"Que en la mañana de hoy, en la Rambla de Cuba, previo expediente canónico y con autorización legal, se procedió a coronar solemnemente a la imagen de Nuestra Señora de Las Nieves, trasladada ayer desde su Santuario hasta la Ermita de La Encarnación; y en un altar levantado para celebrar los sagrados oficios, a presencia de una muchedumbre de esta ciudad, pueblos de la isla y fuera de ella, el Nuncio de Su Santidad y Arzobispo de Lepanto, Excmo. y Rvdmo. Señor don Federico Tedeschini y Serina, con especial delegación pontificia para este acto, procedió a entregar las dos coronas de oro y pedrería, previa su bendición, a las autoridades eclesiásticas, civiles y militares de este territorio, Iltmo. Señor Obispo de esta Diócesis, Fray Albino González y Menéndez Reigada; don Blas Hernández Luján, Delegado del Gobierno en esta Isla, que tiene la representación para este acto de Su Majestad el Rey…
Al hacer la entrega se exigió por el Delegado Papal a las autoridades sobredichas el juramento de que las coronas serán fielmente custodiadas y no se podrán destinar nunca a otros usos que aquellos para los cuales se consagran solemnemente"
Acta notarial de Federico López y Martín-Romero
22 de junio de 1930.
SIMBOLOGÍA. LA CORONA
Desde la antigüedad, el arte sacro se ha recreado en la corona de la Virgen María de forma intencionada y la ha resaltado para que ningún observador quede impasible ante su visión. A través de la pintura, la escultura, la joyería, la orfebrería, etc., nos llega una multitud de fabulosos ejemplares de diademas y coronas de todo tipo, aureolas, nimbos, mandorlas y halos de dispares proporciones para dignificar las grandezas y glorias de María, "Reina y Madre". Desde el Apocalipsis ya se nos dice que "apareció una figura portentosa en el cielo. Una mujer vestida de sol, la luna por pedestal, coronada de doce estrellas". (Ap. 12,1)
En la iconografía de los santos, la corona era atributo y complemento de la indumentaria en los personajes reales. También los artistas medievales ponían coronas de princesas a las vírgenes y mártires más ilustres; otras veces las adornan con coronas de rosas u otras flores.
Desde antiguo, el pueblo cristiano invoca a la Virgen María para que interceda ante Dios ante cualquier dificultad o problema, venera sus imágenes, ora ante ellas, las adorna con "flores, luces, mantos, joyas y ex votos, las lleva en procesión y las corona con coronas de gloria, talladas y esculpidas en la imagen, o postizas, añadidas a ella como complemento necesario de especial significación". (Mons. Iguacen)
La corona es símbolo de realeza y de poderío; es premio, galardón y recompensa; es victoria, signo de esperanza, de honor, de dignidad, de grandeza, de martirio, de santidad, etc. Hay coronas confeccionadas con los más fabulosos materiales, como oro, plata, piedras preciosas, diamantes, perlas… Como nos aclara Mons. Damián Iguacen, "esto no es para escandalizarse, sino para hacernos pensar que todo lo que pertenece al culto divino ha de ser, en verdad, digno y bello, signo y símbolo de las realidades celestiales".
Aun hoy en día, el impresionante joyero y tesoro de Nuestra Señora de Las Nieves, sin parangón en el Archipiélago, se incrementa constantemente con los obsequios que le hacen de dentro y fuera de nuestras fronteras insulares, en agradecimiento por los favores recibidos. Como nos decía Alberto-José Fernández García, estas alhajas y valiosas dádivas "han sido prueba del amor filial de un pueblo"… Estas joyas son, en definitiva, muestras de cariño, señal de respeto y, sobre todo, ofrendas o ex votos con las que se pagan las promesas cumplidas hechas durante algún problema o dificultad.
"Sobre el altar, este día / de aquesta peña radiosa,
sangre de Dios milagrosa/ riega el jardín de María;
y Ella que al cielo extasía/ y al mundo pasma en belleza,
paga en amor la nobleza/ con que su pueblo la adora,
siendo en la tierra que mora/joya de eterna grandeza"
Carro Alegórico y Triunfal de 1920
Lota España (Lolita González Pérez)
LA CORONACIÓN
Dirigía el Obispado de esta Diócesis Nivariense Fray Albino González y Menéndez Reigada, gobernaba la Iglesia S.S. Pío XI y España, S. M. Alfonso XIII. Alberto José Fernández García nos recuerda con estas palabras aquellos históricos instantes cargados de gran emotividad: "este gran deseo de todos los palmeros fue una realidad en la espléndida y luminosa mañana del 22 de junio de 1930. En este día, una vez terminado el pontifical, el Nuncio de S.S. en España y arzobispo de Lepanto, el Excmo. y Rvdmo. Don Federico Tedeschini y Serina, más tarde príncipe de la Iglesia, coronó canónicamente a la Virgen y el Niño (…) En las dos piezas está representada, de una manera especial, la más alta y sublime expresión de fe y cariño que los hijos de La Palma han tributado, desde siempre, a su querida Virgen de Las Nieves. Actuaron de padrinos en la ceremonia doña Rosario Becerra y Cosmelli y don Tomás Sotomayor y Pinto…"
Fue precisamente aquella dama quien había donado todas sus joyas a la Virgen para que fueran invertidas en la corona de oro, brillantes y esmeraldas que había de ponérsele en esta ceremonia. El historiador palmero también nos informa de que "ello, juntamente con los donativos de los hijos de la isla, hicieron realidad las ricas coronas del Niño y de su Madre".
