El Señor del Huerto (I)

                   Los frailes franciscanos habían llegado a La Palma junto al Conquistador Alonso Fernández de Lugo a fines del siglo XV. Bajo las órdenes del Canónigo de Canarias, Alonso Samarinas -delegado de la Jerarquía eclesiástica-, iniciaron la evangelización de la Isla.

                   Pasaron siete años de miseria y pobreza habitando en chozas y humildes viviendas "cubiertas de palmas y piteras" junto a la primera ermita construida en el oriente de Benahoare. Había sido erigida bajo la advocación de Nuestra Señora de La Encarnación. Después de duros trabajos para poner los cimientos del edificio religioso a ellos encomendado, abandonaron la zona alta donde se hallaban para trasladarse al otro lado del Barranco de Las Nieves. Allí se había clavado la Cruz del Tercero el 3 de mayo de 1493, fecha en que acabó la Conquista de La Palma. Se establecieron en una pequeña y rústica casa que hizo de convento en la huerta de Santa Catalina, donde se edificó una ermita y más tarde un castillo, ambos bajo la advocación de la Mártir de Alejandría. Magdalena Infanta les donó en escritura pública un sitio más seguro. La firma la efectuó ante Pedro Belmonte el 22 de noviembre de 1508.

                   Muchos donativos recibieron de los primeros pobladores de Tedote, pero fueron insuficientes. Por ello tuvieron que acudir a la Reina doña Juana. La soberana accedió a los ruegos de los franciscanos y les envió grandes regalos. Estos fueron condicionados a que el nuevo cenobio a construir estuviera dedicado a la advocación de la Virgen María en el augusto misterio de La Inmaculada Concepción. Esta importante aportación de la Reina quedó perpetuada con el escudo real esculpido en piedra sobre el pórtico principal de la seráfica iglesia. Dio comienzo un ambicioso proyecto de obras, sucesivas reformas, ampliaciones, fábrica de capillas (donde las principales familias de La Palma hacían fundaciones de misas y aniversarios a sus principales devociones), etc. Allí fabricaban también los mausoleos y sepulcros familiares.

                   Desde aquellos precisos instantes de la instauración franciscana en el real monasterio, tuvieron asiento las primeras devociones de la Orden Seráfica: La Inmaculada, San Francisco, Cristo Crucificado, la "Agonía de Jesús en el Huerto de Los Olivos", etc.

                   Mientras que los frailes, para fomentar y mantener la devoción al Crucificado, fundan la poderosa "Cofradía de la Vera Cruz", la veneración al "Señor del Huerto" fue confiada a los terciarios. Por este motivo, la imagen del Cristo fue puesta como titular de la Capilla de la Confraternidad de la Venerable Orden Tercera de penitencia de San Francisco (V.O.T.) que se construía en los aledaños del convento y bajo la espadaña del templo franciscano. Esta Orden fue fundada en virtud de la Patente de Fray Juan de Vergara, Ministro Provincial, dada en este convento el 10 de marzo de 1633. Según el Libro I de la Hermandad, era Guardián del cenobio franciscano, Fray Antonio Moreno.

                   Sin embargo, no constituyeron Cofradía especial para los solemnes actos anuales de la Pasión y Muerte del Señor. Esto no fue óbice para que se hiciera una austera, devota y recogida procesión el Lunes Santo con la imagen del Cristo que presidía sus capillas y cultos mensuales, tanto en la Península como en el Archipiélago.

                   La doliente imagen del Santísimo Cristo bajo la advocación del Huerto, "que llaman de los nasarenos", ha tenido en los últimos cuatro siglos, en la iglesia de San Francisco de Asís de la capital de la Isla, cuatro rostros, como nos dice don Luis Ortega Abraham, "en respuesta a modas artísticas".

                     EL CRISTO "DE LAS VACAS"

                    Así aparece a principios del siglo XVI la devoción al Señor del Huerto en el Real Convento de la Concepción de frailes menores, en la Capilla de la V.O.T. de la capital palmera. La Dolorosa de esta Orden recibía culto los jueves de Cuaresma, pasándose posteriormente esta celebración al "Cristo de la Piedra Fría" en la actual parroquia de San Francisco; y aquí mismo, los lunes, al "Señor del Huerto".

