Pasajes Literarios.

Leyendo nos podemos encontrar pasajes que nos gustan tanto que quisiéramos recordarlos para siempre. Algo imposible (normalmente), a menos que tengas una memoria prodigiosa. Así que buscamos la manera de poder localizarlos fácilmente el día que nos apetezca. Para ello, unos recurren al subrayado, otros a las anotaciones, incluso algunos doblan las páginas.  Luego están los que somos incapaces de tocar un libro con algo que no sea las yemas de los dedos,  bien sea por un exceso de pulcritud, por respeto reverencial o por simple desgana. Para compensarlo,  recurrimos a la transcripción. En mi caso, en el ordenador personal. Archivos que por ahí se quedan pululando y que cuando encuentro releo con gusto.  

El verano es una estación especialmente propicia para la lectura. Los días son más largos y normalmente tenemos más tiempo libre. Si tenemos periodo vacacional, con más razón queremos desconectar. Y que mejor manera que bucear en otras vidas e historias para olvidarnos un poco de la nuestra. Incluso hay personas que hacen su lista de libros "para el verano". Que se concreten es otro cantar. Pero lo importante es tener un plan.  

Aprovechando estas dos situaciones procederemos a un ejercicio de deleite con grandes escritores. Algunos pasajes que me han fascinado y me han dejado con esa sensación de tener que inmortalizarlos en mi abecedario personal. Estamos en verano, así que también servirán de recomendaciones literarias. Las recomendaciones pasan de mano en mano, nunca sabes de donde te puede llegar la referencia para encontrar uno de los libros de tu vida,  así que animo a quien lo desee a que exponga algún pasaje favorito, o alguna recomendación (que más o menos vienen a ser lo mismo: un buen pasaje es la mejor carta de presentación).

Añadir que yo no suelo hacer lista, más o menos voy leyendo lo que va surgiendo, pero me acaba de llegar un pedido de 3 libros que bien pudiera ser esa típica lista veraniega, por lo menos me los pienso leer este verano (son carne de playa -también de cama o sofá pero huelen a puro salitre). No puedo adelantar nada más, solo que si están a la altura de lo que espero, más adelante volveré a la carga con ellos. Y tú ¿tienes depositadas especiales ilusiones en algún libro para este verano?

 

I – Mi planta de naranja lima – José Mauro de Vasconcelos.  

José Mauro de Vasconcelos es un escritor brasileño que nació en Rio de Janeiro en 1920. Hijo de una familia muy pobre y numerosa. Su vida estuvo marcada por el ejercicio de los empleos más diversos: bracero, pescador, camarero, entrenador de boxeadores, etc… Tras la publicación de su ópera prima -Banana Brava (1942)-, alternó la carrera literaria con la cinematográfica (fue actor y guionista), sin dejar nunca de lado su preocupación por la condición de los pobres, los indios o los trabajadores de las haciendas, temas y personas que incorporó a su obra empleando los recursos de la rica narrativa oral. Murió en Sao Paulo en 1984.

Mi planta de naranja lima (1968) es la obra por la que será siempre recordado. Novela narrada en primera persona y que contiene un alto nivel autobiográfico. Nos cuenta la vida de Zezé, un niño de 5 años que trata de sobrevivir en condiciones difíciles a base de corazón, talento, rebeldía y vitalidad. Es una novela muy bonita y tierna, a la par que dura.

 

"La escuela, la flor, la flor, la escuela…

Todo iba muy bien, cuando Godofredo entró en mi clase. Pidió permiso y fue a hablar con doña Cecilia Paim. Sólo sé que señaló la flor en el florero. Después se marchó. Ella me miró con tristeza.

Cuanto terminó la clase, me llamó.

   -Quiero hablar contigo, Zezé. Espera un momento.

Se puso a meter las cosas en su bolsa y no acababa nunca. Se veía que no tenía ningunas ganas de hablarme y buscaba el valor entre ellas. Al final, se decidió.

   -Godofredo me ha contado una cosa muy fea de ti, Zezé ¿es verdad?

   Dije que si con la cabeza.

   -¿Lo de la flor? Pues si, señora.

   -¿Cómo lo haces?

   -Me levanto más temprano y paso por el jardín de la casa de Serginho. Cuando el portal está solo entornado, entro deprisa y robo una flor, pero hay tantas, que sobran.

   -Si, pero eso no está bien. No debes hacer eso más. Eso no es un robo, pero es un "hurtito".

   -No, no lo es, Doña Cecilia. ¿No es el mundo de Dios? ¿No es de Dios todo lo que hay en el mundo? Entonces las flores son de Dios…

   Se quedó plasmada con mi lógica.

