MEJORAS EN EL TEMPLO
En 1700, el licenciado y clérigo Juan Antonio Vélez de Ontanilla obtuvo licencia del Obispo Vicuña para levantar la capilla mayor y su arco "para la hermosura del templo y más desente culto de la Santa Ymagen". La poderosa casa Vélez de Ontanilla eran dueños copartícipes de las haciendas de Argual y Tazacorte y su primer representante, el nombrado Juan Antonio (1656-1711), llegó a ser mayordomo de la ermita desde 1683 hasta su muerte. Fabricó también a sus expensas un cuarto sobre la nueva sacristía y obtuvo el privilegio de abrir un hueco en el mismo y hacer la magnífica tribuna que aún podemos admirar. La tribuna de los Vélez de Ontanilla -todo un símbolo de rango y ostentación nobiliar- permitía a los miembros de la familia oír misa sin ser vistos debido a que está cerrada por una celosía. Esta representa una pervivencia mudéjar y es, en realidad un ajimez de interior. Se llama ajimez a la ventana arqueada que está dividida en dos partes iguales mediante una columna o pilastrilla llamada mainel o parteluz.
Los muros, del s. XVI, fueron recrecidos y se hicieron los escalones de piedra del presbiterio. Se elevó y se acrecentó la nave y se labraron tres arcos de cantería, dos para los altares colaterales y otro para la puerta del coro.
En 1733, las cuentas detallan el costo de la espadaña, los balaustres torneados del coro y dos pilares para sostener la viga maestra, "con sus bazas de cantería que se trageron de Los Christianos."
Recordemos cómo en los años 80 se trató de construir otra espadaña con tres campanas -similar a la de San Juan Bautista de Puntallana-, idea que fue final y afortunadamente desechada, no sin antes haber suscitado lógicas polémicas. Aún se recuerda la visión del montón de piedras apiladas al lado del retablo de Santa Lucía. Se hallaba justo al lado de la puerta que daba acceso al salón parroquial, donde había una mesa de ping-pong en su centro. En estas dependencias, buena parte de la juventud del barrio pasaba sus ratos de ocio. Recordemos también el famoso CERE, siglas de "Club Expansión y Recreo La Encarnación".
El importante patrimonio histórico y artístico que la Iglesia Católica posee en La Palma ha sido objeto de un profundo estudio para la ejecución de obras de restauración y conservación, tras los acuerdos alcanzados por el Obispado con el Cabildo Insular y ayuntamientos palmeros en los últimos años. De ese modo, la preciosa iglesia de La Encarnación pudo ser restaurada para la Bajada de La Virgen de 2005 y lució en todo su esplendor.
Entre 2008-2009 se concluyeron los trabajos de restauración de su retablo principal, financiados por el Cabildo de La Palma y Dirección General de Cooperación y Patrimonio Cultural del Gobierno de Canarias.
Este conjunto está ejecutado en madera tallada, cuyos trabajos de policromado y dorado se concluyeron el año 1740 por el maestro Tomás Rexe. La excepcional pieza es descrita por el profesor Jesús Pérez Morera como "excepcional representación escultórica, de carácter teatral, importada de los Países Bajos entre 1522 y 1532".
El retablo presenta estructura de tipo arquitectónica, en la que los mismos elementos que conforman la decoración se comportan como elementos estructurales, y que tras un análisis organoléptico ofreció resultados satisfactorios en cuanto a su integridad estructural.
Sin embargo, tenía señales de ataques puntuales de insectos xilófagos, acusándose especialmente en el marco exterior del frontal del banco de altar, en el que el atacante fue la termita, así como graves daños provocados por la humedad y pérdidas de policromía.
Los trabajos consistieron en la consolidación de los diferentes estratos pictóricos y a la limpieza mecánica del retablo, así como al saneamiento del muro y la sustitución de vigas y travesaños del sistema de apoyo del retablo
Del mismo modo, se trataron las zonas en las que se produjo ataque de insectos xilófagos mediante la inyección de tratamiento insecticida líquido, y se realizó un tratamiento preventivo de futuro ataques, mediante su impregnación con material insecticida que aporte a la madera una reserva suficiente de veneno.
En el caso del templo de La Encarnación, el Cabildo de La Palma concluyó también los trabajos de rehabilitación de las cubiertas, con la colaboración de la entidad de ahorro Caja Canarias.
Esta iglesia es un ejemplo de arquitectura religiosa canaria cuya recuperación se viene a sumar a la de otros inmuebles que el Cabildo ha restaurado en los últimos años, como la iglesia de San Juan Bautista en Puntallana; la ermita de San Vicente Ferrer y la parroquia de San Francisco de Asís, ambas en Santa Cruz de La Palma; el templo de San Mauro Abad en Puntagorda y el de San Blas de Villa de Mazo, etc.
