12 horas de televisiva jornada deportiva

Siempre he sido un amante de los deportes. Televisivamente, acoplado cómodamente desde el sofá de mi salón,  pocas cosas que me gustan más que chupar deportes como yo lo llamo. Me pasa como a Woody Allen, o mejor dicho, creo firmemente en lo que dijo una vez, si mal no recuerdo, a raíz de aquella increíble final de la Copa de Europa de 1999 en el Camp Nou en la que  el Manchester United en unos últimos minutos finales de vértigo, exactamente en el descuento, y en dos saques de esquina consecutivos, remontó el 1 a 0 con el que el Bayern de Munich ganaba desde el comienzo del partido; la euforia inesperada de los ingleses contrastaba con la inconsolable tristeza de los alemanes. Todavía tengo grabada en la retina la imagen del árbitro principal, el italiano Collina, intentando levantar, infructuosamente,  al central africano Kuffour,  abatido en el césped,  ante su  negativa a jugar las postrimerías del encuentro; tras el infortunio sus esperanzas se habían reducido a la nada y lloraba como un niño que ha sido despojado cruelmente de la mayor de sus ilusiones justo cuando la tenía al alcance de la mano. Pues bien, Woody Allen dijo algo así como que ni el mejor guión de Hollywood puede superar lo imprevistos del deporte. Estoy plenamente de acuerdo. Una de las cosas que más me atraen del deporte es la sensación de estar asistiendo, como invitado de honor, a diferentes historias en las que el  destino no está escrito y en las que los guiones nunca se repiten dos veces, a pesar de que los escenarios siempre son los mismos. La imagen que les comento del futbolista sin ánimos para seguir compitiendo, bien podría representar un drama como los que cuelgan en las carteleras de los grandes cines. Claro está que el deporte es una doble moneda de sonrisas y lágrimas. En su reverso otros jugadores festejaban apasionadamente.

Mi pasión por los deportes me viene desde bien pequeño. Siendo un mocoso, los domingos en mi casa se convertían en una insurrecta guerra. Desde las once de la mañana, hasta bien entrada la tarde, emitían un programa continuo llamado Tiempo y Marca en el cual desfilaba una auténtica galería de apetecibles deportes. A la misma hora, comenzaba otro programa continuo pero un tanto más religioso, y por lo tanto, menos animado: una sesión de misa y catecismo. Siempre me hacía el remolón al observar emocionado el menú deportivo ya que,  mientras ello sucedía,  las campanas de la iglesia me recordaban, implacablemente,  que en otro templo me reclamaban. La batalla estaba servida: el diablo deportista y el ángel teólogo rivalizaban por los pasillos de mi casa; y el niño confundido intentaba contentar a ambos sin faltar tanto a la fe impuesta, como a la propia. Tengo que decir que nunca fui tan malo, o tan rebelde, como para no ir,  y al final, con más o menos pesar, con mayor o menor despecho, siempre asistí a celebrar la eucaristía. Lo veía como una obligación inevitable. Como tantas otras cosas que hacemos en la vida aunque no nos gusten y que al final nos traen beneficios, tangibles o no, que compensan el sacrificio.  Eso si, tras hacer la primera comunión dejé de asistir al templo cristiano. Lo consideré  la mayoría de edad de mi infancia; ese trance marcaba un antes y un después. Con la autoridad moral que otorga la sensación del deber cumplido, decidí que había llegado la hora de disfrutar los deportes sin medida ni vacilación.

Luego, de adulto, hace un par de años, no más,  hice una  mis mejores inversiones tecnológicamente hablando. Al menos así la considero. Me agencié un televisor de pantalla grande en alta definición. A veces compras cosas que con el tiempo te das cuenta que no han sido tan rentables. Pero con esta tele me pasa lo contrario. Es un placer disfrutar de imágenes con mayor poder de definición. Te hace sentir las imágenes más vivas y cercanas en cualquiera de las variantes que nos ofrece la parrilla, ya sea, cine, documentales, música o deportes. Pero para el tema que les hablo, para el deporte, es especialmente grato, por momentos crees estar dentro del estadio o el pabellón con el resto de aficionados.

