Emulando a Luján Pérez de Gran Canaria y a Fernando Estévez del Sacramento de Tenerife, Aurelio pretendía convertirse en el maestro de La Palma. El palmero no había recurrido a los artistas de los siglos XVII y XVIII, sino que se había constituido en un fiel baluarte del pensamiento romántico que tanto había hecho mella en el maestro Estévez, al que Carmona tanto respetaba. No en vano numerosos biógrafos e historiadores han dicho de él que había llegado a ser uno de sus más apreciados discípulos. Precisamente, un gran amigo de este escultor orotavense, el sacerdote liberal Padre Díaz, fue el verdadero impulsor de que Aurelio estudiase en La Orotava y en la Academia de Bellas Artes. Una influencia esteviana que se hace patente en varias obras del palmero, casi "confundiéndose" con su maestro.
Cabrera Benítez escribía que Carmona fue "figura clave dentro del desarrollo de la Isla de La Palma en el siglo XIX". Además, que el maestro había sido "el promotor y baluarte de un sentir meramente palmero". Comparaba el arte del trío de maestros. Por un lado, definía el de José Luján como un "estallido del neoclásico aún con sentir barroco". En cuanto al de Estévez del Sacramento, destacaba su "melancolía hacia ese fértil mundo interior que el artista atesoraba". Por último, calificaba el de Aurelio Carmona como el de "la esencia del carácter propio del natural de esta isla: humilde a la par que arrogante, intimista a la vez que abierto a nuevas tendencias, y sensible a todo lo que le rodea".
Pongamos como ejemplo de arte "carmonista" a la Patrona de Breña Alta, la imagen de la Virgen del Rosario, de la parroquia de San Pedro. La moda de la época dictaba que todo lo que hacía Estévez fuese altamente valorado y sus obras se cotizaban muy bien. Aurelio no era ajeno a esta realidad y se dejaba influir por el gran artista, al igual que otros contemporáneos, como Arsenio y Nicolás de las Casas, José Aníbal Rodríguez…
Aurelio Carmona utilizó fórmulas copiadas del atelier de Estévez en La Orotava. Tanto es así que tuvo la posibilidad de competir con el arte del tinerfeño hasta llegar a esculpir el Niño Jesús de la preciosa imagen de la Virgen del Rosario, venerada en la iglesia de Santo Domingo de la capital palmera, obra sublime de Fernando Estévez. Tuvo como modelo al Niño de la Virgen del Carmen, de también del maestro orotavense, custodiadas ambas imágenes en la vecina parroquia matriz de El Salvador. Fuentes indicaba que "lo concibió en idéntica postura". Proseguía el investigador confirmando que "este dato demuestra la seguridad que tenía de sí mismo y del cierto prestigio de que gozaba entre sus conciudadanos". Ciertamente, Carmona supo cubrir con sobrada maestría uno de los grandes anhelo de sus vecinos al contar entre sus paisanos con "alguien capaz de equipararse a los grandes artistas que desde otras islas, e incluso desde la península o América, enviaban sus obras a los templos y particulares de la capital palmesana y de la isla entera" (Cabrera Benítez)
Es curioso cómo Fuentes Pérez describe el arte de Carmona. Su arte -para este entendido en el clasicismo aplicado a la escultura- carece "de ese gesto de sublimidad, y sus imágenes aparecen desprovistas de fuerza interna, con lo cual quedan reducidas a un modelado correcto a un dibujo cuidado, propio de la Academia de Bellas Artes". Ciertamente Carmona tiende siempre a copiar como recurso último para producir su cada vez más valorada obra. Toca ahora poner en práctica lo aprendido en las aulas académicas. Algunos críticos artísticos han definido a sus imágenes como surgidas de un momento de decadencia y de falta de inspiración, incluso de imaginación. Se ha incluso mentado una frialdad psicológica derivada de un cansancio histórico: "la pasión, el sentimiento, lo sublime, todo eso ha desaparecido". Sin embargo, otros artistas, como el restaurador-imaginero palmero Cabrera Benítez, concluía su recuerdo al maestro en el centenario de su muerte: "podríamos decir que Aurelio Carmona López ha sido el último gran imaginero que La Palma ha tenido, y que sin él no hubiera sido posible buena parte de la reforma estética y estilística que el Señor Díaz impuso en la sociedad insular desde la Parroquia Matriz de El Salvador".
