FUNDACIÓN
Esta pequeña iglesia, dedicada al Patrón de la Isla, fue fundada en 1705 por el licenciado Carlos Doménech (o Doménego) y Montañez (1661-1711), Venerable Beneficiado de la Parroquia Matriz de El Salvador de la capital palmera. La licencia la obtuvo del Iltmo. Sr. Obispo "de estas Islas" Bernardo de Vicuña y Suazo, expedida en La Orotava el 16 de agosto de 1702: "… damos lizencia al referido Lizdo d. Carlos Domenego Montañes para que pueda erigir y labrar y edificar en la dha jurisdicción de la breña alta y hacienda de malvasia y viñuedo la dha hermita a la advocación el Archangel San Miguel, separada de las casas que el susodho tiene en dha hacienda y con solo una puerta a la via publica a su propia costa y expensas…" El fundador la dotó con 50 reales anuales sobre la hacienda de su propiedad en la que se hallaba enclavada la ermita. Así consta en el testamento otorgado ante Antonio Vázquez el día 23 de febrero de 1711.
En esta católica familia aconteció un suceso terrible que había consternado la tranquila vida de toda una Isla. Nada hacía prever que aquel día, 12 de julio de 1661, por motivos desconocidos, la discusión tenida en las calles de la ciudad de La Palma tendría una profunda repercusión en el futuro de la aristocrática saga de los Doménech. La violenta riña entre Jacinto Doménech Benítez Valera y Gaspar González terminó con la muerte de este último. Una piedra arrojada por Jacinto a la garganta de Gaspar fue la causa de su fallecimiento. Aquél tuvo que huir de La Palma hacia Campeche (Méjico) no sin antes sufrir grandes calamidades en su tortuosa marcha. Unos años después, quedó demostrado en el juicio que la muerte había sido sin intención y que, según los testigos, la discusión la había provocado la víctima. Antes de su llegada la Isla en 1667, Jacinto estaba obsesionado con su "regreso triunfal sin mácula". Lorenzo Tena nos recuerda que, para lograrlo, había hecho acopio de "todo tipo de documentos testificales, genealógicos y heráldicos" para probar la nobleza de su sangre y de su inocencia. Una de las bazas que tenía a su favor era el hecho que uno de sus antepasados, el conquistador Juan Benítez, promoviera la llegada al Archipiélago del Cristo de La Laguna. Muerta su madre, heredó la Hacienda de Miranda en Breña Alta, localidad de la que llegó a ser alcalde. Esta propiedad le fue confiscada por el Tribunal de la Santa Cruzada y su sobrino, el mentado Carlos Doménego pudo recuperarla. Lorenzo Tena nos informa de que "como sucesor del vínculo fundado por su tío don Jacinto Doménech, tuvo la determinación -bien por iniciativa propia, bien por inducción de su antecesor o bien por el desagravio de limpiar la mancha familiar- de erigir una ermita a la advocación del Arcángel San Miguel en aquel paraje de las medianías de Breña Alta".
La bonita y sencilla capilla de San Miguel, que da nombre al barrio donde se ubica, así como a la finca que la contiene, "se fundó y erigió por voluntad del mencionado Licenciado en una hacienda de malvasía y vidueño de su propiedad, heredada y perteneciente a un vínculo fundado por su tío don Jacinto Doménego Benítez y Valera".
Esta hacienda está enclavada en las medianías de Breña Alta, limitada hacia el Sur-Este con el camino vecinal que divide los barrios de El Llanito y Miranda. Tiene forma triangular, con un vértice que mira hacia el norte y que se ensancha hacia el sur. Lorenzo y Rodríguez también nos detallan que el acusado desnivel de la zona "la configura en parcelas o terrazas abancaladas, de gran impacto visual, donde predomina el cultivo de cereales, con una calidad y características de suelo de extraordinaria fertilidad". El magnífico emplazamiento donde se asentaría el pequeño templo es la zona más llana de la desnivelada hacienda, sobre un pequeño montículo rocoso. Tenía puerta al camino real "entre altos paredones de piedra, hoy en día tristemente destruidos en pos de un dudoso progreso" (Lorenzo Tena)
El heredero de Jacinto Doménech, su sobrino Carlos Doménego Montañés, el 30 de octubre de 1700 había impuesto sobre esta finca un tributo redimible de 1.825 reales de principal a favor de la primera de las capellanías instituidas por el capitán Francisco Díaz Pimienta. Así consta en el Archivo de Protocolos Notariales de la capital palmera (Escribanía de Antonio Vázquez, 1700).
