Venerable Orden Tercera (y II)

"LIGNUM CRUCIS"

 Siguiendo con las celebraciones de la Semana Santa, concretamente en el  Viernes Santo, antiguamente se veneraba públicamente una sagrada reliquia del "Lignum Crucis" en la capilla de la V.O.T. Fue donada el 6 de septiembre de 1933 por el Hermano de la Orden, después Ministro de la misma, Rafael de la Barreda y Díaz, entregándole también la Cédula Pontificia que la acredita "auténtica", expedida en Roma el 4 de abril de 1778. Una reliquia que había pertenecido al Virrey de Manila, Capitán General el herreño Pedro Quintero Núñez. Este caballero la había enviado a sus familiares de Canarias por mediación de su sobrino agustino Fray Manuel Fernández.

 También se le daba culto en la iglesia de San Francisco en la noche del jueves de la tercera semana de octubre, saliendo bajo palio en procesión alrededor de la plaza de la iglesia. Esta reliquia se entronizaba en un sitial de la V.O.T. que perteneció a la "Escuela de Cristo", Hermandad establecida en la iglesia del Hospital de Dolores. Fue hecho en 1792, según consta en la reunión celebrada por esta Cofradía el 16 de agosto de aquel año.

 PROCESIÓN DEL CALVARIO

 Durante la procesión del Calvario y la Virgen de La Soledad, en la mañana del Viernes Santo, era costumbre que se preparara un descanso para los tronos ante la casa de la noble dama isleña Luisa García de Aguiar, esposa del Regidor de la Isla, Baltasar Pérez, mientras eran acompañados por los sones de la música de iglesia, con las  chirimías, una especie de instrumento antiguo de viento, y cantándose alternativamente el "Miserere" y el "Vexilla Regis". Esto ocurría hasta que esta familia dejó definitivamente de sufragar los gastos de estos cultos en el año 1934. Por este motivo se hizo cargo de los mismos la Venerable Orden Tercera de San Francisco, para lo que hacía petitoria pública, excepto para los cargadores de la Virgen que eran costeados por un tributo de 45 pesetas que se cobraba al año. Afortunadamente las chirimías han sido recuperadas para la procesión del año 2008.

 SAN JUAN BAUTISTA

 Otra de las imágenes que pertenecen a esta Orden es la de "San Juan Bautista". En el libro de la Cofradía de la Misericordia de la Parroquia Matriz de El Salvador, concretamente en el Inventario hecho el 5 de agosto de 1681, se habla de una imagen de candelero de un santo de aquella advocación, encontrándose ya retirado del culto.

 Otro San Juan Bautista fue tallado por Nicolás de las Casas Lorenzo para la suntuosa Semana Santa de la capital palmera. Se trata de una imagen de candelero que acompañó al Crucificado del Padre Díaz formando el Calvario. Así lo recoge Eddy Felipe y así se desprende de un artículo de El Time con fecha 3 de abril de 1864. Se conservaba  en las dependencias de la Orden Tercera tan sólo la cabeza y parte del torso "a la espera de una futura restauración que permita volver a incorporar esta imagen a los desfiles procesionales, quizá no formando parte del Calvario como en el siglo XIX, pero sí mejor, acompañando a la Virgen de la Capilla el Miércoles Santo junto al Cristo de la Caída y la Santa Mujer Verónica".

 El busto ha sido restaurado y la nueva imagen de candelero participó finalmente en la procesión del Miércoles Santo del año 2006 sustituyendo a la imagen de la misma advocación que forma el Calvario en el vecino templo de San Francisco.

 SAN PEDRO DE ALCÁNTARA

 También está presente la magnífica imagen de "San Pedro de Alcántara", franciscano y reformador de su Orden. Tal y como se describe en su hagiografía, se nos presenta como un hombre alto y extremadamente demacrado. De él decía Santa Teresa, con su gracia acostumbrada, que "parecía hecho de raíces de árbol". Viste el hábito franciscano con una capa que le llega hasta las rodillas. Se cuenta que siembre iba descalzo. Lleva una paloma junto a la oreja, sobre su brazo derecho, para simbolizar el espíritu profético.