Ayer domingo decidí recordar viejos tiempos y meterme una larga sesión deportiva entre pecho y espalda. Aunque ahora con más posibilidades, ya que dispongo de más canales, en este caso temáticos, y los programas, si quiero, nunca terminan: como un vórtice en el mar en el que si te adentras nunca sales.  La idea era ver más de doce horas consecutivas sentado en mi viejo sofá. Lo que les expongo a continuación es esa crónica, más o menos somera, de lo que pude ver. Una hoja de la ruta deportiva del domingo 24 de febrero de 2013 según mis ojos y mi mando a distancia. Porque ya se sabe, si hay algún día deportivo por excelencia, ese es el domingo.

11 de la mañana, caliento motores y me siento ante el televisor dispuesto a devorarlo, o en su defecto, que él me devore a mí. Me proveo de fina manta y buenos cojines. De momento zapeo sin pillar nada interesante en directo. Veo emisiones repetidas de la noche anterior. Un poco de NBA, unos reportajes de la liga española de fútbol, un reportaje del reciente Rally de Suecia… hasta que a las doce pillo la primera emisión en directo. Un interesante partido de la liga holandesa de fútbol, la Eredivise, entre el Feyenoord y el PSV, en casa del primero, o sea, en Roterdam. El estadio es conocido como La Bañera, ciertamente tiene esa forma,  y no cabe un alma, está hasta la bandera (el público es la espuma que rebosa). La afición holandesa es muy caliente y eso que el clima es muy frío. Cae una fina nieve, casi diría que es agua nieve, pero como la  nieve no es mi especialidad, no puedo confirmarlo. Las personas ideales para ello serían los esquimales ya que tienen más de 50 formas de nombrar a la nieve atendiendo a sus características. Se adelante el PSV en el primer tiempo, pero en el segundo remontan los locales llevándose finalmente el partido por 2 a 1 ante el delirio de la grada. Por cierto, vi algo que nunca había visto, una de las cámaras que enfocaba a una grada, donde se veía al público jubiloso, era de cine; su imagen era diferente a las restantes (una imagen como las de los documentales). Esto tiene que ver de lleno con lo que comentamos sobre el deporte. La forma de ofrecerlo cada vez evoluciona más claramente hacia un espectáculo que se acerca al mundo del cine.

Entre medias conecto de vez en cuando el partido del Tenerife contra el Real Madrid C. Gana el Tenerife sin problemas por 2 a 0. El Tenerife camina con paso firme hacia la categoría de plata. Todavía no ha perdido ningún partido y en su estadio solo ha encajado 4 goles.

A las 14 horas pincho balonmano femenino. En Galicia (Pontevedra),  juegan la final de la Copa de la Reina un club vasco, el Bera Bera, contra un club de Gran Canaria, el Ro´Casa ACE Gran Canaria. En un disputado y emocionante partido, se impone finalmente el equipo donostiarra por un solo gol, 25 a 24. Las vascas ganan su tercera copa de 6 finales disputadas. Por el contrario, para  las canarias es la primera vez que llegan a la final. Por eso no las veo tan tristes, sino que las vislumbro con cierto orgullo por haber llegado tan lejos, quizás con la esperanza de saber que si lo siguen haciendo bien tendrán más oportunidades.

A las 15 horas me preparo para ver un buen partido de la liga inglesa de fútbol, la Premier League, entre el segundo clasificado, el Manchester City, y el tercero, el Chelsea. Le doy al botón de audio y compruebo con alegría que tengo disponible la opción para escuchar solo el sonido ambiente, sin comentaristas. No hace mucho tiempo que descubrí la posibilidad (aunque hace mucho tiempo que le escuché  decir al entrenador italiano Marcelo Lippi que el siempre veía los partidos así y desde entonces lo tenía en mente).  Normalmente solo me ejecuta dicha opción en el fútbol  español. Y así veo el fútbol, a ratos, o partidos enteros, según me apetezca. Es una gozada porque subo el volumen del televisor y ya no solo disfrutas las imágenes, sino el sonido ambiente, sin interferencias; puedes escuchar los cánticos o los gritos de los jugadores y la pureza es mayor. Los placeres no solo entran por los ojos, sino también por los oídos.  Que espectáculo los cánticos ingleses y el ambiente que se respira.

