La torre de El Salvador (y II)

INSCRIPCIÓN

Esculpida en la preciosa torre rectangular de negro basalto y sobre la ventana de la sacristía que da a la plaza triangular, se halla una antigua inscripción en latín, alusiva al Ilmo. Sr. Obispo don Diego de Deza, a quien se equiparan los Decios de Roma, y a la entrada de los enemigos franceses en esta Isla en 1553, con respecto a la invasión de los galos, hasta la Roca Tarpeya del Capitolio. Dice así:

                     Tres legimus Decios se devovisse saluti

Comuni, ut victrix Patria Roma foret.

Mira triumphantum decorat Capitolia laurus.

Sic sva, sic quartus relligione gregem

Conveniunt praesul Decius Tarpeiaque cautes,

Gallica pro lauro lilia clara intent.

Nominis auspicio ac devictis hostibus aucta

Incolumes cives utraque Palma fovet.

 Entre otras traducciones que ha tenido la inscripción, ésta que sigue es la que se ha considerado por varios estudiosos como la correcta. Actualmente está muy deteriorada, pero se ha podido reconstruir gracias a la versión de Viera y Clavijo y algunas acertadas interpretaciones que han hecho, entre otros, el Dr. Lozano Sánchez y que recoge Gloria Rodríguez en su trabajo:

 Tres Dacios ofrendaron su vida por el  bien común para que Roma fuera la patria vencedora. Como el laurel de los triunfadores honra sus admirables capitolios, así el cuarto Decio honra con la religión a su grey. Vienen a fundirse el obispo Decio y la roca Tarpeya. Brillan en lugar de la corona de laurel las blancas lises de Francia. Una y otra Palma acrecentadas  bajo el auspicio de su nombre y a despecho de los enemigos alientan a los incólumes ciudadanos

 La alusión que aquí se hace al mencionado prelado obedece a que, habiéndose negado el cabildo palmero a que se extrajesen de ella los granos de los diezmos que correspondían al Deán y Cabildo Catedral de Canaria a causa de la escasez que aquí se padecía, don Diego Padilla, que era Deán, Canónigo y Gobernador del Obispado, puso a toda esta Isla en entredicho, o lo que era lo mismo, en excomunión. El cabildo localizó al obispo Deza en Sevilla y éste levantó la excomunión a través del prior del convento dominico fray Gaspar Cordero el 2 de julio de 1566.

Esta inscripción alude el florecimiento de la ciudad en el siglo XVI. Concretando, los versos latinos equiparan a La Palma con la antigua Roma, al representante de la Iglesia, el Obispo de Deza, con los sus míticos antepasados, los Decios de Roma y a los galos invasores con la Roca Tarpeya del Capitolio. Viera y Clavijo lo relaciona con el ataque de los piratas franceses en 1553.

 Se trata de la derrota de los galos por los romanos en el año 295 antes de Cristo. Los tres Dacios: abuelo, padre e hijo de esta familia dieron sus vidas en distintas épocas por la defensa de Roma. Este cuarto Decio debería más bien referirse a Pedro Hernández de Justa (el Baltasar Martín de la leyenda), que a Diego de Deza, en ese momento obispo de Canarias y residente en Las Palmas.

                                LA ANTIGUA SACRISTÍA

 Alojada en el primer cuerpo de la esbelta y majestuosa torre y tras la nave de la Epístola se encuentra la bóveda gótica de terceletes de insigne belleza que fue concluida en pleno siglo XVIII. Su planta es rectangular. El profesor Galante indica que ésta se caracteriza por sus nervios combados, que son en realidad nervios curvos que se emplean en la arquitectura religiosa del siglo XVI, sumándose en las bóvedas a los ya preexistentes terceletes y ligaduras. Sus claves constituyen un bello exponente del arte del Renacimiento en Canarias; en número de nueve, incluida la central que representa al Salvador, sirven de nexo armonioso a las ligaduras. Cubre con crucería de terceletes y combados sobre arcos apuntados. En los puntos de unión de los nervios, claves circulares con relieves  rodeados de láureas: la imagen del Salvador bendiciendo en la central, querubines en los cruces de los terceletes y rosetas en las cuatro restantes; Rodríguez continúa con la descripción: los nervios descansan sobre columnas de capitel jónico en ángulo empotradas en el muro medianero con la capilla mayor, mientras que en opuesto lo hacen sobre ménsulas de grifos.

 Se comunica con el presbiterio mediante una puerta de arco rebajado y en el costado meridional se abre una ventana rectangular abocinada y una pequeña puerta que da paso a la hornacina de la Virgen del Carmen por donde es descendida la delicada imagen para ser colocada en las andas procesionales cada mes de julio. El testero oriental, continúa Gloria, tuvo en origen una hornacina de arco apuntado y puerta de acceso a la torre cuyo dintel, según se aprecia en los restos visibles, se apoya en pequeñas ménsulas de estilo clásico; ambas quedaron ocultas con las obras realizadas al construir una nueva sacristía en 1817 y tener necesidad de abrir una entrada para ella a través de dicha hornacina…  Este paso, en forma de arco apuntado, sólo ocupó una parte del antiguo, cubriéndose entre el espacio restante y el acceso a la torre con armarios empotrados donde se guardan antiguos y valiosos objetos de culto. Existe también otra pequeña ventana en la parte superior en forma abocinada en arco conopial rebajado.  Esta presencia de elementos constructivos clásicos junto a la estructura gótica es propia de un siglo XVI avanzado y está de acuerdo con la fecha de fábrica que hemos situado hacia 1567. (G. Rodríguez)

 En 1816 se construyó una sacristía nueva a espaldas de la torre según se había ordenado en la Visita de 1851. Su planta es semicircular y sirve hoy como Archivo y despacho parroquial. Para comunicar con ella se abrió más tarde un arco ojival en la pared oriental de la torre.