Aparte de las mencionadas, también se barajaron varias causas por las que este conocido personaje quiso fundar la ermita en su hacienda en las medianías de Breña Alta. Se decía que tal vez se debió a la propia comodidad de poseer un recinto sacro al lado de su residencia veraniega donde poder disfrutar de las funciones religiosas. También pudo influir su gran preocupación por las clases menos aventajadas de la sociedad, pobres y enfermos, etc. En sus tierras trabajaban numerosos labriegos y campesinos de toda la comarca y según dejó dicho en su testamento: "… los fieles de aquel territorio por su pobreza no podían asistir a la misa mayor de su Parroquia, y por las precisas ocupaciones de sus labranzas les será más fácil oírla en dicha Ermita en el consuelo espiritual…"
Tras la muerte de don Carlos en 1711 y por voluntad testamentaria, la hacienda y la ermita contenida en ella pasaron a ser propiedad de sus hermanas solteras Catalina y Ana Doménego Manrique de Lara. Años más tarde, el sobrino de ambas, Salvador Doménego dejó la carrera eclesiástica para ingresar en las milicias. Tras casarse con Francisca Barroso de Sáa Herrera y Orduña, "le permitió ofrecer a la justicia argumentos suficientes para litigar y recuperar la hacienda con su ermita en detrimento de sus tías". Tras varias apelaciones fue nombrado sucesor del vínculo de su tío Jacinto. Durante un siglo permaneció en poder de sus descendientes hasta que un indiano rico, de regreso de Cuba, compró la hacienda a su último propietario, el gobernador militar de La Gomera, Ramón de Echeverría y Bueno. "La hacienda sufrió a partir de entonces varias segregaciones, pero la parcela de la ermita ha permanecido en la familia del comprador hasta la actualidad".
ARQUITECTURA
"… Reconocimos en la visita de esta Hermita, estar el ladrillado y mas de media vara de la pared de la mano derecha del altar mui humedo, y con manifiestas señales de que por aquella parte se entra agua en la Hermita, lo que confesso suceder Melchor Rodríguez, mayordomo de aquella hacienda por estar parte de ella superior a la Hermita, y por obviar el daño que se puede seguir al edificio, mandamos se hiciesse por la parte de afuera arrimado a la pared, que se mida la necessaria de argamasa con riego competente por el desagüe de la Hacienda al camino…" (Libro de Visitas. Visita de 1725, fol. 61).
De construcción austera, la pequeña iglesia presenta en su configuración actual, muros de mampostería encalados "con entradas útiles, en el frente hacia el naciente y en la parte posterior, a través de la sacristía, hacia el poniente". Otra entrada posee orientada hacia el norte, lindante con la casa de la familia Leal-Martín. Ésta fue construida entre 1911 y 1920 por don Miguel Leal de Paz.
La sacristía no fue edificada junto con la ermita, pero ya existía en 1768, según consta en la visita de ese año. Ubicada junto a la pared norte y "aneja de dos plantas", tiene ventanales de cantería albeada en ambos lados, "habiendo quedado cerrado el que mira hacia el norte cuando fue construida la sacristía". Si bien el techo de ésta es "a cuatro aguas", el cuerpo de la nave se halla cubierto de tejado de a tres aguas: "dos vertientes en los laterales, que se funden en la fachada principal, y una en la parte posterior". Esta techumbre exhibe un sencillo entramado de vigas y tableros, en forma de par y nudillo. Se refuerza la armadura mediante dos tirantes rematados en canes simples que atraviesan la nave de lado a lado.
La sencilla espadaña, de doble hueco en forma de arco de medio punto, alberga dos pequeñas campanas que son repicadas desde un balconcito de madera al que se accede desde el coro. En éste se halla un órgano de la década de 1940-50, y que vendría a sustituir al antiguo de tubos, ya muy deteriorado. Se asciende a él mediante una pequeña escalinata de 15 peldaños.