   -Solo así podría hacerlo, señora maestra. Allí, en mi casa, no hay jardín. La flor cuesta dinero… y yo no quería que en la mesa de usted estuviera siempre el florero vacío.

   Tragó saliva.

   -¿No me da usted de vez en cuando dinero para comprar un buñuelo relleno? ¿Eh?

   -Podría dártelo todos los días, pero si sumas…

   -Yo no podría aceptarlo todos los días…

   -¿Porqué?

   -Porque hay otros niños pobres que tampoco tienen merienda.

   Se sacó el pañuelo del bolso y se lo pasó disimuladamente por los ojos.

   -¿No ha visto usted a Corujinha?

   -¿Quién es Corujinha?

   -Aquella negrita de mi tamaño a la que su madre le sujeta el pelo en rulitos y se los ata con un cordel.

   -Ya sé. Dorotília.

-Si, señora. Dorotília es más pobre que yo y a las otras niñas no les gusta jugar con ella, porque es negrita y muy pobre, conque se queda siempre en un rincón. Yo comparto con ella el buñuelo que usted me regala.

   Esa vez se quedó con el pañuelo parado en la nariz mucho rato.

   -De vez en cuando, podría usted dárselo a ella, en lugar de a mi. Su madre lava ropa y tiene once hijos: todos pequeños aún. Dindinha, mi abuela, todos los  sábados les da un poco de judías y arroz para ayudarlos y yo comparto mi buñuelo, porque mi mamá me ha enseñado que debemos compartir nuestra pobreza con quien es más pobre.

   Las lágrimas le corrían por la cara.

   -Yo no quería hacerla llorar. Le prometo que no robaré más flores y que voy a ser un alumno cada vez más aplicado.

   -No es eso, Zezé. Ven aquí.

Me cogió las manos entre las suyas.

   -Vas a prometerme una cosa, porque tienes un corazón maravilloso, Zezé.

   -Se lo prometo, pero no quiero engañarla. No tengo un corazón maravilloso. Lo dice usted, porque no me ha visto en casa.

   -No importa. Para mi lo tienes. De ahora en adelante, no quiero que me traigas más flores. Sólo si ganas alguna. ¿Me lo prometes?

   -Si, señora, se lo prometo. ¿Y el florero? ¿Se va a quedar siempre vacío?

   -Nunca va a estar vacío. Cuando yo lo mire, voy a ver siempre la flor más hermosa del mundo y voy a pensar: quien me dio esa flor fue mi mejor alumno. ¿De acuerdo?

   Ahora se reía. Me soltó la mano y habló con dulzura.

   -Ahora puedes marcharte, corazón de oro…".

Pasaje perteneciente al capítulo 4: El Pajarito, la escuela y la flor.

 

II – Entre tonos de gris – Ruta Sepetys

Ruta Sepetys es hija de un refugiado lituano y nació en 1967 en Michigan (EEUU). Antes de fundar su propia productora de música en Nashville -ciudad en la que reside actualmente-, vivió en París y Los Ángeles. Se licenció en finanzas internacionales en el Hillsdale College, y estudió en el Centro de Estudios Europeos en Toulon y en el CIE en Nancy.

Entre tonos de gris (2011) es su primera novela. Un homenaje a su padre y a las miles de víctimas de los países bálticos que acabaron sus días en Siberia, bajo el yugo estalinista. Para escribirlo, la autora ha llevado a cabo un exhaustivo trabajo de investigación, que incluye entrevistas con familiares, supervivientes e historiadores. El resultado es una novela alabada por la crítica, situada entre las más vendidas en Estados Unidos desde poco después de su lanzamiento y que ha sido publicada en otros veinte países.

Es una historia muy dura pero también contiene muchas enseñanzas sobre la dignidad humana hasta en las condiciones más atroces. Además, hay historias que no podemos olvidar, y la invasión de los países bálticos por la URSS de Stalin, y la consiguiente represión, quizás no es tan conocida como debiera.

 

"Estábamos ya a mediados de diciembre. El invierno nos tenía atrapados entre sus fauces. El hombre que siempre repetía las palabras mostraba síntomas de congelación. Tenía las yemas de los dedos arrugados y negras como el carbón. En la punta de la nariz le salieron unos granos grises y gordos. Nos arrebujábamos en nuestros abrigos y en cualquier trapo que pudiéramos atrapar. Nos liábamos en los pies unas viejas redes de pesca que la corriente había arrojado a la orilla. Nos peleábamos sin cesar en la yurta, irritándonos unos a otros.

Los niños pequeños fueron muriendo. Mamá le dio su ración de pan a un niño que se estaba muriendo de hambre. Ya estaba muerto, con su manita tendida, esperando que alguien le diera un trozo de pan. El campamento no tenía médico ni enfermera, solo un veterinario estonio. Acudíamos a él. El hombre hacía lo que podía, pero las condiciones eran insalubres. No tenía ninguna medicina que darnos.