 Fue colocada por el síndico del convento Domingo Méndez y su esposa Juana Carmona en el altar que fundaron en el coro bajo en 1681. De un tributo redimible de 1.000 reales, obligó a sus herederos que pagaran 18 reales cada año por la limosna del sermón que se decía en el convento todos los Jueves Santos por la noche.

 El Prior y los frailes del monasterio dieron al matrimonio el sitio mencionado donde fabricar a su costa el altar de San Pedro de Alcántara, con asiento y sepulcro debajo del coro, en la pared del claustro; en la autorización dada por el Padre Provincial se hace constar de los favores y limosnas dadas por Domingo Méndez y su mujer remediando muchas necesidades del convento. El beneficiario se posesionó del altar el 30 de octubre de 1681, "estando en la iglesia de dicho convento el dicho Sr. Sindico llevo al dicho Domingo Mendez al dicho altar el cual lo compuso mudando el frontal y los candeleros que estaban en dicho altar y se paseo por el asiento y sepultura que esta al pie de el todo en actos y apercibimientos de posesion."

 La cabeza de este santo es un magnífico estudio anatómico, en tanto que el cuerpo está elaborado con telas encoladas y doradas. Mira ligeramente hacia el cielo con ambos brazos extendidos, en actitud orante.

 SAN FRANCISCO SOLANO

 De hacia 1704 es el "San Francisco Solano" que perteneció a la capilla de los soldados en el extinto convento franciscano. En 1698 el sustituto del convento, Domingo Méndez, dio posesión a Bernardo Manuel de Silva -cabo de escuadra del Real Castillo Principal de Santa Catalina de la capital palmera y a sus soldados- de un sitio en el claustro principal. Estaba situado entre la capilla del Monte Alvernia y el tránsito de la sacristía para fabricar una capilla como panteón funerario de los militares, grupo denominado "Los Doce de Su Majestad". Después de la construcción de la capilla, se dedicó al santo "cuia imagen de bulto esta en altar, que todo a nuestra costa hemos puesto en dicha Capilla". La escultura, de talla completa, presenta al misionero franciscano evangelizador del Perú, con ambos brazos extendidos, paralelos al suelo, en actitud suplicante. Porta en su brazo izquierdo una magnífica cruz de ébano.

 Con la supresión del convento y la transformación del edificio en casa cuartel desapareció en el siglo XIX la capilla de los soldados, pasando la imagen a la inmediata capilla de la Orden Tercera. Sus ropajes muestran una caída elegante y naturalista, a base de pliegues rectos. La figura, desvirtuada por intervenciones y repintes, se encuentra en una colección particular. Afortunadamente sus propietarios la han donado en depósito a la Capilla y podemos admirarla en una de las hornacinas del retablo mayor.

 VESTIGIOS DEL ANTIGUO RETABLO MAYOR DE EL SALVADOR

 En poder de la Orden se encontraban varias columnas que formaban parte del fabuloso retablo mayor de la parroquia matriz de El Salvador, "famoso en todas las Islas" según el Obispo Bartolomé García Jiménez. Algunas de ellas -del célebre artista Antonio de Orbarán en el siglo XVII- sirvieron para formar el templete para  "la Loa de la Llegada" del Domingo Grande, en las fiestas de la Bajada de La Virgen hasta 1950. Otras dos se conservaban en el altar de la capilla del cementerio de esta ciudad.

 RETABLO DE LA V. O. T.

 Al prestigioso artista palmero Juan Manuel de Silva, hijo de Bernardo,  se le encargó la decoración del magnífico retablo mayor de la capilla de la V.O.T., el cual constituye el ejemplo más antiguo de la isla con soporte de estípites, en su versión de pilar almohadillado.  Como pintor-decorador, Juan Manuel de Silva incorpora en él el tema de las "chinoiseries" o chinerías, fruto de la admiración que en Europa despertaban por entonces los tejidos, muebles, lacados y porcelanas orientales. En este retablo, construido en 1734, figuran, como describe el profesor Pérez Morera, "en las cartelas del banco del primer cuerpo y banquillo del segundo, motivos de carácter chinesco, es decir, escenas profanas, mujeres de vestimenta cortesana, barcas y lagunas, paisajes imaginarios y animales exóticos, jirafas, caballos en libertad…".

