Santo Domingo de Guzmán, "La Palmita" (III)

LLEGAN LAS HERMANAS

               Era Viernes Santo por la noche, un 19 de abril de 1908, cuando embarcó en el muelle de Las Palmas de Gran Canaria un grupo de religiosas destinadas a la nueva Casa de La Palma. "¡Triste despedida y memorable noche!"

              Después de la larga travesía, desembarcaron en la capital palmera el Domingo de Resurrección. Al cruzar las calles en busca de su desconocida morada, se encontraron con la solemne y multitudinaria procesión del Santísimo Sacramento bajo el palio de tisú y oro, propio de aquella mañana. "¡Jamás pudieron soñar mejor recibimiento!". Esto les sirvió para adquirir las fuerzas necesarias y ascender las cuestas hasta "La Palmita" con ánimos renovados y con una gran ilusión. Sabían que les aguardaba un futuro lleno de privaciones y verdaderas necesidades. Tendrían que hacer frente a un proyecto en el que las rentas serían limitadas. Al tratarse de alumnas gratuitas, la carencia de recursos sería uno de los graves inconvenientes en su nueva vida. "A pesar de ello, el fruto espiritual que veían crecer en las almas, les llenaba de infinito consuelo".

 EL PADRE CUETO

               El anónimo escritor o escritora del Album Historial , a la hora de describir a este personaje tan querido por la Comunidad, se plantea dejar de hacerlo. Le invade una "fuerte sensación de reverencia". Es más, tiene miedo hasta tomar la pluma, "por temor a empequeñecer o desdibujar su originalísima personalidad, obra conjunta de lo que Dios le otorgó liberalmente y de lo que era resultado de su fiel correspondencia a los dones recibidos."

              Una vez pide disculpas, inicia una descripción detallada de sus rasgos físicos: "Exteriormente: estatura baja más que mediana. Frente amplia y despejada; nariz fina, tirando a aguileña, ojos hermosos y llenos de expresión; la boca franca y bien dibujada, pronta siempre a bendecir, consolar, instruir y en último término… corregir…". Continuó ensalzando al prelado a través de sus exquisitos modales; una gran distinción en su porte; gran amabilidad; ausencia de crítica y doblez…; su norma rigurosa era el impedir que se faltara a la caridad en su presencia; numerosas virtudes; vastos conocimientos; etc.

              Así mismo, el doctor Francisco Vega Lorenzo, en  su «Homenaje Póstumo», comenzaba: "El Padre Cueto no fue solamente un santo; el Padre Cueto fue también un sabio y un hombre de refinado gusto literario…el hoy difunto y nunca bastante llorado…". Para terminar con la retahíla de alabanzas y honores, fue nombrado "Hijo Adoptivo de la Ciudad de Las Palmas" y obtuvo la "Gran Cruz de Beneficencia y Encomienda de Isabel la Católica"…

              El Padre Cueto había presagiado con intensa satisfacción el evidente progreso religioso de la sociedad palmera de entonces: "veréis cómo esa tierra palmera ha de producir con vuestro esfuerzo, el ciento por uno; sólo falta quien dé al surco la semilla y la cultive con amor".     

              Un ejemplar religioso dominico que era poseedor de enaltecedores títulos merecidos dentro y fuera de su patria, el "humilde y despreciador de sí mismo".

              Fray José Cueto y Díez de La Maza había sido elegido Obispo de Canarias. "Preconizado por S. S. León XIII, el primero de junio de 1891, recibe por fin el báculo de Pastor", el 27 de septiembre del mismo año.  El prelado se despide de sus amistades y "del amor sincero en cuantos habían tenido por dicha conocerle".  Una de estas obligadas despedidas fue la de su gran amigo el "insigne Cardenal de Sevilla- dominico también-, Fray Ceferino González".  Por la intersección de Su Eminencia, había conocido el Padre Cueto en Madrid,  a la Comunidad de Religiosas de Cristo Rey que, procedente de Granada, se había recientemente establecido en la capital de España. En aquel entonces era la Superiora General una joven religiosa de muy querida "a quien Dios  había madurado en la virtud, llevándola por caminos de prueba y sacrificio nada comunes": Rvdma. Madre Inés de Jesús. Esta religiosa insinuó al Cardenal González la conveniencia de que el Instituto tuviera una fundación en el Archipiélago Canario.

              Después de estudiar detenidamente esta propuesta y, haciéndose cargo el Obispado con los gastos de sustentamiento, gastos de traslado de Cádiz a Canarias, instalación, etc., las cinco religiosas elegidas, con su joven Superiora la Madre María Pilar de la Ascensión (que lo había sido antes de la Casa de Sevilla y luego de Madrid) embarcan rumbo a las Islas.  El Cardenal había dicho de ella al Obispo: "Sepa que se lleva Vd. una alhaja". Contaba tan sólo con 28 años.

