El diálogo tenístico de los dos más fieles seguidores de este blog, Pedro Luis y Pevalqui, me ha llevado a reflexionar sobre la figura de los número uno en el mundo del deporte. En estos momentos en que, por lo menos, para mí el dominio de Djokovik resulta tan apabullante, tal circunstancia no hace sino realzar aún más los méritos de Nadal por haber dominado durante un año el tenis mundial. Y es que el manacorí igual que antes Arantxa lograron tal galardón más por su esfuerzo y pundonor que por superioridad técnica. Es indudable que son muchos los deportistas que tienen unas condiciones para llegar a la cúspide, pero que pocos disponen de una dureza mental y unas condiciones físicas para desarrollar todas sus aptitudes.
El progreso educativo, cultural, social que ha experimentado este país en los últimos treinta años ha derivado que algunos de estos fenómenos que no salen en todas las generaciones hayan emergido en los últimos años. Me remito también a Pau Gasol , el mejor baloncestista español de todos los tiempos; un pivot capaz de botar la pelota, repartir asistencias y hasta meter algún triple; el jugador catalán me parece además un ejemplo como persona, porque se le ve natural, humilde y con un afán perfeccionista que hace que mientras otros ya estarían a su edad en trayectoria descendente él cada año sea mejor.
No todos los números uno tienen la elegancia y el saber estar de Nadal y Gasol y uno de los muchos que podríamos mentar sería Maradona, tan bueno dentro del campo como patético fuera de él, con el agravante además de que por su pasado futbolístico se cree con potestad para dar continuas lecciones no solo de fútbol sino hasta de ética, lecciones que él tendría que ser el primero en aplicarse. Tampoco me ha gustado nunca como persona Cruyff, ya que siempre deja claro que fue el número uno y que ello le da unos privilegios de los que carecemos los demás mortales; a diferencia de Maradona también fue un genial entrenador, pero con unas ínfulas de superioridad que le llevaron a tomar algunas decisiones erróneas entre sus múltiples aciertos. En este contexto se inscribe la corriente de antipatía que genera la figura de Cristiano Ronaldo, un magnífico jugador que dice verdades que resultan faltas de la más mínima elegancia procediendo de su boca; no cuadra que una persona que ha logrado triunfar procediendo de un entorno muy modesto, ahora vaya tan sobrado por la vida y que conste que estoy de acuerdo con muchas de sus afirmaciones, incluyendo el hecho de que los árbitros actúan con más dureza en las entradas que sufre Messi que en las que recibe el portugués, si bien es verdad que este no les facilita en exceso la labor metiéndose en todos los berenjenales.
Lo difícil no es llegar sino mantenerse y aquí radica el mérito de los números uno. En estos momentos que el baloncesto hispano vive un momento tan dulce echo de menos la progresión de algún jugador como el canario Sergio Rodríguez, a quien esta campaña he visto muy falto de confianza hasta el extremo de pasar de tirar hasta las zapatillas a tener miedo al aro; es evidente que la fe en tus posibilidades resulta fundamental para el éxito y este lagunero del que todos decíamos ,antes de jugar en la NBA, que iba a ser el mejor jugador canario de todos los tiempos, la competición yanqui nos lo devolvió disminuido y deprimido de tal forma que tendrá que recuperar su fuerza mental para lograr volver a maravillarnos con su talento creativo.
Esperemos que el deporte canario siga dando grandes figuras que puedan llegar a números uno, aunque sabemos que por nuestra condición de islas periféricas resulta aún más complicado, pero por encima de este deseo me gustaría que los grandes deportistas que produzcamos resulten auténticas figuras como personas y sepan canalizar la popularidad que da el deporte para transmitir unos valores, especialmente, a los más jóvenes.

