El fútbol regional es un manantial enorme de noticias, anécdotas y otras muchas historias que nos hacen evocar otros tiempos de niñez, alegrías, curiosidades y momentos que, posiblemente, sin ser mejores, ahora los recordamos con cariño.
Permítanme, no obstante, que comience recordando que hace diez días falleció el que fuera magnífico jugador de la UD Las Palmas y Tenisca Carmelín. Fue un centrocampista de depurada técnica que le marcó un golazo de falta al mismísimo Iríbar; después de militar en UD y Getafe recaló a comienzos de los ochenta en el Tenisca para formar junto al también desaparecido Salvador y Blas Ramón probablemente el mejor mediocampo de la historia tenisquita. Desde este blog quiero enviar un fuerte abrazo a su hermano Susi, otro magnífico futbolista con quien tuve la suerte de jugar muchas temporadas al fútbol-sala en el Sport Moda Capote de Tazacorte (en la foto el equipo en 1988, el año de su fundación).
Sigo, desgraciadamente, con noticias necrológicas, aunque esta vez para contar una anécdota. Hace unos días fallecía en Cartagena Ezequiel Pérez Plasencia, un periodista y escritor tinerfeño que señalan los críticos era uno de los mejores escritores canarios en relatos cortos. En la temporada 1983/84 el Victoria había ascendido por primera vez en su historia a Tercera División con jugadores íntegramente del Valle de Aridane y en lugar de reforzarse con gente foránea, prácticamente sus únicos fichajes procedían del Puerto, conjunto del barrio pesquero de Tazacorte ya desaparecido. El equipo batió todos los récords negativos y acabó en la última posición. El momento culminante de esta trayectoria llegó sobre la octava jornada cuando en el partido contra el Icodense se registraron graves incidentes en los que se llegó a agredir a un juez de línea. La sanción fue durísima con el cierre del Municipal de Tazacorte, debiéndose disputar varios partidos como local en el ya extinto Bajamar. El decano de la prensa de Canarias sacó una portada con el título de "Sucesos tercermundistas en Tazacorte" y con un reportaje que quizás sobredimensionaba los hechos. El enfado entre mis conciudadanos fue tal que el Ayuntamiento declaró persona non grata al recientemente desaparecido Ezequiel Pérez y una de las dos librerías de mi pueblo dejó de vender hasta su desaparición este periódico de origen palmero. Años después todo esto puede que nos parezca exagerado y esperemos que en situaciones similares todos actuemos con más mesura.
Es verdad que mi fijación con los trencillas quizás derive de que nunca tuvo suerte el equipo de mi pueblo con los colegiados. Podría escribirse un libro con todas las grotescas intervenciones arbitrales en el feudo bagañete. Recordaría un encuentro, de la misma época de los que he recordado, en Preferente entre Victoria y San Juan en el que el colegiado, Agustín Reverón, un showman que estaba más pendiente de montar el espectáculo que de impartir justicia, expulsó a uno de sus jueces de línea por discrepar en una de sus absurdas decisiones, ante tal tesitura el linier después de propinarle un puñetazo al árbitro dejó el arbitraje. De Reverón se contaban mil y una leyendas urbanas; una vez en Tacoronte lo vi parar un partido para dirigirse hasta el otro extremo del campo y saludar a los miembros de la Benemérita que en aquel momento accedían al estadio del Cantillo.
Ya no soy tan asiduo a los partidos regionales, pero si como padre asisto cada semana a partidos del fútbol-base. Reconozco que todos deberíamos mejorar nuestros comportamientos, porque en estos encuentros debe primar la educación sobre los resultados. En los últimos fines de semana he asistido a dos situaciones que deben hacernos reflexionar sobre la educación que transmitimos a los chavales. Por cierto, los protagonistas eran jugadores de la misma Escuela. En un partido los jugadores de un equipo que pierde por cinco a cero protestan al árbitro a falta de un minuto, porque éste para el partido, ya que el portero rival después de recibir un balonazo en el vientre se retuerce en el suelo; si en alevines y con un marcador semejante no hay fair -play. En otro partido ,sin el más mínimo incidente, un jugador, después de marcar en lugar de celebrarlo con sus compañeros, se viene al extremo contrario a mandar a callar, con ese gesto que puso de moda Raúl ante el Barça, a los padres del equipo rival entre los cuales me encontraba.

