Alemania estuvo un poco aburrida… ¡¡Ojalá se repita el aburrimiento en Hungría!! … Abrazos.
¡Qué malamente nos están saliendo las cosas! …. empiezo a pensar que la media docena de medallas está muy cara.