Aunque en la actualidad tiene el rango de parroquia -desde el 14 de mayo de 1963- no ha perdido su carácter de edificación humilde: una sola nave (de 16 mts. de longitud y 7 mts. 45 cms. de ancho) y capilla mayor ligeramente rectangular (6 mts. por 8 mts. 86 cms). En su interior muestra paredes encaladas y cubiertas mudéjares, en artesa una y de cuatro faldones, la otra.
RESTAURACIÓN DE LA IMAGEN
El licenciado Juan Antonio Vélez y Cubillas, mayordomo de la ermita, descargó en las cuentas que dió el 11 de enero de 1706 "doscientos y treze reales dados a Bernardo Manuel por aderesar la Ymagen de Ntra. Sa. Y ochenta Reales de çinco libros de oro que fue necesario para ello". La imagen estaba bastante deteriorada ya que era constantemente revestida con mantos y telas como si se tratara de una escultura de candelero.
Así, Miguel Monteverde, en sus Noticias sobre la fundación y cosas referentes a la Ermita de Ntra. Sra. de La Encarnación -manuscrito inédito fechado en 1855-, escribe lo siguiente: "Como la vestían hasta de negro, según las Festividades de la Yglesia, la maltrataron tanto que en 1568 y 1665 fue preciso que la barnisasen y dorasen de nuevo…".
Hace unos años ambas imágenes también fueron sometidas a una restauración para la exposición itinerante de arte flamenco El Fruto de la Fe, extraordinaria ocasión de verlas en todo su esplendor. Una vez recorrió Madrid y Amberes, regresó a Santa Cruz de La Palma para la Bajada de la Virgen de 2005, exponiéndose en el Convento de San Francisco de esta ciudad.
La imagen de la Virgen de la Encarnación apareció en las portadas de los catálogos y en las estampas y pósters que se difundieron a todo el mundo. Los elogios llegaron desde todos los rincones: se daba a conocer así un tesoro extrañamente oculto para la mayoría -incluso- de profesionales de la escultoría.
TESOROS DEL TEMPLO
– Hay constancia de numerosos elementos que ya no existen en el templo. Así, en el inventario de 1525, por ejemplo, aparecen: la imagen de la Virgen del Pópulo, un portapaz de pincel de Santa Bárbara y un espejo grande. En el de 1532, dos lienzos a pincel de la Quinta Angustia y un San Antonio y Nuestra Señora; también una tabla pequeña de la Virgen con el Niño en brazos; un bulto pequeño y dorado de la Virgen…; y así sucesivamente. A lo largo de los años, el i nventario se iba incrementando con la llegada de otras piezas, como un retablo de pincel de San Bartolomé y una Virgen de yeso redonda (1548); un cuadro de la Santa Cena (1558); un retablo de San Lázaro con dos puertas pintadas con las imágenes de Santa Bárbara y Santa Margarita y un crucifijo grande de bulto (1568); dos retablos más, uno de la Santísima Trinidad y otro de San Jerónimo (1576); un tabernáculo de Santa Lucía, y así un largo etcétera. Tan sólo se conserva la imagen popular y medievalista de San Lázaro, de la que hablaremos a continuación.
– Así mismo, aún se conserva en este bello templo un pequeño órgano positivo de mesa u organito de calle, procesional, que fue del monasterio de Santa Catalina de Siena y considerado el más antiguo de Canarias y único en su tipología.
– Hasta hace algunos años se guardaban sólo algunas colgaduras de tafetán carmesí de seda de Granada con listas amarillas que cubrían interiormente la ermita en las solemnidades, traídas de Sevilla en el siglo XVIII; las de la capilla mayor fueron donadas en esa fecha por el presbítero Juan Antonio Vélez, mientras que las del cuerpo de la iglesia las obsequió entre 1719-1732 Lorenzo de la Cruz, natural de la capital palmera y vecino de Cádiz.
– otras obras de orfebrería, como un cáliz de plata con elementos gótico-renacentistas, ejecutado en Sevilla por Simón de Baeza (hacia 1530-1540) y donado en 1568 por Felipe Pérez, beneficiado de Puntallana y mayordomo de la ermita
– otro cáliz de tipología cortesana (fechado en 1729-1730). Recordemos que la profesora e investigadora fallecida Gloria Rodríguez identificó las marcas de ambos cálices y confirmó los nombres de sus autores y su procedencia. En este caso concreto, el cáliz cordobés fue obra de Pedro López.