Ni Ivanov ni ningún agente del NKVD entraban nunca en nuestras yurtas. Nos gritaban que dejáramos a los muertos en la puerta.

-Sois todos unos cerdos asquerosos. Vivís en la mugre. No es de extrañar que muráis como ratas.

La disentería, el tifus y el escorbuto se extendieron por todo el campo. Los piojos se daban un festín en nuestras llagas abiertas. Una tarde, uno de los finlandeses dejó de cortar la leña par ir a orinar. Janina lo descubrió colgado de un poste. Se había ahorcado con una red de pescar.

Cada vez que teníamos que alejarnos más para encontrar leña, hasta casi cinco kilómetros del campo de trabajo. Al final del día, Janina se agarró a mi.

-Liale me ha enseñado algo -me dijo.

-¿El qué? -le pregunté, metiendo ramitas en los bolsillos, para nuestra estufa y para utilizarlas como pinceles.

Janina lanzó una mirada a su alrededor.

-Ven conmigo. Te lo enseñaré.

Me tomó de la mano y me arrastró con ella por la nieve. Luego me señaló algo con su mitón.

-¿El qué? -pregunté. Pasé la mirada por la nieve, pero no distinguía nada.

-Shhh… -Me acercó más a ella y siguió señalándome algo con el dedo.

Entonces vi lo que la niña me indicaba. Había una gran lechuza en la nieve. Sus plumas blancas se confundían tan bien con el entorno que por eso al principio no la había distinguido. Su cuerpo medía algo más de medio metro, calculé a ojo. La gran ave rapaz tenía unas diminutas manchitas marrones en la cabeza y el tronco.

-¿Está durmiendo? -me preguntó Janina.

-Yo creo que está muerta -le contesté. Me saqué una ramita del bolsillo y le toqué el ala con ella. La lechuza no se movió-. Si, está muerta.

-¿Crees que nos la podríamos comer? -quiso saber Janina.

Al principio me escandalicé. Luego pensé en su cuerpo rollizo, asándose en nuestra estufa como un pollo. Volví a tocarla con la rama. La cogí del ala y tiré de ella. Pesaba, pero resbalaba sobre la nieve.

-¡No! No puedes tirar de ella así. Los guardias te van a ver y nos la quitarán -dijo la niña-. Escóndela en tu abrigo.

-Janina, esta lechuza es enorme. No puedo esconderla dentro de mi abrigo. -Además, temblaba solo de pensar en llevar una lechuza muerta dentro del abrigo.

-Pero yo tengo mucha hambre -lloriqueó Janina-. Por favor, Lina. Yo caminaré delante de ti. Nadie te verá.

Yo también tenía hambre; y mamá; y Jonás. Me incliné sobre la lechuza y le pegué las alas al cuerpo. Estaba rígida. Su rostro tenía una expresión amenazadora. No sabía si me cabría dentro del abrigo, pegado a mi propio cuerpo. Miré a Janina. Esta asintió, con los ojos abiertos de par en par.

Miré a mi alrededor.

-Desabróchame el abrigo. -Sus manitas se pusieron manos a la obra.
Levanté el ave rapaz muerta y la pegué contra mi pecho. Me sacudieron unos escalofríos de asco.

-Date prisa, vuelve a abrochármelo.

Pero Janina no podía abrocharme el abrigo. La lechuza abultaba demasiado. Apenas alcanzaba a cubrirla con mi abrigo abierto.

-Dale la vuelta, para que no asome la cara -me indicó Janina-. El cuerpo y la cabeza no se distinguirán entre la nieve. Vamos, tenemos que caminar deprisa.

¿Caminar deprisa? ¿Cómo se suponía que podía recorrer cinco kilómetros con una lechuza a cuestas sin que se dieran cuenta los guardias?

-Janina, ve más despacio. No puedo ir tan deprisa. La lechuza es demasiado grande.

Su pico curvo se me clavaba en el pecho. Cargar con ese cuerpo muerto me ponía la piel de gallina. Pero tenía tanta hambre…

Otros deportados se nos quedaban mirando al pasar.

-Nuestras madres están enfermas. Necesitan comida. ¿Quieres ayudarnos? -les dijo Janina.

Personas a las que yo conocía formaron un círculo a mi alrededor para ocultarme de los guardias. Me acompañaron así hasta la yurta, sin que nos descubrieran. No pidieron nada a cambio. Estaban contentos de ayudar a alguien, de lograr hacer algo, aunque no fuera en su beneficio. Habíamos estado intentando tocar el cielo desde el fondo del mar. Me di cuenta de que si nos ayudábamos unos a otros, tal vez lo lográramos.

