Las adelfas y las acacias del Trocadero

El sano debate vecinal se ha abierto con  la reciente desaparición de las adelfas de la zona del Trocadero en Los Llanos de Aridane. Las obras de acondicionamiento del entorno del Museo Insular de Arqueología (mab)  propiciaron su definitivo corte y sustitución por palmeras.

La entrada sur de la ciudad de Los Llanos de Aridane tenía lugar por la zona conocida desde antiguo por Trocadero. En el año 1868 este lugar toma relevante importancia con el establecimiento de un chorro de agua de abasto público y un abrevadero para el ganado, unos de los tres puntos de agua construidos por convenio entre el Ayuntamiento y la  empresa Hidráulica Aridane. El llamado camino a Triana, barrio aridanense en el margen izquierdo del barranco de Tenisca, tenía lugar entre el chorro y el barranco, por un estrecho camino colindantes con fincas de cultivo.

Las primeras noticias que conocemos de la existencia de arbolado en esta vía, realmente en esos años un camino empedrado y tierra, la aporta el pago efectuado el 23 de julio de 1919 al operario municipal Alfredo Gómez Vergara "por regar los árboles del camino del Trocadero en los meses de febrero, marzo, abril y mayo últimos".

En el expediente abierto en 1944, custodiado en el Archivo Municipal, titulado por "instancia formulada por don Ángel Capote Carballo interesando se corte los árboles situados en el camino de Triana, por ocasionar perjuicios en las plantaciones de su finca situada en la indicada vía" sabemos que los árboles que estaban sembrados en este lugar era "la acacia de tres espinas, de raíces largas,  semiprofunda y de mucho vigor".

El 7 de marzo de 1944 el Ayuntamiento acuerda la constitución de una comisión formada por  Rafael Arroyo Felipe, Vicente Sosa Hernández, René Afonso Martín y Celedonio Calero Hernández y el perito agrícola Domingo González Ferrera, para que "gire una visita a la finca de don Ángel Capote Carballo y emitan informe, con el fin de resolver". En cumplimiento de lo acordado el perito agrícola informó al Ayuntamiento sobre la influencia negativa de  unos cuatro metros en todas las direcciones entorno al arbolado y "aumentando, como es lógico, su radio de acción hacia la parte dónde mejores condiciones de humedad, abonado, etc., se le proporciona". Recomienda la construcción de una muralla de hormigón armado de una longitud de noventa metros y una cimentación de cuarenta centímetros y su conste sería de unas 2.306 pesetas, todo un dineral inasumible por la Corporación.

El 15 de abril de 1945 la comisión redacta un informe diciendo que la acacias "que actualmente crecen entre el abrevadero del Trocadero y el barranco de Tenisca, fueron plantadas por don Conrado Hernández de las Casas, desde hace más de veinte años y con el consentimiento previo de Benigno Carballo y Carballo, propietario entonces de las fincas colindantes en la mencionada vía". Aunque este documento de 1945 apunta que los árboles hacia unos veinte años habían sido sembrados (1925) opinamos que al menos, como ya vimos, ya estaban sembrado en 1919 y recibiendo el riego personal de Alfredo Gómez Vergara.

El antiguo propietario de los terrenos afectados, Benigno Carballo Carballo, era tío materno de Ángel Capote Carballo y sobrino de eminente economista Benigno Carballo Wangüemert, fue Diputado Provincial, Alcalde de la Ciudad, fundador del Casino Aridane y un destacado benefactor de la ciudad con la donación de los terrenos para la construcción del antiguo hospital Infanta María Teresa, lugar donde hoy se levanta en Centro de Salud.

El informe dedica un elocuente párrafo a la memoria del farmacéutico Hernández de las Casas diciendo: "En el trascurso de los años, el ejemplo dado por el Sr. Hernández de las Casas, amante asiduo del arbolado, no podían menos que ser continuado por las distintas Corporaciones Municipales, que en todo momento cuidaron y conservaron aquellas plantaciones, fiel exponente del mejor ornato y embellecimiento de la ciudad".  Continúa con la aplicación contradictoria entre el Código Civil (responsabilidad civil y delimitación en la siembra de árboles) y el deber de la Corporación  de "velar  por el embellecimiento y ornato público, ya que ello se halla definido y encuadrado en la competencia municipal".