-un ara de jaspe verde, actualmente colocada sobe la pila de agua bendita que está colocada junto a la entrada principal que da a la plaza y confeccionada con piedra de Los Cristianos. Tiene una inscripción en el marco de madera alusiva al licenciado Melchor Vizcaíno, beneficiado de la parroquia de El Salvador, y la fecha de 1584.
-una cruz de altar de origen mexicano, cubierta de madreperla (1700).
-un cuadro de Jesús Nazareno (regalado en 1830 por Miguel de Monteverde y Benítez de Lugo),
-un "apostolado" del s. XVIII; antes en colección particular, pintado sobre lienzo en un taller local
– la corona imperial de plata sobredorada de la Virgen y un manto de "hoyas de oro azul con puntas de oro", ambas donaciones de María Nieves Pinto y Vélez;
-un manto de florón azul (de Francisca Vélez), otros ricos mantos (datados en 1618, 1642, 1672, 1706, 1736, 1757-68); una luna de plata y diversas joyas (1574, 1637, 1700, 1810); la paloma del Espíritu Santo en plata del altar mayor, y así un largo etcétera. Sería conveniente hacer con urgencia un inventario para conocer realmente cuáles de estos tesoros han llegado a nosotros y cuáles han sucumbido por desidia, deterioros, robos, etc.
-Numerosos ornamentos fueron regalados en cláusulas testamentarias y donaciones de vecinos, etc. Por ejemplo, Simón Florencio Rodríguez Montero -Comisario de la Inquisición y Beneficiado de El Salvador- había dispuesto que el cáliz que poseía en su oratorio privado fuese enviado a esta ermita.
-Entre las dádivas de los hermanos Juan Antonio y Felipe Vélez y Guisla, benefactores de la ermita, figuran las magníficas andas de baldaquino en madera de viñátigo doradas de la Virgen "que dio de limosna la casa". También han sido restauradas recientemente.
Este bello trono procesional había estado durante algunos años guardado y desarmado en un almacén en espera de que -algún día- se inicie nuevamente la antigua tradición de la multitudinaria procesión de la Virgen hasta "Los Pasitos", en la noche de la víspera de sus fiestas y hasta la antigua Residencia Sanitaria de Nuestra Señora de Las Nieves (en la Dehesa) en el día 25 de marzo, su onomástica. Mucho antes, incluso bajaba la Cuesta de su nombre. La procesión discurría bajo el estruendo de los vistosos fuegos artificiales y bonitas loas, ofrecidas por un barrio, antiguamente unido y engalanado para la ocasión. Dentro de estas andas, la Virgen era entronizada en un magnífico sotabanco al que se le llenaba de búcaros con azucenas blancas y largas velas encendidas.
Lamentablemente todo esto es historia. Ya no hay ni fiestas ni procesión.
– Los dos altares del cuerpo de la iglesia -de estilo barroco- fueron construidos después de haberse concedido la oportuna licencia por el Vicario General del Obispado, Estanislao de Lugo y Viña, en Canaria, el 14 de enero de 1764, y bajo la dirección del maestro Antonio Luis de Paz. Este mismo autor fue el que realizó el retablo mayor de la parroquia de Los Sauces y el de la ermita de San Sebastián en la Villa de San Andrés (c.1762-1766). En 1769 pasó a Venezuela donde debió de fallecer. Sus elementos sustentantes están a mitad de camino entre el pilar abalaustrado y el pilar almohadillado en el primer cuerpo, mientras que en el ático se perfila claramente la base piramidal propia del estípite. Dos ménsulas o repisas semicirculares sirven de pedestal a las esculturas de San Lázaro y Santa Rita, que ocupan sus respectivos áticos, orlados con carteras laterales, en tablero recortado, que terminan en cabeza de ave.
En estos retablos se conservan las cuatro realizaciones pictóricas sobre madera que el polifacético Tomás Rexe y Méndez (Santa Cruz de La Palma, 1695- Id., 1762) ejecutó para el templo. Fueron pintadas en 1762, año de su fallecimiento, y representan a Santa Catalina y a Santa Bárbara (en el retablo de Santa Lucía) y a San José y a San Joaquín (en el de San Pedro Bautista) en el lado de la Epístola, donde está colocado San Lázaro. Cobró por este trabajo 857 reales y 12 maravedís.
