Altar efímero para el Santísimo (y II)

La población multirracial de La Palma, abierta históricamente a la cultura universal, había incorporado a sus fiestas esta tradición de arcos y carros triunfales que, ya desde el siglo XVIII eran elementos festivos profundamente implantados por toda la geografía insular, aunque sería en la capital donde aparecerían con más profusión de adornos y elegancia en su ejecución.

 Si bien es efímera su existencia, en muchos casos, como en Villa de Mazo, su confección se traduce en meses de intenso trabajo previo en los que se manejan los más diversos elementos naturales, tanto flores secas, como musgos, colmo, semillas, etc. Se le ofrece al visitante un catálogo de complicadas estructuras fugaces (duran tan sólo desde la noche del miércoles, Víspera de Corpus, hasta el domingo), que son presentadas como verdaderas obras de artesanía y joyas singulares de nuestra tradición popular.

 En la Villa de Mazo, los espectaculares arcos y descansos, los tapices y alfombras definen y engalanan el recorrido procesional del Santísimo y constituyen, sin lugar a dudas, el elemento más característico de estas festividades[1].

 Como primera referencia de estos arcos triunfales,  la encontramos el 18 de septiembre de  1774, cuando se entronizó en su ermita de Lodero a la talla mejicana de la Virgen de Los Dolores. Para adorno de todo el recorrido procesional se hizieron varios arcos con todo aseo vestidos [2].

 El 26 de marzo de 1945, la Corporación Municipal de villa de Mazo atiende una petición del Ayuntamiento de la capital palmera para que colaborase con una pequeña muestra del Corpus Christi macense en la celebración de las Fiestas Lustrales de Nuestra Señora de Las Nieves. Se decide colocar "un arco en una de las calles de tránsito en dicha población en calidad de homenaje a Nuestra Venerable Virgen" [3].

El folklorista y profesor de la Universidad de Zaragoza, Eliseo Serrano Martín, decía: …aquí ocupan los arcos y carros triunfales, más que como manifestación artística, que lo es y además importante como "tradición festiva que tiene cuerpo como tal y que representa un modo específico de comprender la fiesta o la solemnidad en concreto". [4]

 Recordemos que, desde la Subida de la Virgen de Las Nieves en 1765, se inició la tradición del enramado de las Cruces de Mayo, que se alzan sobre bellísimos altares perecederos y fugaces que pujan por ser los mejores y están cuajados de flores, plantas, joyas, tapices de semillas y pétalos, etc: Estaba una cruz, que es la del noveno passo, con el major ornato y compostura de prendas, talcos y galones" [5].

 Hoy se conservan algunas loas en su honor, y prácticamente se ha sustituido "la aparición" de la cruz con tramoyas por lo que llamamos "cuadros plásticos", a modo de estampas estáticas de personajes bíblicos o costumbristas, que se desarrollan en torno a estos catafalcos, imprimiéndoles más espectacularidad: Adoremos la cruz bella/donde Cristo padeció/y en recuerdo la dejó/para que adoren en ella [6].

 La presencia de este símbolo, emblema de la cristiandad, se manifiesta por doquier, sobre todo, en los extensos territorios de la banda este de La Palma, esto es: Santa Cruz de La Palma, Villa de Mazo, Breña Alta y Breña Baja.

 Aparecen por estos bellos lugares cruces jalonando los caminos y veredas, rematando montañas o canalizaciones de agua, en portones de casonas antiguas o entrecruzados caminos. Son muchas de ellas depositarias de historias y leyendas o simples recuerdos a los fallecidos en las carreteras.

 En las Fiestas de Mayo, pequeñas capillas, altares efímeros y hornacinas surgen por doquier, a fin de custodiar y realzar esas Cruces, desde la más humilde y recóndita a la más suntuosa y milagrosa. En la capital, a las cruces que descansan sobre las paredes de la ciudad renacentista se les cambia la tela que las cubría desde el año anterior y se sustituye por otra nueva, formando en algunos casos plisados y dobladillos vistosos, para después engalanarlas con joyas y flores [7].