Gana el partido, tras dos goles en la segunda parte, y con cierta comodidad,  el Manchester City. Por cierto, que lujo ver a un canario como Silva triunfar en la Premier League y ser el faro de un club como el Manchester City. Es el motor y todos sus compañeros le buscan. Con el partido resuelto, y a falta de pocos minutos, es sustituido,  ante el reconocimiento de su público. En una pancarta de unos aficionados puede leerse, en español: "Silva es mágico".

Tras terminar el partido, conecto con la liga española y veo el último tercio del Celta de Vigo – Granada. Empatan a uno. Le vuelvo a quitar los comentarios y dejo solo el audio. Faltando quince minutos, el Celta, necesitado de la victoria si pretende no descender, logra el 2 a 1. El Granada se lanza descaradamente a por el empate y el partido se torna emocionante, abrupto; fútbol en el filo de la navaja. El Celta resiste como buenamente puede las embestidas del Granada y logra mantener el resultado y consigue la victoria. Siempre me ha parecido un campo inmenso el del Celta, el  terreno de juego me refiero,  por lo menos la cámara que ponen y su perspectiva así lo parece. Está tan alta que en diferentes fases del partido se podía ver sobrevolar a las gaviotas. Una bonita imagen que me recordaba la condición marina de la gallega ciudad de Vigo.

A eso de las cinco de la tarde pongo un canal de cine y veo un rato de una película que está comenzando. Se llama Rompiendo las reglas y trata sobre el mundo del béisbol. Su protagonista es Brad Pitt. Un jugador frustrado que en su juventud no llegó a las cotas que prometía su talento, y pone toda su competitividad en el empeño de convertirse en un manager general que logre armar un gran equipo con menos presupuestos que los rivales. Como trata de deportes, la dejo. Y me engancha. Aunque del béisbol poco entiendo.   Previa manipulación de audio, por supuesto, la pongo en versión original, eso si, con subtítulos en español. Volvemos a la cercanía del cine y el deporte. La historia está basada en hechos reales,  recientes, ocurrió a principios del nuevo milenio, y al ser deportiva es muy emocional. Por eso se dice que el deporte engancha tanto, por su capacidad para implicarte y de hacerte sentir partícipe. Esta película es una muestra de la línea que separa el cine del deporte no son tan lejanas, aunque el guión del deporte se escribe sobre la marcha. y este en concreto esté un poco más elaborado.

Conecto un momento con Escocia y veo que en un partido muy disputado, como no podía ser de otra manera, Escocia gana a Irlanda el duelo celta del torneo de rugby del 6 Naciones. Es lo más parecido que queda en Europa a las viejas y épicas batallas medievales.  Tras el partido, tras darlo todo y reñir con fuerza, pero eso si, con nobleza, todos los guerreros se dan un abrazo y se van a tomar unas cervezas juntos en lo que es conocido como el tercer tiempo.

A las 20 horas mi mando me dirige hacia Italia a ver el derby de la capital de Lombardía, en el norte de Italia. Inter contra Milán AC. Ambos luchan por el tercer puesto que ahora mismo le pertenece a la Lazio de Roma. También luchan por el orgullo, es una vieja rivalidad que nadie quiere perder. En Lombardía el derby lo viven los aficionados con una semana de antelación como mínimo. San Siro esta lleno y se respira un gran ambiente. También se puede sentir su gélido clima, aunque no llueve ni nieva. Curiosamente, en el partido del Atalanta contra la Roma, jugado el mismo día en la también ciudad lombarda de Bérgamo, una ciudad no muy lejana de Milán (solo 40 Km. al noreste), el terreno de juego si está copiosamente nevado por lo que tienen que jugar con un balón rojo para poder distinguirlo. No tengo explicación. Como dije antes, no soy especialista ni en nieves ni en fenómenos meteorológicos del norte de Italia. Esta contienda finalmente lo ganó la Roma por 2  a 3.