                   A mediados del siglo siguiente, en 1637, el Regidor Decano del Cabildo de La Palma, Matías de Escobar y Pereyra (1618-1686) -hermano del Canónigo y Obispo electo de Puerto Rico, el doctor Pedro de Escobar (1616-1673), gran protector de la comunidad mendicante y Arcediano de Canarias-, hace la piadosa donación de una escultura de Cristo con tres de sus apóstoles dormidos, posiblemente esculpidos en un taller local o sevillano. Es en esta ciudad hispalense donde el prelado se había graduado de Bachiller de Cánones. Don Pedro fallecería en 1673 sin haber conocido su Diócesis americana.

                   Luis Ortega, a este respecto, nos informa de que "la autoría del paso primitivo motivó varias especulaciones, desde el encargo a un taller andaluz o algún escultor propio o foráneo, activo en las islas realengas, donde se instalaron, de camino a América, oficiales de todas las ramas y oficios. En el abanico de las posibilidades figuraron nombres tan ilustres como el sevillano Martín de Andújar -que importó al próspero puerto de Garachico la estética montañesina- o uno de sus brillantes discípulos: el gomero Francisco Alonso de la Raya y el tinerfeño Blas García Ravelo…". El investigador y periodista palmero también menciona al excepcional imaginero y retablista  Antonio de Orbarán, al que se le atribuye el fabuloso retablo mayor de La Candelaria de Tijarafe y el famosísimo de El Salvador, tristemente desaparecido, entre otras muchas obras. Otro artista bien pudiera ser el que fue su único alumno conocido, su hijo  Andrés, nacido en 1640 y residente en la capital palmera hasta 1675.

                   Finalmente, el profesor palmero  Jesús Pérez Morera zanjó este polémico asunto encontrando un testamento otorgado en 1681 por  Sebastián Rodríguez de Las Vacas. Ortega, en su artículo sobre Semana Santa, nos informa de que en él, "entre otras capitulaciones, instó a sus herederos al cobro de doscientos pesos que le adeudaba el capitán Matías de Escobar Pereira por la hechura del Señor del Huerto y sus  apóstoles, y la Virgen de la Soledad, todos ellos para el convento franciscano de la Inmaculada Concepción".

                   La ubicación del Cristo era en la capilla tercera y el Lunes Santo el día de la Semana Santa asignado para su culto. Según Luis Van-de-Walle, en su artículo publicado en la prensa en 1962, don Matías fundó el 30 de marzo de 1667 un Patronato destinado a sufragar los gastos derivados de los oficios y la procesión, firmando la escritura hecha con los frailes franciscanos ante el escribano público Tomás González. Dotaba así a la celebración de una solemne función religiosa y la procesión del paso de la "Oración en el Huerto" todos los Lunes Santos por la tarde. El historiador Fernández García confirma otra fecha bien distinta de su fundación: el 30 de mayo de 1637, treinta años antes. También Luis Ortega coincide con esta última data. Es probable que haya habido un error tipográfico en la publicación de don Luis.

                   Doña Ana Beatriz de Valcárcel y Escobar, mucho antes de que esto sucediera, había distinguido a su hija mayor,  Antonia Poggio y Valcárcel, "con el tercio y remanente del quinto de sus bienes…" Unas mejoras en las que también incluyó medio décimo de la hacienda de Tazacorte y la mitad de las casas principales, etc. Doña Antonia, como nos detallaba  Jaime Pérez García, "guardaba en una sala de sus casas la imagen del Señor del Huerto y desde allí se llevaba todos los Lunes Santos a la iglesia del convento franciscano para celebrar los oficios del día, celebración ésta que desde época de don Matías de Escobar hacía la familia". El desaparecido cronista oficial de la capital palmera continuaba informando de que "llevada por su devoción, doña Antonia dispuso en su testamento que después de su muerte se pusiera dicha imagen al culto en aquella iglesia; para ello mandó se construyera un altar cuyo costo se cubriría con el rédito de sus bienes raíces durante dos años sin que sus herederos pudieran entrar en su goce y posesión". El sobrino, albacea de la otorgante, Joaquín Poggio y Alfaro, llegó a un acuerdo con María de Altagracia Massieu para colocar la imagen del Señor del Huerto en la capilla colateral de la Epístola de la que, por dicho concepto, ostentaba su patronato.