Concluye el informe  manifestando: "Que en caso de acceder, sea con la previa condición de que el reclamante se comprometa a plantar los árboles que hace mención en su escrito, sin que pueda derribar los existentes antes de que los nuevos se hallen en pleno periodo de crecimiento". Así fue comunicado al interesado el 24 de abril de 1945.

En nuestro capítulo anterior hacíamos referencia a las acacias por árbol emblemático de la Masonería, institución de profundo arraigo en La Palma. Aunque no hemos encontrado a Conrado Hernández de las Casas (1862-1932), donante de las acacias, en la relación de miembros de las logias de la isla si encontramos en la logia Abora 91, con el seudónimo de Trincheras, a su hermano José Manuel (1864-1937) quien más tarde fuera notario en Los Realejos y Los Llanos de Aridane, padre del que fuera farmacéutico y Alcalde de Los Llanos de Aridane Conrado Hernández  Álvarez y abuelo del actual farmacéutico José Francisco Hernández Guimerá.

En el año 1918 José Manuel Hernández de las Casas, natural de Santa Cruz de La Palma, se establece como notario de la ciudad aridanense. Coincide estos años, 1918-1919, del establecimiento de Hernández con la plantación por parte de su hermano de las acacias del Trocadero. Recordemos que en el invierno de 1919 eran regados por el jornalero Alfredo Gómez Vergara con extremo cuidado y asiduamente, debían estar en periodo de enraizamiento. Parece lógico el relacionar la elección de la variedad arbórea, masónica por excelencia, con los principios de esta antigua institución que debían ser conocidas sobradamente por José Manuel Hernández de las Casas y también por su hermano Conrado, experto botánico.

Probamente las acacias plantadas en el Trocadero procedían de Vivero Forestal de Tenerife. En el periódico tinerfeño El Progreso, de fecha 2 de noviembre de 1918, recogía el siguiente anuncio: "Se hace saber que en el establecimiento en La Laguna se encuentran, para proveer de ellas gratuitamente a las corporaciones, sociedades o particulares que lo deseen, las platas siguientes". Además de eucaliptos y pinos "Veinte mil acacias de Australia, con igual altura" que los eucaliptos unos 0,40 a 0,50 centímetros.

No alcanzamos a saber qué fue lo que sucedió con la solicitud de tala por parte de Ángel Capote Carballo entre abril de 1945 y el 3 de marzo de 1953. En esta última fecha Ángel Capote vuelve reitera de nuevo la solicitud de autorización para la corta del arbolado con el mismo ofrecimiento de 1944, "autorice ese Ayuntamiento para arrancar dichos árboles, comprometiéndome por mi parte, a sembrar otros de índole más benigna que no ocasionen tan grandes perjuicios a la propiedad colindante".  A la vista de esta última solicitud el Ayuntamiento le reitera el acuerdo municipal de 23 de abril de 1945 y recordando al interesado que la corta de las acacias estaban sometidas al previo sembrado de otro arbolado.

Efectivamente así se hizo. El 19 de enero de 1955 Ceciliano Martín Herrera, yerno y apoderado de Capote Carballo, presenta un escrito al Ayuntamiento manifestando que la autorización de la tala de los arboles debía "proceder previamente a la plantación de nuevos árboles, sin destruir los primitivos y sin antes quedar demostrado que los nuevos se encuentran en pleno crecimiento, debiendo ser realizado con conocimiento y previa conformidad con el Ayuntamiento y como quiera que el expone estima se ha cumplimentado el escrito de 11 de mayo de 1953" viene a solicitar "que previa inspección que estime pertinente, se autorice a mi ponderante el cortar los árboles por estar los nuevos no solo en pleno crecimiento sino por obstaculizar al mayor desarrollo".

