El triunfo de la Torre de San Miguel del Puerto (y II).

Las fortalezas costeras de la ciudad palmera repelieron eficazmente al célebre corsario cuando sus barcos sitiaron la capital el 13 de noviembre de 1585, hace ahora 424 años. Dos descargas dirigidas por los artilleros del Castillo Real de Santa Catalina trataron de alcanzar sin éxito a la flota. Las naos quedaron alertadas y continuaron acercándose con la máxima precaución a la costa sur. Todas las embarcaciones seguían a la nave capitana Elizabeth Bonaventure. Esta gran nave, de 600 toneladas, era propiedad de la reina y al mando se encontraba Thomas Fenner.

Cuando la cabeza de la escuadra llegó frente al muelle, la torre de San Miguel del Puerto efectuó dos certeros disparos contra la nave principal. Los artilleros obedecían órdenes de Pedro Hernández Señorino y Baltasar Hernández de Acosta. Una de las balas impactó en la galería donde Drake se encontraba con los capitanes George Barton, Carleill y Frobisher, alcanzándole las dos piernas. Los destrozos fueron considerables, demoliendo la gavia del trinquete o velacho. Otro de los cañonazos alcanzó a la nave Leicester, de 400 toneladas, al mando del contralmirante Francis Knollys, primo de la reina inglesa. Los disparos procedentes de las fortalezas del Real de Santa Catalina y de San Miguel no cesaban. Verdaderamente ambas advocaciones se habían erigido en santos protectores de la ciudad. En el considerado como el tercer ataque importante sufrido por la Isla en toda su historia, el viento favorable también jugó un papel destacado que ayudó a la derrota del enemigo. Varias lanchas y algunos bateles, tras los primeros disparos, se arremolinaron en torno a su nave capitana para protegerla.

Así, hacia las tres de la tarde, desapareció la flota enemiga en dirección sur de la vista de la ciudad, "fuyendo por el mucho daño que se les hizo". De este modo, escribe el profesor Rumeu de Armas, "finalizó el primer ataque inglés a las Canarias, en el que Santa Cruz de La Palma tuvo el alto honor de derrotar al más grande de los piratas ingleses, destrozándole su navío almirante y causándole daños y bajas en las embarcaciones y tripulantes". Un testigo de excepción de este asalto fallido fue el ingeniero italiano Leonardo Torriani, que se encontraba en Santa Cruz de La Palma enviado por el monarca español para la construcción del muelle, que llegaría a ser el tercero en importancia del imperio, tras Amberes y Sevilla. Torriani escribía "al querer desembarcar, se le contestó con tan buen orden por la artillería de los tres castillos que están en la playa de la ciudad, que fue obligado a salir del puerto, con pérdidas; y también había allí, en la marina, 2000 hombres bien armados que, apoyándose en la aspereza de la tierra, de las olas del mar y de las fortalezas, estaban prontos para defender valerosamente su patria…" 

El regidor Juan Fernández Sodre, sobre este ataque, había dicho que, "como es notorio el 13 de este presente mes vino a puerto de esta ciudad un corsario inglés con 24 galeones e muchas lanchas e varcas con mucha gente desembarcada en ellas, para haber de entrar en esta ciudad, en resistencia y defensa de la cual demás de la gente de esta isla ponerse a la orilla de la mar esperando el dicho corsario y enemigo, las fortalezas de esta ciudad les tiraron muchos tiros con el artillería que en ellas estaba, la cual les maltrató y les hizo hacer a la vela, donde se gastó mucha pólvora y se envía mensagero a S.M. con la noticia de ello pida en nombre de esta isla alguna artillería pesada y municiones…"