Para el derby milanés busco en el audio la posibilidad de poner solo sonido ambiente, pero no lo tengo disponible. Me contento con poner un rato al comentarista italiano, le entiendo muchas palabras y es agradable escuchar ese bello idioma. Además, me fijo en que tienen el audio ambiente más alto que el que emite la señal española. En el descanso gana el Milán 0 a 1 ya que juega como visitante. Al empezar la segunda parte me encuentro con una espesa niebla en el terreno de juego que me contraria porque desluce el espectáculo. Realmente no se ve un carajo, al menos para el espectador. Los comentaristas españoles dicen que quizás sea el efecto de las bengalas. Pero no lo creo, tiene toda la pinta de que es niebla de la auténtica, una fina manta blanca levita sobre la hierba. En una imagen panorámica se nota que entra de arriba hacia abajo; o de abajo hacia arriba, quizás creció como las plantas a través de la tierra; a saber. ¿Cómo penetró esa espesa niebla tan rápido? Ese es el misterio. Por suerte, al poco tiempo se disipa y se puede volver a ver el juego perfectamente (que curiosos fenómenos se producen en Italia). Consigue empatar el Inter y así termina el partido: en tablas.

Rápidamente me voy a la división de plata y veo que faltando poco para el término, el Villareal de Castellón gana a la U.D. Las Palmas 1 a 0. Pero en un remate de cabeza, en una jugada a balón parado, empata Las Palmas y  termina el partido. Las Palmas de momento puede seguir soñando con el ascenso a primera.

A todas estas el Betis golea 3 a 0 al Málaga. Se ve que la resaca de la copa de Europa no le ha sentado bien al Málaga. Le suele pasar a  los novatos. Las primeras resacas son las más duras.  También pude ver un rato del Atlético de Madrid ante un renacido, de la mano de Javier Aguirre, Español de Barcelona. Gana el Atlético 1 a 0 y se consolida como segundo de la liga al mismo tiempo que se confirma como el equipo que pone en entredicho el binomio que ejercen con despotismo el Real Madrid y el F.C. Barcelona.

Hace tiempo que ha caído la noche y cambio de registro y me concedo un  capricho. Recuerdo que tengo un partido de la NBA grabado desde el año pasado y que aún no he visto. Es el último de la final, el quinto partido,  Miami Heat contra Oklahoma City Thunder. Lebron James contra Kevint Durant. Es su primer duelo y ya es de ensueño. Y finalmente, el primer anillo del Elegido, Lebron James, un jugador que desde los 16 años estaba predestinado a ser campeón y que ha conseguido cargar con toda esa presión.  En su momento, sin querer,  me enteré del resultado, aún así pensaba verlo pero se quedó olvidado en el tintero.  Finalmente llegó el momento indicado: ideal para completar un generoso día deportivo.  Todo un espectáculo la NBA, y más sus series finales.

Cuando termina el partido miro el reloj  y observo que es la hora bruja: las doce de la noche.  Al final han sido 12 horas más una. O sea, trece, que también es un número con derechos y principios. De reojo compruebo que están con los prolegómenos de la ceremonia de la entrega de los Oscars. Tengo tentaciones de quedarme, pero creo que mi cuota de ficción ha terminado por hoy y me dirijo somnoliento hacia la cama.

COMENTARIOS (8)

  1. Queen dice:

    Don Miguel, una jornada tan intensa sólo es compatible con la juventud. A cierta edad, resistir una sentada tan prolongada exige una buena dosis de hipocolesterolémicos, que contribuyan a minimizar el impacto de los manices, galletitas saladas, chicharrones con gofio, aceitunas con anchoa… etc. En fin, todo eso que contribuye a compensar las sales que se pierden ante el esfuerzo de ver sudar al prójimo al otro lado de la pantalla.

    No recuerdo batir ese record de 12+1, pero sí de algunos domingos memorables de 2 horas de motor (fórmula 1 o motos) + 4 horas de tenis + más la 2 horitas del correspondiente partidito de fútbol…

    Y es que la cultura, en cualquiera de sus versiones, requiere esfuerzo, mucho esfuerzo. Casi tanto como el que exige elegir, priorizar y acotar la oferta de eventos deportivos, cuando "te quedas bobo con cualquier deporte"… que es lo que antes o después te terminan soplando a la oreja, por mucho limitador de audio que tengas alrededor. Puedes liberarte de la comunión dominical, pero no del contrato matrimonial. O si, claro… cambiando de canal.

