Discurrió el pasado sábado con bastante éxito la ultramaratón Transvulcania que se ha convertido en el acontecimiento deportivo del año en nuestra isla. Cada edición parece tener unos retos más amplios y de momento el evento está respondiendo a las expectativas generadas. Creo que es una idea acertadísima, porque en una isla, cuyo futuro pasa por el sector turístico, el movimiento y promoción, que se hace de La Palma con este acontecimiento, está siendo proporcional al dinero y esfuerzo invertido. Está claro, además, que lo mejor que podemos "vender" de nuestra isla son su naturaleza, sus senderos, sus volcanes; si a ello le pudiésemos sumar la existencia de unas playas atractivas, de unas variadas instalaciones hoteleras, de unas buenas conexiones aéreas más nuestro magnífico clima y el cariño y la hospitalidad que los benahoaritas tenemos que poner en el empeño los resultados tendrían que llegar.
De momento el invento también ha servido para que decenas de jóvenes y veteranos se reenganchen al deporte y para que durante meses hagan una preparación concienzuda que les lleve a resistir y coronar con éxito la totalidad de la prueba elegida; emociona ver cómo personas muy mayores, discapacitados o aquel vecino de quien uno no tenía ni remota idea de que hiciese deporte llega a la meta eufórico sin importarle la marca registrada sino el hecho de llegar. Yo no dejo de admirar esa resistencia y fondo espartano de estos esforzados atletas; muchos de los mismos confiesan al llegar a la meta que el desgaste ha sido enorme y que se borran de la siguiente edición, pero unos días después se lo volverán a replantear, ya que la preparación de la prueba más que esta en sí ha servido para reforzar lazos con viejos amigos, conocer a otros nuevos y adentrarse en los paradisíacos parajes naturales palmeros. Evidentemente, se necesita una disposición anímica; a mí, por ejemplo, estas pruebas atléticas de fondo no me motivan lo más mínimo; en cambio, si he participado en veinticuatro horas de fútbol-sala (ya hace sus años del hecho); también tengo muchas dudas de que en pruebas de este kilometraje el deporte sea salud .
La carrera ha servido para que durante un fin de semana la gente se haya echado a la calle con los consiguientes beneficios para los diferentes sectores económicos tan necesitados a día de hoy; además, la organización no ha escatimado gastos para que otros actos festivos, especialmente musicales, contagiasen la alegría a un público ávido de este tipo de espectáculos. Por supuesto, todo es mejorable; yo no soy un experto en atletismo, pero, por ejemplo, mi hijo participó en la prueba infantil en El Refugio y a pesar de que estuvimos allí a la hora señalada para recoger el dorsal y verificar la participación, las colas eran desproporcionadas con lo que tuvimos que esperar más de una hora por este trámite con el agravante de que hacía un frío enorme y que quien esto suscribe llegó por allí algo despistado en manga corta- esto, desde luego, no es achacable a la organización-.
Otra cosa ya más complicada de mejorar es la politización de la prueba: cambio de fecha para que fuese con anterioridad a las elecciones- que conste que la climatología es más favorable a principios de mayo-, exhibición de todos los políticos del partido gobernante, incluyendo a Paulino Rivero que tras tantos maratones, partidos de fútbol, romerías e inauguraciones no sé si le quedará tiempo para hacer alguna gestión.
Ello no quita para hacer llegar mi más sincera felicitación a Julio Cabrera, alma máter del evento, por el éxito absoluto de la misma y por el afán renovador e ilusión que pone en el empeño, que en la próxima edición pasa por aumentar un poco el kilometraje, haciendo llegar la competición hasta Santa Cruz de la Palma- decisión que traerá algo de polémica, porque hará aún más titánica la tarea a los atletas más modestos-.
Para finalizar, me pareció magnífico el detalle de que Miguel Heras e Iker Karrera entrasen juntos a la meta y que fuese una moneda la que decidiese el ganador; estos gestos hacen equipo y engrandecen el deporte en un mundo tan individualizado.

