FUNDACIÓN
El célebre viajero portugués Gaspar Frutuoso (1522- 1591) llegó a la capital palmera poco tiempo después de la fabricación de esta bella capilla. Por este motivo constituye un testigo de excepción. Nos habló de su construcción, de su iconografía, de su ornamentación y de su retablo de magníficas pinturas.
Se encuentra en la actual iglesia de Santo Domingo de Guzmán, templo del extinto monasterio de los Padres Predicadores y uno de los más suntuosos de Canarias a principios del siglo XVIII, verdadero panteón de conquistadores.
Una de las noticias que han llegado a nosotros, escritas por el propio Frutuoso, es la siguiente : "Luis de Vendaval, que en el tiempo del hambre mantuvo a la gente, como dije, hizo una capilla junto a la mayor de este convento, al lado S, muy hermosa con su retablo de la historia del Santisimo Sacramento y del maná, su alegoría, grande y de hábil pincel, con todos los ornamentos necesarios de brocado, oro y plata, al cual ha dotado con gran patrimonio."
El convento de San Miguel de Las Victorias se fundó en 1530 sobre una antigua ermita erigida bajo la advocación del Patrón de la Isla. Si bien el convento adoptó este mismo nombre, la ocupación completa de los hermanos Predicadores no se produce hasta después de 1543. El propio obispo no había dado la autorización para que los dominicos emplazaran allí su residencia hasta 1542.
Se dijo que fue incendiado y saqueado por los piratas calvinistas en julio de 1553 y que se reedificó posteriormente "mucho mejor que estaba antes". Para algunos investigadores no parece clara esta afirmación de Frutuoso y tal vez el fuego no llegara tan arriba, a esta zona alta de la ciudad donde se alzaba el monasterio. Incendiado o no, el cenobio necesitó limosnas urgentes para proseguir las obras y reparos y los frailes suplicaron ayuda "a Su Magestad e a los señores de su Real Concejo"
La capilla colateral de la Epístola, dedicada a Santo Tomás de Aquino y erigida por el caballero flamenco Luis Van de Walle -llamado el Viejo–, empezó a edificarse en 1554 y se concluyó en 1567.
EL ANTIGUO RETABLO
El caballero mencionado en el fragmento de Frutuoso, Lodewijk (en español, Luis) Van de Walle -o Vendaval, como se españolizaba en la época-, fue un importantísimo personaje, perfecta figura del filántropo y lo más cercano a un mecenas renacentista, el más importante que tal vez haya existido en Canarias.
Para algunos investigadores, como los profesores Díaz Padrón y Hernández Perera, era evidente que los valiosos cuadros flamencos que, afortunadamente aún existen en el Convento, y que se atribuyen a Pourbus el Viejo, "el último epígono de la brillante Escuela de los Países Bajos", no se trajeron para esta capilla, sino para la mayor. Fernando G. Martín y Pérez García ahondan en este punto. Consideran lógico que las tablas formaron parte del retablo donado por Juan de Santa Cruz para el testero de la capilla mayor. Según la tesis de Frutuoso, el único encargo que puede corresponder a las pinturas es el retablo de esa capilla. Pérez Morera también es tajante en este asunto: "equivocadamente se pensó que dichas tablas pertenecían al retablo de la capilla de Santo Tomás… Atendiendo a la descripción que hizo Frutuoso y a la escritura de la dotación de la capellanía de Van de Walle en 1567, desmentimos tal opinión desde 1989". Pérez Morera también tiene esta teoría: "también el primitivo retablo de la capilla mayor fue importado de Flandes por el licenciado Juan de Santa Cruz; estaba integrado probablemente por siete óleos sobre tabla, de los que seis se conservan todavía en aquel templo".
Otros estudiosos indican que las magníficas tablas tampoco fueron encargados por el gentilhombre flamenco Van de Walle, considerado como el prototipo de caballero moderno, por su nobleza, sus virtudes cristianas y sus cuantiosas riquezas. Tan sólo para este monasterio, donó más de 26.000 ducados, como nos relatan Lorenzo Rodríguez y Viera y Clavijo.
Hay varios estudios que ponen en tela de juicio esta aseveración. En ellos se afirma que las pinturas fueron encargadas por el flamenco, pues en escritura de 1567, ante Bartolomé Morel, "la comunidad tramitó al citado donante, constando a su costa la construcción de una capilla…". Así, las pinturas estarían en ese año "en la capilla edificada por Vandewalle"
El prestigioso profesor Paul Huvenne también indica: "En este sentido, el retablo de La Palma constituye una pieza clave, puesto que puede ser relacionado con el inmigrante flamenco Lodewijk Van de Walle, sobre la base de un documento de 1567, en el que aparece como comprador del retablo".
