El collage que les presento bien pudiera parecer fantasía artística. Cuando tropecé con él así lo pensé. Luego cayó en mis manos Despachos de guerra y tras concluir su lectura volví a observarlo. Ya no pensaba igual. Pensaba que contenía mucha verdad oculta tras su colorida ficción. O tal vez al contrario…, acusaba la realidad cual semáforo encendido. "Nacido para matar escrito con toda inocencia junto al símbolo de la paz en un casco". Ensamblé esa frase del libro en la imagen y el collage resultó ser tridimensional.
"Creo que Vietnam fue lo que tuvimos en lugar de una infancia feliz" es la frase más famosa y sale casi al final del libro de Michael Herr, un corresponsal estadounidense que escribió sobre la guerra del Vietnam. Despachos de guerra es el mejor libro que se escribió sobre el Vietnam y uno de los mejores que se han escrito sobre la guerra. Marcó un antes y un después en el periodismo. Tras su publicación ya nada volvería a ser igual. La información en conflictos bélicos pasó a ser controlada con mano de hierro por parte del estado.
Al contrario que la mayoría de reporteros en el Vietnam, Herr no se proveyó de una cámara fotográfica sino de una pluma estilográfica. Vietnam fue la guerra del fotoperiodismo. Miles de fotógrafos se lanzaron al frente para retratar la guerra. El gobierno de Estados Unidos mantuvo una política abierta para la prensa. Para acreditarse solo hacía falta un par de cartas de medios de comunicación. Cientos de corresponsales de todo el mundo se inscribieron. Sobre Phillips Jones Griffiths, uno de los reporteros gráficos más famosos de la contienda, que publicó un libro fotográfico impactante, Vietnam Inc, Herr escribió: "Cuando le conocí aún tenía 23 años y recuerdo que pensé que me hubiese gustado conocerlo cuando aún era joven".
"En los días peores creo que nadie esperaba salir vivo de allí. Se asentó entre los miembros de aquel batallón una desesperación que los viejos de otras dos guerras nunca habían visto", explica en otro capítulo. El libro se compone de seis despachos sobre diferentes secciones de guerra, cual ficheros sacados del archivador: los soldados, los mandos, el combate, la espera, Saigón, los compañeros reporteros, el regreso al hogar y las secuelas… informes de prosa elocuente que nos acerca el horror de combatir en una guerra espectral.
Michael Herr fue a Vietnam en 1967 como corresponsal de Esquire. Era un escritor casi desconocido. La mayor parte de su libro transcurre en 1968, el comienzo del cataclismo para EEUU. Cuando respondía a los soldados con los que convivía que se encontraba allí voluntariamente, no le creían. Replicaban que ni por todo el oro del mundo estarían un día más en esa guerra si pudieran marcharse sin que nadie les dijera nada. Los mandos miraban con más recelo a Herr que a los fotógrafos, les gustaba más una cámara que un bolígrafo, entre otras cosas porque lo primero lo veían y lo segundo no, eso les provocaba más desconfianza, pero igualmente le abrían las puertas. Él lo aprovechó escribiendo sin moralinas ni censuras sobre la guerra, vigorosa, aterradora e incluso inocentemente. También refleja los desmanes cometidos contra la naturaleza (y contra los civivles). De hecho, un pasaje al respecto me impresionó: cuando cuenta que tras coronar una exuberante loma verde en helicóptero, volando a pocos metros de las copas, se toparon con una gran extensión arbolea quemada por el napalm, negra, todavía humeante. Tanto fue el impacto que le dieron mareos.
O la frase de un soldado tras una cruel batalla:
-"Es duro ver que se cargan a un compañero, pero que uno salve el culo ayuda mucho a superarlo".
Tan absurda como aplastante su lógica.
La obsesión siempre estaba presente:
-"Si te hiriesen -me explicaba un médico-, podríamos mandarte en helicóptero al hospital del campamento base en veinte minutos".
-"Si la herida fuese grave -me dijo uno de sanidad-, trasladarían tu ataud a Japón en veinte horas".
-"Si te matan -me prometió un especialista de la Sección de Enterramientos-, te pondremos en casa en una semana".
O cuando explica las dificultades de la guerra y las propias limitaciones:
"El terreno estaba siempre en disputa, barrido siempre, Abajo era suyo, arriba nuestro. Nosotros teníamos el aire, podíamos subir y andar por él pero no desaparecer en él, podíamos correr pero no podíamos escondernos, y el enemigo podía hacer ambas cosas tan bien que a veces parecía hacerlas a la vez, sin que de nada valiera nuestro pobre localizador. De todos modos, en un sitio u otro, había que estar siempre en marcha, siempre en movimiento, nosotros teníamos el día y ellos la noche".
El libro también influyó en el cine. Las películas posteriores usan un lenguaje similar, descarnado, pavoroso y abrasador, alejándose del típico patriotismo imperante. De hecho, Hermann Herr colaboró como guionista en La Chaqueta Metálica y en Apocalypse Now. Incluso escribió un libro, Kubrick, donde narra su relación con el cineasta.
La banda sonora del libro es el rock, The Doors, Jimi Hendrix, The Rolling Stones… siempre presente, así como las drogas y el alcohol, que nos acompañan en este alucinógeno viaje, un viaje tan fascinante como aterrador. 38 años después no ha perdido un ápice de fuerza. Sigue siendo el libro de referencia sobre el Vietnam.
* Despachos de guerra, de Michael Herr, está publicado en España por Editorial Anagrama.


La guerra del Vietnam significó el primer golpe serio contra EEUU y su sistema. En su contra nos ubicamos muchos, en este momento el asunto es más complejo: ¿no será que la presencia de millones de musulmanes en Europa va a ser un problema similar al de la minoría afroamericana en EEUU? No solo se trata de integrar a ese importante colectivo, sino de frenar su radicalización. ¿Una nueva guerra de religiones?
Si hay un dicho que reza que las guerras son todas injustas, la del Vietnam, que llegó a ocupar el espacio de la llamada Guerra Fría, unido al peligro que la CIA contemplaba de la extensión del comunismo internacional, fue una guerra cruenta y duradera, de la que los franceses, aún con ayuda USA, ya habían salido escaldados, y con posterioridad los norteamericanos, también. Me pilló además muy joven, en los Estados Unidos. Allí, en los accesos al Capitolio, se había congregado una tremenda manifestación anti – guerra Vietnam, por los movimientos pacifistas, que probablemente tuvieron su origen en este conflicto. Ciertamente me tembló la Tierra debajo de mis pies. Hasta aquel momento no había vivido nada igual en la España de Franco. Eran en su mayoría, hippies que enarbolaban aquel famoso slogan que luego se dio en llamar “Make love not war”. Visto de forma retrospectiva, el conflicto bélico pudo haber tenido mayores consecuencias. Desde luego que el conflicto afro americano, no tiene las connotaciones religiosas ni la ayuda petrolífera de los movimientos islámicos radicales, Luis. Don’t panic. Siempre un placer, camarada Miguel.
Hasta luego.