 Las cruces son depositadas a principios de mayo, sobre los altares cargados de simbología religiosa. Así, son usuales los tablones de madera recubiertas de semillas, flores… que dan forma a las grandes concavidades y hornacinas o  retablos donde son entronizadas las cruces y que son, en muchos casos, adornadas por valiosas joyas para cuya custodia pernoctan los vecinos a sus pies, adormecidos y cubiertos por grandes mantas para resguardarse del frío de la noche del dos de mayo de cada año.

 3 –  FUNDACIÓN, EVOLUCIÓN Y DESAPARICIÓN DEL ALTAR

 Volviendo a la mansión que nos ocupa, en 1680, Juan  Fierro y Monteverde y  Tomasina de Espinosa y Boot -patrona de la capilla de San Juan Bautista de El Salvador-, dueños de la casona, fundaron mayorazgo[8] de bienes en cabeza de su primogénito José Fierro Monteverde, por Real Facultad de S. M. don Carlos y su madre, doña Mariana de Austria, como tutora y gobernadora de los Reinos, dada en Madrid el 16 de noviembre de 1671.

 En el testamento que otorgaron cerrado, mancomunadamente, en 1691,  obligaron al sucesor en el mayorazgo a conservar la costumbre que, desde tiempo inmemorial tenía la familia [9] y que, como dijimos, iniciaron las monjas claras.

 La tradición consistía en el levantamiento del altar adosado a las casas principales donde se colocaba la custodia con el Santísimo Sacramento, durante la mañana de Pascua de Resurrección, mientras se cantaba una antífona, versos y oración. Recalcaron que debían hacer y enramar con decencia el altar que se venía armando… [10]  Para ello, se recogía previamente del monte cercano, brezo, faya, laurel y palma y así cubrir, a modo de tapiz de "rama", buena parte de la fachada donde iba a ser colocado el altar. Gracias a la sombra que el gran toldo que se colgaba entre la Casa Fierro y la de enfrente proporcionaba a la calle, su verdor, aroma y  frescura duraba más tiempo.  Los adornos florales eran también habituales en este tipo de altares efímeros y actos festivos.

 Fue renovado en la primera mitad del siglo XIX bajo la dirección artística del célebre sacerdote  José Joaquín Martín de Justa (1784-1842) -íntimo colaborador del Cura Díaz en la reforma del interior de El Salvador- en la que su sensibilidad arquitectónica dejó profunda huella [11]. Este polifacético sacerdote fue quien lo diseñó siguiendo las características del neoclasicismo y  fue usado hasta mediados del siglo pasado.

 Aparte de ser un presbítero ejemplar y un orador afamado, se le consideró el mejor arquitecto que en su época tuvo la provincia de Canarias y el artífice principal de la renovación urbanística que se produjo en Santa Cruz de La Palma en la primera mitad del siglo XIX. Perteneció a las Juntas Municipales de Caridad, Enseñanza y Obras Públicas, preocupado siempre por la realización de obras sociales en beneficio de sus conciudadanos. Fueron también obras suyas: la efímera y elegante "Mesa del Corpus", los retablos de El Salvador, la sala de la sacristía, la capilla el cementerio de la ciudad [12]  y numerosos edificios.

 Este bello y suntuoso inmueble, al que todos conocemos por Casa Fierro,  fue el elegido por la sociedad recreativa denominada "Nuevo Club", como sede para sus actividades sociales. Tras un período de alquiler, fue comprado a la dueña de aquel entonces, Josefa  Van de Walle y Valcárcel, esposa de Luis Van de Walle y Quintana, Marqués de Guisla Ghiselín. Los vendedores incluyeron una cláusula por la que se les consentía continuar levantando el altar en la noche del Sábado Santo de cada año para el descanso del Santísimo Sacramento en la mañana siguiente, ó sea el Domingo de Pascua, en el portal ó puerta principal de la casa enagenada [13]

 El altar desmantelado se continuó guardando durante muchos años en la iglesia del ex convento dominico, y con posterioridad fue llevado por la Marquesa de Guisla- Guiselin,  Dolores Van de Walle y Fierro, viuda de Pedro Miguel de Sotomayor y Pinto, para el Monasterio cisterciense de la Santísima Trinidad en Breña Alta, del que había sido ilustre fundadora [14]

 Dando pruebas de su piedad, ingresó en la Orden  y allí la noble dama tomó el nombre de Sor Teresa de Jesús y el hábito de San Bernardo [15].

