Las estrellas a nuestros pies, con los pies en La Palma

Desde hace varios siglos, La Palma ha jugado un papel clave en la exploración: sin duda fue el último enclave donde paraban intrépidos navegantes, gentes en busca de fortuna, ambiciosos emprendedores, antes de asomarse a la inmensidad de los océanos y las nuevas tierras. La Palma les ofreció la última cama, la última almohada en tierra firme para soñar felices lo que luego sería una realidad, realidad que no siempre fue la soñada, y casi siempre más cruel que aquellos sueños del otro lado del océano. Y también La Palma les ofreció un entorno tranquilo, sosegado, para decidir sobre las estrategias y poder reflexionar sobre todo aquello que más tarde explorarían.

Un hecho que celebramos durante el año 2009, Año Internacional de la Astronomía, vendría a cambiar radicalmente la exploración misma. La primera utilización astronómica del telescopio hace 400 años por parte de Galileo Galilei venía a demostrar que lo inmutable no lo era, que los cielos se encontraban más próximos al entendimiento humano de lo que pensábamos y que había un mundo (infinito) por explorar, más allá de la propia Tierra, que comenzaba a ser finita a los ojos de los exploradores.

La nueva exploración de aquello que Galileo vio obligaba a cambiar el contenido de los bártulos de exploración y los métodos. Los exploradores cambiaron, por ejemplo, sus mapas, que ahora eran celestes; sustituyeron los barcos y los caballos por nuevos medios de transporte, el telescopio (de forma figurada claro); modificaron sus cuadernos de bitácora para convertirlos en publicaciones científicas; y comenzaron a utilizar un nuevo protocolo de exploración: el método y las leyes científicas. El nuevo explorador por lo tanto había evolucionado hasta convertirse en un auténtico científico, arrastrando con ello el nacimiento de toda una nueva ciencia: la astrofísica.

¿Y La Palma? Pues todo seguía igual… Los nuevos exploradores, los nuevos científicos, siguieron acudiendo a nuestra isla igual que desde el principio, pero ahora para conocer su naturaleza, su geología y, por supuesto, sus cielos.

Concretamente la aventura celeste comenzó en La Palma a principios de la década de los años 70, cuando un grupo de astrofísicos exploraron las cumbres palmeras en busca de la torre perfecta desde donde casi tocar el cielo, y la encontraron. Desde entonces, todo un ejército de los nuevos exploradores, los astrofísicos, exploran el Universo todas las noches mientras dormimos, y otros observan el Sol, mientras trabajamos o estudiamos.

¿Y qué pinta un blog sobre astronomía en el apuron.com? Pues será una ventana a lo que pasa aquí arriba, a las nuevas exploraciones, a los descubrimientos, a cómo hacemos que esa aventura se pueda llevar a cabo todos los días y todas las noches. Me gustaría que se dejaran llevar por la excitación que a todos nos embarga, que desde las cumbres más altas de nuestra isla, tierra de anhelos, esperanzas, penurias y miedos, se unan a nuestro vértigo y salten con nosotros a la inmensidad del Universo en busca de las respuestas a los misterios que nos perturban desde los inicios de nuestra existencia: qué somos y qué no somos, cuál fue nuestro origen y cuál será nuestro destino, preguntas que el hombre se formula desde hace ya varios milenios.

Exploraremos la fascinación de lo grande y lo pequeño, la materia y la energía, la geometría, la dinámica y la estructura, hasta osadamente poner las estrellas a nuestros pies, pero con los pies siempre en La Palma.

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