El Señor de la Caída (y II)

LLEGADA DE LA IMAGEN

                    Por fin, el 19 de noviembre de 1753 llegó la tan anhelada imagen a la capital palmera, produciendo en todos, según escribe Nicolás Massieu y Salgado, la mayor admiración: "las esculturas y demás encargos de la hermita de mi tia llegaron después de tantas demoras y se desembarcaron aier sin auería de concideración. La ymagen es peregrina y ha suspendido a todos y de resto lo demás con acertada elleción que reconocemos a el acierto y cuidado de Vuestra Merced."

                   Sin embargo, doña María, que había quedado completamente ciega desde 1748, no pudo tener la dicha de contemplar la imagen por la que tanto había suspirado, y "por no poder mirar a nuestro señor con los ojos corporales vivo muriendo en esta pena". Así lo había dicho a su hermano en carta fechada el 20 de febrero de 1754.

                   Como alivio ante tanta desgracia, la venerada imagen fue instalada en la casa de la fervorosa dama hasta que la ermita estuviera completamente acondicionada. Fue delicadamente colocada en una habitación contigua a la del dormitorio de la aliviada doña María. Pero, a pesar de ello, "la total falta de vista y la torpeza en todo el cuerpo le impedían mantenerse en pie para que de mano me pazen al otro quarto en donde está el señor y aunque hize un carrito para me llebaran en él no me ha seruido".

 CULTOS EN LA ERMITA

                    El Viernes Santo tenía lugar el "Sermón de los Filósofos", a la entrada de la procesión del "Crucificado". Después se iniciaba el llamado "de las tres horas" o de las "siete palabras". Se inició en 1780  en la antigua ermita de San Telmo (ya edificada en 1574) gracias a la iniciativa del sacerdote ejemplar Francisco de Paula Camillón y García de Aguilar. Más tarde lograría celebrar este acto en la ermita del "Cristo de La Caída", de la que era capellán. También consiguió del teniente coronel Nicolás Massieu la construcción de las imágenes propias para la solemne ceremonia: un "Crucificado" (tallada y policromada de 2,20 mts), "Dimas, el Buen Ladrón" y "Gestas, el Mal Ladrón". El primero fue obra del escultor palmero don Marcelo Gómez Rodríguez de Carmona (1725-1791), el que presenta una "posición un tanto forzada pero logró el artista obtener en su conjunto un patetismo que mueve a devoción".

                   Un Cristo muy venerado por Nicolás Massieu y Salgado, escritor y poeta, caballero de los más significados de la ciudad en el siglo XVII. Fue sucesor en los vínculos de sus tíos María Josefa y Manuel Massieu, además de profeso de la Orden de Santiago, Regidor Perpetuo y Alguacil Mayor del Santo Oficio en La Palma, Teniente Coronel de Regimiento de Milicias y Gobernador Militar de La Palma. Falleció en las casas del mayorazgo el 19 de junio de 1791 y fue enterrado en la bóveda de la ermita de La Caída. Este deseo de reposar eternamente en la querida capilla fue seguido por otros miembros de la familia. Como nos recuerda el cronista don Jaime Pérez García, también  Pedro Massieu y Sotomayor, hijo de don Nicolás, dispuso enterrar allí a dos de sus hijos, Ramón y Miguel, muertos a los pocos meses de nacer, en 1796 y 1798, respectivamente.

 EL FIN DE LA ERMITA

                    Con la ausencia de Nicolás Massieu Salgado y Sotomayor, Diputado a Cortes por Canarias en las Cortes de Cádiz de 1810, las casas principales y ermita del mayorazgo entraron en un proceso de ruina y deterioro motivado principalmente por no invertir dinero en unas "fincas de las que sólo era usufructuario vitalicio sin posibilidad de enajenación". Con siete hijos, no se encontraba capacitado para iniciar la reedificación de las antiguas casas en las que "se hallaban en ellas la iglesia o ermita en que se venera la milagrosa imagen de nuestro Señor en el misterio de su caida con la cruz a cuestas de la cual iglesia somos patronos", que amenazaban ruina por su antigüedad. Por ello, solicitó permiso para vender una casa que le correspondía como poseedor del vínculo instituido por su tío abuelo Manuel Massieu y con su importe proceder a la reparación. Practicada la información con resultado favorable, el 23 de septiembre de 1802, la Justicia Real de La Palma, autorizó la "enajenación para atender al asunto planteado".