Aurelio no sólo cultivó la imaginería procesional, puesto que La Palma no llegaba a ofrecerle unos pedidos regulares que aseguraran su economía y unos ingresos constantes. Por el contrario, llegó a ser un buen retablista, dadas sus excelentes dotes como carpintero. Un ejemplo es el antiguo trono procesional de Corpus Christi de Los Llanos de Aridane, formado por un sencillo baldaquino constituido por una serie de capiteles corintios. Unas andas confeccionadas en madera de castaño y cedro que habían sido trabajadas en el taller de la capital palmera hacia 1859.
También cultivó la pintura y sus cualidades al respecto se pueden apreciar, aparte de los óleos que se conservan en colecciones privadas, en el que se encuentra en la sala de la sacristía gótica de El Salvador, de 1860, representando al beneficiado Manuel Díaz. En este retrato, óleo sobre lienzo de grandes dimensiones (100 x 200 cms.), lo plasmó sedente, sobre un fondo oscuro para resaltar sus duras y serias facciones. Llegó a presidir el túmulo que se erigió en esta iglesia matriz con motivo de las honras fúnebres del sacerdote.
Realizó al óleo sobre lienzo los retratos de su primo Antonio Rodríguez López (1836-1901) y su esposa Lina Antonia Méndez Cabezola. Es probable que fuese un regalo del artista para la pareja, aunque algunos detalles parecen indicar que el retratista no pudo concluir su trabajo. Se trata del único testimonio visual que ha perdurado de la joven pareja. Hay que destacar que la boda tuvo lugar el 1 de febrero de 1866, fecha de la confección de los óleos, y que Lina Méndez era hermana de Faustino Méndez Cabezola, una de las figuras más relevantes de la época. También se conserva en colección particular el retrato de Antonio Rodríguez López, un óleo sobre lienzo de 1866.
Pintó y doró el retablo mayor de la iglesia grancanaria de San Francisco de Borja, según diseño del artista Manuel Ponce de León.
El polifacético palmero -escultor y pintor- inició, junto a Santos María Pego, el nuevo arte de la fotografía en La Palma. Junto a este amigo fotógrafo instaló en 1863 un estudio en la calle la Cuna (hoy Díaz Pimienta), para quedarse solo más tarde por la ausencia definitiva de su socio.
Carmona trabajó en varios encargos en Tenerife. De esta época son el sagrario del altar mayor y la pareja de Santos Varones de la parroquia de San Juan Bautista de La Orotava. Se trata de una pareja de imágenes de candelero de 1,50 mts. de altura adaptadas y vestidas para los desfiles procesionales de Semana Santa. Confeccionadas en madera policromada, "son dos tallas de poca soltura artística, muy discretas y carentes de originalidad". Fueron estrenados en 1866. Para la misma parroquia llevó a cabo en 1869 la realización de las espléndidas andas procesionales el Santísimo que, erróneamente habían sido atribuidas a Estévez. El Time publicaba: "Hemos tenido el gusto de ver la hermosa basa y sol que nuestro acreditado paisano el artista don Aurelio Carmona ha hecho para la exposición de la Eucaristía en la parroquia de San Juan en la villa de La Orotava. La maestría con que está acabada aquella obra, así como la perfección de su dorado, compite con los trabajos análogos que admiramos importados de Europa; damos, pues, la enhorabuena al inteligente Sr. Carmona le deseamos tenga siempre ocasión de lucir su habilidad artística"