Actualmente las seis tablas de San Miguel Arcángel, San Juan Bautista, la Genealogía de Jesús, los Santos Dominicos y las grisallas de San Blas y San Francisco -excepcionales obras de Pierre Pourbus el Viejo– se encuentran colgadas en la pared izquierda de la nave central y única del templo. Los polípticos, a diferencia de los sencillos dípticos o trípticos, desplegaban "una riqueza iconográfica superior y ocupaban más espacio en el testero de las capillas". Una séptima de mayor anchura, la tabla central del retablo representando al Calvario, hoy está en paradero desconocido. Fue fotografiada por última vez en la exposición de la Bajada de la Virgen de 1920. Esto es inadmisible. ¿Qué ha sucedido con esta joya?
Pérez Morera y Rodríguez Morales nos informan de que "a este conjunto de dos cuerpos y tres calles -desmembrado tras la desamortización- corresponden seis tablas atribuidas a Jan Swart van Groningen ahora repartidas entre el Museo de Historia de Tenerife y dos colecciones particulares, cuya iconografía combina escenas del mensaje eucarístico y la representación de Santo Tomás de Aquino, titular del recinto".
JUAN VAN DE WALLE
El mecenas protegió y auxilió a la Comunidad de Dominicos durante los once años que duró el litigio para la fundación del convento, especialmente en Madrid y Roma, donde se siguió el pleito. Durante esta "contradicción", don Luis Van de Walle los cobijó en su hacienda de Buenavista.
Después de haber traído agua a la ciudad; haber hecho un Pósito en 1560 para los más desfavorecidos (con una renta de 500 doblas de oro anuales); haber dado dotes a huérfanos; haber regalado un maravilloso pontifical de brocado y oro para El Salvador; de haber construido gran parte del Hospital de Dolores; haber donado la antigua imagen flamenca de San José para Breña Baja; y así un largo etcétera, funda la excepcional capilla de Santo Tomás de Aquino en el cenobio dominico. Así consta en la escritura de patronato realizada ante Bartolomé Morel el 27 de septiembre de 1567, tal y como quedó reflejado por Viera y Clavijo.
Es la colateral derecha de la capilla mayor "y así a la parte de la mano derecha entrando por la iglesia y del monasterio yendo al altar mayor y la derecha capilla que el derecho, Luis Van de Walle así ha hecho y por todo acabado y proveida adornada del retablo y de todo lo demás que es necesario para el servicio de toda ella". Su relación con esta orden es muy fluida y amplia. No sólo invierte muchísimo dinero en su construcción, sino que protege a los monjes durante los difíciles años de su fundación. Incluso uno de sus hijos, Fray Miguel Van de Walle, toma los hábitos.
La suntuosidad y el esplendor de la capilla tuvieron que ser considerables. Aún conserva su estructura arquitectónica pero, a excepción del frontal de azulejos sevillanos del altar y la espléndida techumbre mudéjar, no ha perdurado ningún otro de sus componentes.
A pesar del reiterado uso que los altares de azulejos tuvieron durante el siglo XVI, al igual que las peanas, tarimas y frontales de altar, Pérez Morera informa de que "sólo contamos en la actualidad con un ejemplar": el frontal del altar de la capilla de Santo Tomás. Está revestido de azulejos sevillanos de varios colores que queda oculto por otro frontal de madera, fechado en 1792 y en el que está pintada una alegoría de la pasión de Cristo. Recordemos que también existía un "altar de azulejos con su grada" en el Real Santuario de Nuestra Señora de Las Nieves, que mandó hacer el obispo Deza en 1558. También en la parroquia de Los Remedios de Los Llanos de Aridane podemos aún apreciar algunos azulejos que originalmente decoraban la mesa de altar del retablo de El Rosario, "dispuestos hoy en forma de cruz en la capilla bautismal".
Al igual que la capilla colateral del Evangelio -antigua de la Soledad y luego de Santo Domingo– se cierran con espléndidas techumbres mudejáricas decoradas con lacería que se despliega por todos los faldones. Pérez Morera nos informa de que "su deslumbrante policromía, a base de rosetones vegetales sobredorados, motivos florales y temas inspirados en el grutesco renacentista (quiméricas cabezas humanas con senos de mujer y cuerpos de águilas, jarrones y seres fantásticos y monstruosos), dispuestos simétricamente en los frisos del arrocabe, es vivo testimonio del esplendor de antaño".