                   A poco de llevarse a cabo esta operación, el 19 de noviembre de 1804, un rayo derrumbó la espadaña de la ermita hasta la altura de las campanas. Un extraño suceso natural que conmocionó a la población y que fue recibido como indicador de malos augurios entre los vecinos.

                   Veintitrés años después, durante la noche del 18 al 19 de diciembre de 1827, cuando vivía en las casas doña Mariana -hermana del propietario-, un voraz incendio que comenzó en casa de Nicolás Massieu redujo a cenizas la ermita, su casa y cuatro más, en las calles Santiago y Trasera. Alberto- José escribía que, el desastre fue según se decía,  "provocado por descuido de una sirvienta de la casa que dejó una vela encendida dentro de una alacena de madera". Se extrajeron las imágenes que en ella había y se depositaron en El Salvador.

                   El fallecido historiador palmero Fernández García, nos sigue informando de que "se cuenta de esta talla que, cuando se incendió la iglesia de Nuestro Señor de La Caída, al no poder ser librada por la rápida propagación de las llamas, alguien tuvo la feliz y espontánea idea, llena de fe, de encenderle dos velas, y asombro grande fue ver que la catástrofe había destruido todo, incluso las esculturas de los dos ladrones, menos la figura del Redentor que apareció intacta". Las dos imágenes del "Señor"  fueron milagrosamente salvadas.

                   Las casas y ermita quedaron arrasadas y el poseedor del mayorazgo "no las reedificó por su calidad de vinculadas ya que habían de pasar necesariamente a su primogénito en detrimento del resto de sus hijos".

                   En Las Palmas, ante el escribano Manuel Sánchez, el 9 de julio de 1857,  Rafael Massieu Béthencourt vendió a José Moreno "un sitio ruinoso en que se halla una casa y ermita en la calle real de esta ciudad con la que linda al poniente" por precio de 15.000 reales vellón.

 NUEVA UBICACIÓN DEL "SEÑOR".

                   Desde allí el "Cristo de la Caída" fue llevado al oratorio privado de la finca "Quinta Verde", propiedad del distinguido señor don Nicolás, luego a la hoy desaparecida ermita de San Francisco Javier, donde permaneció brevemente y, finalmente el 18 de julio de 1846 al extinguido convento de La Inmaculada, hoy San Francisco, una vez el retablo hubo sido acondicionado.  

                   Nunca  se llevó a cabo su entronización en el antiguo templo del Hospital de Dolores, hoy Teatro Chico, que ya estaba cerrado al  culto por haberse trasladado al Convento de Santa Clara de monjas franciscanas. Este cenobio había sido erigido junto a la antigua ermita de "Santa Águeda de Catania", Patrona de la Ciudad.

                   A pesar de que se obtuvo autorización del obispo Joaquín Folgueras Sión, mediante Decreto episcopal del 19 de octubre de 1840, la milagrosa imagen nunca llegó al nicho central del altar mayor como estaba previsto. A ello se opusieron las Instituciones que llevaban la administración del establecimiento.

                   El solemne traslado procesional del Cristo a San Francisco se hizo en cumplimiento de lo dispuesto por el nombrado obispo doctor Folgueras y Sión en Decreto de 12 de noviembre de 1845, "comisionando para ello al presbítero don José Manuel Cabezola y Pérez de Mesa (1775-1850)". Fernández García también nos informa de que, la venerada talla fue llevada desde la "Quinta Verde" hasta El Salvador el 17 de julio, y al día siguiente salió hacia San Francisco acompañado de Clero y Hermandades y en aquel templo se le hizo una suntuosa novena.

