Convento Real y Grande de la Inmaculada Concepción de Nuestra Señora (II)

 

Viene de Parte I:

http://www.elapuron.com/blogs/arqueta/331/convento-real-y-grande-de-la-inmaculada-concepcin-de-nuestra-seora-i/

 

 

La profunda crisis que sufría La Palma desde la segunda mitad del siglo XVII se comenzó a notar en el monasterio. Se vivieron momentos de franca decadencia y ruina material. Se tuvo que vender al cercano cenobio femenino de Santa Clara varios censos que importaban tres mil reales para reparar la techumbre de la iglesia. El capitán Juan Massieu de Vandale ofreció mil reales para reparar la enfermería del convento. Incluso el padre guardián Juan de Oviedo escribió al presidente de la Real Audiencia de Sevilla -el palmero Pedro Massieu Monteverde-, para tratar de recuperar "el lustre, timbre y realse de convento Real, título tan meresido por su real fundación", así como para "pedir a Su Magestad (Dios le guarde) alguna ayuda de costa para el material reforme en las ruinas del convento". A finales del siglo XVIII, gracias a la labor del Provincial de la Orden y uno de los religiosos de más prestigio en el Archipiélago, fray Bartolomé y su hermano, fray Antonio José Lorenzo, Guardián del convento, se pudo emprender su reconstrucción general. El inmueble fue "reedificado en pocos años, con la más presiosa arquitectura, arcos y buena disposición de los claustros". Se reparó y mejoró la casa-convento "hasiendo distintos arcos para la buena disposición de las procesiones…"  Se sustituyó el antiguo órgano por otro nuevo y mejor -actualmente en deplorable estado de conservación- y se dotó a la sacristía con un ajuar magnífico de ternos, alhajas de plata, incensarios, ciriales, arañas y otras valiosas piezas…

 

En planta, la casa-convento se organiza en torno a dos grandes patios con corredores de madera, según los modos de la arquitectura doméstica tradicional y que, afortunadamente, aún pueden ser admirados. El más antiguo es el claustro pequeño, del siglo XVI, al que más tarde se le añadió el grande. Pérez Morera nos informa de que "en torno al primero, adosado a la nave del templo, se distribuían, en la planta alta, los dormitorios de los frailes y la enfermería, y, en la baja, el refectorio -en la crujía paralela a la iglesia-, con antesala del De Profundis y la cocina, además de las capillas del Monte Averna y San Francisco Solano, ambas abiertas en el costado oriental de la galería del patio". Estas capillas servían de lugar de enterramiento y también para los descansos de las procesiones claustrales. Éstas se dirigían desde la iglesia hacia el convento a través de la desaparecida Puerta de Gracias, cuyo arco -hoy tapiado-  se hallaba próximo a la escalera principal.

 

El monasterio de padres franciscanos se suprimió el 12 de julio de 1821, siendo el Guardián fray Jacob José Pérez. Un lustro después, el 14 de julio de 1826, se establece nuevamente, pero volvió a ser suprimido el 1 de noviembre de 1835, esta vez definitivamente, cuando ostentaba el cargo de guardián fray Juan Antonio Carpintero. El inventario de 1835 indica que existían veinticinco celdas, dieciocho de las cuales eran ya inútiles por su deterioro.

 

Pasados varios años, las amplias dependencias de este extinto monasterio sirvieron de cuartel para los Nacionales, "los que determinaron trasladarse al de San Miguel de Las Victorias, ex convento dominico". Por Real Orden de 21 de febrero de 1850 allí se albergó el Batallón Provincial de La Palma, ocupando los militares el recinto hasta 1952, fecha en que se trasladaron al cuartel El Fuerte de Breña Baja.

 