Otro regidor llamado González de Acosta dejaba escrito que "como es notorio el gran corsario y enemigo de nuestra Santa Fé católica de Roma Francisco Drake, inglés, el miércoles pasado 13 deste presente mes de Noviembre y año presente de 85, amaneció sobre Puntallana de esta isla, que es la entrada de esta ciudad e puerto de ella, con 30 velas, las más de 20 gruesas y poderosas y las demás…patajes y lanchas y todas con cada tres bateles por sus popas y así vino entrando, como entró, hasta el puerto principal de esta dicha isla e ciudad hasta llegar a surgir en el dicho puerto enfrente de la playa de esta dicha ciudad; y amainadas las velas y apercibiéndose para echar gente con ánimo diabólico de saquear esta ciudad e isla, e con buena orden e gobierno e ánimos valerosos que el Sr. Teniente, como capitán general, e tubieron e pusieron e gobernaron, así en la infantería e gente de a caballo e fortalezas de esta ciudad de las cuales se le dio tal batería que se vio clara y manifiestamente haberle lastimado mucho así en la capitana e otros navíos e gente; de tal manera que fue Dios Nuestro Señor servido que con gran presteza y ligereza alzó las velas y se retiró y así la gloria a Nuestro Señor y su bendita Madre de Las Nieves quedó esta ciudad e isla con victoria, y al dicho enemigo fue lastimado…"

El propio regidor se hallaba en la fortaleza "que está sobre el puerto principal de esta isla e surgidero de todos los navíos con dos piezas de bronce medianas que solas tiene, e con otra de hierro que no es de hacer caso ni se tiró, con el ayuda de Dios e con ellas esforzándolas con cada su cuchara más de pólvora de lo que solían cargallas se le lastimó al dicho enemigo buena parte del daño que llevó así en la capitana como en las otras que con ella vinieron, como es notorio. Pidió el ensanche hacia el mar de la dicha torre del puerto y su provisión de mejor artillería y más municiones. Dijo el capitán de un barco mercante francés, que en la tal armada venía Drake y 6.000 hombres con ánimo de entrar en esta isla y dejar gente después de haberla ganado y pasar a las Indias de S.M…".

Terriblemente sorprendido por la tenaz resistencia de los palmeros, el herido y frustrado general inglés -"con gran oprobio"- ordenó a la flota salir de la bahía de Santa Cruz de La Palma y proseguir con su viaje hacia El Hierro, donde hizo una corta escala al no obtener ni botines ni provisiones. Tas desvalijar varias carabelas, cruzó el Atlántico rumbo a Dominica y luego a la Isla de San Cristóbal.

El alcalde Lorenzo Rodríguez escribía en sus crónicas: "El tercer Castillo, de San Miguel del Puerto no se halla en mejor estado que el ya dicho de Santa Cruz del Barrio. Bastará el estruendo de su propia artillería para derribarlo, siendo así que es la única defensa que tiene el muelle; y en el año de 1585, cuando invadió esta ciudad la Armada del temible Francisco Drake compuesta por 27 bajeles de guerra, debemos al fuego de este Castillo el destrozo que recibió dicha armada que la precisó á tomar la fuga é irse con toda diligencia á reformarse á la isla del Hierro, de donde se enderezó á la isla de Santo Domingo y Cartagena, que saqueó, con otros muchos destrozos por otras partes que con extension constan de informacion hecha en 1587, que con otros papeles corre protocolada ante Santiago Alvertos, Escribano de esta isla en 1758".

En septiembre de aquel año, las noticias del regreso de Drake de sus razzias en las Indias de Su Majestad preocupan nuevamente al Cabildo que teme un nuevo ataque. El alguacil y alcaide Sebastián Vallejo y el condestable de la artillería, Matías Cardoso, solicitan urgentemente el envío de pólvora de Gran Canaria y de Tenerife. Se reparte media libra a los arcabuceros de la existente en la fortaleza del vecino Castillo Real de  Santa Catalina de Alejandría. Se cuenta con 500 esclavos negros y mulatos que hay en la Isla. También se ordena la reconstrucción de la deteriorada casa de la pólvora de dicho castillo aprovechando madera de la máquina del muelle, etc.

