Cada temporada es mayor la presión mediática que se ejerce en favor de Real Madrid y Barça. Parece que solo interesa lo que vende y que los seguidores de los demás equipos tenemos que sufrir todo tipo de descalificaciones, humillaciones sin tener el más mínimo espacio ante estas dos megaproducciones. La consecuencia es una liga totalmente adulterada en la que estos dos equipos cobran unos ingresos mucho mayores de las televisiones- sigo insistiendo en el modelo inglés un fijo para todos y un porcentaje según audiencia-, se les designan los mejores colegiados en los partidos de fuera y en casa aquellos con fama de caseros y, por supuesto, en caso de equivocarse contra los culés o merengues tendrán que estar unas cuantas semanas en la nevera- si es a su favor dispondrán de un corifeo de plumillas que exaltarán sus virtudes y los propondrán como internacionales-.
En estas primeras jornadas los tertulianos de estos programas que me recuerdan el bar de la esquina en el que el más que grita es el que se cree en poder de la razón han pedido protección para sus superfiguras. Por supuesto, los paganos han tenido que pagar los platos rotos. Es probable que como seguidor del Athlétic no pueda ser totalmente objetivo a la hora de describir estos hechos, aunque he procurado que pasase más de una semana del partido de mi equipo contra el Barça para no escribir en caliente. En el susodicho encuentro Amorebieta tras un mal control entró con el pie por delante para recuperar el balón, a pesar de que no tocó a Iniesta ni tuvo intención de hacerlo se le sancionó con roja directa; en todos los partidos veo varias veces repetida esta jugada sin que muchas veces se sancione ni tan siquiera con amarilla- Valera del Atlético lo hizo al día siguiente con la diferencia que dio y se le sancionó con amarilla; Cani el pasado jueves en la UEFA sufrió una entrada mucho más atroz que hizo que se retirase del campo y tuviese que sufrir algunos puntos de sutura y el colegiado extranjero de turno sancionó con amarilla-; el mismo árbitro que dirigió el Athlétic-Barça había pitado cinco días antes Real Sociedad-Real Madrid y ante un entradón de Cristiano por detrás y sin intención de jugar la pelota , roja clarísima con el Reglamento en mano, ni tan siquiera sacó amarilla, pero es que este colegiado valenciano que ese día fue tan valiente la temporada anterior en un cabezazo que le propinaron a Llorente y que le produjo un esguince cervical no pitó ni falta. Por supuesto, no dejo de reconocer que el Barça estaba siendo superior y que, probablemente, no hubiera necesitado esta ayuda para vencer; sin embargo, en las últimas temporadas en este duelo he visto como daban por gol a favor de los azulgranas un balón al que le faltó un metro para entrar, como Henry le daba una patada a Gorka y el premio era un penalti a su favor , como Etoo escupía a Expósito y quedaba impune o Touré Yaya en las mismas narices del árbitro le daba un tortazo a Javi Martínez y por no hacer película el navarro la cosa quedaba en amarilla, en cambio una falta en una esquina de Casas a treinta metros de la portería o unas manos involuntarias del propio Amorebieta sí que eran rojas directas, por no retrotraerme unas temporadas más atrás en que un codazo de Rivaldo sobre Lacruz se saldó con roja sobre el agredido por haber agarrado al brasileño en ese lance del juego. Alguien me echará en cara que Gurpegui quince días antes de este encuentro que comento lesionó a Agüero y es cierto que mereció la roja; pero recuerdo también en ese partido una entrada de Mario Suárez, desentendiéndose del balón y cazando a Muniain que tardó diez días en recuperarse; ¿acaso merece más protección Agüero por ser argentino que Muniain por ser navarro?. Ha recordado alguien en los últimos días que Sergio Ramos le rompió los ligamentos al levantinista Nacho González, en los periódicos deportivos he visto esta noticia descrita en forma de telegrama; sin embargo, hubo grandes titulares para señalar que el Levante salió a desquiciar y que ese comportamiento justificó la agresión de Cristiano a Del Horno o la pérdida de papeles del "catedrático" Mourinho.
En definitiva, que me parece correctísimo que se sancione el juego duro y que se proteja a los jugadores, pero sin distintivos ni matices sino haciéndolo con equidad y no con un doble rasero que una vez más beneficie a unos grandes que, por descontado, tendrán un ejército de periodistas que en un ejercicio supremo de objetividad los defenderán.

