DESCENSOS

 

 Lo peor que le puede ocurrir a un equipo es su descenso, especialmente si es a una categoría que nada tiene que ver con su historia y su potencial. Creo que es peor el sufrimiento que depara un descenso que la euforia que te proporciona un campeonato; como aficionado nunca he sufrido tanto como aquellas dos temporadas que mi Athletic coqueteó con el descenso; sé que estas pasiones ante otros sucesos de la vida resultan inexplicables, sobre todo para alguien que no sienta el fútbol, pero sabemos que no somos robots que podamos programar nuestras pautas  de comportamiento.

 En este contexto la tragedia del River Plate ha  alcanzado una magnitud dantesca con heridos, el estadio destrozado, los jugadores y directivos amenazados. Ha sido la pésima gestión de los dirigentes del club "millonario" la que ha desencadenado esta situación; Passarella solo lleva año y medio al frente y sin ser el directo responsable no ha sabido parar la sangría de este histórico en el que militaran Di Stéfano y Francescoli y más recientemente Saviola o Higüaín, precisamente con sus traspasos y los de algún otro jugador que han vendido deberían tener unas cuentas muy saneadas, pero el dinero ha desaparecido de una entidad que tiene más del triple de empleados que el Real Madrid. La lección que nos deja River debería servir de ejemplo también para los radicales españoles; no comparto  ni en estas circunstancias el comportamiento vandálico de su afición que además ha colaborado en el descenso amedrentando a sus ídolos  o invadiendo la cancha antes de que finalizase el encuentro definitivo- con menos margen de tiempo se han producido en algunas eliminatorias remontadas como la que necesitaban los bonaerenses-; por lo visto la corrupción alcanza hasta los dirigentes de la propia hinchada, alguno de los cuales cobró algún porcentaje en los traspasos millonarios de sus figuras. Sé que aún no hemos alcanzado estas actitudes por estos pagos, pero lo mismo decíamos de los italianos en materia política y ya no andamos tan lejos. Creo, volviendo a establecer un símil con la política, que la actual organización deportiva, siendo susceptible de grandes mejoras, tampoco justifica el caos y que dentro del sistema  hay soluciones siempre que haya dirigentes con voluntad de encontrarlas.

  No parecen encontrarse esas especies en muchos lugares de nuestro archipiélago y pueden llegar en los próximos días desapariciones y descensos como consecuencia de malas gestiones o de haber sobrevivido de unas ayudas institucionales que en estos tiempos tienen otras prioridades. Así el mapa de la Tercera canaria en la próxima temporada resulta aún nebuloso con la posible inclusión del Universidad por descenso federativo,  la renuncia de Huracán y las posibles de Teror, Pájara y la que me toca más cercana del Victoria. Son muchos los problemas de mi municipio bagañete y parece haberlos más urgentes que la supervivencia del  único equipo del Valle de Aridane en esta categoría; con los pocos directivos que quedan y con lo que estos hasta ahora han demostrado resulta una utopía que se pueda conformar un plantel para jugar en la 3ª División, máxime si quieren mantener el Juvenil en Nacional; de rebote la única alegría para el fútbol palmero llegaría con el ascenso del Sauces que se produciría de renunciar el Victoria o de desaparecer el Pájara.

   Empezaba el artículo hablando del sufrimiento de un descenso, imagínense lo que conllevan dos consecutivos que son los que ha sufrido el Tete y las consecuencias económicas de los contratos firmados en los que se les está pidiendo a los futbolistas que no solo renuncien a lo firmado en el futuro sino incluso a lo que les tocaría percibir la temporada pasada, algunos como Ricardo lo han hecho, otros como el entrenador Amaral ,aunque solo se le pide que renuncie a cobrar la mitad de la próxima campaña, no están por la labor a pesar de que se les llene la boca hablando de amor a unos colores.

 

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