Las pequeñas dimensiones de la ermita (el recinto mide 9,25 x 5,38 mts.) no son óbice para que posea otros elementos propios de iglesias más grandes, como un púlpito de base octogonal en el lado del Evangelio y una pequeña pila para agua bendita en el de la Epístola. Está labrada en cantería y empotrada en la pared.
El frontis, de eje simétrico, "se prolonga superiormente en hastial limitado por una cornisa". La entrada de la ermita culmina en vano central adovelado en cantería, "con impostas sobresalientes". En el frente de la ermita, lindante al camino público, se encuentra la pequeña plazoleta donde tiene lugar la verbena y los festejos en honor al patrón del Barrio.
Gracias a la donación altruista hecha en 1984 por doña Josefa Leal Martín, el Ayuntamiento de Breña Alta obtuvo una franja de terreno para que se ensanchara y, según Lorenzo y Rodríguez Leal: para "facilitar el acceso de los vecinos a sus domicilios, en un gesto, aún, no suficientemente valorado".
Estos mismos autores nos cuentan cómo tradicionalmente, en el ámbito familiar, se ha conocido como "Cuarto de las Marías" la estancia de la parte posterior de la ermita. Tenía entrada a través de la finca y se comunicaba con la iglesia a través de una ventana de celosía, "cuyo uso pudo haber sido en un principio el de gozar el oficio de la misa de forma privada, y que don Miguel Leal de Paz tapió".
LA IMAGEN DE SAN MIGUEL
La preciosa efigie del Patrón de La Palma fue colocada el 29 de septiembre de 1705, día en el que se bendijo la ermita, asistiendo a la solemne ceremonia el Ldo. Mateo Fernández de la Cruz Piñero, sacerdote de San Pedro Apóstol, Nicolás de Acosta, el presbítero Juan Álvarez y numerosísimos fieles. La primera misa fue "cantada y con ministros", celebrada ante la presencia del fundador. En el Libro de Relaciones de Tributos de Fábrica, Memorias, Capellanías y Obras Pías de la parroquial de Breña Alta, quedó perpetuado aquel instante: "… la colocación de la imagen se hizo el 29 de septiembre de dicho año de 1705, cuando el dicho Ldo Carlos Domenego dixo este dia la missa, fue con licencia del cura de esta Iglesia, quien predicó con la fiesta…"
En los municipios palmeros de las Breñas se hallan dos imágenes salidas de la gubia del imaginero dominico fray Marcos Gil. Una de ellas se trata, ni más ni menos, que la de "San José y el Niño" (1705) -Patrón de Breña Baja-, y la de "San Miguel Triunfante" (1706) de la ermita homónima de Breña Alta, amén de otras en la capital palmera.
Las investigadoras Calero y Quesada informan también de que Fray Marcos "esculpió un «San José con el Niño» para el templo de Breña Alta, o el «San Juan Bautista» para el de Breña Baja (ambos en La Palma)".
El profesor Pérez Morera ha atribuido al dominico grancanario las imágenes de "San Miguel" y "Santo Domingo", mientras que la de "San Vicente" lo fue por la profesora Calero Ruiz. Esta investigadora ha encontrado una gran semejanza entre esta talla y la del Santo de misma advocación del convento dominico de Teguise, "tanto en la manera de tallar la cabeza como las manos y, sobre todo, atendiendo a su policromía".
En palabras del historiador palmero Pérez Morera, las obras de Fray Marcos Gil "emanan espiritualidad y misticismo, a propósito para el fin para el que fueron creadas: mover a la devoción y a las cosas de Dios a través de sus santos, que encarnan los ideales contrarreformistas de la Iglesia Militante o la defensa armada de la Fe, en el caso miguelino".
En contraposición al Arcángel de la iglesia del extinto convento de San Miguel de Las Victorias -hoy de Santo Domingo de Santa Cruz de La Palma (1703)-, el titular de la ermita de San Miguel de Breña Alta (según Martín Sánchez y recogidas en la obra del sacerdote e historiador Julio Sánchez): "es aquí más bien un joven de rasgos más suaves y fácilmente menos rollizo, y sus facciones poseen ciertos rasgos femeninos, aspectos estos que lo diferencian del modelo analizado anteriormente, mucho más varonil y de acusado empaque barroco". El pintor palmero, también escultor, Aurelio Carmona López (1826-1901), remodeló esta imagen del "Príncipe de las Huestes Celestiales".