La madre de Janina desplumó la lechuza. Todos nos apiñamos alrededor de la estufa mientras se asaba para disfrutar del aroma.

-Huele a pato, ¿no les parece? -dijo Jonás-. Finjamos que es un pato.

El aroma a carne caliente era divino. No importaba que estuviera un poco dura; la maravilla duró más porque tuvimos que masticar bien. Nos parecía estar en un banquete de palacio.

-¿Verdad que notan el sabor del adobo de grosella? -dijo con un suspiro la señora Rimas.

-Es maravilloso. Gracias, Lina -dijo mamá.

-Denle las gracias a Janina. Fue ella quien encontró la lechuza -dije yo.

-La encontró Liale -corrigió la niña.

-¡Gracias Janina! -exclamó Jonás.

Janina sonrió de oreja a oreja, blandiendo un puñado de plumas".

Pasaje perteneciente al capítulo 77.

 

III – Cuentos CarnívorosBernard Quiriny

Bernard Quiriny nació en 1978 en Bélgica, y tiene la nacionalidad francesa. Vive en La Bourgogne, en donde compagina su labor como escritor con la de crítico de literatura y jazz. En 2005 escribió su primer libro, L´angoisse de la premiére phrase, con el que ganó en Francia el premio Vocación

Cuentos carnívoros (2010) fue su primera publicación en España, un libro de 14 relatos. Gran promesa del género fantástico, compone un universo extraño en el que un religioso es capaz de duplicarse aunque deba esconder en un armario sus demás cuerpos, un hombre escucha en su cabeza todo lo que la gente dice sobre él, o un espejo refleja la imagen de la amante de un marido infiel. Extraños pero fascinantes cuentos que parecen escritos hace dos o tres siglos, situándose como clásicos atemporales. Según palabras de Enrique Vilas Matas (que escribe el prólogo): "demasiado buenos para ser de un belga nacido en la década de los setenta". Viniendo de quien viene, todo un elogio.

 

"Durante cuatro años Pierre Gould tuvo un sueño serial cuya intriga se reanudaba cada noche allí donde se había detenido en la víspera. Hacia las once de la noche solía despedirse de nosotros y se marchaba diciendo:

   -Me voy a la cama. Estoy impaciente por saber como sigue".

 

"Pierre Gould tenia una báscula; una vez que me pesé  en ella indicó una cifra extravagante. Le observé que el aparato no funcionaba.

-Funciona a la perfección -repuso él-. La he construido yo mismo.

Le dije el peso que había leído en la esfera y repetí que no podía ser correcto.

-Es que es una báscula total -sonrió-. No sólo te indica si has engordado o adelgazado, sino si tienes el corazón pesado o ligero. Así cada vez que te subes accedes a un punto de vista completo sobre ti mismo".

 

-"Tengo mi árbol genealógico  acabado -anunció un día Pierre Gould.

-¿Hasta donde se remonta? -preguntó uno de nosotros.

-Hasta Adán y Eva. Ya os lo he dicho: está acabado".

 

"Pierre Gould escribió una novela titulada Historia de un durmiente, que según él era el lipograma más constrictivo del mundo. La había escrito prohibiéndose todas las letras del alfabeto salvo la z. El resultado era: "Zzzzz, zzzz, zzzz", y así sucesivamente a lo largo de trescientas páginas".

 

"Pierre Gould regresó de un largo viaje en compañía de una joven morena que por toda vestimenta llevaba un manto abigarrado. Iba descalza, mostrando los tobillos y parte de las pantorrillas. Callada y quieta, permanecía detrás de Pierre mirando el vacío.

-¿Quién es? -preguntó uno de nosotros.

-¿Perdón?

-La chica.

Como si se hubiera sorprendido, Pierre se volvió.

-¡Ah, ella! La traje para acabarla en el metro, pero luego no me dio tiempo.

La respuesta nos dejó mudos.

-Es un libro. Presumo que es la primera vez que veis uno de éstos.

-Asentimos.

-Como en el país de donde vengo el papel está por las nubes, lo reservan para imprimir clásicos y diccionarios. Así que los escritores no les queda otra solución que tatuarse los textos en la piel, ponerse una portada en la espalda y venderse  ellos mismos como libros.

Observó pensativamente a la mujer-libro.

-Aquí, el primer capítulo está escrito en la garganta, los dos siguientes sobre los senos, el cuarto sobre el vientre y así hasta los muslos. Luego hay que darle la vuelta. Muchos autores se hacen grabar el final en las nalgas y el desenlace en la intimidad.