El Excmo. Cabildo Insular de La Palma compró al Ejército el histórico inmueble mediante escritura fechada el 22 de febrero de 1947 ante el notario Lorenzo Martínez Fusset. Fernández García nos informaba de que "la finca urbana tiene una extensión de 4.469,50 metros cuadrados, en forma irregular y edificados en su mayor parte". Se destinó entonces como casa-habitación para albergar a las familias humildes con escasos recursos económicos. El propio Alberto-José seguía esclareciendo más detalles interesantes. Por ejemplo, el 7 de julio de 1958 se había acordado que el Cabildo concediese el usufructo de una parte del inmueble a la Escuela de Formación Profesional Virgen de Las Nieves y el 1 de julio de 1965 fue vendido al Obispado de la Diócesis Nivariense 216,13 m2 con su respectivo inmueble. Luego, previa autorización del Ministerio de la Gobernación, se cedió en usufructo a la Delegación Nacional de Juventudes una extensión de 3.000,54 m2 y, por sesión plenaria de 6 de febrero de 1961, se acordó ceder en propiedad, por causa de un convenio suscrito con la Venerable Orden Tercera, la extensión de 161,01 m2. El Cabildo cuenta en su propiedad con 4.082 m2, con sus correspondientes edificaciones, según datos aportados por el propio Fernández García. El 7 de febrero de 1986, la Corporación Insular acuerda, en sesión plenaria, el traslado y ubicación de los Museos Insulares en el recién restaurado convento. A lo largo de estos años, su patio principal se ha destinado a cancha de baloncesto y otros deportes, luego a conciertos y obras de teatro, danza y variados espectáculos, mientras que el interior alberga numerosas exposiciones. En sus dependencias claustrales tienen su sede la Biblioteca Pérez Vidal, el Archivo General de La Palma, el Taller de Restauración del Cabildo y el Museo Insular de La Palma (inaugurado el 26 de junio de 1987). Éste se pretende ampliar tanto en espacio como en contenido para convertirlo en un gran complejo cultural, con secciones más completas y detalladas dedicadas a la Historia y Cultura de La Palma, a las Bellas Artes y a las Ciencias Naturales, así como un Centro Documental y una sala multiusos, una cafetería… Este Centro estaría articulado con el Museo Insular formando una sola unidad cultural que se ubicaría en los edificios colindantes en los que actualmente ocupan la Escuela Insular de Música, el Centro de Venta de Artesanía y la antigua academia Pérez Galdós. Se pretende conseguir, así mismo, que allí se integre el Centro de Conservación y Restauración del Documento Gráfico y un Museo de la Imprenta, etc.

 

Muchas dependencias del recinto se han adaptado, con respeto, para su nueva finalidad. Se accede a la galería superior a través de una amplia y esbelta escalinata de balaustres torneados donde se pueden apreciar dos tablas flamencas de Santa Lucía y Santa Bárbara y otros óleos de pintura religiosa, como el San José, de Maella, procedente del Museo de Arte Moderno de Madrid (Daranas). Varias estancias en las que se suceden exposiciones pictóricas de, por ejemplo, los palmeros Gregorio Toledo, Manuel González Méndez, González Suárez, etc. También se exponen elementos representativos de la economía palmera en todas sus vertientes, en el llamado Museo Etnográfico. También una representación de todos los trajes típicos de La Palma. Se puede visitar también una celda franciscana, representada tal y como se tenía en la antigüedad. Se continúa la visita hacia una habitación dedicada a la seda, donde se expone todo el proceso artesanal de esta importante producción, desde el gusano de seda hasta el producto elaborado. El visitante encuentra también un magnífico claustro del siglo XVII en el que crecen los naranjos plantados por los reyes y Jefes de Estado europeos en 1985, con motivo de la inauguración del Observatorio Astrológico del Roque de Los Muchachos. En la antigua cocina del convento se hallaba colocado el Museo de Arqueología, cedido por La Cosmológica y que ha sido objeto de gran polémica por su traslado al moderno Museo de Los Llanos de Aridane. Allí se había reproducido un enterramiento aborigen tal y como fue descubierto en Tijarafe. Daranas también nos recuerda en su detallado recorrido por el inmueble que "destaca en esta sala la espectacularidad de los materiales cerámicos de la isla, que han servido para establecer la evolución de la cultura de estas poblaciones prehistóricas". Se hallaban también algunos grapados rupestres muy interesantes. En el antiguo refectorio del convento, "que en sus mejores tiempos dio alimento a una congregación de más de sesenta frailes", se ha instalado el Museo de Ciencias Naturales, cedido por la Sociedad La Cosmológica. En ella se observa un catálogo importante de aves, peces, crustáceos y minerales.