Se trata de un modelo de iconografía muy frecuente en las Islas y representado en América, pero prácticamente desconocido en la Península, surgido en el siglo XVII, "a la sombra de la contrarreforma", prolongándose hasta el primer tercio del siguiente siglo. No llevan el diablo bajo sus pies, pero sí el escudo en su brazo izquierdo con la inscripción en latín "Quis sicut Deus" (Quién como Dios). Otros distintivos diferenciales son: el bastón sobre el que se apoya con su mano derecha, gran manto de cola, coraza y casco con plumachos. Una peculiar forma de representar a San Miguel, alejada de las representaciones reflejadas en las hagiografías y aquellas aparecidas en los libros clásicos sobre estos temas.
A la bella imagen de "San Miguel Triunfante" de la ermita de Breña Alta -réplica de 110 cms. de la que hizo para el convento de Sto. Domingo-, no se le conocía "hasta la fecha documento que acredite su autoría o taller, aunque en buena lógica pudiera tratarse de un artista local". Estos apuntes se desprenden del trabajo que, sobre este templo, publicaron en 1997 Antonio Lorenzo y Nieves Rodríguez. En el libro de Martín Sánchez se lee: "los documentos no dicen nada sobre la procedencia, taller o autoría de la imagen, ni quién fue su donante". Sin embargo, como hemos visto, Pérez Morera, ha atribuido a Fray Marcos su creación.
Aquellos mismos autores describen así esta magnífica efigie del Patrón de La Palma: "representa la figura de un adolescente alado, de dulce expresión, y facciones casi femeninas, ataviado con ropas militares, fajín, capa y casco empenachado. En la mano derecha sostiene, sin llegar a blandir, una espada en actitud estática o poco beligerante; y en la izquierda un escudo circular con adornos y las clásicas siglas Q.S.D. (Quis Sicut Deus = Quien como Dios)". También tienen mención especial en este libro, los penetrantes ojos de cristal pintados "al reverso e instalados presumiblemente desde el interior de la figura". Igual que en el caso del Arcángel de Santo Domingo, comprobamos cómo en éste de la ermita, el borde de la capa se aprovecha como punto de apoyo, "y la imagen (brazos y piernas) ofrece una ligera inclinación hacia la derecha a fin de compensar el conjunto".
EL RETABLO
En el testero del altar mayor se encuentra el retablo de corte barroco, en cuya única hornacina central se halla entronizada la efigie del Arcángel. Lamentablemente el dorado original ha sido recubierno con purpurinas de escasa calidad. La imagen está flanqueada por los bellos lienzos de "Nuestra Señora de Aránzazu" y "San José y el Niño Jesús".
Lorenzo Tena y Rodríguez Leal, en su estudio sobre la ermita, nos describen el retablo: "sobre el banco, dos columnas de capitel corintio, fuste acanalado y retallado de motivos florales en su tercio inferior, enmarcan una hornacina con arco de medio punto donde se aloja la talla de San Miguel Arcángel, cubierta con puerta de cristalera. Superpuestos a este conjunto, el arquitrabe, un friso con decoración en relieve de guirnaldas y cornisa denticulada, dan paso a un frontón triangular, partido, en cuyo interior se encuentra una concha".
NUESTRA SEÑORA DE ARÁNZAZU
Existen tan sólo dos imágenes de la Patrona de Vizcaya en todo el Archipiélago Canario. Una, como hemos visto, en esta ermita y, la otra, en la sacristía gótica del suntuoso templo de El Salvador de la capital de La Palma.
La que se venera en el retablo barroco de esta capilla, a la derecha de la hornacina de San Miguel, es un lienzo de un solo paño cuyas medidas son 129 x 172 cms., obra del prestigioso artista palmero Juan Manuel de Silva. Ejecutó este cuadro aproximadamente en la década de 1730 -1740. Según la cartela pintada en la parte inferior central del lienzo, habría sido encargado por Salvador Cayetano Doménego Manrique de Lara.