Finalmente, entre tanto lujo, instaura el panteón familiar y es enterrado junto a su esposa María Bellid de Cervellón -hija de Beatriz de Cervellón y del valenciano Miguel Martín, muerta diecisiete años antes, en 1570-, quien también es amortajada con el hábito dominico. El matrimonio había incluido esta capilla en el vínculo de bienes propios, fundado a favor de su hijo primogénito Tomás Van de Walle y de su descendencia. La condición impuesta era la celebración de ciertas festividades o funciones en la capilla.
Tras la muerte de este hijo, "entró en el goce y disfute de dicho vínculo y patronato don Luis Vandewalle de Servellón, a quien se le concedió la gracia de hacer una tribuna con salida y puerta a la calle o plaza del convento". La escritura, con las licencias necesarias, se hizo ante Andrés de Huerta el 19 de octubre de 1730, "expresándose en ella que la llave de esta puerta había de tenerla y custodiarla el patrono, y a la vez se le autorizó también para abrir una ventana sobre la capilla mayor, que no llegó a hacerse".
Esta prestigiosa familia, siempre ligada a las ramas de su ciudad natal a pesar de la enorme distancia, dotó a la capilla bajo su protección, "de la dignidad que era común en la próspera ciudad europea de donde partieron, para arraigar en las islas hasta nuestros días".
Por su testamento, dejó por heredera a su alma en el remanente de todos sus bienes para que, con lo que quedare líquido, se aplicara al aumento de la capellanía fundada por Luis Vandeval "el Viejo", con procesión del Santísimo y misa cantada todos los jueves del año en la capilla de Santo Tomás de la misma iglesia, por haber disminuido la hacienda sobre la que estaba impuesta; para su cuidado nombró a su sobrino Luis Vandeval de Cervellón por ser el único varón descendiente del fundador (A.P.N. 1715)
ADVOCACIONES
A pesar del nombre de la capilla, el tema principal del retablo no es el santo dominico. Se piensa que hubo una tabla pintada con Santo Tomás, pero que no se conserva. El origen hay que buscarlo en su padre, llamado Messire Thomas Van de Walle, "décimo Señor de Lembecke y de otros feudos" y es posible que esta advocación se haya relacionado con el nombre de este flamenco.
En su testamento declara su "devocion del sanctisimo sacramento de la eucaristia". El tema de las pinturas que configuraban el antiguo altar, se relaciona con una historia del Antiguo Testamento: el maná o alimento llovido a los hambrientos hebreos desde el cielo durante su penosa travesía en el desierto. Ésta está conectada con la instauración de la Eucaristía por Cristo en la Última Cena. Ambos asuntos se suelen representar conjuntamente en el arte religioso.
EL EXTRAÑO ASUNTO DEL "MANÁ".
El profesor Pérez Morera ha desarrollado la lectura del retablo definiéndolo como "discurso contrarreformista", que defiende la presencia de Cristo en la Sagrada Forma y la exalta como camino de "salvación eucarística", en correlación al significado del anejo retablo de la Santa Cruz como "triunfo sobre la herejía".
Tal y como refleja magistralmente Fernando G. Martín en su obra, se sabe que el maná "está identificado por los científicos con excrecencias del tamarisco segregadas por insectos". Concretamente en La Palma durante el siglo XVI, los cronistas, como por ejemplo Alonso de Santa Cruz, daba cuenta de un hecho perfectamente conocido: "ay muchos que afirman que se cogia en ella antes que se conquistase una miel que llamavan celestial que la cogian sobre las matas y los montes como copos de nieve; agora cae algunos años". Así, se recogía un maná sabroso y alimenticio que, incluso llegó a exportarse.
Abreu Galindo nos da más datos: "Habia en esta isla de La Palma, antes que se conquistara, y después muchos años, mucha cantidad de maná, que se cogia en ella y se llevaba a vender a España; el cual dejó de caer y cogerse, después que la arboleda de la cumbre de la isla se perdió".
El detallista Frutuoso apunta también hacia 1567: "Los isleños dicen que antes y despues de ser tomada la islcaia en la cumbre un manjar del cielo, menudo y blanco, como confites…sobre los arboles bajos y espesos como los tagetes, retamas y ajenjos… Ellos lo llamaban Gracia de Dios y maná oloroso…". Concluye su relato afirmando que, cuando comenzaron "los tratos mercantiles… se perdió para no volver más."