 Era muy común el levantamiento de estos altares, armazones, túmulos efímeros y carros, tanto en la proclamación de los monarcas[16], como durante las solemnes exequias reales [17] y otros cultos solemnes [18]

Toda esta parafernalia  ha dado como fruto lo que algunos autores han definido como el resultado de una sucesión de métodos o técnicas que produce unas creaciones, más que meros objetos, cuyo valor reside precisamente en ser consumido, literalmente en una experiencia que la destruye [19].

 El altar, rápidamente levantado para ese momento de la mañana, después de las suntuosas procesiones de la Semana Santa palmera, era inmediatamente desmontado y retirado de la fachada para ser custodiado nuevamente en el Salvador. Es decir, retomando lo anterior: el altar era creado y destruido en esa mañana.

 Más tarde se guardó en la lonja de una casa perteneciente a la marquesa de Ghisla Ghiselin, en la actual calle Pedro Poggio, hasta que se necesitó para entronizar en él al Crucificado del Cementerio, durante la Guerra Civil, en el extinto Real Convento de San Miguel de las Victorias, hoy iglesia de Santo Domingo. La Señora accedió a prestarlo al cenobio. Allí se custodió, frente a la puerta principal de ese templo. Sobre él se colocó al Cristo y a sus lados se situaron los seis blandoncillos o candeleros de metal pertenecientes al primitivo altar.

 Después de la guerra, el Crucificado fue trasladado en una multitudinaria y solemne procesión al camposanto. Durante cierto tiempo, el altar se guardó en Santo Domingo hasta que, como dijimos,  la marquesa envió las piezas al Monasterio del Císter. Se pretendía así  dignificar  los actos de su fundación y de adornar la humilde capilla. Allí permaneció hasta que el ataque de los insectos xilófagos, la humedad, el paso del tiempo…acabaron destruyéndolo.

 En una de las fotos (verla adjuntando esta segunda parte) podemos observar cómo era parte de este altar, hoy desaparecido en casi su totalidad, con un frontal de madera clara, de color perla, a modo de sepulcro, en el que aparecía la inscripción en letras negras Non estic (no está). Hacía referencia a que Jesucristo ya había resucitado. También se aprecia  parte de una balaustrada que se situaba a ambos lados y  una especie de pirámides.  Este frontal era colocado sobre una especie de tarima para aportarle más altura y volumen. Otros elementos importantes de este altar "callejero" eran los seis candeleros de metal que se situaban a ambos lados del expositor donde se colocaba al Santísimo. Éste consistía en una custodia monumental, adornada con nubes y ráfagas, y rematada por una cruz. Bajo la parte redonda  correspondiente al círculo de la sagrada forma, se apreciaba un soporte con espacio suficiente para albergar la custodia y aportarle mayor espectacularidad y magnificencia  mientras duraba su descanso procesional ante la vista de los fieles.

 Las monjas del Císter ocultaron el redondel con la mencionada inscripción durante la misas, ya que sobre este frontal estaba ubicado el sagrario, y no era ni correcto ni lógico  que apareciera un cartel diciendo que "Jesucristo no estaba allí".

 Lo único que queda en la actualidad -de acuerdo con la descripción de la Hermana Bernardita Socorro-[20], es una parte de la mandorla dorada donde se situaba la custodia. Algunos de esos rayos (las nubes sobre las que venían insertados no existen ya), están pendientes de ser sometidos a una restauración.