                   El retablo donde se hallaba colocado fue donado por Felipe Manuel Massieu Van Dalle y Massieu, con el que se sustituyó el antiguo de piedra. Allí se encontraba la titular del cenobio, la fabulosa talla flamenca de la Inmaculada Concepción, advocación mariana a la que se dedicó el monasterio, en cuyo frontis tenía esculpido, y tiene, el escudo real de España, otorgado por la Reina Juana en los años de su fundación.

 SU RETABLO

                    Poco antes de marcharse los monjes franciscanos, el altar mayor había sufrido un incendio en 1832, por lo que el magnífico retablo anterior de Andrés del Rosario estaba completamente arruinado. Las imágenes fueron rescatadas prodigiosamente. El fuego, que se había iniciado en la sacristía, no prosperó hacia el resto de la iglesia. Afortunadamente el templo se salvó. Tan sólo quedaron inútiles o se perdieron algunos enseres y  muebles de aquélla, la puerta de acceso -algo más retrasada-, y el balcón tribuna, del que sólo queda, cerrado con una vidriera, su hueco.

                   Hasta hace unos años presidía el magnífico retablo mayor del ex cenobio. Su ubicación allí tuvo lugar tras la obra de ampliación de la hornacina central para poder adecuarla al tamaño de la efigie en 1848. Para ello, la imagen de "San Francisco de Asís" fue retirada del mismo y colocada en otro altar neoclásico, fruto de las muchas reformas que Manuel Díaz -Beneficiado de El Salvador- realizó en este templo. Corrió con sus gastos el Patrono del "Señor de la Caída" el coronel Nicolás Massieu, vecino de Las Palmas de Gran Canaria.

                   El profesor Alonso Trujillo Rodríguez, en su detallada obra acerca del retablo barroco en Canarias, nos informa acerca de aquél: "El retablo mayor del exconvento de San Francisco, en Santa Cruz de la Palma, se individualiza casi únicamente por poseer en sus calles laterales lienzos en vez de hornacinas, y porque sus columnas ostentan un fuste cuyos dos tercios superiores van provistos de estrías ondulantes. Parece que recibió alguna reforma en su nicho principal hacia 1846". 

                   Muchas de las partes que se veían en blanco eran zonas estucadas, preparadas para dorar pero que nunca, probablemente por falta de dinero, recibieron el pan de oro necesario. El ático estaba formado por una alegoría al Santísimo Sacramento realizado por el propio Cura Díaz. El diseño correspondía a su amigo el famoso arquitecto don José Joaquín Martín de Justa y fue estrenado el 6 de julio de 1848. El techo -preparado para ser decorado al fresco por igual motivo que el retablo- nunca fue acabado, por lo que era "un simple enlucido de ripia blanca que tapaba el artesonado, o más bien, sus restos".

                   Después, incomprensiblemente, se desmontó el retablo mayor siguiendo las sorprendentes y polémicas instrucciones del fallecido y recordado párroco Juan D. Pérez Alvarez (1931-1996), para así armar en su lugar el de la cercana ermita de San José, desde donde fue trasladado.

                   Actualmente se trabaja en un nuevo retablo mayor, de acuerdo con aquél desaparecido. Se pretende devolver a su sitio el del templo de San José y entronizar al "Cristo de La Caída" en el lugar de donde nunca debió sacarse.

 SU PROCESIÓN

                    En la actualidad, su solemne procesión tiene lugar en la noche del Miércoles Santo de la suntuosa Semana Santa de la capital palmera, en la que se ha convertido en una de las más multitudinarias manifestaciones del fervor popular en la ciudad y en la Isla. Esto da una idea de que se trata de una de las efigies sacras de La Palma que cuenta con mayor devoción.