 En ese año de su construcción, 1734, el capitán Juan Massieu de Vandale, donó a los hermanos terceros diez varas de raso verde de España para los velos y cenefas de "tres nichos que están en el retablo que están haziendo en su capilla".

 Después de recibir el encargo de dorar el retablo mayor de San Pedro de Breña Alta en mayo de 1737, aceptó el de ejecutar las pinturas y el dorado del retablo de la capilla de la Orden Tercera, con un precio concertado que oscilaba "entre los 200 o 250 pesos". Ya en 1747, el hermano Claudio de Acosta y Lemos, cabo del castillo de Santa Cruz del Barrio, en nombre de la Orden, firmó un nuevo ajuste del precio con "Don Juan de Silva para dorar el retablo cuio dorado se comenzo a hazer.". Finalmente se decidió que Silva recibiría 225 pesos, poniendo el oro la Hermandad.

 Como pintura de altar, lleva al pie una inscripción alusiva a las indulgencias concedidas por el cardenal Arias, Arzobispo de Sevilla, a todos los que rezasen ante el cuadro: "El eminentísimo S. Cardenal Arias Arzobispo de Sevilla concedio (roto)as de indulgencias a los que resaren un ave maria a esta santa imagen""

 El maestro Alfonso Trujillo también escribía sobre la decoración del retablo en estos términos:"estilizadamente integrados con casas exóticas, extraños paisajes, animales fabulosos, figuras en plantas trepantes, situados en total asimetría en un mundo irreal por su carencia de perspectiva".

 El maestro aplica la técnica tradicional del "santo-estatua" que consiste precisamente en "hacer pasar una imagen plana por una de bulto, aislándola gracias a un fondo dorado o neutro", como nos explica Julián Gállego. Silva emplea una pincelada larga y abocetada, de tal forma que crea unas figuras concebidas para la contemplación lejana. Precisamente en este retablo de la V.O.T., el tema tratado es el de las santas reinas y princesas, vestidas según la lujosa moda de la época. Tal es el caso de  Santa Catalina de Alejandría, figura que se representa como una rica cortesana que porta la palma del martirio y la espada. Muestra una profusión de adornos de orfebrería sobre ricos ropajes cuya calidad se manifiesta en los reflejos veteados y rojizos.

 En el segundo cuerpo del retablo, Silva pintó tres composiciones según la iconografía terciaria: "El abrazo de Cristo y San Francisco", en la calle central y en las laterales "Santa Isabel" y "Santa Casilda". Estas dos reinas llevan corona real y magníficos ropajes cuajados de pedrería,  bajo los cuales se distinguen los humildes hábitos franciscanos. La primera se representa en actitud de repartir limosnas, mientras que la segunda muestra su delantal repleto de flores.

 En el Inventario Segundo, fechado en la "Ciudad de La Palma, enero 11 de 1821", se lee: "un Retablo dorado de la Capilla de los Terciarios con tres nichos: una imagen de Dolores, otra de San Francisco y otra de Santa Margarita de Cortona, colocadas en dichos nichos".

 CUADROS DE SILVA

 Además de las pinturas del retablo mayor, Juan Manuel de Silva realizó una serie de tres óleos sobre tela para la Hermandad, que han estado conservadas en la iglesia de San Francisco de Asís: "La Adoración de los Magos" (pintura sobre lienzo, 184 x 143 cms. Los Reyes, vestidos con ampulosos ropajes y tocados con turbantes y plumas exóticas, están acompañados por un séquito de soldados y un paje negro), "El Sueño de Jesús" (tierna escena hogareña, llamado "cuadro de interior" al tener cortinajes de fondo, suelo enladrillado y arquitectura clásica, de modo que la narración transcurre entre las paredes de una habitación. La Virgen mece al niño, envuelto en pañales y rodeado de ángeles. San José, detrás, mira ensimismado y un ángel ilumina la estancia con un candil) y "San Francisco de Borja" (representa el éxtasis del santo arrodillado ante un altar con La Inmaculada y junto a él aparecen un casco y la espada, insignias de su renuncia a los honores terrenales).

