La Venerable Orden Tercera Franciscana . (V.O.T.) (I)

 HISTORIA

 El origen de la Tercera Orden, que es una orden franciscana, se remonta al siglo XIII. Fue fundada por San Francisco de Asís. El Papa Honorio III aprobó de viva voz en 1221 la Regla de la Orden Tercera, escrita por el Santo, bien que con la ayuda de su íntimo amigo el Cardenal Hugolino.

 Se la llama Tercera por ser la que, en tercer lugar, fundó San Francisco, pues anteriormente había fundado la Primera de religiosos franciscanos y la Segunda de religiosas clarisas. El Santo de Asís concibió la idea de llevar al mundo la práctica del Evangelio, y tras un brevísimo ensayo de Congregaciones de penitencia, surgió lo que llamaríamos movimiento popular hacia la perfección cristiana. San Francisco lo encauzó según los principios y espíritu de su naciente Primera, y escribió la regla de la que se llamaría Orden Tercera, hoy denominada Orden Franciscana Seglar.

 Debido al extravío o pérdida del primer libro de esta Corporación en Santa Cruz de La Palma, se ignora la época de su fundación. El que se custodia como más antiguo se inició en 1600 y se encuentra en el archivo de la Orden.

 Anexa al extinto Convento Real y Grande de la Inmaculada Concepción de Nuestra Señora de esta ciudad, hoy Parroquia de San Francisco y compartiendo el mismo espacio de entrada bajo la torre de la espadaña, se sitúa su capilla propia "en la cual hace su Comisario todas aquellas funciones propias de su instituto, sin intervención del Beneficio". Por razón de ese sitio donde se ubica, algunos investigadores informaban de que debía de haber sido fabricada conjuntamente con el Convento en 1508. Sin embargo, otros como el palmero Daranas Ventura, en su magnífico trabajo sobre la iglesia seráfica, nos decía que "posee una capilla propia erigida en el año 1633…". Tras su ampliación en 1737, comparte coro con la iglesia de San Francisco de Asís.

 Entre las numerosas actividades que han desarrollado los dinámicos miembros de esta Orden a lo largo de toda su historia, hay que destacar los numerosos actos religiosos y civiles en honor a los patrones San Francisco de Asís y a la Inmaculada Concepción. Era imposible albergar en este recinto la cantidad de personas que acudían a solemnizar las festividades durante las fiestas fijas, entre otras, el 1 de enero "Fiesta de los Santos de la Suerte"; el 1 de agosto, "el Jubileo de la Porciúncula"; el 4 de octubre "El Tránsito de San Francisco"; el 8 de diciembre, "la Patrona General de la Orden Tercera Franciscana: la Inmaculada Concepción"… El catedrático Daranas Ventura nos sigue informando sobre otras festividades movibles que se celebraban en el primer tercio del siglo XX, amparadas en el llamado calendario tercero: la de la "Cuerda", los segundos domingos de cada mes; la "Pascua de Pentecostés"; la procesión del "Señor del Huerto" el Domingo de Ramos; la "Fiesta de las Llagas", en el mes de septiembre; la "Fiesta externa del Santo Fundador de Asís", el tercer domingo de octubre, etc.

 ARQUITECTURA

 La capilla es una construcción de una sola nave, con un arco triunfal de medio punto que descansa en sendas ménsulas, recurso éste poco usual en el Archipiélago Canario. El buque del templo lo cierra una armadura en artesa, en tanto que el presbiterio tiene una ochavada, pero ambas son mudejáricas. Fue reedificada a partir de 1737 y ampliada con una sacristía, sala de juntas y un pequeño local que concedió el Rvdmo. Padre Provincial Fray Tomás de Castro según el Despacho dado en Santa Cruz el 19 de mayo de 1736. Así mismo, se dispuso a dejar un tránsito de "dos varas de ancho" entre la capilla y el convento, para así poder pasar a la huerta desde la portería.