Una de las magníficas alhajas que aún conserva la imagen es la preciosa pieza en oro y esmaltes en forma de lira, regalada por la misma mecenas, María del Rosario Becerra y Cosmelli en 1940 y que la Virgen lleva adherida a su rico manto triangular en las festividades más importantes, como, por ejemplo, la "Fiesta de Las Madres", la "Fiesta de Las Nieves" (ambas anuales) y las Fiestas Lustrales de la "Bajada de La Virgen" (que, por cierto, este año cumple su 67 edición). Como decíamos, fue la ilustre viuda de Cosmelli y Sotomayor, elegida para apadrinar, junto con el primo de su difunto esposo Tomás Sotomayor y Pinto, Gentilhombre de Cámara de S. M. El Rey, la Coronación de la Patrona de La Palma.
El actual Rector del Santuario, don Pedro Manuel Francisco de Las Casas, en una publicación hecha por el Santuario a raíz de las "Bodas de Oro de la Coronación Canónica de Ntra. Sra. de Las Nieves", en 1980, nos informaba de lo siguiente: "Pero – y lo decimos aquí porque nos parece de justicia histórica-, si de alguien en particular había partido la idea, éste fue el presbítero palmero, Monseñor don José Crispín de Paz y Morales, Rector del Santuario y Capellán de la Virgen entre 1903 y 1924, feliz y unánimemente compartida iniciativa recogida por su sucesor, don Antonio Pérez Hernández, Párroco de Las Nieves entre 1924 y 1959…" Don Pedro también informaba acerca de la trascendencia que había tenido la actividad desplegada por la "Junta de Señoras Pro-Coronación", presidida por doña Emilia Morales González, viuda de Pinto de la Rosa, quien también ofreció "un importante acopio de limosnas y de joyas".
La primigenia "Rambla de Cuba" -hoy "Avenida de El Puente" de la capital palmera- acogió la tan anhelada Coronación Pontificia de la Patrona de La Palma y los Palmeros en una preciosa mañana del 22 de junio de 1930. Se hizo realidad el sueño.
La Virgen había pernoctado en la Parroquia de La Encarnación la noche anterior, después de haber descendido desde su Santuario del Monte por los Caminos Reales de La Dehesa y de El Planto. Por la mañana había entrado triunfalmente en el casco histórico de Santa Cruz de La Palma, con la sucesión del "Diálogo entre el Castillo y la Nave", la tradicional "Loa" en la Plaza de España y el Pontifical. "Y fue dentro de esta solemne celebración litúrgica, tenida al aire libre, en estrado y ante altar elevado al efecto– como nos recuerda el Rector don Pedro Manuel-, y en presencia de una muchedumbre de más de 30.000 personas, dato éste recogido en la crónica que nos ofrece el Boletín Oficial del Obispado de Tenerife (Julio-Agosto de 1930, páginas 254-264). En este documento se decía: "reunida, con el corazón rendido de amor para festejar a la celestial Patrona, la mitad aproximadamente de la población total de la Isla…".
Quedó perpetuado aquel emotivo acontecimiento con las primeras imágenes cinematográficas de "La Morenita", captadas por Emilio Carrillo con su cámara de ocho milímetros. También fue escenario de otro cálido recibimiento, treinta y tres años después, en 1963, cuando la venerada efigie recorrió todos los caminos insulares a fin de recaudar fondos para el Seminario Diocesano.
Hasta nosotros han llegados varias instantáneas de aquellos momentos en los que todo un pueblo, vestido con las mejores galas, se arremolinaba en "El Puente", para actuar como testigo de excepción ante un hecho sin precedentes en nuestra Isla. Las damas con delicadas pamelas, portando sombrillas y los caballeros con sombreros, se cubrían de los rayos del sol mientras tenía lugar la ceremonia solemne de la Coronación de su Patrona. Tanto aquella avenida, las calles adyacentes, como todos los balcones de los edificios colindantes, aparecían repletos de feligreses y ciudadanos que giraban sus miradas hacia la esquina de la Calle "Pérez Volcán" en la confluencia con "El Puente", a espaldas de la Parroquia Matriz de El Salvador.
Un gigantesco toldo alargado, de bordes dentados y redondeados, cubría a modo de palio una buena parte de la zona elegida para levantar el efímero altar. Su sombra también resguardaba del sol a todas las personalidades y afortunados feligreses de las primeras filas. En un sitio predominante se hallaban entronizadas las andas de baldaquino de plata de la Virgen, la imagen mariana más antigua del Archipiélago y "el vestigio más remoto de nuestra ubicación en la civilización cristiana y la cultura occidental" (decía el actual Rector del Santuario). Delante del bello trono con la Virgen se situaba la mesa del altar.