 "LA IMPRESIÓN DE LAS LLAGAS"

 Otra pintura, propiedad en la actualidad de la Orden Tercera, es "La Impresión de las Llagas", una magnífica pieza del siglo XVIII cuyas medidas son 184 x 220 cms. Narra la escena de la aparición a San Francisco, en el Monte Alverna, del serafín en forma de cruz, que le transmitió los estigmas de Jesucristo. El santo, envuelto en una atmósfera tenebrista, aparece retirado en medio de una naturaleza solitaria. La luz crepuscular sólo destaca sus manos y rostro. En un principio este gran cuadro, restaurado por el Taller Insular de Restauración, estuvo colocado en la capilla del "Monte Alverna y Llagas de Nuestro Padre San Francisco", edificada en 1648 por Francisca Ruiz de los Reyes, viuda del platero portugués Andrés de Mora en el claustro principal del convento franciscano. Esta dama la había fundado con 15 reales anuales para el adorno del altar y demás gastos; fundó así mismo y a perpetuidad la celebración de la festividad de "Las Llagas" todos los 17 de septiembre, para lo que señaló 50 reales anuales de limosna y una capellanía de tres misas rezadas al año a decir en dicha capilla con una pensión de 3 reales cada uno.  Pasó a la capilla de los hermanos terceros, tras la supresión del monasterio y su transformación en cuartel, a mediados del siglo XIX.

 SAN ANTONIO DE PADUA

 La historia de una imagen de "San Antonio" se remonta a cuando el Licenciado don Sebastián de Fraga Gorbalán, Beneficiado de la parroquial de Puntagorda, por cláusula testamentaria, dejó todos sus bienes con carácter vitalicio, a sus primas Isabel y  Ana de Fraga Gorbalán; a la muerte de ambas, mandó fundar una capellanía con la totalidad de sus propiedades. En su codicilo dispuso que una de las misas de la capellanía había de decirse en honor del santo franciscano, "en la capilla de los terceros donde he de poner un bulto de San Antonio que he mandado hacer".

 "LA FAMILIA FRANCISCANA"

 De singular iconografía y excepcional tamaño, esta obra de arte fue grabada por el flamenco Peeter de Iode (1570-1634) y editada en Amberes (Antuerpiae) en 1626. Esta bella ciudad se había erigido como gran centro editorial contrarreformista en ese año. La firma del dibujante y grabador se halla bajo la imagen de San Francisco: "Pe(roto) de Iode fecit et escudit". El famoso artista fue probable alumno de Hendrick Golzius (Mühlbracht, 1558Haarlem, 1617) considerado el mejor grabador de los Países Bajos entre Lucas van Leyden y Rubens. Entre todas las imágenes que forman la gigantesca lámina al cobre, destaca el santo de Asís de pie  junto al tronco del árbol espiritual con sus doce compañeros, seis a cada lado y arrodillados. En la copa del mismo y coronando la escena aparece rodeada de un sol, la Virgen Inmaculada. También, en un lugar bien visible, se encuentra la Gobernadora de los Países Bajos Españoles, Isabel Clara Eugenia. Sus más de ochocientos personajes están distribuidos por familias y reformas, de manera cronológica y jerárquica. Un total de trece ramas simétricas forman el "árbol espiritual" de la orden seráfica. Se conservan ejemplares similares en los Capuchinos de Palma de Mallorca, muy deteriorado, así como en la Biblioteca de Bruselas y en el Museo Franciscano de Roma.

 Con motivo del V Centenario de la Fundación del Real Convento de la Inmaculada, este valioso grabado –Epílogo de todas las Órdenes del Seráfico San Francisco- se ha restaurado junto con  otro lienzo de la V.O.T.: Las Llagas de San Francisco. Ambas obras, magníficas, han podido ser admiradas en todo su esplendor a fines del año 2008 en una exposición conmemorativa en las antiguas dependencias del monasterio.