 La capilla recibió la bendición el 21 de diciembre de 1737, día de Santo Tomás Apóstol, después de haber sido alargada "siete varas y media", importe que fue costeado por los Hermanos de la Orden, siendo Comisario el Rvdo. Francisco de Amarante. Con anterioridad, la Hermandad realizaba sus cultos en la iglesia del convento franciscano.

 Los Terciarios Franciscanos hicieron grandes reformas en su templo llegando, como nos recuerda el alcalde constitucional y cronista Lorenzo Rodríguez, "a ser uno de los más decentes de esta población". El gobernador eclesiástico del Obispado de Tenerife, Dr. José Martín Méndez, en oficio de 25 de mayo de 1864, cedió a los Terciarios la iglesia del extinguido convento de San Francisco, para todas aquellas funciones que "siendo propias de su instituto, no puedan hacerse en esta capilla, por razón del concurso de fieles".

 La sacristía se comenzó a fabricar en 1779, bajo la supervisión de los padres fray Manuel Andrade, fray Mateo Zambrana y fray Francisco de Acosta Clavellina.

 Efectivamente, esta Venerable Congregación, en su propensión de hacer suya la máxima cristiana "Restaura mi iglesia", habían convenido antes de 1932 en poner un nuevo piso de mosaicos "compuesto en su nave por losetas de barro de colores -del que se conserva un resto, a modo de testigo, en el apoyo de las escaleras de acceso al coro-y su sustitución por mosaicos dispuestos de modo romboidal en la nave" (Daranas Ventura).

 La Junta de la V.O.T. recaudaba fondos para afrontar todos estos proyectos a base de los alquileres de algunos locales y lonjas que les pertenecía, por ejemplo, la ubicada bajo el camarín de la Inmaculada;  también mediante suscripción pública -llegaron a ser unos 190 personas las que participaron en los donativos- y con las capillas domiciliarias en cuyas huchas, los vecinos depositaban sus limosnas. Uno de estos logros había sido el cambio de pavimento en la iglesia conventual.

 Mientras duró esta obra de repavimentación en la iglesia, los cultos se celebraron en la capilla de la Orden Tercera. De repente, en marzo de 1970, se produjo el derrumbe de dos techos lignarios que se alzaban tras la torre de la espadaña del templo, sin producir, afortunadamente, ningún daño personal. No se llegaron a conocer las causas del derrumbamiento, aunque muchas voces apuntaron al terrible temporal que azotó la ciudad en enero de aquel año y que había dañado muchas viviendas y techos, etc. Las obras tardarían unos 21 años en acometerse totalmente, gracias al convenio firmado entre la Orden Tercera y el Cabildo Insular, "por el que éste se comprometía a la restauración total de los bienes inmuebles de la comunidad religiosa a cambio de la cesión en uso de sus bienes inmuebles por el período de 50 años". La materialización de la obra fue encargada a Construcciones y Restauraciones Miguel Hernández Ventura, S.L.

 Así mismo, en los años treinta, la Congregación había instalado de forma solemne y, durante el tiempo de Cuaresma, el Via Crucis que se había colocado desde la antigüedad en las calles cercanas al cenobio. Las cruces habían sido casi "destruidas durante la época del funesto frente popular". Afortunadamente se conservaron restos de las mismas. Recordemos la "Cruz de Columba", una de las que se adornan durante los festejos de la Santa Cruz de Mayo en la capital y que conserva uno de sus travesaños originales.

 NUESTRA SEÑORA DE LA CONCEPCIÓN

 La fiesta principal de la Venerable Orden Tercera era la de su Patrona, Nuestra Señora de la Concepción. Después de que se inició una polémica originada por la Cofradía de la Vera Cruz sobre la propiedad de otra Imagen de la Virgen de la misma advocación, se dejó de hacer aquélla. Tras la extinción del Convento, se tomó como Patrón a San Francisco de Asís. La fiesta del Seráfico Fundador se llegó a hacer con más esplendor que en tiempo de los Religiosos.