La variedad que sustituyó a las añosas acacias de don Conrado Hernández, entre mayo de 1953 y enero de 1955, fueron adelfas gigantes de varios colores. Realmente se trata de un arbusto de la familia de apocináceas de origen mediterráneo, con una altura que puede alcanzar unos cuatro metros y con propiedades tóxicas. En varios artículos consultados se recomienda que con las adelfas "Es esencial que la planta no se deje al alcance de los más pequeños de la casa para evitar casos de intoxicación".

Las multicolores adelfas ocuparon un espacio acogedor de la llamada en un principio Calle Trocadero y a partir de 1926 calle Benigno Carballo Wangüemert, en conmemoración del centenario del nacimiento del ilustre economista aridanense. Muchos años después la floración vistosa de las adelfas propició que el pleno de la Corporación Municipal, el 22 de febrero de 1990, acordase por unanimidad que: "La calle prolongación que va desde el Trocadero a la Avda. de Carlos Francisco Lorenzo Navarro, se denominará Calle de Las Adelfas". Acuerdo que dividió en dos una misma vía urbana. 

El sano debate público continua entre propuestas de reponer la zona con nuevos ejemplares de adelfas y la normal preocupación política ante las recomendaciones técnicas por toxicidad. En nuestra opinión la zona adolece de arbolado que proporcione sombra, frescura y colorido. Ante ello sugerimos la repoblación con una muestra variada de acacias, de la familia de las fabaceae, en memoria y homenaje al primer y original embellecimiento y ornamentación floral del espacio público del Trocadero.

COMENTARIOS (7)

  1. Carlos Enrique Rodríguez García dice:

    Hola María Victoria:

    Mis mas sinceras felicitaciones por tantas anotaciones, relatos y apuntes que nos ofreces como regalos de un inmenso valor a tener siempre en cuenta y que los mismos pasan a engrosar parte de nuestra historia mas reciente, en este caso.

    Los que ya peinamos canas, es decir los que ya tenemos … enta y tantos años, pues no recuerdo las acacias, pero si las adelfas, la antigua calle “Trocadero” y, recuerdo también como era entonces la hoy llamada Avda. Carlos Francisco, (el resto del Valle igualmente) todo ello envuelto de una extraña sensación de nostalgia, el recuerdo y ausencia de muchos personajes que han contribuido también a la historia de nuestro Valle, a la conformación del mismo, que si no fue mejor que la actual, tuvo igualmente sus momentos de gloria.

    Espero continúes en la misma línea en que lo vienes haciendo. Se dice que la nostalgia es mala consejera, no lo creo, a mi me proporciona un extraño sabor agridulce, placentero, y que me invita como siempre a ese gratísimo recuerdo de antiguas vivencias.

    Cordiales saludos.

  2. Antonio J. Rodríguez Herrera dice:

    Doña Victoria nos preña de agradables recuerdos con sus escritos. Nos llena de esa magia ida, que difícilmente volverá a inundarnos de encantos por los tiempos idos…

    Muy agradable leerla bella dama!

  3. pocholo dice:

    Para mí las adelfas lo más bonito que tienen es el nombre y el olor porque, sinceramente no son plantas de mi devoción. Es cierto que el colorido -desde lejos- es muy vistoso; pero vistas de cerca no me parecen muy estéticas. Además cada cierto tiempo, si no se cuidan bien, se suelen llenar de pulgón y se vuelven oscuras y polvorientas, casi negras, por estos bichitos y por la contaminación de los coches; además de ser venenosas como ya se ha dicho. Pero eso es una apreciación muy personal mía.