El artista -que fue también organista de El Salvador- gustaba de utilizar colores muy claros. Mientras Fraga lo definía por ello como artista "mediocre", las también investigadoras Rodríguez y Hernández declaraban que era "uno de los últimos pintores de esa centuria quien se muestra como un pintor bastante conservador". Por cierto, Rexe también sobredoró el espléndido retablo del altar mayor junto con el mismo ayudante, Cayetano José González Guanche
EL ORGANILLO PROCESIONAL
Como decíamos, afortunadamente, este importante instrumento musical, el más antiguo conservado hasta nuestros días en Canarias y único existente de los llamados "órganos positivos de mesa" u organillos de calle -por cierto, de enorme valor histórico-, ha sido restaurado en el año 2005.
Gracias a un proyecto que fue presentado por Inés Sánchez Bravo (la primera -o tal vez la única- Profesora Superior de Órgano de Canarias) hace unos años, se está empezando a tener en cuenta el riquísimo legado patrimonial que suponen los órganos palmeros. Esta magnífica iniciativa está dando su fruto y, tal vez, estemos presenciando el inicio de la restauración de todos los fabulosos instrumentos de todos los templos insulares. El Obispado, el Cabildo, el Ayuntamiento y CajaCanarias, etc. están haciendo posible el sueño. Sería la profesora Rosario Álvarez Martínez quien impulsara la restauración de esta joya.
Esta incansable investigadora junto con el profesor palmero Pérez Morera, serían quienes nos informaran de que el instrumento que nos ocupa fue originario del monasterio de Santa Catalina de Siena de la capital palmera. Fechado hacia 1620 es el más antiguo del Archipiélago y fue traído presumiblemente desde Sevilla por los fundadores del convento después de 1624, año de su fundación por el capitán Alonso de Castro Vinatea y su esposa Isabel del Espíritu Santo.
Sustituyó a otro anterior "con la caja de madera", comprado por el presbítero Juan Vélez y Cubilla por seiscientos reales en 1699. Tras la primera desamortización de 1821 recibe el positivo de calle del mencionado cenobio dominico. Envió el primigenio que se tenía a la iglesia de Nuestra Señora de La Luz del término norteño de Garafía por no disponer allí de este instrumento para dar solemnidad a las funciones. El propio mayordomo de fábrica había dicho que éste "no era de tan buenas voces" y por eso quiso desprenderse de él. No lo consideraba apto para la ermita. En 1854 se "volvió a componer por haber caído agua de lluvia en el secreto" (Inventario de 1855). Actualmente no se conserva.
También se sabe, por el inventario de la desamortización del convento de Santa Águeda de monjas clarisas de Santa Cruz de La Palma- hoy Hospital de Dolores-, que también La Encarnación tuvo otro organillo procedente de este monasterio franciscano ("un organo de tres cuartas de alto"). En la bella ermita, extramuros de la ciudad, recaló este organito, hoy desaparecido sin dejar rastro, donde se tuvo al menos hasta 1836.
La profesora Álvarez nos informaba de que, el que actualmente se encuentra en la histórica parroquia, debió de ser construido en la "década de los veinte de la decimoséptima centuria, tanto por sus características estéticas, tímbricas y técnicas, muy relacionadas con las de los órganos de fines del siglo XVI y primera mitad del siglo XVII, como por las fechas de fundación del convento para el cual fue adquirido". Este cenobio fue fundado el 13 de enero de 1624.
Hasta hace unos años, las piezas desmontadas se conservaban en el coro de la iglesia mientras que la caja de madera se utilizaba en el despacho parroquial para guardar algunos enseres eclesiásticos. Se conservan muchos de sus elementos originales. Por ejemplo, de las cuarenta y dos teclas que tenía el teclado, tan sólo existen veintidós. Tampoco se tenían algunos tableros y listones del estrecho pedestal ni estaban en buenas condiciones algunos de los tubos; aparecían abollados, partidos o doblados. En agosto de 1994, la profesora Álvarez Martínez, con ayuda de algunos colaboradores, limpió las piezas y guardó su tubería en algunas cajas de cartón. Tras una espera de once años, ya es posible contemplarlo en todo su esplendor, tras su restauración. En un montaje provisional de las piezas del órgano sobre sus andas, se pudo comprobar cómo era su apariencia original.
La caja, como dijimos, estaba intacta, y también la madera de los panderetes, de los fuelles y del secreto. Así mismo se conservaba el armazón de pino o bastidor rectangular de cuatro patas donde se colocaba el secreto o tabla armónica y los fuelles.
Para una mejor conservación de esta joya, el Ayuntamiento ha fabricado y donado a la parroquia una mesa de exposición, una banqueta y una urna en madera de morera que, sin duda, contribuirán a la dignificación y preservación de tan singular pieza.
(Sigue Parte III y última)

