CANARIAS LIBRE

 

Desde hace un par de años observo en un periódico canario, que se autoproclama como el que cuenta con mayor número de lectores en nuestras islas, unas editoriales bastante radicales reivindicando la independencia para Canarias.

Me parece lícito que siempre que se utilicen argumentos y razones exentos de violencia se pueda reivindicar la libertad de un territorio.

El problema radica en que esas ansias independentistas las veo muy alejadas de la inmensa mayoria de la población canaria.

Somos un archipiélago alejado del continente europeo, con unas características históricas peculiares que desde mi punto de vista hacen necesario unas altas cotas de autogobierno. Claro que también nuestros políticos, en ya un par de décadas de autonomía, muchas veces no se han ganado la confianza para que esperemos unos mayores beneficios de más cotas de autogobierno.

Los partidos con vocación claramente independentista nunca han sacado más allá de un puñado de votos que los deja incluso sin representación parlamentaria. El nacionalismo histórico que en esa vía representa el legendario Antonio Cubillo no deja de ser una vía folklórica que la mayoría de los canarios identifica como muy alejado de nuestra realidad. A mí de todas maneras al igual que los movimientos ecologistas me parecen necesarios en cuanto que nos mentalizan de una serie de hechos de los que de otra manera no tendríamos conciencia. Reconozco que yo cuando me guiaba más por el corazón que por el cerebro me dejaba envolver muchas veces por ideas utópicas rayanas en aquella Canarias Libre que a principios de los setenta amenizaba desde Argel las noches de nuestro archipiélago. Con el paso del tiempo y la llegada de las canas no dejo de reconocer que aquellos eran planteamientos disparatados y yo, particularmente, aunque siga considerándome muy canario, cada vez soy más universal. Hay que ver las veces en que nos enzarzamos en nimios avatares y, en cambio, hacemos la vista gorda ante los problemas trascendentales que asolan el mundo, especialmente el continente africano del que tan cerca estamos.

Tampoco me parece serio que un periódico que por una parte reivindique nuestra independencia, por otra haga un asunto capital de la denominación Gran de la isla redonda.

El espíritu de este artículo es que esas peticiones tan avanzadas no las veo consolidadas en los lectores canarios y el clima bélico de esas editoriales me parece excesivo respecto al que se respira en una Comunidad que, desde luego, cuenta con muchas carencias y que debe unirse para lograr una calidad de vida superior a la que actualmente disfrutamos. Ese progreso, evidentemente, también pasará por no permitir que se nos ningunee y por lograr una economía que no gire en torno a un par de recursos que además siempre estén pendientes de un hilo, plasmado,por ejemplo, en la firma de un protocolo.

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