 SAN BUENAVENTURA

 Antonio de Orbara u Orbarán (como él mismo firmaba), que aparece en la documentación de la época como "carpintero y dorador, entallador, ensamblador, arquitecto, maestro de escultoria y de arquitectura", en relación con su actividad escultórica, figura en la escritura de compromiso que suscribió con el licenciado Simón Martín Guerra, presbítero, en nombre de doña Juana de Sosa, viuda de Pedro Ortiz Navarro, obligándose a hacer "un bulto de San Buenaventura de madera de viñátigo (…) que ha de tener alto y con la peana sin la mitra siete palmos y medio (…) y el dicho bulto lo he de dar dorado y estofado sobre el hábito y por encima su roquete muy claro que se parezca el oro estofado y hábito y puntas por debajo de dicho roquete = su capelo de cardenal y sombrero atrás con sus cordones al pecho = la capa no sea muy levantada por el arrimo del altar y su pariguela para lo sacar en procesiones con dos tornillos largos y gruesos (…) se me ha de dar y pagar mil y quinientos reales sin que en ello ha de costear ni dar cosa alguna el dicho licenciado Simón Martín porque todo lo tengo que costear yo a mi costa". Así consta en el Archivo de Protocolos Notariales de esta ciudad (Cristóbal Alarcón, 1645) y recogido en su magistral obra por el cronista oficial de la capital palmera,  Jaime Pérez García.

 La talla de San Buenaventura, cuya onomástica es el 15 de julio, está pendiente de ser completamente restaurada, ya que, debido al ataque de insectos xilófagos (cripotermes brevis), tanto el cuello como amplias zonas de la cara, han quedado completamente destrozadas. Tan pronto como se produzca su recuperación, será expuesta en uno de los mencionados nichos.

 Tiene una pequeña boca carnosa entreabierta; grandes ojos azules rasgados  sin pestañas que sugieren una mirada penetrante; un largo cuello delgado que imprime altivez a la imagen; una amplia tonsura monacal sobre un pelo muy rizado que cae sobre la gran frente formando unos bucles desordenados; grandes orejas perfectamente talladas; sin patillas; una prominente y afilada nariz; largas y finas cejas; mentón sobresaliente…

 San Buenaventura acompañaba en la procesión general de San Francisco de Asís cuando la onomástica de este último santo, el 4 de octubre, "caía en domingo". También desfilaba San Pedro de Alcántara, actualmente entronizado en la Venerable Orden Tercera junto con el primero mencionado. Se visitaba así el Hospital de Dolores, la Parroquia Matriz de El Salvador, Santo Domingo y regreso por la Calle Real hasta el Real Convento de la Inmaculada Concepción.

 En el Inventario de 17 de enero de 1821, se relacionan las alhajas de San Buenaventura: "un bonete de plata en lo principal, una pluma de plata, una cuerda de plata con cuatro canutillos delgados  y gruesos y la bola, una iglesia de plata, un manto y muceta de damasco encarnado, una túnica parda, dos roquetes, un anillo de oro con una piedra fina grande."

LA CAPILLA EN LA ACTUALIDAD

Gracias al gran esfuerzo de algunos miembros de la Venerable Orden Tercera (V.O.T.) – actualmente denominada Orden Franciscana Seglar-, se ha recuperado esta preciosa capilla. Se ha procedido a la rehabilitación de las dependencias anejas a la misma para la exposición de los tesoros de esta Orden en unas grandes urnas donde se exhiben, tanto casullas, ternos, capas… como mantos de San Francisco, su Toisón de plata, sus excepcionales andas de baldaquino de plata, ornamentos litúrgicos, piezas de orfebrería, imaginería fuera de culto, etc. Se han creado unas nuevas hornacinas para la colocación de las imágenes. En un pequeño nicho forrado de damasco dorado se expone, después de muchos años, el "Lignum Crucis". Se ha restaurado también el magnífico retablo, etc. La capilla luce, por fin, sus mejores galas como en los mejores momentos en los que fue orgullo de toda una comunidad.

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