 Esta imagen mariana de candelero de 1,20 mts de altura ejecutada en madera policromada a partir de 1774 por Marcelo Gómez Carmona (1713-1791) tiene trazas barrocas con tendencias clasicistas (según Gerardo Fuentes). La talla, que estuvo arrinconada en la V.O.T., aparece de pie, con las manos en actitud de orar a la altura del pecho. Su última ubicación ha sido el coro de la capilla. "El rostro es bastante delicado, cuyas carnaciones rosáceas le otorgan un semblante angelical. La cabeza está preparada para recibir pelucas". El propio autor nos indica el gran parecido existente entre esta efigie y la Santa Margarita de Cortona existente en la misma capilla.

 APOYO PAPAL

 El Papa Pío IX declaró en su Rescripto de fecha 3 de septiembre de 1877 que la Venerable Orden de esta ciudad "esse et fuisset", esto es, "es y ha sido desde su fundación la verdadera y legítima Orden Tercera de San Francisco". Así de tajante se promulgó la declaración papal para acabar de una vez por todas con las persistentes dudas suscitada por algunos maliciosos acerca de su legitimidad.  El Rescripto se haya protocolado ante el notario Cristóbal García Carrillo el 22 de febrero de 1880  (número 32, folio 205).

 CORONA FRANCISCANA

 A los funerales de los Hermanos difuntos concurrían los Terciarios del lugar, y los forasteros que en él se hallaban, rezando juntos la tercera parte del Rosario del Padre Santo Domingo (o la Corona Franciscana, antigua devoción de la Orden que consistía en el rezo de las Siete Alegrías) por el alma del difunto.

 En el programa de San Francisco de 2004, se lee: "Viernes, 1 de octubre. A las 6.30 de la tarde: Rezo de la Corona Franciscana. Lugar: Capilla de la Orden Franciscana Seglar. Posteriormente traslado de la imagen de San Francisco de Asís en sus Andas hasta el Templo Parroquial de su nombre".

 LA DOLOROSA

 La bella talla actual de la Dolorosa es conocida cariñosamente como "Virgen de la Capilla". Sustituyó la antigua imagen mariana que figuraba en el nicho central del magnífico retablo de la capilla y que fue donada a la Orden Tercera por su autor,  Nicolás de las Casas Lorenzo (1821-1901). Fue notablemente influenciado por la realizada por el escultor orotavense Fernando Estévez del Sacramento para la iglesia de Santo Domingo de esta ciudad, Dolorosa conocida como "La Magna". La antigua aún continúa venerándose como Inmaculada Concepción. Se percibe una cierta rigidez en la inclinación de la cabeza y en la postura del brazo derecho de la Virgen, que "contrasta con la naturalidad con que resolvió Estévez su encargo para la iglesia del Ex Covento dominico".

 A la mencionada "Virgen de los Dolores" se le comenzó a dar culto el 30 de marzo de 1866, Viernes Santo, en la Parroquia Matriz de El Salvador, desde donde desfiló procesionalmente acompañando al Santo Entierro. Permaneció en aquella suntuosa iglesia hasta el 14 de mayo siguiente, día en que se celebró una solemne función religiosa, tras la cual salió en procesión hasta la capilla actual, acompañada en Congregación por la Venerable Orden Tercera. Actualmente sale el Miércoles Santo a las diez de la noche, acompañando al magistral  Cristo de La Caída, a la Verónica y a San Juan Evangelista.

 La venerada imagen tiene unos 160 cms de alto y es de las llamadas de candelero o de vestir, es decir, que sólo tiene policromadas y talladas las partes visibles, o sea, las manos y la cabeza. Como nos informa Eddy Antonio Felipe Paz, gran amante de la imaginería mariana en La Palma, "el resto del cuerpo lo componen el torso meramente desbastado y el varillaje de la rueca que parten desde la cadera hasta la base de ésta en forma de disco de madera, el cual sirve para fijar la imagen a las andas mediante uno o más tornillos largos que atraviesan dicha base y la peana superior de las andas".

