VOLVÍ AL BALONCESTO

   Reconozco que mi adicción al fútbol televisivo me ha apartado de un deporte que desde pequeño me atrajo. Estoy hablando del baloncesto, aún conservo en mi retina aquellas mañanas de domingo en que un Náutico, integrado únicamente por canteranos, sobrevivía en la División de Honor en su inexpugnable bombonera de la Avenida de Anaga. Luego lo practiqué, aunque siempre con menor dedicación que el fútbol. En La Laguna, primero en el Luther King y después en el Ríos Tejera , vibré con un Canarias que en su debut en ACB contaba hasta con cuatro palmeros: De las Casas, Aciego, Martín Sáa y Méndez. La intensidad del ambiente y lo mágico de aquellas tardes, en que me evadía de la disciplina estudiantil, las tengo idealizadas hasta niveles cósmicos.

  En las últimas décadas con los compromisos laborales, familiares y la oportunidad de ver mucho más fútbol que el que pudiera ofrecer una sola cadena ha descendido mucho mi seguimiento del deporte de la canasta. Nunca he sido, por otra parte, un amante de la NBA, cuya parafernalia me cansa, aunque no dejo de reconocer que el nivel de esta liga sigue por encima de competiciones como las española.

  Todos estos recuerdos me asaltan porque el pasado sábado, después de cierto tiempo, estuve en el Severo Rodríguez viendo a un CB Aridane que esta temporada cumple su octava temporada en la Liga EBA. Las gradas estaban más despobladas que hace unas temporadas, aunque el público asistente parecía fiel, satisfecho y entusiasta. El partido me resultó bastante entretenido a pesar de que la superioridad local sobre el filial del Fuenlabrada en el segundo tiempo fue manifiesta. Tiene Gustavo Ríos una plantilla joven, compensada, amplia; el único pero competitivo que le vi es que juegan siempre igual independientemente del resultado; para el espectador puede ser atractivo,  para el marcador en partidos más comprometidos no parece lo más efectivo. 

  He oído o leído muchas críticas sobre la procedencia de los jugadores, pero todos somos conscientes que con una plantilla que contase solo con jugadores palmeros no pasaríamos de las competiciones autonómicas. No valen, igual que en fútbol, comparaciones con épocas pretéritas ante el aluvión de extranjeros que militan hasta en competiciones  como la EBA. Otra historia es que el CB Aridane solo tenga un jugador de la cantera y que este además salga a jugar cuando el partido ya esté resuelto. Este mismo sábado cuando apareció Borja y clavó un triple está claro que la afición lo sintió como más suyo.  Ocho años del Aridane en la EBA o varias temporada del UB La Palma en LEB quizás debieran haber valido para que algún canterano más integrase sus plantillas; yo de todas formas soy de los que opinan que para nada ha resultado malo el dinero invertido por el espectáculo ofrecido y el seguimiento que han tenido estos equipos en sus competiciones. Nos quejamos de los pocos eventos que hay en la isla y luego regateamos apoyos a dos competiciones tan atractivas como la LEB ORO – cuando la perdamos nos daremos cuenta de su dimensión- o la EBA.

  La LEB trae hasta La Palma auténticos históricos como el CAI, Breogán, Tenerife-este viernes-, Canarias,etc. con jugadores de primer nivel ante los cuales nuestro representativo está haciendo una más que digna temporada, alejado de momento del descenso y con la ilusión de meterse en los play-off ( también solo Arrocha como palmero en el UB La Palma, pero se necesita mucho talento para llegar a esta categoría); la EBA nos permite ver muchas promesas con un baloncesto desenfadado que busca más la formación que el puro resultado,  el Aridane está  muy bien clasificado y generando guarismos de NBA como el 115-84 del pasado sábado.

  Acabo el artículo resaltando unas declaraciones de Rafa Sanz, en las que manifestaba sentirse muy a gusto en un modesto como La Palma, porque le dejaban trabajar a pesar de que como en todas partes existían aficionados más pendientes de pequeñas tonterías que del devenir del equipo. Creo que le honran como un profesional que se concentra más en su labor que en los chismes destructivos de los que también en estas latitudes somos tan amantes.

 

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