    Lo que sí me parece muy hermoso es el nombre de “Trocadero”, según tengo entendido los lugares que llevan ese nombre y que existen en casi todos los pueblos y ciudades de nuestras islas, se llaman así porque eran los lugares donde las mujeres hacían el trueque o cambio de calzado antes de entrar en una población. Venían con un calzado cómodo y sencillo para caminar por los caminos de la época y al entrar en las poblaciones hacían el trueque quitándose las alpargatas y poniéndose los zapatos más dignos y de más categoría, de ahí el nombre de “Trocadero”. No estoy completamente seguro de que ese sea el origen del topónimo pero siempre lo he oído; seguramente Vicky o algún otro lector nos lo podrá confirmar o desmentir.

  4. Queen dice:

    Siempre resulta gratificante leer estas referencias que nos ilustran sobre las inquietudes de nuestros antepasados, que se esforzaron por mejorar el entorno y legarnos una ciudad más agradable a la vista y ambientalmente más saludable.

    Además se confirma como inquietudes, problemas y soluciones apenas cambian con el tiempo. El litigio que aquí se describe entre “ornamentación y agricultura” me ha hecho revivir una experiencia muy reciente que tuve en el oeste de Tenerife, donde debí mediar entre un agricultor (palmero) que se quejaba porque entendía que el rendimiento de su finca (suelo agrícola) se veía seriamente perjudicada por la hilera de árboles ornamentales plantados en la urbanización de un hotel anejo (suelo urbano)… Llegaron a los abogados, creo que no a los tribunales.

    Gracias “DonCamilo” por la explicación del origen del nombre “trocadero”. No sé si correcta, pero sí coherente y convincente.

    Me parece muy bien que se quieran reponer las plantas eliminadas. Las ciudades son “entes vivos”, que nacen, crecen… y, muchas, hasta se reproducen y mueren. Las vías o calles de ayer se quedan estrechas o precisan ser rectificadas y eso conlleva, a veces, muchas veces, a arrancar árboles (u otras especies de menor porte), que al haber formado parte de nuestra memoria, siempre supone arrancarnos recuerdos. Siempre digo que es preferible plantar que arrancar, pero soy consciente que en ocasiones no queda otro remedio razonable. Si se han arrancado en un sitio, han de ser plantados en otro, ese debe ser nuestro respeto para el pasado y compromiso para el futuro. Así que medítese sobre las especies más adecuadas y plántense árboles que nos den sombra y color a la ciudad.

    Las adelfas son tóxicas si se les muerde e ingiere, como muchas otras especies utilizadas como ornamentales. No nos envenenamos por rozarlas o tocarlas. En ocasiones se llenan de negro-humo, porque las asfixia el aire urbano. Pocas especies son capaces de resistir la contaminación ambiental que sufren las adelfas. No soy partidario de la “adelfomanía” ni de ninguna otra “manía”, pero no veo inconveniente en plantar algunas especies que aporten sombra, siempre agradable para protegerse del sol de El Valle (laureles de india, p. ej.), junto al color de las jacarandas (azules), del flamboyán y del tulipero de Gabón (rojas), o de las falsas acacias (blancas), sin excluir a las sufridas adelfas. Todo depende del lugar, el espacio y del fin perseguido. Siempre debe tenerse presente que: “una cosa es querer y otra es poder”.

  5. Agustin Perdigon Gonzalez dice:

    Ciertamente me has sorprendido con tu artículo pues no sabía que abuelo José Manuel había participado en esa plantación.
    No me extraña lo de tío Conrado después de leer tus anteriores escritos.
    Gracias una vez más querida Vicky.
    Besos
    Ana I.

  6. ramon blue dice:

    Interesante artículo María Victoria, como siempre.

  7. Sara Gonzalez dice:

    Pues casi es reiterar,compañera..

    Lo bordaste de nuevo…

    A mi tambien me dieron la versión de que era lugar de trueque;mi padre me decia que,en Tazacorte,se realizaba en "La Cruz de Los Caidos","El Morro", en la actualidad,justo donde se levanta la estatua del Arcangel,y de Lucifer (alli esta)…

    Llamenla "Calle de Las Palmeras",si no van a salir en una guía de curiosidades,pero de las absurdas y pintorescas tipo surrealista…

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