                   En el testamento que hace Antonia Poggio y Valcárcel, el 11 de septiembre de 1804, dona una importante cantidad de dinero para que se inicien los trabajos de un nuevo retablo en la capilla de Montserrat o del Sagrario, como también se le llamaba, "a condición que se permita trasladar a él la sagrada Imágen del Señor del Huerto". El retablo se ejecutó por un importe final de trescientos pesos.

                   Dos décadas después de la herencia de doña Antonia, su deseo fue hecho realidad. Efectivamente, el 14 de diciembre de 1814,  Maria Altagracia Massieu, Viuda de Juan de Guisla y Pinto, Patronos ambos de aquella capilla, dio  licencia para que fuera solemnemente entronizada la efigie del Señor, ya sin los tres apóstoles por encontrarse muy deteriorados.

                   En él se colocaron junto al Señor, dos preciosas tallas: "San Blas Obispo" y "Santa Apolonia". Afortunadamente estas dos piezas aún se veneran en la misma iglesia.

                   Pérez García también recoge el acta notarial de 1809 firmada por el escribano público Felipe Rodríguez de León. En ella consta que había conformidad por parte de los frailes franciscanos "por ser proporcionada y adaptable para el caso como por quedar la majestad de Jesucristo Sacramentado que alli se custodia con mas decencia de la que en el dia tiene". Por ello, la interesada concedió la licencia condicionada a que el suplicante edificase el retablo "adornándole de los dorados y pinturas que sean necesarias". También le pondría urna o sagrario donde custodiar al Santísimo con el ornato requerido sin que por ello don Joaquín Poggio o sus herederos adquirieran derecho alguno al patronato, capilla o sepulcro, por quedarle éste siempre a su favor; sí había de correr por cuenta del suplicante el atendimiento del nicho, velo y retablo, y después de su fallecimiento, sus descendientes y sucesores.

                   Con esta imagen apropiada del Cristo y con su formal Patronato, el piadoso fundador quería prolongar la procesión -que se hacía sólo por los atrios de la iglesia y convento- el Lunes de la Semana Mayor por las calles de la población. Para ello, hace las gestiones necesarias y recibe permiso del Obispo de Canarias, Fray Juan de Toledo, de la Orden de San Jerónimo y cuadragésimo cuarto en el episcopado canariense. El prelado, que se hallaba visitando las parroquias del norte de Tenerife, firmó la autorización en el Realejo de Arriba.

                   El Patronato pasaría muy pronto a la noble Familia Poggio, entroncada con la de Escobar y Pereyra y muy relacionada con la orden franciscana de La Palma. Efectivamente, todos los solemnes cultos en honor al "Señor del Huerto" quedarían vinculados a aquella prestigiosa saga por el matrimonio de María de Escobar y Guzmán, hija del fundador, con el Castellano de las Fortalezas de La Palma, Felipe Bautista Poggio y Maldonado, "corriendo a su cargo desde el año 1779 hasta principios de 1900 en que esta fundación especial fue redimida notarialmente por don Félix Poggio y Lugo" (Alberto-José).

                   El Canónigo de Tenerife,  Juan Van-de-Walle, continuaba informándonos de que la mayoría de los miembros familiares "recibieron el cordón seráfico, perteneciente a la Tercera Orden". Continúa el religioso diciendo que "desde entonces esta distinguida familia palmera desempeña con gran amor y celo el piadoso oficio de Mayordomo del Señor del Huerto en Santa Cruz de La Palma".

                   Esta capilla había sido fundada por  Gabriel de Socarrás y Centellas y su esposa, Ángela de Cervellón y Bellid. El ilustre caballero catalán, conquistador de la Isla y luego Regidor de ella, había fundado la capilla en honor a su Patrona, la "Virgen de Montserrat", en 1556. Allí fue su panteón familiar y se colocó la imagen mariana en el antiguo retablo. Hoy se venera en la hornacina central del de "San Nicolás de Bari", si bien, hasta hace unos años estaba ubicada en el nicho central superior del mismo.

                   Félix Poggio y Alfaro, ya mayordomo del Señor, adquiere un nuevo trono procesional algo más pequeño que el original para colocar en ella al Cristo con el Ángel. Esta base fue estrenada en la Semana Santa de 1827 y con ella el "Cristo del Huerto" "se paseaba con su angustia por la ciudad".

                   Siendo Fray Juan Antonio Carpintero Padre Guardián del Convento de la Inmaculada Concepción, el día 1 de noviembre de 1835 el ministro Mendizábal inicia la desamortización eclesiástica. Su iglesia fue cerrada y su monasterio suprimido.