Según el profesor Pérez Morera, estamos ante la aparición de la Virgen sobre un arbusto de espinos (que simbolizan dificultades u obstáculos importantes), revestida con ampulosos ropajes barrocos, corona imperial y con una aureola brillante a su alrededor. Lorenzo Tena destaca cómo la imagen "reúne todos los atributos característicos de la simbología mariana: virgen, madre, inmaculada, asunta y reina". La luna de plata aparece bajo sus pies, según la simbología apocalíptica. La joven y bella Madre sostiene a su izquierda a Jesús al que señala con su mano derecha. El Niño lleva también en la siniestra la bola del Mundo, símbolo de su poder sobre todo lo creado. Es de destacar cómo se ha detenido el artista en la ejecución de los diseños y detalles de los brocados, así como del colorido y acabado de las telas del lujoso vestido.
Recientemente el lienzo ha sido restaurado por el Taller de Restauración del Cabildo Insular de La Palma. Una magnífica obra que podemos admirar en todo su esplendor. Así, se distinguen claramente los dos escudos heráldicos pintados en ambos extremos, pertenecientes al donante y su esposa. Ambos contienen las armas de las familias: Benítez, Valera, Cárdenas, Betancourt, Manrique de Lara, Sanabria y Escobar. Recomiendo el profundo estudio que, de forma minuciosa y correcta, ha realizado el investigador Lorenzo Tena sobre los ocho emblemas heráldicos presentes en este bello lienzo, al igual que, en general, sobre el histórico recinto.
También una cartela en la base del árbol donde se lee: "La milagrosª Ymagen de nuestra Sª de Aran […] fecha por deuda de su mas humilde […] Dn Salvador Manrique de Lara. Año de 17 […]"
FIESTAS
Esta imagen sigue desfilando procesionalmente durante sus fiestas anuales a finales de septiembre, en la que hay también verbenas, conciertos, loas, cuadro plástico y fuegos artificiales. Elementos importantes de las fiestas eran también la lucha canaria, las típicas hogueras y juegos populares. Se han ido recuperando, afortunadamente, los carros o "corredores" de fuego y el "Diablo de San Miguel", un mascarón que lanza fuegos artificiales por la cabeza.
Lorenzo Tena recogía un artículo publicado en el Diario de Avisos del 28 de septiembre de 1891: "En el llano de la ermita de su nombre, en Breña Alta, habrá esta noche música por la banda de aquel pueblo, iluminación y fuegos artificiales, y mañana se celebrará en aquel templo la acostumbrada función, después de la cual saldrá en procesión la Santa Imagen del Arcángel".
Es posible que estas salidas, en un terreno tan húmedo como El Llanito -donde está ubicada la pequeña iglesia-, hayan sido determinantes para el deterioro paulatino que ha venido sufriendo la efigie. Por ello es posible que con los actuales y burdos repintes se haya intentado ocultar su verdadero aspecto. Sería interesante y preciso que se restaurase.
Lorenzo también recogía una crónica periodística de esta animada fiesta firmada por Dionisio Pérez en 1931: "Al caer la tarde del día 28, muchas salvas retumbaron a través de los campos breñenses; nos decían que todo era fiesta en aquel rinconcito cercado de fértiles huertas; los actos religiosos por la tarde fueron llevados con fe y solemnidad. Entrada la noche, la animación seguía; lindas muchachas se veían por doquier, el piropo no cesaba, ellas risueñas todas hacían corte a esta tradicional festividad. El ruletero gritaba sin cesar, en el mesón cantares por estos jóvenes que desde la capital palmera suben en son de fiesta a darse numerosos tratos de líquido producción palmera sin rival, el vino…"
Hoy en día, tanto en la víspera como en su onomástica del 29 de septiembre -o las fechas cercanas que se designen-, detrás de la imagen cuando ésta está en sus pequeñas andas de madera repletas de flores frescas, se colocan unas ramas de palmera, alusivas a su patronazgo insular. Después de las novenas se inician varias procesiones por los alrededores de la enramada ermita. Una vez San Miguel se encuentra en el exterior, los vecinos, devotos, saludan a su patrón con una descarga de voladores que estallan en el cielo, mientras el trono es acompañado con un peculiar repique de campanas desde la espadaña y la banda de música municipal entona marchas procesionales. Precisamente la celebración del segundo centenario de la ermita, 1905, "gozó de un acontecimiento entrañable: el debut de la nueva banda de música La Esperanza, cuyo nombre era bien significativo de la expectativa con que había sido acogida su aparición" (Lorenzo Tena).