El 19 de noviembre de 1587, el Cabildo recibía la noticia de que Drake había salido de Inglaterra con una nueva flota y, nuevamente, los regidores se reunieron con urgencia para tratar el asunto de la defensa de La Palma. El cronista y alcalde Lorenzo Rodríguez recogía las conclusiones de dicho encuentro. Confirmaba que Drake "dudará de enviar gente en los barcos y lanchas porque si quisiere acometer la principal fuerza que esta ciudad tiene es la artillería de las fortalezas para el gobierno de la cual conviene que haya en ellas alcaides y hombres de razón y de buen gobierno y de ánimo; y sólo en el fuerte del puerto está Pedro Hernández Señorino, que es hombre bien nacido y que en muchas ocasiones, especialmente el año pasado en la venida de Francisco Draque, con mucho valor trabajó y ayudó al artillero y a los que le servían, de suerte que las dos piezas de artillería que tenía el dicho fuerte, aunque pequeñas defendió la entrada a los navíos que venían siguiendo a la capitana de Francisco Draque y la trató muy mal y la hizo volver a la mar, y se tiene por cierto que la dejó ir al fondo por no poderla favorecer, el cual es hombre bastante para la dicha fortaleza". Yanes Carrillo informaba de que "un disparo de este castillo que mandaban Pedro Hernández Señorino y Baltasar Hernández de Acosta, echó a pique un navío de los que formaban la escuadra del corsario inglés Francisco Drake el 13 de noviembre de 1585".

Algunas curiosidades sobre el Torreón de San Miguel:

– En 1517 el emperador Carlos había expedido en Bruselas una Real Cédula agraciando a su repostero Pedro de Rada con la alcaldía y tenencia de la torre del Puerto. Rumeu de Armas informaba de que éste había tomado posesión nominalmente por medio de un apoderado.

– En 1587 el artillado de la torre contaba con los cañones llamados: "San Juan", "Morterolo" y "la Rosa". También de una culebrina de hierro.

– A principios del siglo XVIII se sabe que el Cabildo se encargó de la restauración y reparación de la pequeña fortaleza.

– Antonio Riviere confirmaba en 1742 que ya no se usaba como castillo, pues escribió que era un "torrión antiquisimo que sirve de cuartel".

– El 9 de mayo de 1779 fue preso en este castillo y luego conducido al principal de Santa Catalina, el célebre garafiano Anselmo Pérez de Brito. El periódico El Tiempo, de la capital palmera, en su apartado "Efemérides", confunde mes y año, pero no día. Así, se lee: "9 de marzo de 1770: El Lcdo. don Anselmo Pérez de Brito, abogado director de don Dionisio O"Daly en la ruidosa causa contra los Regidores Perpetuos, es sacado de su casa por orden de éstos y llevado entre tropa al Castillo de San Miguel del puerto en donde se le constituyó en prisión". 

– En un informe de 1790 firmado por los diputados de fortificaciones de La Palma al Cabildo, se le comunicaba el mal estado de conservación de la torre, "arruinada por el mar, sin almacén ni resguardo para la pólvora".

– En un informe de 1848 se hacía constar las partes con la que contaba el castillo: "una puerta y escalera, un Cuerpo de Guardia de Tropa, escalera y calabozo alto, repuesto de pólvora, un cuarto del artillero, escusado y campanario, garita y cepo para las balas, imagen de San Miguel y escudo de armas…"

– El 23 de junio de 1862 varios vecinos de la capital solicitaron a las autoridades militares la demolición del castillo.

– En 1872 sería el Ayuntamiento el que elevara esta misma petición, debido al lamentable estado que presentaba la torre y por la conveniencia de ampliar la plazoleta del muelle. En el informe redactado al año siguiente por la autoridad militar constaba que, aunque su eliminación suponía una debilitación del estado defensivo insular, también reconocía que esta edificación obstruía en parte el acceso al muelle y dificultaba la expansión urbanística de la ciudad.

– Una Real Orden fechada en Madrid el 20 de julio de 1877 prohibió la demolición.

– La acuarela y tinta sobre papel titulada Nobilissima Palmaria Civitas  (anónima, s. XVIII) es una panorámica de la ciudad de Santa Cruz de La Palma desde el mar, donde se aprecian antiguas fortificaciones y fortalezas, templos y ermitas (algunas ya inexistentes, como la torre que nos ocupa). Sus medidas son 38,5 x 182, 5 cms.

– El derribo de la histórica torre de San Miguel del Puerto tuvo lugar el 17 de mayo de 1897 por un mandato del ayuntamiento a fin de comenzar las obras de remate del trozo de muelle que se construyó más tarde. Así informaba la prensa local de su desmantelamiento:

"En el día de ayer empezó el derribo de la antigua torre de San Miguel situada en la plazuela del muelle. Nos complacemos de que al fin se halla llevado a cabo esta mejora, deseada hace mucho tiempo por los buenos patriotas…"   

                                                  El País, (18 de mayo de 1897)

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