                   Luis Van-de-Walle nos sigue informando de que "hasta la primera mitad del siglo XIX, la Iglesia en España estuvo en posesión de sus bienes, rentas y derechos, que gozaba y convertía en los usos que tenía por conveniente, con entera independencia como cualquier otro propietario". Tras aquel edicto ministerial, sin embargo, el Estado confiscó todos los bienes de la Iglesia, considerándolos como propios y decretando finalmente su enajenación. A raíz de aquella desamortización,  tristes y lamentables acontecimientos se sucedieron. Así, se extinguieron numerosos cenobios y monasterios. Fue el caso del Real Convento de la Inmaculada, cuya espléndida iglesia fue saqueada y reducida a una triste ermita abandonada.                   Cuatro años estuvo sin culto el viejo templo seráfico.

                   Tras el nombramiento del Beneficiado de El Salvador, Manuel Díaz, este venerable y polifacético sacerdote liberal trabajó incansablemente para sacar de aquel olvido y abandono a la iglesia, en otros tiempos tan hermosa.

                   El resurgimiento del templo tuvo lugar oficialmente en la Semana Santa de 1839. El propio Rector, el Cura Díaz, se encarga personalmente de que todos los actos y funciones religiosas se celebren con gran solemnidad y boato.

                   Entre las novedades en la organización de los actos de la "Pasión y Muerte de Cristo" destaca el traslado de fecha de la suntuosa y multitudinaria procesión del "Señor del Huerto". Así, ésta comienza a desfilar el Domingo de Ramos por la tarde.

                   Don Manuel compone el motete "In Monte Olivetum" para ser representado y ejecutado "con gran orquesta al regresar la procesión a San Francisco".

                   A pesar de los esfuerzos por mantener en buen estado la imagen del venerado Cristo, aquellos años de abandono le habían causado daños irreparables. Por este motivo, ya se pensaba en sustituir la imagen regalada por el Regidor Escobar y Pereyra. Ya hacía años, como vimos, que el grupo de los tres Apóstoles durmiendo se había retirado del paso por hallarse muy deteriorados. Le tocaba el turno al piadoso Cristo.

                   En 1936, de los Apóstoles Pedro, Juan y Santiago, sólo dos fueron reconstruidos. Según Fernández García: " reciben veneración bajo dos advocaciones de Nuestro Señor, uno en la Parroquia de San Pedro de Breña Alta y el otro en la capilla de la Venerable Orden Tercera de esta ciudad". Luis Ortega, al hablar de ellos, informa de que uno de ellos fue "restaurado y transformado en la advocación del Nazareno". También que desfiló procesionalmente en Breña Alta desde 1936 y que otro "experimentó el mismo proceso en la capilla de la VOT, y por último la cabeza de San Juan Evangelista la recuerdan viejos cofrades dando tumbos por las lonjas".

                   Precisamente en la Capilla Tercera existe un precioso busto en madera policromada de unos 65 cmts. Probablemente sea parte de una imagen de candelero de  un "San Juan Evangelista" de estilo clasicista que, aproximadamente en 1860 talló Nicolás de las Casas, quizá para formar parte de la escena del Calvario junto con la Dolorosa, salida también de su gubia. Guarda un parecido certero con su homónimo de la parroquial de Puntagorda, esculpido hacia la misma época. No es, por tanto, el "San Juan" que acompañaba a la primera imagen del Cristo. Ha sido rescatado en las últimas ediciones tras un magnífico trabajo de restauración.

                   El mencionado Nazareno de la parroquia de San Pedro de Breña Alta pasó después como "Ecce Homo" a la  ermita de San Bartolomé de La Galga. En su sacristía se guarda y tan sólo se expone para la veneración de los fieles durante los  actos de la Semana Santa de aquel pago de Puntallana.

                   Del misterioso imaginero hacedor de la talla primigenia de "Nuestro Señor del Huerto" bien poco se conoce. No existe otra constancia documental acerca de su biografía y de su obra. Para finalizar con palabras de Ortega Abraham, "sus obras tuvieron más de cien años de culto, pero difícilmente sabremos cómo fue aquel Jesús de Getsemaní, rodeado de los apóstoles durmientes, cuya factura siguió el obispo electo de Puerto Rico, aunque lo pagara, o lo debiera, su hermano Matías".

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