A modo de prueba, alzó el manto de la chica y vimos la piel cubierta de minúsculos caracteres de imprenta.

-No os imagináis como alienta esto el amor por la literatura -añadió-. Allí los jóvenes ya no leen los libros: los devoran.

Y añadió con ironía.

-La lectura, ese vicio impune…".

 

"La impaciencia de Pierre Gould no tiene límites. El día en que, siendo joven, decidió que sería escritor, empezó por redactar una nota testamentaria legando sus futuros manuscritos a la Biblioteca Nacional. Al día siguiente recorrió la ciudad en busca de traductores. El tercer día registró doscientos títulos en el Instituto Nacional de la Propiedad Intelectual. El cuarto, llamó a varios periodistas para asegurarse buenas críticas. Y diez años después, por supuesto, todavía no había escrito una palabra".

 

Diferentes pasajes de su cuento Extraordinario Pierre Gould.

 

IV- Orgullo y PrejucioJane Austen.

Jane Austen nació en 1775 en Steventon, Inglaterra. Empezó a escribir siendo una niña como forma de entretener a su familia, sin sospechar que más de dos siglos después sus novelas seguirían despertando el interés y admiración de los lectores. Como muchos de los protagonistas de sus obras, los Austen eran de una familia honesta pero sin apenas fortuna. En este ambiente de clase media y respetable, la escritora encontró el caldo de cultivo ideal como escenario de sus novelas donde retratar las inquietudes, miedos y preocupaciones de sus protagonistas, especialmente en temas como el amor, el compromiso y el matrimonio, a pesar o quizá precisamente porque Jane nunca se casó. Murió a los cuarenta y un años en 1817.

Orgullo y Prejucio (1813) fue bien recibida desde el principio. Se combinan en ella las tradiciones de la sátira poética y la novela sentimental, dando lugar a una novela entretenida, de suspense y ataque a los vicios más clásicos. Está considerada una de las mejores novelas escritas en inglés.

El siguiente pasaje, la declaración que le hace el reverendo Collins a Elizabeth, es tan patética como cómica.

 

"La idea de que el señor Collins con toda su solemne seriedad se viese arrebatado por sus sentimientos a punto estuvo a punto de hacer reír a Elizabeth, lo que le hizo perder la oportunidad de aprovechar aquel breve receso e impedirle que siguiese adelante.

-Las razones que me impulsan al matrimonio son varias: primera, que juzgo lo más acertado para cualquier clérigo que esté en buena situación económica (como yo lo estoy) predicar a sus feligreses el matrimonio con su propio ejemplo; segunda, que estoy convencido de que con casarme seré mucho más feliz; y tercera (y esto debí tal vez mencionarlo antes), que se trata de un consejo personal y de una recomendación de la muy noble señora a la que tengo el honor de llamar protectora mía. En dos ocasiones se ha dignado darme su opinión al respecto, ¡sin yo pedírsela!; el último sábado por la noche, antes de que yo viniese de Hunsford, en uno de los intervalos de nuestra partida de cuatrillo, justamente cuando la señora Jekinson estaba arreglando el escabel de la señorita de Bourgh, me dijo: "Señor Collins, debe usted casarse. Un clérigo en las condiciones suyas debe casarse… Sea acertado en la elección, escoja, por consideración a mi, una mujer distinguida, y por lo que a usted respecta, una mujer activa y útil, que no se haya educado con muchas pretensiones y que sea capaz de de sacar el mayor partido posible de una renta pequeña. Este es el consejo que le doy. Busque esa clase de mujer lo antes posible, tráigala a Hunsford y yo iré a visitarla inmediatamente". Quiero decirle de paso, hermosa prima mía, que considero que esa distinción y amabilidad de lady Catherine de Bourgh no es una de las menores ventajas que está en mi mano ofrecerle. Su trato, como ya verá, es superior a todo lo que yo pudiera describirle, y creo que el ingenio y la vivacidad que usted posee serán del agrado de aquella señora, especialmente cuando se vean puestos en su sitio por el silencio y el respeto que su rango necesariamente impone. Estas son las razones que me han traído a Longbourn, en  vez de buscar esposa en mi misma vecindad, en la que hay mujeres muy simpáticas, se lo aseguro. Teniendo como tengo que  heredar esta finca a la muerte de su honorable padre (que viva muchos años más), decidí para tranquilizar mis escrúpulos elegir esposa entre sus hijas a fin de que el perjuicio que había de causarles fuese lo más pequeño posible, cuando llegue ese fatídico momento… y vuelvo a repetir que ojalá se retrase mucho años. Esta ha sido mi razón especial, querida prima, y espero que no desmereceré por ella su opinión. Y ya solo me queda declararle la violencia de mi afecto en la forma más viva que me sea posible. De la dote no quiero ni hablar, y me abstendré de mencionar siquiera ese asunto a su padre, pues bien se que no podría dársela; creo que su única fortuna se reducirá a mil libras de valores al cuatro por ciento, en cuya posesión no entraría usted hasta después del fallecimiento de su madre. Quiero pues, guardar silencio acerca de todo eso y le doy la seguridad de que no saldrá de mis labios una sola palabra de reproche por ese motivo cuando estemos casados.