                   Durante la misma tiene lugar al emotivo "encuentro" en Plaza de La Alameda, junto a la Cruz del Tercero, donde la "Verónica" se inclina para emular el momento en el que enjuga el rostro ensangrentado y sudoroso de Jesús con el lienzo blanco. Es en ese preciso instante cuando un cofrade manipula el paño y aparece la faz de Cristo impresa en ella. Arrecian los tambores y las trompetas y arranca nuevamente la procesión con cansino paso bajo la trémula luz de los cirios y  el escalofriante sonido producido por el arrastre de las cadenas de los capuchinos.

                   Esta procesión llegó a salir a la calle en la mañana del Jueves Santo. Así lo recoge el Diario de Avisos de 31 de marzo de 1928 (por ejemplo): "A las siete de la mañana saldrá procesionalmente la hermosa efigie de Nuestro Señor de la Caída…" Luego pasó a ser por la tarde. Allí se publica, el 9 de abril de 1954, que la procesión tiene lugar a las 14:30 de ese día. Más tarde, en el mismo periódico el 11 de abril de 1963, se lee: "Jueves Santo: A las 3,30 procesión del Señor de la Caída…"

                   Participan en el desfile procesional acompañando al "Santísimo Cristo" las imágenes de "San Juan Evangelista" (obra del palmero Aurelio Carmona López, de 1863), la mencionada "Verónica" (de Andrés Falcón San José) y la "Dolorosa" (obra de Nicolás de las Casas Lorenzo, de 1866), estas últimas pertenecientes a la Venerable Orden Tercera.

                   En el periódico El Time (de 8 de abril de 1866) se lee: "A propósito de la Semana Santa debemos hacer aquí mención de la nueva efigie que en ella hemos tenido el gusto de ver colocada en la iglesia parroquial el día viernes. Nos referimos á la Imagen de la Virgen de los Dolores, ejecutada por nuestro hábil paisano y amigo, don Nicolás de las Casas Lorenzo, que creemos merece los mayores elogios , pues en los pocos ensayos que dicho señor ha hecho en el arte de la escultura ha dado á conocer sus disposiciones para él, y especialmente en el trabajo de la efigie de que nos ocupamos, que en nuestra escasa inteligencia juzgamos de más mérito que la de Jesús en Getsemaní, obra del mismo Sr. de las Casas . Le felicitamos por ello, y deseamos prosiga ocupándose en obras de esta naturaleza. Según tenemos entendido, el indicado Sr. de las Casas ha hecho la referida Imagen con objeto de donarla para la capilla de la V.O.T. de esta ciudad. Digna es también de elogio esta generosidad". 

                   Este piadoso y multitudinario acto del "encuentro" había sido establecido por esa Orden Franciscana Seglar (como ahora se le conoce) con la talla adaptada de una "Santa Margarita de Cortona"-imagen de su propiedad y salida de la gubia del polifacético Carmona-, ya que no se contaba con una "Santa Verónica".

                   En 1960 dejó de hacerse por no ajustarse la imagen al acto que se preparaba. Por ello, un familiar de Felipe Massieu Tello de Eslava le sugirió la idea de "adquirir una Verónica haciendo petitoria entre sus familiares los descendientes de dicho señor, que era sobrino de la fundadora, y de esa forma se obtuvo la talla que comenzó a salir el siguiente año, siendo la nueva figura de bella factura, obra del escultor Andrés Falcón San José, y decorada por don Manuel Arriaga Beroa". Esta bella imagen de tamaño natural fue finalmente costeada gracias a la acción popular organizada por el propio historiador palmero Fernández García.

                   En la edición de 1999 se rescató, afortunadamente, la tradicional y teatral escena.