 En el ángulo sureste y junto a la ventana desde la que se obtiene una magnífica vista de la Plaza de España, hay un lavabo en mármol rosa de forma lobulada sobre un soporte de piedra adosado al muro. Tiene una lápida superior en blanco (60 x 52 cms.) y lleva una inscripción que dice: Da Domine/virtvtem manibus meis,/ad abstergendam omnem/maculam,/Vt sine pollvtione/mentis, et corporis, valeam tibi servire. Bajo esta inscripción se encuentra una roseta grabada en torno al grifo. Fue una donación de don Juan Massieu en el último tercio del siglo XVIII.

 En el muro occidental está colocada una gran cajonera de tres cuerpos  (325 x 72 x 100 cms) flanqueada por armarios. Allí están custodiados otros muchos enseres y valiosas obras de arte de este suntuoso templo.

 Un pequeño altar se alza sobre la puerta del presbiterio. En el retablo se halla una escultura de San Miguel sobre un castillo y una cruz de fondo. Porta una espada flamígera y un escudo con las iniciales Q.S.D. (Quis sicut Deus = Quién como Dios). Es probable que estemos ante la preciosa talla salida de la gubia de Antonio de Orbarán y que figuraba en el magnífico retablo antiguo de la capilla mayor construido hacia 1639. Cada lustro desfila con la Virgen de Las Nieves y con la Santa Cruz por las calles de la ciudad en la llamada Procesión General.

 A los lados del arco y sobre los armarios, cuelgan dos retratos de obispos de aprox. 200 x 120 cms. Representan a don Juan Francisco Guillén (prelado de la diócesis entre 1739 y 1750) y don Domingo Pantaleón Álvarez de Abreu (1683-1763), arzobispo de la Puebla de los Ángeles. Ambos figuran en el inventario de 1782. No se les conoce ni autoría ni procedencia.

 Tras haberse cegado la entrada primitiva de la torre, se abrió una nueva que comunicase el pasillo de acceso exterior con la nueva sacristía. Mediante una escalera de caracol se sube a las estancias superiores, la primera de las cuales se cubre con bóveda de arista sobre tres ménsulas angulares de perfil en ese y remate piramidal, quedando el cuarto apoyo oculto por el caracol. Se abren en ella dos ventanas rectangulares en piedra. La del sur está rematada por una hornacina con venera. El último cuerpo de la torre no llegó a cubrirse, aunque sí se hicieron unos apoyos para la bóveda semejantes a los del piso inferior y se construyó una tribuna de madera en torno al recinto para acceder al reloj.

 Se ha pensado que la sacristía era parte de la antigua iglesia, anterior al presunto incendio de 1553 y que su autor pudo ser Juan de Palacios, maestro de las obras de la catedral de Las Palmas de 1533 a 1553. Investigadores como Trujillo también han sugerido que era la capilla mayor del antiguo recinto, destinada a enterramiento de la familia del conquistador sobre la que se construiría más tarde la torre. Otros, como Gloria Rodríguez, se inclinan a pensar que la torre es una fábrica unitaria, iniciada desde sus cimientos después de 1559, fecha en la que el Cabildo solicitó su construcción, y muy avanzada en 1567 cuando el obispo quiso adelantar su conclusión, facilitando la disposición de fondos y se hablaba ya de las ventanas de la torre, según Libro de Mandatos.

                                      ESTADO ACTUAL

 Una formidable torre almenada que debería de ser el símbolo de una histórica y orgullosa ciudad pero que, inconcebiblemente, se halla en un lamentable estado de conservación. Una estructura sólida que ha padecido toda suerte de inclemencias atmosféricas, como terribles huracanes, intensas lluvias, calores extremos… pero que debido a  la desidia y al desinterés, se está cuestionando su permanencia y continuidad hacia el futuro. Su exterior está sucio y lleno de deyecciones de palomas. Es preciso estudiar en qué estado se encuentran sus gruesos muros al igual que la  madera y el hierro del yugo de sus campanas. Las heces de paloma y la sal del cercano océano son altamente corrosivas. A su antigua inscripción le falta un trozo de piedra y su escalera de caracol necesita una reparación.

 Urge la restauración de la torre en su conjunto, de todos y cada uno de sus elementos. Afortunadamente, en el año 2009 se ha reparado el mecanismo que hace sonar a las campanas -ahora de forma anodina- para que siga siendo testigo de excepción del paso del tiempo, anunciando las horas desde su reloj y ofreciendo su penetrante sonido a propios y extraños, a quienes siempre sorprende. Un repique que ha sido enérgico ante la adversidad, como en caso de incendio y de ataques piráticos; triunfal y alegre, como en la llegada lustral de la Virgen de Las Nieves y resto de procesiones de gloria; solemne en las de Semana Santa;  triste en los entierros; etc. El antiguo y armónico repique desapareció con la instalación del carrillón, pero podría recuperarse con algo de interés.

 Las cinco astas que coronan la cúspide de la torre aún se visten de gala y sus banderas nos recuerdan que se celebra algún evento importante. También la gran cruz de bombillos que da a la Plaza se ilumina en las noches de fiesta.

 En palabras de Rodríguez Castaños, a nuestra torre le "encantaría convertirse en el símbolo de nuestra Ciudad y verse reproducida, a una escala apropiada, en piedra, madera, bronce, plata o incluso en oro para ser entregada a las personas y entidades merecedoras de un premio importante creado y otorgado por el Consistorio Capitalino".

 BIBLIOGRAFÍA

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