 La Dolorosa está vestida con una saya y gran manto de terciopelo negro, color de luto, con guarniciones de encajes de oro. Tiene varios tocados, bien de lamé dorado o plateado y también de encaje de blonda blanco. El puñal de plata en su color hundido en el costado derecho y el pañuelo de encajes en la mano derecha son otros de sus distintivos. La magnífica diadema, también en plata, que utiliza la Virgen en su desplazamiento procesional el Miércoles Santo, es la misma que comparte con el Patrón San Francisco.

 Hace unos años, cuando la procesión tuvo lugar en la mañana del Jueves Santo debido a que la noche anterior se había suspendido por la lluvia, la imagen de la Virgen se desplomó hacia atrás, desde su trono al suelo, justo en el momento en el que los cargadores ascendían los peldaños de la iglesia franciscana. El motivo fue la rotura de la espiga o tornillo que sujetaba la talla a las andas, debilitada con el paso del tiempo. La tensión de la multitud que acompañaba a la procesión y que se encontraba expectante en la plaza fue máxima. Rápidamente, don Juan -el sacerdote- envolvió la hermosa talla con su valioso y gran manto negro de terciopelo y la introdujo con toda celeridad en el interior del templo bajo el sobrecogedor silencio de los fieles que asistían atónitos al incidente. Afortunadamente la efigie no sufrió daños de importancia.

 Durante esta antigua procesión se celebraba, y se celebra,  un "piadoso acto" establecido por la V.O.T de San Francisco. Se trata del encuentro entre la Verónica o "Verenice" y la fabulosa imagen de Benito de Hita y Castillo, "Nuestro Señor de las Tres Caídas" – como también se le conoce-, en la Cruz del Tercero (Plaza de la Alameda).  Inicialmente no se contaba con una imagen de esta santa, personaje de la Pasión,  por lo que durante los primeros años, se adaptó la imagen de Santa Margarita de Cortona, que se veneraba en la capilla terciaria, hoy muy deteriorada y retirada del culto.

 SANTA MARGARITA DE CORTONA

 A esta santa penitente franciscana se la presenta con un semblante de amargura muy bien conseguida por su escultor, Domingo Carmona. La talla, de un metro de altura, esculpida en madera policromada en 1734, presenta rasgos barrocos con tendencias clasicistas. También posee un rostro oval, una rígida frontalidad, así como nariz recta, cejas arqueadas, barbilla prominente y redondeada, carnaciones marfileñas, cuello cilíndrico, etc. El escultor talló magistralmente la cabeza, los brazos y las manos articulables, que iban ensamblados a una rueca campaniforme de madera. La cabeza, totalmente lisa, está preparada para recibir una peluca natural. Se intenta conseguir su completa restauración ya que, lamentablemente, se encuentra en avanzado estado de deterioro. Sucede lo mismo con la magnífica efigie de San Buenaventura.

 "El Noticiero", en su número 49 de fecha 31 de marzo de 1873, narraba cómo las hermanas terciarias celebraban la festividad de la santa franciscana y "cómo se estrenó la misa de punto, obra el maestro Crisanto, regalo de Don Juan Reyes Padilla, Juez de 1ª Instancia de la capital palmera, a la iglesia de El Salvador".

 La talla de Santa Margarita, "bien estudiada dentro aún de pautas barrocas" fue atribuida al escultor palmero Marcelo Gómez Carmona. Hay otros autores que no están de acuerdo con esta aseveración. Fue tallada para colocarla en uno de los nichos laterales del retablo mayor de esta capilla, estrenado en 1734.