                   Antiguamente salía a las dos y luego a las tres de la tarde del Jueves Santo. Su primer desfile en nuestra Semana Santa fue en 1920, llevándose a efecto por el Capitán José Acosta Guión. Más tarde lo hizo en 1922 y 1928, hasta que definitivamente sale en 1942. Alberto-José también nos informa en 1963 de que "los gastos, al principio, fueron costeados por diversas personas de la ciudad, hasta el presente que corren a cargo de la Casa Comercial de la misma "Juan Cabrera Martín, S.A.". La procesión se trasladó al Miércoles Santo y con el horario actual de las diez de la noche en 1972.

 SU COFRADÍA

                    La "Cofradía de La Pasión" es, desde su fundación el 1 de marzo de 1956, la titular del paso, nacida para, entre otros fines, dar impulso al culto público y tiene como principio de su devoción la contemplación y meditación de los Misterios de la Pasión. También ha aparecido en alguna publicación el año 1949 como fecha de institución.

                   Aunque se disolvió en 1973, se volvió a constituir como Hermandad de Penitencia masculina en 1981. Esto fue debido a la iniciativa de unos jóvenes universitarios, animados por el párroco del momento, Juan Pérez Álvarez. En la edición del año 2000 la formaban treinta cofrades.

                   La insignia originalmente era una cruz blanca inserta en un escudo con el fondo morado, vistiendo capuchón o capirote y sotana blancos y capa morada. Los zapatos eran negros. El estandarte actual de la Hermandad data de los años 60, aproximadamente, y, aunque su estado de conservación es bueno, es necesario acometer la restauración de algunas partes.

                   A la Cofradía podían acceder como miembros tanto adultos como niños. Estos últimos, hasta que cumplieran la mayoría de edad eran novicios y vestían sotana y capuchón blancos. En esta segunda etapa, asume el cargo de Hermano Mayor don Carlos Cabrera Matos. La cofradía se configura como una hermandad principalmente de jóvenes, pudiendo incorporarse a la Hermandad a partir de los 18 años.

                   Siguiendo con los datos que aparecen en su premiada página virtual, "años más tarde, atendiendo a la razón de la posible ruptura de los lazos de la fe en los años de la adolescencia, se creó la figura de  la "Precofradía", dependiendo directamente de la Cofradía, vistiendo hábito  y capuchón blancos. Podían ser miembros de la misma desde los 15 años, y permanecer en ella hasta los 18, momento en que ingresarían en la Cofradía como miembro de pleno derecho. La Precofradía vestía hábito y capuchón blancos y en un número de 14 portaban en la calle cruces de penitentes, recordando las 14 estaciones del Via Crucis".

                   Como órganos de gobierno interno se reconoce una Junta General (compuesta por todos los miembros de la Cofradía, siendo éste el máximo organismo decoroso con potestad legislativa), una Junta Directiva (órgano jerárquico y colegiado constituido por el Hermano Mayor, el Vicepresidente, el Secretario, el Tesorero y los Vocales) y un Director Espiritual.

                   Ésta es la fórmula aplicada para la Promesa del Cofrade: "Yo (nombre), ante la Comunidad Parroquial prometo: ser fiel a los ideales cristianos, defender y difundir la fe con mi vida, mis obras, mis palabras, cumplir fielmente el estatuto de la Cofradía, normas, disposiciones, así como el derecho de la Iglesia, y a intentar mejorarme y mejorar a la Cofradía mediante la vivencia en común de la fe. Para ello, ruego a vosotros, Hermanos, y a toda la Comunidad Parroquial, que me alentéis con el ejemplo de vuestra fe, y a Dios, mayor disposición para seguirle". 

                   Es loable la actuación llevada a cabo por este grupo de jóvenes devotos involucrados con nuestras tradiciones más profundas.

                   Actualmente también toman parte en la procesión otras cofradías: "Nuestro Señor de la Caída" (desde 1984, con sotana roja y toca beige), "Niñas y Niños de Hosanna" (con túnica azul y toca blanca), "Cargadores de Nuestro Señor del Huerto" (sotana blanca y capuchón verde) y "Nuestra Señora de los Dolores" (vistiendo túnica de color granate y manto azul oscuro).

