Un beso inmortal.

"Un beso no retumba tanto como un cañón pero su eco dura mucho más".

Ciertamente la frase se cumple con esta foto cuyos ecos todavía siguen resonando, y eso que han pasado muchos años… hay besos inmortales, besos eternos, besos cuyos rescoldos nunca se apagarán…

La guerra había terminado y la gente salió a la calle a celebrarlo,  en un clima de euforia un marinero agarró por el talle a una guapa enfermera que por allí pasaba y… ¡le plantó un beso de película! Ni Clark Gable ni Cary Grant ni Tony Curtis podrían haberlo hecho mejor. La pose es tan espontánea como inmejorable. Como le agarra, como se retuerce ella, como sellan sus bocas… ¡puro arte!

La enfermera dijo que no le conocía de nada pero se dejó besar porque le daba pena ya que había combatido en la 2ª Guerra Mundial y los héroes se lo merecen todo, ¿qué menos que un beso? No dudamos de su palabra, por algo es enfermera,  dispuestas a ayudar, pero también intuimos que le gustó, o que le gustó mucho, o sencillamente le fascinó… en el imaginario femenino siempre se ha idealizado el beso de un desconocido, y que se lo estampe un apuesto marinero al regresar de la guerra eligiéndola entre cientos de chicas que pasean por la calle, para la autoestima, y para el gusto… ¡debe de ser bueno! No hay que ser psicólogo para ello… lo que hay que ser es más atrevido.

Imaginamos que el marinero siguió su camino loco, eufórico y saltando de alegría, quizás necesitaba el beso como un nervioso necesita una infusión, y eso le calmó, o quien sabe, quizás le dio alas para seguir probando fortuna, ya se sabe que un beso llama a otro beso… nadie ha especificado si en la misma boca o en diferentes.

Nunca se supo quién es el,  pero dudamos que no se reconociese en una foto que tanto revuelo creó y que tanto perduró. Quizás no quiso pisar de nuevo la escena del crimen como buen asesino, quizás su vida privada no se lo permitía, se dice de los marineros que en cada puerto tienen una mujer… o quizás como buen caballero creyó que era mejor dejarlo así: un homenaje a todos los marineros y todos los honores para ella por tanta comprensión y dulzura, y  a ser posible que se convirtiera en la portavoz de las enfermeras salva-vidas y salva-almas.  

El fotógrafo estaba en el lugar y el momento justo. Puede que fuera el beso más dulce de su vida aunque no lo recibiera en sus propios labios. Y es que para un fotógrafo  inmortalizar este instante no es cualquier cosa, es como para un alpinista coronar el Everest por primera vez… quizás solo haya esa única y primera vez, quizás nunca pueda tocar cielo más alto…  Gracias a sus amplios ojos y excelente panorámica podemos recordar este  momento mágico, único e  irrepetible. También podemos observar  algunas cosas más:

La gente cercana está feliz, con sonrisa cómplice, expectante ante el beso, todos se sienten partícipes, a todos les gustaría ser ellos… es como si el mundo se hubiese parado, no solamente para los besucones sino también para los transeúntes. Quizás en ese momento el Planeta Tierra aminoró su velocidad de crucero y se dispuso a mirar asombrado…

-¡Más besos y menos cañones! – Gritó nuestro planeta.

-Un beso puede rebotar eternamente por tus internas paredes… – Le contestó alguien.

-En ese caso: ¡cañonearme a besos! – Fue su rápida y retumbante respuesta.

 

Epílogo:

La foto es conocida como The Kiss (El Beso), o también El Beso de Times Square.

Fue tomada  el 14 de agosto de 1945 por  Alfred Eisenstaedt y fue portada de la revista Life.

El marinero es anónimo, se desconoce su nombre.

La enfermera  se llamaba Edith Shain (murió en junio de 2010 a los 91 años de edad). En el momento de la instantánea tenía 27 años y trabajaba en el Doctor´s Hospital de Nueva York.

Ella misma lo contaba así: "El muchacho me agarró y yo cerré los ojos. Le dejé besarme, porque había estado en la guerra, luchando por todos nosotros, y me sentí feliz de hacerlo. Después me dejó sola y me marché".

El fotógrafo Eisenstaedt, que murió en 1995, comentaba lo siguiente: "La gente me dice que cuando yo esté en el paraíso, ellos van a recordar esta foto".

La frase "un beso no retumba tanto como un cañón pero su eco dura mucho más", es de Oliver Wendell Holmes, médico y poeta estadounidense, 1809-1894.

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