Amor a los colores y mercenarios

  El verano en el mundo futbolístico se asocia a fichajes, traspasos, operaciones económicas que muchas veces acaban sumiendo al fiel hincha en un estado de euforia ante la venidera temporada o de pesimismo si las expectativas de refuerzos no se cumplen o incluso si se pierde alguna de las figuras de su club.

  Este verano me han llamado la atención las actitudes de algunos futbolistas ante la perspectiva de un cambio de aires y la existencia de algunas leyes que uno no acaba de asimilar porque no las ve muy racionales.

 Empiezo por las actitudes, ensalzando la de Marcano, un defensa con gran proyección que ha cambiado su club, el Racing, por el Villareal en una operación beneficiosa para él que mejora deportivamente y para el Santander que obtiene unos buenos ingresos con el traspaso; en su presentación el público le pedía que besase su nuevo escudo y Marcano respondió que ya tendría tiempo, que en ese momento en que había dejado el club de su tierra todavía no sentía los nuevos colores para tal demostración, esa sinceridad en un momento tan importante me demuestra que estamos ante un deportista coherente con sentimientos pero también con la frialdad suficiente para no convertir este deporte en un circo romano.

   En cambio, censurable y mercenaria me ha parecido la actitud de nuestro paisano grancanario Fabrizio, que acaba de fichar por el Valladolid. Se trata de un joven portero, en mi opinión aún muy verde para la 1ª División por quien apostó Lotina en el Depor. Sin embargo, la temporada pasada le manifestó a su entrenador que no deseaba jugar más porque de llegar a actuar quince partidos con el primer equipo del Depor , este club le podría renovar automáticamente y en caso contrario quedaría libre con lo que conseguiría más dinero en un nuevo equipo; pagarle así a un entrenador y un club que le han dado la oportunidad de llegar a la máxima competición a un inexperto y desconocido guardameta me pareció un acto desprovisto de cualquier apego deportivo y sí lleno de puro mercantilismo. Lendoiro, el presidente del Depor, a quien es difícil engañar ha recurrido el traspaso, porque entiende que a efectos legales el jugador sigue perteneciendo a su institución, dudo que en esta ocasión pueda ganar el pleito, pero éticamente  lleva la razón.

   Quien escribe quizás por ser aficionado de un equipo que en toda su centenaria historia ha vivido de su cantera quiere pensar que no todos los jugadores son mercenarios y que muchos renuncian incluso a ciertas cantidades por seguir defendiendo unos colores .  Etxeberría precisamente en mi equipo ha dado una lección jugando esta temporada sin percibir un euro por su participación, el salario mínimo que por ley le tiene que ser abonado lo va a donar a la Fundación Athlétic. 

   Ya he comentado en algún anterior artículo que tampoco me parece loable la actitud de muchos jugadores que quieren incumplir sus contratos pidiendo una revisión acorde a su rendimiento, en los casos contrarios en que el rendimiento es mucho peor de lo esperado les tienen que abonar hasta el último euro.

  Algunas leyes además los benefician, así aquel jugador con más de 28 años que haya permanecido tres temporadas en un club puede romper su contrato pagando una cantidad muy inferior a su valor en el mercado, así Ribery podrá fichar en el Real Madrid la próxima temporada por poco más de 20 millones de euros. Otra ley con cierta dosis de irracionalismo,  esta beneficiosa para los clubs, es la de pagar una cláusula de formación por aquel jugador menor de veintitrés que cumpla su contrato; estoy de acuerdo con ella, pero no entiendo que solo se le aplique a los equipos españoles, es decir, si el jugador ficha en un club extranjero no hay que pagar nada.

   Hoy que me he puesto sentimental acabo con una anécdota sobre filosofía deportiva; en la primera visita de mi peña a Bilbao acudimos a la sede de la peña más antigua del Athlétic, la de Deusto, un gran letrero presidía el local con el lema "Antes en Segunda que con extranjeros"; departiendo con sus miembros que se volcaron con nosotros les pregunté por qué mi hijo, cuyo padre y abuelo son aficionados y peñistas del Athlétic y él mismo también se identifica con estos colores, no podría jugar en el Athlétic  la respuesta fue que por supuesto que podría jugar si hasta un mercenario como Ezquerro lo había hecho, como no iba a poder hacerlo David .

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