 


[1]  Velázquez Ramos, Cirilo. Historia General de Villa de Mazo. Centro de la Cultura Popular Canaria. Excmo Ayuntamiento de Villa de Mazo. Junio, 1999. p. 448. Los orígenes del Corpus actual, en su dimensión de auténtica manifestación artística de la cultura popular, se remontan al parecer a la década de los setenta del pasado siglo. En un testimonio gráfico cuya cronología se suele situar en esta época, aparece hecha, en la plaza del Ayuntamiento, una alfombra y levantado un pequeño altar para el descanso procesional de la custodia… Hemos podido comprobarlo en una fotografía antigua en blanco y negro, donde se alza un templete coronado por ramilletes de flores sobre un escenario de telas y flores y de dos cuerpos. Aparece profusamente adornado de blandones con largas velas y varias mandorlas concéntricas alrededor de una gran custodia, todo ello confeccionado, posiblemente, de semillas, frutos y flores. Este altar fugaz está entronizado en un lateral de la plaza mayor del pueblo, rodeado de los numerosos vecinos en traje de "domingo". Esta tramoya perecedera es fruto de muchas horas de trabajo mancomunado de los catorce barrios del municipio. Son unas fiestas que han gozado de la gran participación popular, tanto en la elaboración de las alfombras y pasillos como de los grandes y espectaculares arcos, efímeros descansos para la custodia con el Santísimo, durante la procesión anual del Jueves de Corpus Christi. Las raíces inmediatas de lo que hoy constituyen los afamados y célebres arcos triunfales del Corpus macense están en las sencillas estructuras originadas hacia mediados de la década de los cincuenta del pasado siglo. Fue el barrio de La Sabina el que, en 1959 presenta un arco propiamente dicho, pudiéndose apreciar engalanada la entrada de la plaza, ese año, con arcos lobulados. (Ibídem. p. 450)

[2] Archivo Municipal de Villa de Mazo. Acta de plenos.  Sesión de 29 de noviembre de 1970.

 [3]  Archivo Municipal de Villa de Mazo. Acta de Plenos. Sesión de 29 de diciembre de 1975.

[4] Serrano Martín, Eliseo. «Tradiciones Festivas Zaragozanas. Historia de los festejos populares en Zaragoza». Ayuntamiento de Zaragoza, 1981, p.134.

[5] Abdó, Antonio, Rey, Pilar, Pérez Morera, Jesús. «Descripción verdadera de los solemnes cultos y célebres funciones de la mui noble y leal Ciudad de Sta Cruz en la ysla del Señor San Miguel de La Palma consagró a María Santísima de las Nieves en su vaxada a dicha Ciudad en el quinquenio de este año de 1765». Excmo. Ayuntamiento de Santa Cruz de La Palma, 1989.

[6] Archivo de Doña Myriam Cabrera. (Villa de Mazo). Décimas de doña Isabel Rodríguez Blanco. [s.l.:s.n.], 1931. Continúa: Ninguna en su muerte huella/ acompañó sus dolores/ allí pasó mil clamores/ sin luz en aquel desierto./ Y después de herido y muerto/ cayó por los pecadores.

[7] Hernández Pérez, María Victoria. op.cit. pág. 136 "Los mayos y las cruces en Santa Cruz de La Palma y otros lugares".

[8] El mayorazgo era una institución castellana por la que un caballero poderoso vincula sus tierras, rentas y casas, estableciendo la línea sucesoria para su disfrute. Así se asegura el linaje y mantienen la fortuna en las coyunturas críticas. En Canarias gozan de una peculiaridad; la obligación anual de  invertir parte de las rentas en el aumento y conservación del patrimonio. Admiten los bienes cargar sobre los mismos obligaciones con fines piadosos. Existían familias que enramaban sus casas y alrededores al paso de la Virgen de Las Nieves por imposición del mayorazgo, otras lo hacían sobre bienes libres y otras por devoción. (Pérez García, Jaime, «Descripción…», p. 37)

[9] Pérez García, Jaime. Casas y familias de una ciudad histórica. La Calle Real de Santa Cruz de La Palma. "Casa Fierro". Santa Cruz de La Palma, 1995. p. 244. Sucedió en el mayorazgo Don José Fierro Monteverde, Sargento Mayor de las Milicias de La Palma y Regidor Perpetuo de dicha isla, que casó con Doña Ana Teresa Massieu y Vélez, la cual le sobrevivió varios lustros con una estancia voluntaria de algunos años en el monasterio de monjas franciscanas por su devoción y reconocimiento a Santa Clara de Asís, por especial Breve de Su Santidad.