 

"El magnífico recinto del Real Convento Franciscano de la Inmaculada Concepción, obra maestra del siglo XVI, acoge hoy el Museo Insular de La Palma. La instalación de este Museo en el Convento, cuya reciente inauguración ha supuesto un enorme esfuerzo económico y de todo orden al Cabildo Insular, es fruto del empeño, tesón y constancia de la Comisión de Cultura del propio Cabildo. Ustedes, visitantes palmeros y foráneos, pueden admirar a lo largo de las diversas salas gran parte de la historia de La Palma, desde las distintas ópticas, pasando de las Bellas Artes, a la etnografía, la artesanía, la arqueología, las ciencias naturales y la construcción naval, lo que les dará una idea muy clara de nuestro pueblo, sus gentes y su cultura…"

 

                                                                            José Luis González Afonso,

                                                            Presidente del Cabildo de La Palma, 1987

 

En cuanto a la llamada Casa de la Misericordia, se decía que allí estaba instalada la masonería palmera y que luego el inmueble pasó a los hijos de don León Felipe Fernández quienes la vendieron al Cabildo Insular, en escritura de 18 de marzo de 1940. En esta mansión estaba establecida la antiquísima Cofradía de la Misericordia o de la Vera Cruz, cuyos miembros la habían edificado junto a la torre. Sería Juan Massieu van Dalle y Monteverde el que construiría una estancia encima del inmueble a fin de pasar los últimos días de su vida.

 

Tras la supresión del cenobio palmero en 1835, la iglesia se independizó de la parroquia de El Salvador y pasó a ser ermita independiente, para constituirse en parroquial en 1954, siendo su primer párroco don Miguel Pérez Álvarez. De todas formas, para las clases populares que se asentaron desde el principio en torno al convento, la iglesia franciscana fue siempre su auténtica "parroquia, exceptuando el bautismo y comunión pascual". Pérez Morera recogía en su obra: "Aquí oyen misa del alva la gran multitud de infelices que no la oyrían no diciéndose a esa hora, pues se haría más insufrible su miseria si se vieran en la necesidad de ponerla al público… tan así que sin ipérbole se puede decir que una mitad del pueblo concurre a San Francisco…"

 

La planta de la iglesia seráfica es de gran cruz latina de una sola nave y de dos brazos irregulares que están formados por varias capillas, dos a cada lado, lateral y colateral, edificadas en momentos diferentes y cuyos patronazgos fueron adquiridos por las familias de más abolengo de la muy ilustre ciudad. Diversas reformas se repitieron en el templo a lo largo de toda su historia, incluso la denominación actual de las capillas no es la misma que la originaria. La antigua capilla de la Virgen de Montserrat hoy está dedicada al  Cristo de la Piedra Fría; la colateral del Evangelio, al Sagrado Corazón de Jesús; la de la Vera Cruz a Santa Ana y luego a la Inmaculada; la de San PedroSan Nicolás, etc. En opinión de Martín Rodríguez, "esta iglesia es la que conserva más testimonios arquitectónicos, plásticos y epigráficos del siglo XVI en toda la ciudad"

 

En la fachada se presenta el acceso principal, situado transversalmente a la nave principal, como se observa en los templos capitalinos de El Salvador, el Hospital de Dolores o Santo Domingo de Guzmán. En palabras de López García, la puerta principal es con arco de medio punto "enmarcada entre pilastras almohadilladas, con un incipiente entablamento, todo de gran sobriedad, contrastando con el frontón mixtilíneo, de carácter barroco que sirve de coronamiento. Por la labra de la piedra, parece todo del mismo momento, por lo que nos lleva a pensar en una obra tardía, donde ya triunfan formas barrocas".

 

La capilla mayor fue fundada por Jácome de Monteverde -con las armas de los Groenemberg-, primer miembro de esta saga establecido en La Palma que había adquirido los ingenios azucareros de Argual y Tazacorte. Una amplia capilla con artesonado mudéjar y arco de medio punto. Hacia 1589-1590 se acometió la reconstrucción y ampliación de la primitiva capilla mayor, siendo guardián el padre fray Fernando de Molina. En torno a 1622 se hizo un retablo  "suntuoso e como requiere en la capilla mayor e todo con muy grande costo". En 1631 se había concertado su dorado al prestigioso maestro Antonio de Orbarán. En 1846 la capilla y el altar fueron reformados por don Felipe Massieu, natural y vecino de las Palmas, para ser colocado en él el Señor de la Caída,  anhelada colocación que tuvo lugar el 18 de julio de dicho año, con una función solemne y procesión multitudinaria.

