Este ilustre personaje ha llegado a ser considerado como el escultor más sobresaliente de cuantos nacieron en La Palma en el siglo XIX. Varios historiadores locales han establecido a la familia de Aurelio durante su juventud en el histórico y céntrico barrio de "La Canela" como se conoce al de San Sebastián.
Domingo Carmona Silva -procurador de los Tribunales, e hijo de Domingo Hernández y de Francisca de la Concepción de Silva- contrajo matrimonio con Josefa López Martínez, natural de Santa Cruz de La Palma. Fruto de esta unión nacieron cinco hijos: María de las Nieves, Cornelia, Aurelio, Higinio y Josefa.
Así, en el seno de esta familia palmera de clase media acomodada, nació Aurelio Leandro José Domingo del Sacramento el 13 de marzo de 1826. Fue bautizado en El Salvador tres días más tarde por el beneficiado del templo y su familiar José María Carmona, que desempeñaba el curato de esta parroquia matriz. Su padrino fue José López.
Se cuenta que su niñez transcurrió felizmente en las empinadas callejuelas de su barrio. Compaginaba sus estudios impartidos en las escuelas de los conventos -donde fue discípulo aventajado- con el manejo de herramientas de carpintería en los talleres en los que se trabajaban piezas de carácter artístico. No en vano, aquí se formaron prestigiosos retablistas. Sus primeros maestros eran los carpinteros, de los que aprendió a utilizar las herramientas y a querer y manejar las diversas maderas y materiales. En la primera escuela que conoció la ciudad en 1821 se habían forjado una generación de importantes figuras, como Faustino Méndez Cabezola, Manuel González Méndez, Juan Fernández Ferraz…
Podía así adquirir los conocimientos elementales para su futura ocupación escultórica. Fuentes Pérez, a este respecto, informaba de que fue en estos atelieres "donde descubrió su sensibilidad y su inclinación por la escultura". Este investigador añadía: "… el trabajo de la madera le reveló el secreto de los volúmenes, del modelado y de las formas, de modo que el paso a la talla no supuso mayores complicaciones. Además, al observar los retablistas esculpiendo elementos botánicos, angelotes y personajes bíblicos, pudo conocer mejor la vieja tradición de la imaginería".
Quedaba extasiado ante la presencia de las imágenes religiosas que se veneraban en los templos de la ciudad, excepcionales piezas flamencas, barrocas, neoclásicas… que tanto abundaban y abundan en sus iglesias y ermitas. En su período de aprendizaje pasaba mucho tiempo contemplando y estudiando las efigies, tanto locales como foráneas. Esta afición era compartida también por su hermano Higinio, quien se dedicó también a la escultura.
Sus estudios acabaron en la escuela palmera cuando contaba con tan sólo 13 años y se nutría constantemente con las lecciones y explicaciones de los dominicos del vecino convento de Santo Domingo de Guzmán, extraordinario expositor de retablos, imágenes, pinturas devocionales, techumbres, etc.
En su juventud también dedicó al teatro muchos ratos de ocio e "hizo presencia en escena de varias obras que se representaron en La Palma cuando la ciudad conoció el inicio de su florecimiento teatral a mediados del siglo XIX…" (Pérez García). El desaparecido cronista de la ciudad también nos decía que sus apariciones públicas sobre el escenario gustaban muchísimo al público. Obras en las que participó: Cecilia la cieguita, Los guantes amarillos, La mujer de un artista…
Es probable que en sus viajes a Tenerife y Gran Canaria contactara con diversas escuelas artísticas y sus producciones. Gracias al apoyo obtenido y la adecuada orientación escultórica proporcionada por el polifacético y célebre sacerdote liberal Manuel Díaz -llamado el "Cura Díaz"- visitó en varias ocasiones, tanto la Escuela de Dibujo de Las Palmas -donde conocería directamente la obra del maestro Luján Pérez y las lecciones del escultor Silvestre Bello-, como la Academia de Bellas Artes de San Miguel Arcángel -y la obra de Estévez del Sacramento, Pedro Maffiotte y Lorenzo Pastor, entre otros artistas-.
Contrae matrimonio con María de Las Nieves Pérez Hernández el 19 de abril de 1854 en el templo de El Salvador, en el transcurso de una solemne ceremonia religiosa oficiada por el beneficiado Díaz. Ya casado, establece su domicilio y su taller en la calle Real -hoy O"Daly-, principal arteria de Santa Cruz de La Palma, lo que evidencia una buena posición profesional. Ese mismo año nace su primogénito, Domingo Narciso Antonio Felipe del Sacramento. Más tarde lo harían sus otros hijos: Higinio, Antonia y Josefa.
Recibía pedidos de varios lugares de La Palma, como Puntallana y Los Llanos de Aridane. También en Tenerife. Durante su ausencia de la capital, dirigía el negocio uno de sus discípulos más aventajados, José Aníbal Rodríguez. Sin embargo, quien llevaba las cuentas era su esposa.
Fue muy feliz al presenciar la boda de su querido hermano Higinio casado con Clara Rosa González en 1852. Sin embargo, la muerte de éste seis años más tarde lo dejó sumido en una gran tristeza. Los altibajos sentimentales incidían lógicamente en su producción. Higinio dejaba viuda y tres hijas pequeñas. Luego, falleció su adorado padre dos años más tarde. Otra de las grandes alegrías de su vida fue ser testigo -contando ya con setenta años- del enlace matrimonial de su hijo Domingo con Carmen Pérez Camacho el 1 de junio de 1896.
Viudo e imposibilitado de ejercer su actividad profesional por los achaques de su salud, dejó el taller a sus dos hijos Domingo e Higinio. A las cuatro de la tarde del 12 de mayo de 1901 moría el gran maestro Aurelio a los 75 años. Fue sepultado al día siguiente en el cementerio de la capital.
El arte de Carmona
Con la apertura de la primera Escuela de Dibujo de Santa Cruz de La Palma, establecida en 1840 por el prestigioso pintor y profesor Blas Ossavarry, se inició para el joven Aurelio un mundo repleto de sensaciones y aprendizajes que tanto lo ayudarían en su prolífica carrera de artista. Una de las pocas pinturas que aún se conservan es la bella imagen pintada al óleo de Santa Lucía que forma parte de una alcancía situada junto a la puerta principal de la ermita homónima de Puntallana. Otro pedido fue el conjunto de estandartes con los atributos de la Mártir para el mismo oratorio. Contaba entonces con 13 años de edad. En 1845 encuadernó un libro de oro para la pequeña iglesia y también pintó un escudo de un velo para la única hornacina del retablo del testero, por el que cobraría 4 pesos. Dos años después fabricó dos pequeñas arañas (lámparas) y más tarde unas macetas de charol doradas. Gustaron tanto estas pequeñas composiciones que recibió el encargo de un fanal de madera para iluminar al Santísimo para la parroquial de Los Remedios de Los Llanos de Aridane. Para la ermita de Santa Rosalía de Villa de Mazo, pintó y doró las andas procesionales por lo que recibiría 3 pesos en 1853.
Nos recuerda también Fuentes Pérez que, una de las magníficas obras que Carmona ejecutó cuando sólo contaba con 18 años, y por la que obtuvo muy buenas críticas, fue la pintura y el dorado del sotabanco festivo de la Virgen del Rosario de la iglesia de Santo Domingo de la capital palmera. En la cofradía de esta advocación, el devoto Aurelio llegó a ser nombrado hermano. Habría recibido este pedido gracias al prior de la orden dominica y cofrade mayor fray Juan Antonio del Castillo.