[10]  Lorenzo Rodríguez, Juan-Bautista .op.cit. p. 39.

[11] Pérez García, Jaime. Fastos biográficos de La Palma, Santa Cruz de La Palma, 1985, t. I, pp. 118-119. El cronista de la capital palmera recoge en esta obra un certificado expedido en 1840 por los rectores de la parroquial de El Salvador acerca del artista y su creación: De cuyo aspecto publico y comodidad interior de sus edificios tan mejorados en el dia es obra de su ingenio arquitectonico (…)  Seguidor del neoclásico, plasmó sus formas en cuantas fábricas intervino en dicha isla, tanto en sus construcciones civiles como religiosas, y su influencia fue notoria en las generaciones siguientes

[12] Pérez García, Jaime. Martín de Justa. Sacerdote y arquitecto. El neoclásico en La Palma. "Serta Gratulatoria in honorem Juan Régulo". La Laguna, 1988. pág. 14. Aquí se nos ofrece un ejemplo del estilo del afamado arquitecto y sacerdote Martín de Justa: El pórtico de la capilla, de línea sobria pero a su vez monumental, está compuesto por un arco de medio punto, con clave resaltada, sobre pilastras, todo ello enmarcado por otras dos que soportan el entablamento coronado por frontón curvo partido; entre los fragmentos de éste se encuentra un parapeto sobre el que está colocada una basa moldurada rematada por una cruz. A ambos lados de la capilla se sitúan dos paños con nichos abiertos que terminan con balaustrada interrumpida, de tramo en tramo, por pedestales. Toda la obra es de cantería.

[13] Pérez García, Jaime. Casas y Familias…. pág. 249. "Documentación de la sociedad "Real Nuevo Club", Santa Cruz de La Palma. Tomo 54, finca 3 triplicado". El cronista oficial de la capital palmera también aporta más información sobre este altar efímero: En la operación se canceló un censo de 1.250 pesetas de capital que afectaba a la tercera parte del solar cuyos réditos se invertían en los gastos que ocasionaba el arreglo de dicho altar según la antigua fundación.

[14] Fernández García, Alberto-José. «Notas históricas….».Domingo de Resurrección, p. 12. El historiador palmero cuando se refiere al Convento cisterciense, lo llama "de Gloria". Supongo que porque la finca donde se ubica el monasterio se denominaba así. Continúa: Terminada la celebración de estos actos religiosos con la presencia real de Cristo en la calle, estos culminan con la bendición que con el Santísimo se da al pueblo desde el pórtico de la Parroquia Matriz de El Salvador.

[15] Pérez García, Jaime,  Fastos… p.180. Nacida en Santa Cruz de La Palma el 26 de noviembre de 1874, hija de Luis Van de Walle y Quintana, Sexto Marqués de Guisla Ghiselín, y de Josefa Fierro y Van de Walle, fue, en sucesión de su padre, desde 1926, séptima Marquesa de dicho título. Esposa de Pedro Miguel Sotomayor y Pinto, demostró sus altos valores espirituales con la fundación de un monasterio cisterciense en una finca de su propiedad llamada "La Gloria", en Buenavista (Breña Alta), en la que profesó como religiosa con el nombre de Sor Teresa de Jesús, y pasó sus últimos años en austera vida de comunidad. Falleció en aquel retiro el 4 de junio de 1949.

[16] Lorenzo Rodríguez, Juan-Bautista. op.cit. p. 112. Sirva como ejemplo el erigido con motivo de la proclamación del Rey Don Felipe V el 25 de julio de 1701: Hízose un tabladillo delante de la Casa del Cabildo alfombrado y el arrimo colgado de doseles en que se pusieron dosel real, el retrato del Rey debajo, y delante su sitial,  por un lado y otro los escaños del Cabildo (…). Púsose el Vicario la capa y salió a descubrir el Santísimo Sacramento; cantóse el "Te Deum laudamus"… y encerraron el Santísimo….

