Pisa

 Hoy voy a hacer  una incursión en el siempre pantanoso terreno educativo, en el que trabajo profesionalmente y del que pocas veces me he ocupado en este blog.  Pisa es una ciudad del norte de Italia que, últimamente, nos suena más por los resultados comparativos de los países europeos en materia educativa que por su famosa torre inclinada. Sin embargo, considero que aún valorando tales resultados habría que matizar varias cuestiones para conocer el estado real de conocimientos lingüísticos, matemáticos y comprensivos que en los citados informes se evalúan. Hay que recordar que España se encuentra por debajo de la media de rendimiento en esas evaluaciones y que Canarias a nivel nacional ocupa las últimas posiciones.

 En primer lugar, habría que matizar que solo una pequeña parte de los alumnos, elegidos aleatoriamente, realiza esas pruebas, con lo que puede pasar lo mismo que con las encuestas electorales que no siempre reflejan la realidad posterior. Luego los resultados están directamente relacionados con los medios proporcionados, en los países más ricos son mejores que en los más pobres y sin ir más lejos en España las comunidades más ricas obtienen mejores resultados que Canarias, Andalucía, Murcia o Extremadura donde el nivel adquisitivo de las familias es muy inferior. Teniendo en cuenta el título de mi blog, establezco una comparación futbolística, yo como seguidor del Athletic  soy consciente de que solo un milagro hará que mi equipo quede por encima del Real Madrid o Barça- y no es precisamente el Athletic de los más pobres de Primera División-. Además de los recursos que posibilitan que un alumno finés tenga a su disposición unos medios tecnológicos con los que aún soñamos por estos lares y que se trabaje más individualmente con él por cuanto la proporción alumno-profesor es mucho más baja, el clima también resulta fundamental en los hábitos de los discentes y con varios meses obligados por este factor a permanecer en casa casi todo el día, parece más sencillo cumplir con unas tareas que serán decisivas para consolidar unos conocimientos.

 Sin embargo, estos atenuantes y muchos otros no deben servir de excusa para impedir que se sienten unas bases que permitan desde la más tierna infancia remontar el vuelo a nuestros alumnos y otorgarles una cualificación con la que puedan competir sin complejos en su vida laboral. Tales bases pasan por una financiación mayor en infraestructuras, recursos humanos, medios tecnológicos y no por meter la tijera copiosamente aprovechando la coyuntura de la crisis. Necesitamos también de una estabilidad en los planes de estudios que otorguen una seguridad pedagógica a los docentes y la posibilidad de no estar revisando su metodología todos los años; muchas de esas directrices emanan de especialistas educativos que elucubran en laboratorios que nada tienen que ver con la realidad de un aula de la que llevan muchos años alejados. Habría que disponer una planificación más a largo que a corto plazo para lograr unos resultados; da la impresión que a los dirigentes educativos solo les interesan las cifras de aprobados y no el nivel de calidad que tengan estos. Resultaría positivo que se premiase en mayor medida la regularidad y el esfuerzo y se fuese más contundente con quienes a diario sabotean la disciplina e impiden que el profesor pueda trabajar con sus compañeros en las debidas condiciones.

 El progreso y la madurez de cualquier pueblo pasa por su riqueza de conocimientos y para obtenerla creo que se tendrían que dar estas premisas. Los cambios para que surtan efecto han de ser graduales, por ello hemos de lograr implicar a políticos, profesores y familias para que remen en la misma dirección. La Consejería de Educación de Canarias ha hablado muy mal de sus empleados y ha descalificado a muchos grandes profesionales por los comportamientos de una minoría que  siempre existirá en cualquier  gremio; espero que el cambio de tono que aprecio en las últimas comparecencias no obedezca a que se acercan las elecciones.

 Para dar un salto de calidad considero que haría falta igualmente una mayor coordinación entre las diferentes etapas educativas, de tal manera que los profesores de Primaria, Secundaria, Bachillerato, Ciclos y Universidad no viviesen tan desconectados los unos de los otros  e interactuasen para que los alumnos no perdiesen sus destrezas en algún eslabón de la cadena educativa.

 Me consta, porque lo vivo, que muchos ponemos empeño y tiempo para que los resultados sean otros, si nos proporcionan los medios todos saldremos fortalecidos.

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