A su regreso, los fieles se aproximan al trono para besar con respeto y veneración la mano de la efigie.
Al igual que en la ermita de "Nuestra Señora de la Concepción del Risco" del mismo municipio breñusco, se celebraba un novenario ofrecido por cada uno de los barrios colindantes. Esto se venía haciendo desde el primer tercio del pasado siglo pero, a diferencia de aquellas fiestas de la Virgen en agosto, en Los Llanitos dejaron de hacerse, lamentablemente.
En el Diario de Avisos (septiembre de 1929), se detallaban los festejos en honor de San Miguel: "…a las doce de la mañana del sábado se anunciarán las fiestas con repiques de campanas, salvas, cohetes, elevación de globos, etc. A las tres de la tarde interesante partido de luchas canarias. A las siete de la noche, solemne novena con procesión y se quemará una bonita colección de fuegos artificiales. El domingo a las 9 de la mañana se celebrará solemne función religiosa, predicando en dicho acto el elocuente orador don Elías Pérez Hernández. A las tres tendrá lugar el segundo encuentro de luchas. Dado los preparativos que se hacen y la inusitada animación que existe, es de esperar que dichos festejos han de resultar extraordinariamente espléndidos y brillantes…"
ENAJENACIÓN DE LA ERMITA
La pequeña iglesia fue edificada en 1705; era una época en la que la tierra era la principal fuente de subsistencia y riqueza, con la que quedaba consolidada la primacía de la nobleza y su estatus social. Al quedar abolidos los vínculos y mayorazgos en 1820, coincidiendo con el fin del Antiguo Régimen, el sucesor de la familia portadora de los apellidos "Doménego, Manrique de Lara y Echeverría", Ramón de Echeverría y Bueno, Gobernador Militar de La Gomera, procedió a su enajenación en el año 1841: "ha deliberado enagenar una hacienda de tierra pan sembrar, viña, árboles, casas y una Ermita titulada de San Miguel situada en dicha Isla de La Palma y Pago que llaman de Miranda jurisdicción del lugar de Breña Alta, perteneciente a la referida vinculación…". Así consta en la Escritura de Venta de la Hacienda y su Ermita, custodiada en el Archivo Histórico Provincial de Tenerife (Escribanía de Manuel del Castillo. 1841).
Después de su venta, "ya sin mediar imposición vinculante", se produce una fragmentación de la hacienda, "en las que, unas veces por compra-venta, o por disposiciones testamentarias, las diferentes parcelas correspondientes a los nuevos propietarios habrían de ir cambiando paulatinamente la fisionomía del intrincado mapa de linderos y lindantes en el campo".
Los autores Lorenzo Tena y Rodríguez Leal, en su ameno y detallado trabajo sobre la hacienda y la ermita de San Miguel, también nos informan de se trata de una finca excepcional, "cuya quieta pertenencia ha continuado de forma espontánea en la familia del comprador Don Mateo Bravo y su esposa Doña Agustina Guerra Pérez". Mediante sucesivas herencias hasta la actualidad, se conserva aún en un magnífico entorno -bien cuidado teniendo en cuenta los tiempos que corren-, una ermita "perfectamente integrada en un paisaje eminentemente agrícola, al que siempre ha estado vinculada".
LOA A SAN MIGUEL
Tras las novenas y procesión de la imagen del patrón del barrio del Llanito, se interpreta la «Loa» en su honor. Su autor fue Gumersindo Galván de las Casas y ha sido transmitida oralmente por los vecinos hasta nuestros días. Fue creada en las primeras décadas del siglo pasado. Martín Sánchez, en su estudio sobre la advocación miguelina en Canarias, la transcribe literalmente:
(estribillo)
"Un canto de amor y gloria
al Arcángel San Miguel
entonan con alegría
los hijos del pueblo fiel;
escucha nuestras plegarias,
atiende nuestra oración,
que El Llanito te venera
con la mayor devoción.