  SUS ANDAS

                    Las antiguas andas del Señor que se utilizaban eran las de la "Virgen del Carmen" de El Salvador. Después fueron adquiridas otras en 1960 procedentes de La Orotava con la ayuda de la "Casa Cabrera".

                   A este pesado trono se le incorporó en la misma época unos grandes y magníficos faroles de plata elaborados en talleres sevillanos. Fueron retirados en la década de los 90 y se colocaron en su lugar unos fanales, debido a que, en parte, las dimensiones de las andas así lo aconsejaban. Con estos más pequeños, la figura íntegra del Cristo podía ser admirada en todo su esplendor.

                   Debido al mal estado de las últimas andas que portaban al Cristo, motivado por el ataque de insectos xilófagos, en el año 2003 fueron sustituidas por otras nuevas. Éstas son más grandes y fueron construidas sobre un esqueleto de aluminio y forradas de madera de sapelli, imitando el diseño de las antiguas. No obstante, las dimensiones exteriores se modificaron en un metro más de largo y cuarenta centímetros más de ancho, para adaptarse a las medidas de la imagen. Tienen tres varales de madera para ser llevada a hombros por doce cargadores.

                   Del antiguo trono se pudieron utilizar algunos elementos, como la peana donde descansa la imagen, los adornos laterales de las andas y los soportes para los faroles. Éste fue el primer proyecto de la actual Junta Directiva de la Cofradía de La Pasión.

                   Una vez estrenadas las nuevas andas, los antiguos faroles plateados volvieron a ser afortunadamente incorporados.

 LOS ÁNGELES

                    Como novedad en las últimas ediciones, se estrenaron las esculturas de ocho "ángeles niños" que, en grupos de dos por cada esquina del trono, se fijaron en la base de los faroles de plata. Desde hace años existía un proyecto que no había visto la luz y que era la incorporación de cuatro ángeles que custodiaran al Cristo de la Caída. Finalmente, aquella aspiración se materializó, aunque con algunos cambios.

                   Son obra del imaginero y restaurador Domingo Cabrera Benítez. Según palabras del artista al hablar de sus pequeñas figuras, éstas "acompañan (de manera desenfadada algunos y con actitud algo afectada otros) al Cristo de La Caída cada Miércoles Santo flanqueando las esquinas de su paso al Señor". Nos informa así mismo de que "se estrenaron en la Semana Santa del año 2004 con la única finalidad de servir de adorno al conjunto de las andas, y nunca con la intención de participar de la escena que representa el Cristo, de ahí su reducido tamaño y el cromatismo de la policromía en tonos tierras aplicados con pincelada suelta". Continúa diciendo que "con ese efecto se consigue el fin deseado: realzar la figura Cristífera con el empleo de un tratamiento distinto al que presenta la imagen del Redentor".             

 NOVENA DEDICADA AL DULCISIMO JESÚS DE LA CAÍDA

                    En este opúsculo de 1764, obra de don Nicolás Massieu Vandale y Salgado, y reimpreso en Cádiz en 1815, se narran los motivos por los que su tía  María Josefa Massieu fabricó la ermita del Señor de la Caída. Estos párrafos fueron reproducidos por Jaime Pérez García en su magistral obra sobre la Calle Real de la capital palmera cuando trata las «Casas Amador. En lo antiguo, del vínculo de Massieu»:

                   "Celebraba la cristiana piedad, según el laudable estilo de la Iglesia Católica, en la Semana Santa de aquel año, la memoria de la Pasión Santísima de Nuestro Redentor; y en el día Miércoles de aquella Semana, que en el citado año fue el 29 de Marzo, era en nuestro país costumbre antigua, salir la Imagen de Jesús Nazareno del Convento de Predicadores, en Procesión general, que acompañaba todo el pueblo. Vivía entonces en una de las casas de la calle principal, que es tránsito preciso para las procesiones de aquel tiempo, que pasan por la Parroquia, un tal Pedro Enríquez, cuya mujer llamada María Ruiz, por la desgracia de haber perdido el juicio, se hallaba encerrada en un quarto, correspondiente á dicha calle, y desde lo alto de una ventana, ó ya ostigada de algún diabólico influxo, ó impelida de furor de su demencia, arrojó un vaso de inmundicias sobre la Sacro-Santa Imagen de Cristo.