Torriani se encontraba en la isla entre 1584 y 1587 también lo señala brevemente: "Encima de los montes Andenes, que son los más altos, cae algunas veces buenisimo maná".
Viera y Clavijo -a pesar de sus frecuentes errores e imperfecciones- lo describe científicamente: "jugo meloso, concreto, purgante, sabor insipidamente dulce, de la clase de los cuerpos llamados mucosos, que se resuda de algunos árboles y con el calor del sol se condensa en pequeños grumos…". Decía que había leído libros antiguos que hablaban del famoso maná de La Palma y se exportaba a los países del Norte de Europa.
Fernando Gabriel Martín relaciona el "milagro del maná caído en La Palma" pintado en el retablo encargado por Van de Walle, con la metáfora bíblica, que ya tiene explicación científica. La necesidad de buscarse el sustento a través del trabajo. Él había alimentado literalmente al pueblo palmero en momentos críticos, asemejándose así a Dios cuando alimentó al pueblo hebreo. El palmero y el hebreo, dos pueblos elegidos y unidos por intervenciones milagrosas: un paralelismo que complacería a todos.
Alimento real -maná- y alimento espiritual -eucaristía- se confunden. Ayuda divina a los hombres a través de la fe; el deber de consumir lo necesario a través del sustento; todas estas ideas y asociaciones bien pudieran deberse a una persona luchadora que quisiese hacer méritos y fortalecer su imagen y protagonismo social. Un modelo de vida perfecto para un caballero ejemplar como Van de Walle.
VIRGEN DE LA MERCED
En esta suntuosa capilla se custodia un interesante lienzo desde el punto de vista iconográfico y pictórico.
No es usual encontrar este tipo de representaciones donde se incluyan algunos santos denominados "mercedarios". Estamos ante un óleo de grandes dimensiones -215 x 157 cms.- en el que Nuestra Señora de La Merced ocupa el motivo central y, a ambos lados, San Ramón Nonato y Santa María del Socors o de Cervelló, postrados de rodillas flanqueando a la Señora. En la parte superior se encuentra observando la escena la Santísima Trinidad, entronizada sobre nubes y coros de ángeles y querubines. Hay investigadores que indican que es una obra anónima. El profesor palmero Pérez Morera, sin embargo, atribuye esta obra al palmero Juan Manuel de Silva, hijo del polifacético artista Bernardo Manuel de Silva, realizada en 1735.
Es ésta una obra de "escuela canaria", cuya elección -como dijera la profesora Fraga- "en el asunto de desarrollar tiene su explicación seguramente en la identificación de sus donantes". Adquiere especial relevancia la figura de Santa María de Cervellón. Es representada -en la esquina inferior derecha- con el hábito blanco de la Orden Dominica y en su pecho lleva el escudo con la cruz blanca sobre fondo rojo (de la catedral de Barcelona) en la parte superior. En cambio, en la parte inferior, aparecen las cuatro fajas rojas sobre fondo amarillo de la Casa de Aragón, bajo cuyo patronazgo se organizaron los monjes. Como atributos personales posee una vara de azucenas blancas que le entrega la Virgen y una carabela.
De ahí la especial devoción que esta familia tenía a dicha santa mercedaria. De hecho, como atributo, sobresale la toca negra y la corona de flores sobre su cabeza, en azul y rosa pálido, alternando los colores, símbolo indiscutible de Santa Catalina de Siena, en cuyo honor se erigió un monasterio femenino -"las catalinas"- justo al lado del cenobio masculino de San Miguel de Las Victorias, en cuyas celdas, aulas y patios profesaron diversas jóvenes apellidadas precisamente, Van de Walle Cervellón. Llama la atención el hábito dominico, el mismo que vistieron las tres hermanas de don Luis Cervellón -como se le conocía entre sus contemporáneos-, que, huérfanas de ambos padres, habían sido criadas desde niñas en el vecino monasterio de clausura de Santa Catalina de Siena, en el que profesaron cumplidos los dieciséis años.