 

Este retablo tenía, en su ático, una alegoría del Santísimo Sacramento realizada por el Beneficiado Manuel Díaz. Su diseño fue del presbítero José Joaquín Martín de Justa y fue estrenado el 6 de julio de 1848. Predominaban las zonas estucadas de color blanco, preparadas para dorar pero que nunca recibieron el pan de oro. Esto fue debido, probablemente, a razones económicas. El techo, preparado para ser decorado al fresco, tampoco fue acabado, por lo que era un simple enlucido de ripia blanca que tapaba el artesonado, o, más bien, sus restos. El carpintero Gaspar Núñez en 1612 declaraba en un codicilo que el convento le debía 38 ducados por la techumbre. Recordemos que el altar mayor había sufrido un incendio poco antes de marcharse los frailes en 1832, por lo que el magnífico retablo de Andrés del Rosario estaba completamente arruinado, si bien pudieron salvarse las imágenes ya que el fuego se había iniciado en la sacristía. "Fue una suerte que no ardiera el Templo afectando sólo a los enseres, muebles de la misma y a las tallas del retablo mayor y puerta de acceso, algo más retrasada y al balcón tribuna del que solo queda, cerrado con una vidriera, su hueco".

 

El actual retablo (c. 1717-1719) que se colocó en el testero de la capilla mayor fue traído desde la vecina ermita de San José tras ser desmantelado el anterior, en una polémica actuación del segundo párroco don Juan Pérez Álvarez, hermano del primero. Se trata de un retablo de dos cuerpos con columnas de fuste estriado y con bellos lienzos al óleo de artista anónimo. Representan a los Abuelos de la Virgen: San Joaquín y Santa Ana y en el segundo cuerpo, la Huida a Egipto y la Visitación. En la hornacina central -reformada en 1846- se veneraba la elegante talla de San Francisco de Asís –escultura montañesina del siglo XVII, y en el nicho superior la magnífica efigie flamenca de la Inmaculada (principios del XVI), la más antigua de todas las Inmaculadas que se conservan en Canarias y que fue traída por el caballero mencionado, Jácome Monteverde. Según Daranas, "se representa descendiendo del cielo, con los ojos puestos en la tierra, arqueada en una acentuada curva gótica, las manos juntas en oración y sin el Niño, pues se trata de plasmar una prerrogativa anterior a su maternidad divina". El catedrático aseguraba que, probablemente, debió de quedar deteriorada en el ataque de los hugonotes franceses en 1553 y se le cubrió con paños barrocos. La bella talla fue restaurada en 1969 por Pilar Leal y Julio García de Rueda. Entre leyenda e historia, se cuenta que, fruto del mismo ataque y en defensa de su amada patria, había muerto el insigne palmero Baltasar Martín de una pedrada propinada desde el campanario por un franciscano que lo creía enemigo. Desde entonces yace sepultado bajo la cancela que da entrada al templo. Otros cuestionan la existencia del héroe de Garafía (preciosa Villa del norte de La Palma) y que da nombre a una calle que discurre paralela al convento.

 

En un pequeño nicho de cantería, en un lateral de esta capilla mayor se halla expuesta una delicada y encantadora escultura del Niño Dormido, "tema apropiado a la religiosidad del Barroco […] que duerme plácidamente bajo los instrumentos del suplicio y sobre la calavera, signo premonitorio de su Muerte…" Era venerado en el desaparecido retablo del Calvario o de Ánimas.

 

La llamada Capilla de la Plata, primera colateral del lado del Evangelio, fue fundada en 1599 por Hernán Rodríguez Perera y su mujer, Catalina de Van Patris o de Plata (hija del mercader flamenco Jan Van Daysele) en honor de "Nuestro Señor, de su Santísima Madre y de San Juan Bautista". Sin embargo, Viera y Clavijo, al hablar de ella, decía que "era fundación de los Pinto". La inscripción esculpida lleva a pensar en un cambio de propietarios. Tiene arco de medio punto con casetones y capiteles decorados y destaca su artesonado mudéjar con decoración de lacería. Los capiteles jónicos, de buena labra, se decoran con flores y sus óvolos se ven en modelos de Serlio y Sagredo. Debe destacarse la decoración interna del arco con dobles casetones. Actualmente se denomina Capilla del Sagrario porque en el retablo del Sagrado Corazón se halla el tabernáculo donde se custodia el Santísimo Sacramento. En su ático se venera una preciosa talla barroca de Santa Teresa de Jesús, procedente de Sevilla y ejecutada en 1733. Fue encargada por doña María Massieu y Monteverde para el coro bajo del convento de Santa Clara. Se conserva también el pequeño retablo de Nuestra Señora de la Estrella de Mar, procedente de la ermita de San José, donde se venera a San Roque, la imagen más antigua de Canarias (s. XVI) del santo protector contra la peste.

 

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