                   Turbóse el concurso, y absorto entre la admiración y horror de tan abominable hecho, quedó suspenso, hasta que desengañandose, de que aquel inopinado accidente solo habia sido efecto de una fantasía enferma y pervertida, incapaz de deliberación ni reflexa, se prosiguió la procesión hasta volver á su Convento, después de haber purificado prontamente con lienzos, lo que alcanzó a la Santa Imagen, de aquel bárbaro impulso (…) Bien quisiera el ardiente zelo de los fieles, consagrar prontamente, como era justo, al Redentor Divino, festivo obsequio de solemnes desagravios,  para recompensar en tiernos cultos la culpable incosideracion de sus descuidos, y para publica satisfacción de la sacrílega materia injuria; pero no permitiéndolo entonces el invariable Rito de la Iglesia Católica, toda empleada en ponernos á la vista los Misterios de la Pasión Santísima de nuestro Salvador, fue preciso diferirlo para otro tiempo, juzgase el más oportuno el dia propio de la Exaltación de la Cruz, á catorce de Septiembre, y señalado de común acuerdo para el referido obsequio, mostró la devoción de aquel dia, que conservaba con eficaz y compasivo afecto, las memorias dolorosas del referido insulto, y que no habia olvidado ni el rubor de sus tibiezas, ni los ardores de su arrepentimiento. Continuóse la solemne celebración por ocho dias, con músicas, fuegos de artificio, y otras muchas demostraciones festivas, cerrando la octava con una procesion general, á la que asistieron ambos cleros y todo el pueblo, haciendo estacion al pasar por el sitio de la casa donde executó la demencia el furioso desacato, se representó una devotísima loa con primorosa música, que fenecida siguió procesionalmente todo el concurso hasta el Convento, donde está colocada la Santa Imagen; quedando desde entonces anualmente dedicadas á sus Sagradas Aras estos cultos.

                   Faltábale aún el último realce al desagravio (…) Sucedió, pues, que pasados algunos años, cuyo transcurso corrió hasta el de 1685, se vendió aquella casa donde habia acaecido el ya mencionado suceso y la compró, por estar contigua á las de su vivienda, don Nicolás Massieu Van Dale y Ranst. Murió este caballero, y en la partición de bienes que hicieron entre sí sus hijos, se le adjudicó á la señora doña María Massieu y Monteverde, que era una de ellos. Esta Señora, que desde su tierna edad fue dotada de una indole verdaderamente religiosa y devota, conservó tan vivamente en lo íntimo de su corazon la memoria y sentimiento del caso sucedido en aquel sitio, que no teniendo por suficiente desempeño todo el festivo aplauso de las expresadas celebraciones, tomó la resolución de fabricar á su costa una hermita decente y primorosa, dedicada al Divino Redentor, con el humilde título de la Caída, en el mismo terreno de la referida casa; para que aquella, que habia sido teatro de la injuriosa demencia, fuese de alli adelante Sagrado Templo de rendidas adoraciones y cultos. Así selló la piedad generosa de esta Señora, la justa  referente demostración de desagravios, ofrecida a Nuestro Jesús Dulcísimo, dexando á un tiempo á  la prosperidad, un heroico monumento de su devocion y católico zelo.

                   Fabricada la hermita, se colocó en ella la Imagen de Nuestro Redentor, representando el tiernísimo paso de la Caida con la Santa Cruz en el Camino del Calvario. (Fernández García, Alberto-José. «Notas históricas de la Semana Santa…»

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