  2. Juan Leoncio Perdomo Cabrera dice:

    Un saludo, Miguel, me alegro de que el deporte te transmita tantas cosas y que nos hagas partícipes de las mismas con tu lírica prosa. Compartí el magnífico partido del Tete ,el mejor que le he visto esta temporada, y la injusta derrota del Granada en un choque que nos demuestra que esto no deja de ser un juego en el que a veces no ganan los mejores.

  3. Cruz dice:

    ¡12 horas son muchas horas… y la barriguita crece, y crece, y crece…!. ¡Mejor 12 horas de hacerlo más que de verlo!, ¡jejeje!.

  4. jordan dice:

    Hala Madrid

  5. Luis Rollán dice:

    Doce horas frente al televisor, honestamente, no lo recuerdo aún en mis años más mozos, cuando no tenía una familia a quien prestarle atención, al menos de vez en cuando.

    Una tarde, una mañana, o casi, si.

    El deporte en cualquier caso, es adictivo. Me he llegado a "chupar", tres y cuatro horas de ciclismo en los mejores tiempos de Indurain. E incluso un Federer Nadal que se prolongó por encima de las cinco horas.

    Me he despertado de madrugada para ver un combate de boxeo o una carrera de Fórmula 1.

    Siempre he sido más radio oyente. La magia de la radio. He pasado hasta una noche entera pegado a la radio, abstraido por las palabras, las emociones, los sentimientos, circunstancias personales. RNE tenía un programa nocturno presentado por un locutor que posteriormente se pasó a la Cope, llamado "Carretera". Tenía otro lenguaje, otra forma de expresión. Parecía mágico. El periodista se llamaba Ruiz de apellido. Voces que susurran, entrecortadas, sinceridad en las expresiones, el corazón en las ondas.

    Llegar a mi casa e incluso quedarme "atrapado al dial".

    La primera vez que vi la TV en colores, en otro país, recuerdo que me dejó verdaderamente enganchado. Recuerdo que era el antiguo sistema Palm. Me parecía algo maravilloso, ver al "Oso Yogui" en colores. Observaba cada tonalidad como si de una obra de arte se tratase. Y si aparecía alguna raya dispersa, me producía una enorme desazón.

    Que lo sigas disfrutando, Miguel.

    Buenas tardes. Saludos cordiales.

  6. José Amaro Carrillo Rodríguez dice:

    Querido Miguel: Y en medio de tan pantagruélica jornada teledeportiva te viste "Money Ball": la peli sobre béisbol que optó a varios Oscars el año pasado. Los norteamericanos hacen con el cine lo que quieren (lo mejor y lo peor) y mira que este deporte es insulso, a la vez que incomprensible. Pues los notas han desarrollado todo un género de largometrajes que toman al juego de pelota-base como pretexto argumental. Y "Rompiendo las reglas" no podía ser menos. Además, está escrita por Aaron Sorkin, creador de "El ala oeste de la Casa Blanca" y "The Newsroom". Así que es una cinta muy entretenida y recomendable. Y algún presidente de nuestro fútbol debería tomar nota: se puede conseguir un buen equipo, competitivo, decente, sin gastar apenas un duro.
    Bueno, eso es exactamente lo que ha hecho el Atlético de Simeone pero como aquí sólo existen dos clubes…

  7. Antonio J. Rodríguez Herrera dice:

    Excelente crónica! sobre todo por tener el arrojo de renarrarnos 12 horas de tele; que más doce de recuerdos y otras tantas para ordenarlos, son más o menos como una 40, o por ahí va la cosa.

    Una vez pasé 725 minutos frente al televisor, pero es que se había quemado la pantalla, y lo superé con cosas más o menos de este estilo:

    http://www.youtube.com/watch?v=Q7jG8EWr63k

    Afectos para todos!

  8. Antonio J. Rodríguez Herrera dice:

    O con algo así:

    http://www.youtube.com/watch?v=ryZSZVmTzzM

Los comentarios están cerrados.

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