              Así dio comienzo el asentamiento de la Comunidad en Canarias. Se encontraron con que la casa que les habían prometido en Las Palmas, bien por negligencia o por confusión, o por lo que fuera, estaba llena de telas de araña, con maderas apolilladas, humedades y desperfectos, etc. No era apta para ser habitada. Gracias a las Hijas de San Vicente de Paúl tuvieron sitio donde permanecer mientras se les acondicionaba un recinto. "Además, les atormentaba invencible repugnancia recordando que dicho edificio – Hospital de San Lázaro-, estaba habitado por leprosos…".  Después de numerosas vicisitudes y penurias, lograron fundar "el Colegio de San José", en 1891.

              "Cumplidos los requisitos legales exigidos por los Sagrados Cánones y por la timorata conciencia del Prelado, instruidas suficientemente las religiosas en las nuevas prácticas y obligaciones, quedó designado DOCE DE JUNIO de aquel año MIL OCHOCIENTOS NOVENTA Y CINCO, para la solemne vestición del Santo Hábito Dominicano, de tan significativos colores. El blanco de una vida inmaculada, el negro de la abnegación y penitencia, envolvería desde ahora sus cuerpos, enriqueciendo sus almas con la abundancia de gracias a él vinculadas". Este solemne acto tuvo lugar en la histórica iglesia de Santo Domingo de Las Palmas, donde una gran multitud "y el pueblo todo de Gran Canaria, guardó en el archivo de sus mejores recuerdos, este día feliz, en el que la Sagrada Orden de Predicadores daba al mundo una nueva Congregación, depositándola en el corazón de Canarias".         

MADRE PILAR, PRIORA

               Una vez realizadas las fundaciones de La Laguna y Santa Cruz de La Palma, se procedió a la elección formal en el seno de la Congregación de religiosas, de una "cabeza que las rija". Finalmente, fue reconocida y reconocida como "Priora General de la Congregación de Religiosas Dominicas de la Sagrada Familia de Canarias, la infatigable Madre Pilar". Esto sucedía en abril de 1908. Sor María Pilar de la Anunciación tenía "en el mundo", el nombre de María de Los Dolores Prieto Vidal. No resultarían vanas las palabras del Cardenal Arzobispo de Sevilla… "Verdadera alhaja, joya de estimable valor había traído a Canarias su piadoso Obispo…"

              El Padre Cueto, como popularmente se le llamaba, había aceptado el encargo del otorgante y en cumplimiento de su voluntad, dispuso que fuese la Comunidad de Religiosas Dominicas Terciarias de la Enseñanza las que se hicieran cargo de la fundación "para que rijan, gobiernen y administren el expresado establecimiento con el mayor celo e interés y con plenitud de facultades, con encargo de cumplir estrictamente lo ordenado por el testador".

              La descripción que se hacía de Madre Pilar en el «Homenaje a la memoria de sus Fundadores» comenzaba así: "No es fácil hallar entre las más insignes Fundadoras de Institutos Religiosos, una figura que, como la de nuestra amada MADRE, abarque por entero toda una serie de cualidades, suficientes por sí mismas para hacer su recuerdo imperecedero".

              Cada uno de los días había sido para ella de absoluta entrega al cumplimiento de sus deberes y a la fiel observancia de aquellas Santas Reglas y Constituciones abrazadas al hacer su profesión religiosa dentro de la Orden. Sin tener en cuenta los estragos que su debilitado corazón enfermo producían las prolongadas circunstancias de falta de cama, de alimentos adecuados, de frío, humedad, polvo y otras contingencias, su gran entereza ante las dificultades, la hacían muy querida y venerada por sus religiosas y alumnas. Una mujer de gran inteligencia y vastísimo saber, con una facultad muy personal de transmitir estos dones de una forma muy asequible a la mentalidad de sus discípulas, "quienes se desvivían por acudir a su cátedra". Su simpatía y alegría natural la hacía ser muy atractiva ante los ojos de las alumnas. Éstas querían incluso imitarla en todo. Una mujer de gran distinción y nobleza, de gran talento, con un «don de gentes» maravilloso, de firmeza inquebrantable, de rectitud ejemplar, de singular ternura, de celo infatigable, de espontaneidad consoladora… "Fue mártir sin derramamiento de sangre y no dudamos que en el cielo se le concedería, como a tal, gloriosísima corona".

              Sería interminable la enumeración de méritos con los que era alabada por sus Hermanas, alumnas y por las numerosas personas que la trataron. Así, se decía que nadie podía olvidarla después de haberla conocido. Su gran deseo de abrir escuela en las Américas fue hecho realidad, aunque después de su muerte. "Con alas de águila cruzó los mares y vino a posar su planta en estas Islas que no la olvidarán jamás".

 

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