Era preciso interrumpirlo cuanto antes.

-No se precipite, señor -exclamó Elizabeth-. Se olvida de que todavía no he dado mi contestación. Voy a dársela sin pérdida de tiempo. Sírvase aceptar mis más expresivas gracias por el honor que me hace con su proposición, honor que reconozco plenamente, pero que no tengo más remedio que declinar.

-Antes de hablarle -replicó el señor Collins con un solemne ademán- sabía yo que la costumbre exige que una señorita rechace las insinuaciones del hombre a quien secretamente piensa aceptar cuando éste se dirige a ella por vez primera; e incluso se dan casos en que lo rechaza por segunda y hasta por tercera vez. De modo, pues, que no me siento descorazonado, ni mucho menos, por lo que usted acaba de decirme; tengo, a pesar de todo, la esperanza de conducirla al altar antes de mucho tiempo". (…)

 

Pasaje perteneciente al capítulo diecinueve.

 

V- Cuentos completosAmy Hempel

Amy Hempel nació en 1951 en Chicago (EEUU). Es una escritora muy prestigiosa como autora de cuentos. Coordina el curso del College de Brooklyn de la Universidad de la ciudad de Nueva York e imparte clases de escritura creativa en la Universidad de Princeton. Ha ganado varios premios en su país. Es autora de cuatro libros de relatos, todos ellos reunidos en el volumen de Cuentos Completos (2009).

Tiene una prosa cautivadora e ingeniosa. Sus relatos son concisos y están ceñidos a la esencia de los hechos, con un insólito modo de retratar un mundo crudo y solitario, pero lleno también de una inesperada belleza. Un libro para disfrutar, para tumbarte a leerlo y deshacerte en elogios.

Tiene una gran capacidad para lograr bellas capsulas llenas de ingenio y humor. Así que expondré tres de ellas que me cautivaron especialmente.

 

"Me di la vuelta mientras Dale Anne se cambiaba. Era tan recatada como yo. Si la casa saliese ardiendo una noche, ambas moriríamos forcejeando para abrocharnos el sujetador debajo del camisón"

Pasaje perteneciente a su cuento: EMP, MONT, AUM, CONT, REP.

 

"La misma mañana en que la llevaron al cementerio, aquel cementerio donde estaba enterrado Al Jolson, me matriculé en un cursillo para vencer el miedo a volar en avión.
– ¿A qué le tiene más miedo? – Me preguntó el instructor, y le respondí:
-A que termine este curso y siga teniendo miedo".

Pasaje perteneciente a su cuento: En el cementerio donde está enterrado Al Jolson (fue el primer cuento que escribió).

 

"El doctor Diamond contó lo que le había pasado a la hija de un amigo suyo. La pequeña había encontrado una rana en el jardín. Como la rana parecía estar muerta, sus padres le dejaron que preparase una sepultura: un agujerito rodeado de piedrecitas. Pero en el momento en que iban a enterrarla, la rana, que sólo estaba sin sentido, movió las ancas y volvió en si.

-¡Matadla!- chilló la niña".

Pasaje perteneciente a su cuento: EMP, MONT, AUM, CONT, REP.

 

COMENTARIOS (8)

  1. José Amaro Carrillo Rodríguez dice:

    Gracias, Miguel. Porque la buena literatura refresca el ambiente y atempera el ánimo ante la que está cayendo (o ante la forma en la que estamos cayendo). Gracias, otra vez, por estas bocanadas de aire puro, de belleza estival.

  2. Antonio J. Rodríguez Herrera dice:

    Ahora mismo estoy leyendo a Alberto Vázquez Figueroa, y me ha llenado de pena una parte del relato, que aunque pertenece a la ficción, sucede a diario en ese continente que tienen ustedes tan cercano. Lo transcribo a continuación:

    -Creo sinceramente que te equivocas al plantear la cuestión de si esa muchacha debe morir, morir sola, o morir acompañada de otros culpables de un adulterio que ha traído como consecuencia el nacimiento de un hijo no deseado y fruto del pecado. De lo que ahora se trata es que no podemos consentir, bajo ningún concepto, que un atajo de infieles llegados de muy lejos nos impongan sus condiciones, corrompan a nuestra gente, y se burlen de nuestros principios.