    –  De Paz Sánchez, Manuel. La Ciudad. Una historia ilustrada de Santa Cruz de La Palma. Santa Cruz de La Palma: Excmo Ayuntamiento de Santa Cruz de La Palma, 2003. pp. 88-89. También con motivo de la proclamación de Isabel II, el autor menciona el carro construido que salió a la calle portando el real retrato con acompañamiento de todos los magistrados y el clero insular en la mañana del 28 de diciembre, para ello los jóvenes de la ciudad tenían prevenido en la Plaza un carro triunfal de elegante figura y delicada invención, que costearon bajo la dirección del Presbítero Dn. José Joaquín Martín de Justa. Estaba adornado con dos serpientes marinas, símbolo de la sabiduría; dos sirenas, una concha y la Aurora, que disipaba opacas nubes… precedido por doce niños vestidos de ninfas y otros doce muy bien adornados… Los carros triunfales forman parte, así mismo de los actos solemnes de la Bajada de La Virgen, Reina del Cielo…

Así mismo, el autor (op. cit. p.77) explica al lector de cómo estas fiestas de exaltación de los monarcas constituyen por sí mismas una reafirmación del poder instituido que moviliza al pueblo en torno a artificiosos y grandilocuentes espectáculos, en los que se pretende mostrar la grandiosidad y el esplendor del orden establecido. Roy Strong hace referencia (Arte y Poder. Fiestas del Renacimiento, 1450-1650. Madrid, 1988, pp. 22-23)  a la entrada de los reyes en las ciudades europeas (aquí podría aplicarse la procesión del Santísimo por las calles de Santa Cruz de La Palma). Los espectadores veían pasar ante ellos, en microcosmos, a toda la sociedad tal y como la conocían: el rey- o su retrato- bajo palio, los diferentes funcionarios del Estado y las autoridades, aristocracia, caballeros, gremios, sacerdotes, órdenes religiosas… Esta procesión medieval, con su preocupación por los rangos y por las obligaciones recíprocas de las distintas clases sociales, no cambia nunca y se prolonga durante todo el Renacimiento y hasta entrado el período barroco.

[17]  Lorenzo Rodríguez, Juan Bautista. op. Cit, p.27. Concretamente, tras la muerte de S. M. el Rey Don Carlos II, el 23 de diciembre de 1700, este Alcalde constitucional nos describe cómo se llevó a efecto el catafalco fúnebre en su honor. Hízose un túmulo muy grande lleno de luces y por remate se puso la muerte sobre un caballo pálido que estaba sobre el mundo (…) Hicieron los poetas muchos versos a la muerte de nuestro Rey, que se fijaron en las columnas o pilares de la Iglesia …

[18] Ibidem p. 165. Recuérdese también el altar efímero erigido en honor de las Reliquias de los Santos Mártires Deodato, Áureo y Severino, instantes previos a la bendición del Cementerio de esta ciudad el 19 de noviembre de 1821, a las nueve de la mañana: una base primorosamente enramada, en medio de la cual se hallaban colocados sobre una nube cuatro angelitos que sostenían en sus manos una pequeña arquilla forrada en terciopelo encarnado y guarnecida de galón de oro donde iban depositadas las Reliquias (…) decentemente adornado y alfombrado…

[19] Hernández Murillo, Pedro. «El Patrimonio intangible. El caso de las alfombras de La Orotava». En VIII Simposio sobre centros históricos y patrimonio cultural de Canarias. Villa de La Orotava, 2004. Encontramos manifestaciones efímeras en todos los períodos de la historia del arte, pues se tratan de fenómenos que su propia ontología es consustancial con el contexto en el que se desarrollan (…) Encontramos representaciones de arte efímero en todas las culturas y en todas las épocas (…) La obra es destruida, porque está inextricablemente unida a dicho acontecimiento, es su razón de ser, su destino.

 

 

[20]  Esta foto ha sido posible incluirla en este trabajo gracias a la amabilidad de Sor Bernardita Socorro, la monja cisterciense más antigua de las que actualmente residen en aquel monasterio y que conoció el altar y a la Sra. Marquesa.  Gracias a su descripción, ha sido posible conocer de primera mano cómo era este altar.

 

 

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