 Las monjas "decoraban el templo con gusto y sencillez y la imagen lucía en el altar hermosamente adornada". Fuentes Pérez nos indica que fue en 1774 el año de ejecución de la talla y que su mencionado autor la realizó en el momento de mayor apogeo y madurez como escultor. Llegó a ser considerado una de las primeras figuras que aparecen en el marco de la Ilustración en el Archipiélago. También es el autor del fabuloso coro y del Crucificado de las Siete Palabras, ambos de El Salvador, del Señor del Huerto que actualmente se venera en Los Llanos de Aridane,  de la Inmaculada Concepción de la V.O.T., como vimos, etc.

 Al malograrse la Capilla de la V.O.T. en no muy lejanas fechas, muchas de sus piezas pasaron a la vecina iglesia de San Francisco de Asís, mientras que otras se arrinconaron en sus dependencias anejas. Santa Margarita fue de las que corrieron peor suerte. Por ello se encuentra en un lamentable estado de conservación. Muchos carpinteros que la han estudiado dicen, incluso, que ya es irrecuperable. La madera empleada para su ejecución es de poca calidad, de ahí que la polilla haya hecho grandes estragos en la cara y en la cabeza. Una de sus manos casi ha desaparecido.

 Gerardo Fuentes nos informa de que "su correcta anatomía demuestra haber salido de unas manos expertas, conocedoras de todos los procedimientos artísticos". El propio autor reconoce no disponer de la documentación necesaria para poder afirmar rotundamente que esta obra haya salido del atelier de Gómez Carmona. Atendiendo a su cronología, segunda mitad del s. XVIII, y las características, es probable que le corresponda, "si tenemos en cuenta que en la referida fecha, La Palma, y Canarias en general, no contaban con escultores que pudieran tallar una imagen de estas excelentes condiciones, salvo Rodríguez de la Oliva y Sebastián Fernández". Continúa Fuentes con su estudio acerca de esta efigie de la santa franciscana, informándonos de que "su estilo no corresponde a los escultores mencionados, y si así fuera, es muy extraño que el intolerable Marcelo permitiera que la demanda palmera cayera en manos de otros artistas".

 La obra expresa un gran carácter, sobre todo en el modelado, lo que prueba los conocimientos que el autor tenía en medicina. Fuentes se detiene en los dedos de las manos, de los que dice que "son dignos de mención", a pesar de su inconcebible estado. Se basa en el detalle minucioso, en sus proporciones y "el rítmico juego logrado entre ellos". Para finalizar, este autor confirma que es una de las mejores imágenes producidas por la gubia del palmero Marcelo Gómez, "y que a través de ella reflejó su alma sensible de artista".

LA VERÓNICA

 Éste es un personaje que aparece muy frecuentemente en el siglo XVII, perdiéndose interés en épocas posteriores. Estamos ante una elegante obra que muestra a los fieles el paño en el que quedó impregnada la Faz de Cristo.

 En 1960 se dejó de hacer la ceremonia "del encuentro" por no ajustarse la imagen al acto. Por este motivo, un miembro de la familia de Felipe Massieu Tello de Eslava, decidió adquirir una imagen de Santa Verónica que comenzó a salir al año siguiente. La bella efigie, de tamaño natural, se debe a la gubia del escultor Andrés Falcón San José y fue decorada por Manuel Arriaga Bero. Como atributo personal, lleva el lienzo extendido con la Santa Faz de Cristo. Caso curioso, quizá único, en que es precisamente el atributo el que impone el nombre de la santa. Su traducción del latín es "verdadero icono" o también "la que lleva la victoria". Viste ricos ropajes emulando los de una matrona romana. Siguiendo la tradición de los Apócrifos, fue la que enjugó el rostro de Jesús en su camino al Gólgota. Es precisamente ese instante el que se pretende escenificar en la ceremonia del encuentro. La Verónica se inclina ante la imagen de Cristo y rápidamente, mediante una rápida manipulación de uno de los miembros de su cofradía,  el lienzo blanco se convierte en el sudario con la cara de Jesús en el centro.

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