Arcángel divino y justo
De la celestial mansión,
Que sabes pesar las almas
En la presencia de Dios,
Contempla nuestro suplicio,
Acoge nuestro clamor
Y tendremos un consuelo
Para nuestra salvación"
DOS HISTÓRICAS ROGATIVAS
Nos relata Miguel A. Martín cómo en 1937 se había producido una de las rogativas que el pueblo de Breña Alta rindió al Arcángel debido a la terrible sequía que se estaba produciendo.
La otra tuvo lugar por la Guerra Civil española. Nos cuenta que de ésta última había que extraer "una doble lectura: Miguel, defensor de Dios -nacionalistas- frente a Satán -republicanos y anarquistas-." También puede entenderse cómo la Iglesia Católica se alza contra los anticlericales o los "asesinos de curas", o los "pirómanos de iglesias". La supuesta invencibilidad eclesiástica estaba simbolizada por el "brazo derecho de Dios", contra los segundos. O, ya puestos, las confrontaciones entre la "izquierda" (que constantemente mostraban su corriente anticlerical) y la "derecha" (que se defendía de los constantes ataques izquierdistas). Estos enfrentamientos desestabilizaban profundamente el equilibrio local y exacerbaban los ánimos de los vecinos de un sitio pequeño como éste.
Louis Réau decía, en relación con esta simbología del Arcángel frente a los adversarios de la Fe que, "cuando la ocasión lo precisa, los pajes se transforman en caballeros; son los defensores de la ciudad celeste. Bajo el mando del arcángel San Miguel, general en jefe (archiestratega) de las milicias celestes, rompen sus lanzas contra los enemigos de su soberano y precipitan los rebeldes en el abismo". Martín Sánchez aclara que los mencionados pajes son los ángeles enviados de Dios, a su servicio.
OTRAS VICISITUDES
Otro hecho crucial fue la terrible avenida del barranco de Aduares el 16 de enero de 1957. Murieron en esta riada veintisiete personas y causó enormes destrozos en casas y fincas, conllevando la ruina y desolación de muchas familias. Milagrosamente la ermita resultó indemne del gigantesco aluvión de piedras, agua y barro. La propia vivienda de Miguel Leal de Paz (1885-1964) sirvió de refugio improvisado a los damnificados, "muchos de ellos sin hogar". Lorenzo y Rodríguez nos siguen informando de que la hacienda tampoco fue ajena a este triste acontecimiento que truncó el bienestar de la vecindad, y los incalculables estragos producidos por la inundación también se dejaron sentir en la finca. Don Miguel, "con gran sacrificio personal, se vio obligado a levantar nuevos muros de piedra y rellenar las zanjas socavadas en el terreno".
En el trabajo acerca de la ermita, aquellos dos autores recogen un fragmento del extenso poema que uno de los damnificados, Juan J. Hernández Morera, en el que se refería al triste episodio vivido:
"Oh, Arcángel San Miguel,
Patrón de La Palma entera,
Vecino de la pradera
Que fue un precioso vergel!
Oíste, bravo tropel,
Súplicas, lamentos tristes,
Y damnificado fuiste
En tus ricas propiedades,
Y en nuestras libertades
Yo creo que intercediste…"
BIBLIOGRAFÍA
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– Idem. «Emblemas heráldicos en el lienzo de Nuestra Señora de Aránzazu (ermita de San Miguel Arcángel en Breña Alta», El Día/La Prensa, (30 de septiembre de 2006)
– Idem. «La ermita de San Miguel en Breña Alta y su vinculación histórica a la hacienda de su nombre», Diario de Avisos (22 de febrero de 1996)
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– Idem. «Prólogo» en Los escultores Miguel y Marcos Gil (de Sánchez Rodríguez, Julio)
– Idem. Magna Palmensis. Retrato de una ciudad. CajaCanarias, Santa Cruz de Tenerife, 2000.
– Idem. «San Antonio de Padua de Miguel Gil Suárez», La Huella y La Senda [Exposición] Diócesis de Canarias, VI Centenario. D.L. 2003
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– Idem. Los escultores Miguel y Marcos Gil. Colección Alonso Ruiz de Virués, nº 6. Imprenta Pérez Galdós, Las Palmas de Gran Canaria, 2002.