    -Y por qué no si les asiste la razón?

    -Porque lo que está en juego son nuestras constumbres y las sagradas leyes del islam. Admito que en este caso es posible que nos hayamos precipitado un tanto, pero ése sería un error nuestro, cometido en nuestro país, según nuestras propias leyes, y sin manifiesta mala fe.

    -Y que le costará la vida a una inocente -le hizo notar con toda naturalidad su interlocutor.

    -También los cristianos cometen errores y ajustician a inocentes, pero te garantizo que nosotros no vamos a sus países a poner sus instituciones en ridículo intentando comprarles al reo a base de balones de fútbol o camisetas de colores. Lo único que exigimos es reciprocidad; si nosotros respetamos sus costumbres, ellos deben respetar las nuestras.

    -No siempre las hemos respetado. Y si mal no recuerdo no hace mucho un grupo de fanáticos llevó, no inocentes balones de fútbol y camisetas de colores, sino aviones cargados de muerte y destrucción hasta el mismo corazón de Nueva York.

    -Y ya has visto las consecuencias -le hizo notar el emir sin alterarse-. A nadie benefició semejante acto de barbarie, y soy el primero en condenar ese tipo de acciones provocadas por un exacerbado integrismo. No obstante, admito que resulta muy difícil controlar a los fanáticos, puesto que al fin y al cabo tan sólo están obedeciendo un mandato divino que les obliga a llevar el islam hasta el confín del universo. La mejor prueba de que nuestra fe es la verdadera la tenemos en el hecho de que es la única que siempre está en expansión y que gana adeptos día tras día. Mahoma fue el último profeta en nacer pero los musulmanes somos ya mayoría y seguimos creciendo sin parar, mientras que el resto de las religiones se han estancado e incluso se encuentran en un claro proceso de recesión.

    -Nunca me había detenido a verlo de ese modo -admitió el caíd Ibrahim Shala un tanto desconcertado- A este apartado rincón no llegan demasiadas noticias al respecto.

    -Pues debes creerme cuando te aseguro que los cristianos cada día son menos y sobre todo cada día son más tibios en la práctica de sus creencias. Pasó el tiempo de las cruzadas, y en la actualidad son muchos los bautizados, pero pocos los que practican su fe con verdadero entusiasmo. Los judíos no disminuyen en número, pero tampoco aumentan en forma significativa puesto que se alimentan de su propia sangre y rara vez se da el caso de que alguien que no pertenezca a la raza maldita se convierta a su fe. Hinduistas y budistas sobreviven de igual modo, más como tradición que otra cosa, y tan solo el islam extiende sus raíces de tal forma que en el transcurso de este mismo siglo más de la mitad de los habitantes del planeta proclamarán a los cuatro vientos que no hay más dios que Alá, y que Mahoma es su profeta.

    -No viviré para verlo, pero me alegra pensar que lo que aseguras puede llegar a ser cierto.

    -Lo es, porque al igual que se nos ha prometido el paraíso a los creyentes, cierto es, tambien, que un lugar destacado de ese paraíso está reservado a aquellos que lleguen a él llevando de la mano a otros dos conversos. De ese modo nuestra progresión será siempre geométrica, mientras que la recesión de nuestros enemigos seguirá siendo aritmética.

    -Ésos son principios que se escapan a mi entendimiento -admitió sin el menor rubor el caíd Shala-. Pero respeto tu sabiduría y por lo tanto acepto tus argumentos. Sin embargo ello no es óbice para que siga opinando que la muerte de Aziza Smain a nada conduce…

    -Conduce a demostrar que los musulmanes no nos dejamos comprar por mucho que se nos ofrezca.

    -Y eso vale la vida de una auténtica creyente?

    -Al fin y al cabo no es más que una mujer.

    -Pero una mujer muy especial.

    -Razón de más.

    -Razón de mas? -no pudo por menos que repetir un desconcertado Ibrahim Shala- Qué pretendes decir con eso?

    -Que las mujeres fueron creadas para ser madres, cuidar del hogar y dar placer a sus maridos, no para entrometerse en todo y provocar conflictos tal como están ocurriendo en el mundo occidental cuya imparable decadencia se inició el día que empezaron a conceder un trato de igualdad a las mujeres. -El emir Uday Mulay hizo una corta pausa, se arrancó un nuevo vello de las maltratadas cejas, y al poco insistió convencido de lo que decía-: Por lo que me han contado, existen países en los que las mujeres se han adueñado de los negocios e incluso del poder, por lo que reina el caos y la anarquía, impera la homosexualidad, y sus atemorizados maridos se vuelven cada vez más infértiles.

