Los prodigios de Nuestra Señora de Las Nieves (II)

–          LA VIRGEN Y LOS BENAHOARITAS

              La pequeña imagen de la Virgen es consustancial con la vida del palmero. Más de cuarenta generaciones la sostienen en su trono. En torno a él gira todo el proceso de la Isla poblada por benahoaritas, llegados de la Mauritania; conocida desde la antigüedad por los navegantes fenicios; explorada por los mensajeros del Rey Juba II; bautizada por los mallorquines; invadida por los normandos; atraída a la fe por las Misiones Católicas… Muchas leyendas e historias se han tejido en torno a esta pequeña terracota medieval del siglo XIV (otros investigadores dicen que es del XIII). En palabras del profesor Pérez Morera: "La majestad icónica y la concentración espiritual que emana de su rostro, esquemáticamente idealizado, refleja lo eterno y sobrenatural. Tal vez a ello se debe la poderosa atracción que ejerce sobre quien lo contempla y la devoción despertada a través de los siglos. Ante sus ojos, "rasgados y abiertos que parecen mirar a todas partes", como señala Fray Diego Henríquez, quedaba el pueblo hipnotizado".

              Se cuenta que Bentacayse, hermano de los príncipes Tinisuaga y Agacencie del cantón de Tedote, se salvó milagrosamente de un terrible temporal. No así sus hermanos. La noticia de la tragedia se extendió por toda Benahoare (nombre aborigen de La Palma) y todos los príncipes mostraron su luto. A partir de esos tristes momentos, el barranco donde sucedió la desgracia se llamó como el hermano pequeño, Agagencio, distinguido entre los pobladores por su trato sencillo y cordial. Al enterarse de lo sucedido, las Misiones Cristianas, que se hallaban en la isla haciendo propaganda apostólica, visitan al príncipe ileso y lo invitan a ir a donde sus antepasados habían depositado la imagen de la Virgen por la que él sentía íntima devoción. Félix Duarte en su obra Leyendas Canarias nos narra: "la alegría resplandece en su rostro y, en vez de sentirse extenuados por las fatigas del trayecto, al llegar a las faldas del monte, se arrodilla ante la preciosa Efigie, en acción de gracias por la salvación del mencey, quien, observando los altos riscos, más blancos que el azahar, prorrumpe: "Tener Ife" (que en su lenguaje significa monte blanco), y desde entonces, Santa María de La Palma es llamada Virgen de Las Nieves".

 –            LA VIRGEN Y LOS CONFLICTOS POLÍTICOS

              Las guerras, cuyos desastrosos y criminales resultados estremecen todos los confines de Europa, repercuten terriblemente en España, poseedora del Imperio que jamás el hombre había soñado tener. En la coalición europea contra la Revolución Francesa, el pueblo español se ve obligado a intervenir, "por el suplicio de Luis XVI, la opinión favorable del Gobierno y la contestación dada por los convencionalistas a las protestas del monarca Carlos IV. Ofendido éste por la actitud de Inglaterra, firma con los franceses la Paz de Basilea. Estos reclaman, entre otros territorios, la Isla de La Palma. Sus habitantes prorrumpen por doquier: «¡¡¡Virgen de Las Nieves!!! ¡queremos ser españoles!». Félix Duarte concluye su artículo sobre el particular, refiriéndose al momento en que en La Palma se conoce el acuerdo por el que se concede la parte oriental de la Isla de Santo Domingo (hoy República Dominicana), en lugar de nuestra Isla, "el jubilo insular es unánime". Asistimos aquí a otro de los hechos históricos cuyo óptimo desenlace se asocia a otro de los prodigios de la Virgen de Las Nieves, y así ha sido contado de padres a hijos.

              En la programación de la Bajada de 1915 se tiene en cuenta la guerra mundial:

              "Llegaron esos días, en el año de gracia, en ocasión bien triste para todos, cuando una guerra fratricida y brutal enciende odios y rencores entre los hombres, y roba los medios materiales de subsistencia más legítimos, pero ello no es contradicción a los festejos, que ahincados en la fe y en el buen deseo de que sean lugar para elevar nuestras súplicas a la Reina de los Cielos, tendrán a más del carácter tradicional, religioso y popular de siempre, el especial que este año calamitoso le impone de ser una rogativa más porque reine la paz entre hermanos que, en un momento de locura, olvidaron serlo".   Bermúdez en su obra sobre las fiestas canarias, también nos recuerda que en ese año de 1915 "se constatan las consecuencias económicas que tiene el conflicto mundial para las islas. Se les da a las fiestas un sentido de "rogativa por la paz"".

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