Descendientes del conquistador valenciano Vicente de Cervellón, la saga Van de Walle Cervellón blasonaban de su común ascendencia con la fundadora de la rama femenina de la orden mercedaria. Pérez Morera nos cuenta una anécdota muy curiosa. Es muy ilustrativa que dice mucho acerca de la obsesión nobiliaria que dominaba a la sociedad palmera del Antiguo Régimen, capaz de emparentarse con la mismísima Virgen María. Así, una señora de esta familia, "confundiendo a la Cervellona con la Madre de Dios, al rezar el Rosario, y cada vez que llegaba a las Ave Marías, mencionaba aquel parentesco, y lo mismo hacían sus criadas que le acompañaban en el rezo, expresándose las una y las otras, de esta manera: Dios te salve, María, pariente mía, llena eres de gracia,… Santa María, pariente de Usía, Madre de Dios…"
SANTO TOMÁS DE AQUINO
La imagen de Santo Tomás de Aquino -restaurada en 2007 por el escultor palmero Domingo Cabrera- fue traída de Roma por el doctor Tomás Van de Walle de Cervellón. El santo dominico italiano (Campania,1226- Fossanova, 1274) -cuya onomástica se celebra cada 28 de enero y 7 de marzo- fue proclamado patrón de las escuelas y universidades católicas, de los teólogos, de los libreros, de los fabricantes de lápices… y, además, fue nombrado protector de la castidad. Era descendiente de los condes de Aquino y, si bien se decía que era casi obeso, los artistas lo adelgazaron para idealizarlo, como hicieron con San Antonio de Padua. Nuestra imagen es de vestir, o de candelero, es decir, sólo esculpida las zonas visibles, como cabeza y manos. Uno de sus atributos es una paloma, alusiva al Espíritu Santo, que en este caso es de plata y está colocada sobre su hombro derecho desde donde "le habla al oído" y es la fuente de inspiración a su gran sabiduría. Según la profesora Rodríguez esta magnífica pieza de plata en su color fue ejecutada en la segunda mitad del siglo XVII y sus medidas son: 16 cms. de altura, 20 cms. de longitud y 28 cms. de envergadura. Se ignora cuándo este excepcional símbolo iconográfico de Santo Tomás llegó a este templo. La investigadora la describe con "cuerpo cubierto con decoración incisa imitando plumas de forma apuntada que en las alas se hacen redondeadas y van disminuyendo de tamaño hacia el borde posterior; pico y patas lisos y ojo alargado". Lleva una pluma de ave en su mano derecha (atributo común a los Doctores de la Iglesia, símbolo de la importancia de su doctrina) y en la izquierda sostiene enrollado un rollo de pergamino (más frecuente en los apóstoles, profetas y evangelistas). Está considerado como el mayor teólogo que ha tenido la Iglesia. Viste amplio hábito negro y blanco de la orden dominica y como tocado un gorro eclesiástico triangular de plata, una especie de bonete o birrete. Se le representa joven (murió a los cuarenta y ocho años) y con ancha tonsura monacal. Actualmente está colocado en el altar de Santo Domingo, capilla colateral del Evangelio, junto al delicado candelero cubano de Santa Catalina de Siena. Con esta imagen se celebraba el día de los estudiantes con numerosos actos litúrgicos y académicos, entre los que se encontraba la procesión del santo por las calles de la ciudad.
CRISTO DE LA COLUMNA Y VIRGEN DE LA ESPERANZA
Desde entonces, santo Tomás permaneció en su nuevo sitio hasta el 28 de marzo de 1956, cuando fue colocado el Cristo de la Columna, obra del escultor Andrés Falcón San José y decorada por Manuel Arriaga Beroa. Costó 9.850 pesetas.
La imagen del Divino Cautivo, en escorzo, aparece ligeramente forzada sobre la columna, destacándose en la escultura el buen acabado de sus pies y manos.
Este Cristo es acompañado, desde el 27 de marzo de 1956, por la imagen de la Virgen de La Esperanza en la noche del Martes Santo. La bella talla mariana es una obra de candelero de estilo sevillano que luce traje de raso blanco bordado en oro, con un enorme y precioso manto de terciopelo de seda verde. Está entronizada en una esquina de la misma capilla sobre un pedestal.
"Ambas esculturas fueron traídas a Santa Cruz de La Palma por iniciativa de don Dionisio Duque Fernández, para lo cual se hicieron peticiones públicas que arrojaron la cantidad de 20.097,70 pesetas" (de acuerdo con las «Notas Históricas…» del desaparecido historiador palmero Fernández García). Se encargaron a los talleres madrileños de Manuel Calderot. Los gastos de la celebración de los cultos del Martes Santo (antes la procesión era por la tarde) fueron sufragados en los dos primeros años por su iniciador Dionisio Duque y por Aurelio Feliciano. Después ha corrido a cargo del "Licenciado en Medicina" Gabriel Duque Acosta.
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