    -No es como lo planteas -le contradijo con cierta timidez su interlocutor, al que se advertía cada vez más inquieto y descentrado-. Admito que no soy partidario de que las mujeres adquieran un peso excesivo en la sociedad, ya que su papel está perfectamente determinado por nuestras leyes y costumbres, pero sería justo reconocer que en ocasiones las discriminamos en exceso. De no ser así el absurdo juicio contra Aziza Smain no se hubiera iniciado nunca, con lo que nos habríamos evitado llegar a la actual situación en la que hemos atraído en demasía la atención de una opinión mundial que nos acusa de bárbaros.

    -Más vale ser considerado un bárbaro que un decadente, porque la historia siempre demuestra que han sido las civilizaciones mal llamadas bárbaras las que han logrado imponerse a las decadentes -fue la tranquila respuesta del juez Kano-. Al fin y al cabo, debemos alegrarnos de que las mujeres vayan ganando cada vez más parceles de poder en el campo de nuestros enemigos, puesto que de ese modo los podremos derrotar con más facilidad. Está comprobado de que, en los momentos de peligro, a ellas lo que les preocupa es poner a salvo a su hogar y a sus hijos.

    -Advierto que hablas como si consideraras que nos estamos enfrentando a una lucha abierta contra todos aquellos que no practiquen nuestra fe.

    -Naturalmente! La nuestra debe ser una lucha continua, una guerra sin fin en la que vayamos avanzando metro a metro sin dar tregua a los infieles, porque el islam, a semejanza de cualquier otro ser vivo, tan sólo empezará a morir el día en que deje de crecer.

    -Y hasta donde se supone que debe crecer?

    -Hasta que ni un solo habitante del planeta deje de adorar cada mañana y cada tarde al verdadero dios. En ese justo momento la obra del Señor habrá concluido y podrá comenzar la verdadera eternidad.

    Hasta aquí parte de la muestra de lo que está inmersa una buena parte de la fauna que compone este mundo. Van despacio pero sin pausa.

  3. Queen dice:

    Del enternecedor "buñuelo de Zezé", di un salto al crudo razonamiento del "emir Uday Mulay"… y me quedé reflexionando sobre lo "jodido" que lo tenemos con la "literatura de calidad", que nos condena a ir por la vida con el pañuelo empapado en lágrimas, o a convertirnos al islam para alcanzar la eternidad…

    Y cuando todos hayamos alcanzado el jardín eterno, en el que no se hurtan flores ni discuten los profetas, para entonces haya aprendido a disfrutar de la lectura como ustedes lo hacen y, además, lo comparten…

    Saludos.

  4. Antonio J. Rodríguez Herrera dice:

    O mejor Pedro Luis, nos ponemos a calcular la edad del vino, o el vino con la edad, o con los años de no sé…

    Cómo es que es la vaina…?

  5. Nieves Feo Arrocha dice:

    Estimado Miguel,yo tengo claro a estas alturas de mi vida,que los libros no deben leerse nunca por recomendación.
    De todos los que me han recomendado,me quedo con "Martes con mi viejo profesor" Ya que el ultimo que me recomendaron;"Maldito karma" no acaba de convencerme,asi como otrosque no han cuajado con mis gustos literarios.Tampoco soy partidaria de realos literarios,me parece algo tan personal como la ropa interior entre otras cosas,tienes que conocer muy y mucho a la persona en cuestion para acertar sus gustos literarios.
    De todas formas,como siempre,eres capaz de volver apetecible para los lectores del apuron cualquier libro,canción…En fin,muchas gracias.

  6. Antonio J. Rodríguez Herrera dice:

    De los buenos libros que he leído, recuerdo una frase del genial Sir Winston Churchil:

    "I have a stomachache".

  7. Luis Rollán dice:

    Los buenos libros serenan el corazón y enriquecen el espíritu, como decía mi abuelo de los buenos vinos. Para tod@s los que los disfrutamos, nos produce la misma sensación que a Churchill, quien solía decir aquello de: "Eating words has never given me indigestion". (Comerme las palabras nunca me ha producido una indigestión). No era precisamente a propósito de los libros. Para éstos solía decir que le gustaba aprender pero sin que le instruyeran siempre.

    Si Obama dijo que los bomberos que habían sofocado el reciente incendio de Colorado eran unos "genuine heros", Churchill con todas sus contradicciones, era un "genuine talent".

    Buenas noches.

    Saludos cordiales…

  8. Queen dice:

    La vaina, estimado "Atilaelhunico" está seria pues… Ya no sabemos si es el vino el que años nos da… o es la edad la que nos añora el vino.

    Tal vez necesitamos, como Churchill, un buen puro… para pensar.

    Saludos para todos.

Los comentarios están cerrados.

Scroll al inicio