Tras habérsele practicado la autopsia al cuerpo, éste fue depositado en el salón de actos de la sociedad "Juventud Republicana", situada en la calle Pedro Poggio. Actualmente el solar donde se hallaba ubicada la fábrica señala el número 7. Siguiendo los deseos de la difunta, se la enterró en el cementerio civil dos días después del óbito. Quería descansar con los restos de su marido, al que jamás olvidó. Siempre le mandaba flores con unos versos, muchos escritos en sus pétalos.
Fue inhumada en 1926. Es curioso cómo en 1930, los encargados del cementerio confirman que no recuerdan dónde está enterrada. En el cementerio civil sus datos nunca fueron registrados. Desapareció cualquier pista, cualquier vestigio. Y así hasta nuestros días. La leyenda rodeó en la vida y en la muerte a esta ilustre dama, de la que se decía, fue "mucho hombre esta mujer" (Gómez Wangüemert)
Así, una de las mujeres más preclaras que ha dado La Palma, solidaria, caritativa, sonetista excepcional y célebre intelectual, abandonó -por fin- su amada "Quinta Verde", su amada Isla de La Palma, para desaparecer para siempre, dejándonos sólo una estela de leyendas, un pequeño catálogo de poemas, tal vez muchos aún por descubrir.
Pérez García concluía su crónica sobre la legendaria poetisa:
"Desplegó Leocricia sus potentes alas y alcanzó las más altas regiones de la fama, del público reconocimiento de la intelectualidad canaria como sonetista excepcional, de su liderazgo como prototipo de mujer palmera, liberal y librepensadora".
Gómez Wangüemert (1862-1942) había escrito -recogido por De Paz Sánchez-: "…Para ella fue, algo así como una prisión la tierra de su nacimiento, a la que sin embargo amaba, anhelando su redención. La Palma fue jaula en la que apenas trinó públicamente, dolida de la indiferencia y de la estulticia de cuantos no supieron o no quisieron comprenderla y quererla. En la intimidad de su retiro que era templo para nosotros, fueron pocos los devotos, pocos los que conocieron su fortaleza, su hombría, su indignación frente a determinados problemas religiosos, sociales y políticos. Y fueron pocos, también, los que de vez en vez, escucharon reverentes de entusiasmo, sus sonoros y limpios versos, palpitantes de rebeldía…"
El Ayuntamiento de la capital palmera perpetuó el nombre del "más grande de los poetas femeninos de Canarias" al inaugurar una calle en el Barrio de Benahoare el 31 de mayo de 1984. Curiosamente, es así como se llamaba entre los masones a su hermano Segundo Gabriel. Hermano y hermana, por fin, juntos para siempre.
Para Domingo Acosta Guión (1884-1959), poeta librepensador de gran fecundidad, ella fue:
"…Solitaria de un mundo espiritual,
Se remontó al azul del ideal
Como algo que se esfuma o que se pierde…
¡Y se durmió en un sueño de justicia!
¡El último embeleso de Leocricia
En el misterio de su "Quinta Verde!"
Isla de La Palma publicaba en 1909 un extenso artículo sobre la señora, que terminaba así, como nuestro trabajo:
"…Leocricia Pestana: yo te saludo. Al entrar con vacilante paso en los intrincados caminos de la vida, llama poderosamente la atención tu sobresaliente figura, que ni tu excesiva modestia ni el destierro al que voluntariamente te has condenado, han podido oscurecer en lo más mínimo. Yo quisiera poseer la pluma de Víctor Hugo, de Lamartine o de Galdós, la inspiración de Zorrilla, de Lope de Vega o Espronceda para escribir tu biografía y decir a las generaciones venideras: He aquí a Leocricia Pestana; enaltecedla, no borréis jamás su nombre de los anales de la Historia, enseñad a los que os sucedan a rendir culto ferviente a su memoria. Palmira, febrero 27"
Son varias las personas que, tras su muerte, decían haber visto en la mansión y sus jardines algunas luces y extrañas siluetas, incluso a una figura de mujer vestida de blanco con un candil encendido por entre las palmeras en noches de luna llena… la leyenda se iba alimentando de generación en generación… al igual que llegó el "lugar de búsqueda de tesoros secretos a cargos de desesperados y listos de turno que cavaron las paredes, las fuentes y pozos secos, los jardines y paseos enmarañados que rodearon la imponente mansión".
Por todo lo dicho, y sobre todo, por todo lo que no se ha dicho, Santa Cruz de La Palma debería de albergar una congregación anual cada 4 de abril de todas las poetisas y ¿por qué no también poetas? ¿y por qué sólo canarios? como perpetuo y merecido homenaje a la gran Leocricia Pestana Fierro, la "Dama vestida de blanco", una extraordinaria figura injustamente olvidada de nuestra Historia.
BIBLIOGRAFÍA
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– Idem. Una historia ilustrada de Santa Cruz de La Palma, Taller de Historia, Bilbao, 2003.
– Idem. Plecto masónico. Una antología poética. Ediciones Idea, Santa Cruz de Tenerife, 2006.
FERNÁNDEZ GARCÍA, Alberto-José. «La Quinta Verde», Diario de Avisos, (21 de marzo de 1982)
Fénix Palmense, Santa Cruz de La Palma, (11 de enero de 1905)
Germinal, Santa Cruz de La Palma, (1 de abril de 1904), (20 de febrero de 1909), (25 de enero 1910)
Isla de La Palma, Santa Cruz de La Palma, (7 de marzo de 1909)
Islas Canarias, (28 de octubre de 1909)
La Solución, Santa Cruz de La Palma, (22 de febrero de 1904)
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– Idem. Una mujer de leyenda. Leocricia Pestana Fierro, Crónicas Canarias, tomo I, 2005
SUÁREZ BUSTILLO, Jesús. Leocricia Pestana. Aproximación histórica, social y psicológica. Poemas (1853-1926), Madrid, 2010

